Finalmente, llegan a la Argentina las vacunas anti-covid “bivalentes”

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No hay pruebas de que sean necesarios refuerzos ahora. Puede que tras 2 o 3 años sí, pero no hay datos de que hagan falta después de 6 meses.
  • Las vacunas bivariantes de Pfizer y de Moderna se utilizarán tanto para iniciar o completar esquemas primarios como para la aplicación de dosis de refuerzo.
  • El martes se iniciará la distribución de 900.000 dosis, que serán aplicadas a partir de las próximas semanas.
En el marco del Plan Estratégico de Vacunación contra COVID-19, el Ministerio de Salud de la Nación anuncia la inclusión de vacunas bivariantes contra el SARS-CoV-2 a la estrategia nacional con el objetivo de seguir avanzando en la incorporación de tecnología disponible para dar respuesta a la pandemia. Se trata de las vacunas Comirnaty Bivariante Original/Ómicron BA.4-5 del laboratorio Pfizer/BioNtech, autorizada para su uso en población general de 12 años o más, y la vacuna Spikevax Bivariante Original/Ómicron BA.4-5 del laboratorio Moderna, autorizada para su uso en población general de 6 años o más. A fines de enero 2023 se iniciará la distribución de 900.000 dosis de esta vacuna a todas las jurisdicciones del país, que serán aplicadas a partir de las próximas semanas de acuerdo a los planes estratégicos de cada jurisdicción.

Todas las vacunas sirven para evitar complicaciones

Es importante destacar que todas las vacunas contra COVID-19 demostraron ser seguras y efectivas para dar protección ante internaciones, complicaciones y muertes frente a todas las variantes circulantes, por lo que en la estrategia nacional coexistirán las vacunas aplicadas hasta el momento y las nuevas vacunas bivariante. Al igual que las vacunas monovalentes ARNm, las vacunas bivariantes contra COVID-19 se utilizarán tanto para iniciar o completar esquemas primarios como para la aplicación de dosis de refuerzo, y se administrará la vacuna que se encuentre disponible al momento de la vacunación –según las edades autorizadas– sin priorizar una formulación sobre otra. La evidencia científica ha demostrado que la estrategia de aplicación de refuerzos es fundamental para mantener los niveles de anticuerpos y su efectividad en el tiempo, sobre todo en términos de evitar internaciones, complicaciones y muertes por la enfermedad. Por este motivo, se enfatiza además la importancia de reforzar la protección en las personas mayores de 50 años y otros grupos etarios con condiciones de riesgo. No hay pruebas de que sean necesarios refuerzos ahora. Puede que tras 2 o 3 años sí, pero no hay datos de que hagan falta después de 6 meses.

«La agresividad no esta en las redes sociales. Esta en la sociedad»

Argentina tiene por delante un año electoral. A la escena ya habitual de fracturas y grietas partidarias, habrá que sumarle campañas políticas en los medios de comunicación tradicionales y en las redes sociales. El clima de época demanda el compromiso de dirigentes y representantes para robustecer la discusión pública en los espacios digitales, aquel terreno donde proliferan fácilmente las noticias falsas, la desinformación y las acusaciones radicales. En una lógica marcada por las decisiones unilaterales de los dueños de las plataformas, como las que Elon Musk convierte en noticia global con los cambios que implementa en el funcionamiento de Twitter, la calidad de la información y la convivencia democrática deberían ser garantías para que la ciudadanía pueda ejercer su derecho a saber y tomar decisiones con mayor libertad.
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Adriana Amado, doctora en Ciencias Sociales y profesora e investigadora en temas de comunicación pública y periodismo, conversó sobre los desafíos para hacer que la libertad de expresión y el diálogo virtuoso sean la norma.
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-Teniendo en cuenta el contexto electoral en Argentina, ¿qué garantías creés que debería haber para que se desarrolle una convivencia democrática en las plataformas digitales?
-Vengo estudiando mucho este fenómeno y mi diagnóstico es que la agresividad no está en las plataformas, la agresividad viene de la política. Creo que más que poner el foco en las reglas de las plataformas, que funcionan óptimamente para el 90% de los usuarios que estamos ahí compartiendo Tiktok, divirtiéndonos o alentando a la Selección, hay que pensar en un pacto de no agresión. Pero no por una cuestión de moralidad o de buena gente, no estoy pensando en un pacto de Ética, sino porque lo que han mostrado las campañas recientes es que cuanto más gozosas, cuanto más divertidas son, hay más participación. La agresividad y la hostilidad es refractaria, no atrae gente, no atrae voluntades, por lo cual es contraproducente para cualquier campaña elegir este camino. A veces lo que ocurre es que muchos equipos de campaña o ciertos núcleos militantes creen que el barrabravismo funciona y lo cierto es que no funciona en las redes. Yo creo que lo que hemos aprendido en estos tiempos es que cualquier intervención en la plataforma no deja de ser artificiosa. La plataforma filtra ciertas palabras pero no lográs un cambio de comportamiento, que es lo que necesitás para tener elecciones más transparentes y que entusiasme más a la gente.
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-¿Creés que los discursos violentos y agresivos no deberían moderarse o regularse, sino que se debería estudiar cuál es su causa social?
-Creo que lo que hay que hacer es primero detectarlos, reconocer que hay una sociedad que está generando esos discursos. Cuando obturás esos discursos, más en una campaña, perdés el diagnóstico. Lo que te sirve es decir: esto existe, la sociedad es esto, cómo actuamos. Eso te permite tomar decisiones, muchas son discursivas y en los espacios donde se dan los discursos. Y esta sí es una posición mía clásica, ya hace bastante vengo defendiéndola, que los problemas que expresan las redes sociales, los contenidos en la televisión, no son problemas de los medios, son problemas de la sociedad que expresan los medios. Cuando de alguna manera regulás ese canal de expresión, no hacés la modificación de la conducta social que lo provoca, hacés una solución para la expresión del problema, pero no para el problema.
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-Regular esas conductas implicaría procesos a largo plazo
-A larguísimo plazo. El problema es que si son procesos a largo plazo pero solo trabajás en las posiciones cosméticas, vas generando un círculo vicioso porque tenés cada vez menos diagnóstico, soluciones más cosméticas, y cada vez ponés más tu problema donde no lo hay. Entonces lo que es un proceso largo, lo hacés larguísimo, porque nunca llegás a asumir cuál es el verdadero problema.
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Un grupo humano que trabaja con valores, automáticamente genera un cambio. Lo que nosotros vimos en los discursos de la Selección, en las declaraciones que hicieron, en la actitud del director técnico, no vino de un manual de estilo de la Selección.
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-¿Considerás que el foco debería estar únicamente en estos procesos a largo plazo para abordar la problemática? 
-Creo que el Mundial nos dio el ejemplo perfecto. Un grupo humano que trabaja con valores y con actitudes y que se expresa adecuadamente, automáticamente genera un cambio. Lo que nosotros vimos en los discursos de la Selección, en las declaraciones que hicieron, en la actitud del director técnico, no vino de un manual de estilo de la Selección. Representa un espíritu de esa Selección. ¿Qué pasaría si ese pacto lo hacés entre los candidatos? Un pacto de no agresión, de respeto, de no insultos. Parece medio de Gandhi pero eso sí va a ser mucho más inmediato que pedirle a Elon Musk que te baje la perilla de Twitter cuando te insultan. Esa es la solución más tonta que hay. No le cambia la actitud al odiador, la dejará de hacer en Twitter. Esta cosa de decir “de dónde salió todo esto”, también tiene que ver con que somos especialistas en obturar diagnósticos. No nos gusta el diagnóstico entonces lo disimulamos, lo maquillamos, incluso para el propio político que le dicen “está todo fenómeno, la gente te ama”, y después no te votan.
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-¿La polarización de los contenidos que se comparten no sería entonces una estrategia política redituable en términos de imagen o de participación para los partidos políticos?
-En redes es la peor. Las figuras polarizadas son las menos propicias a ser compartidas porque sabés que en tu propia red te puede generar comentarios y críticas, incluso de tus conocidos. Lo que necesita la política en campañas es que compartas, que es lo que Henry Jenkins llama spreadable content, que es el contenido, no viral porque un virus no se lo quiere pegar nadie, sino que es el contenido como el meme, que tenés ganas de mandarlo, o el sticker que te mandaron de Messi, estás esperando que alguien te escriba para mandárselo. Eso es lo virtuoso de la comunicación en red. Y los núcleos hostiles no lo consiguen.
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-Solés mencionar que hay que tomar el parámetro de comportarse en las redes como te comportarías en la sociedad, ¿creés que las redes permiten hablarle a un público masivo desde un lugar resguardado porque no estás exponiéndote directamente?
-No estoy muy de acuerdo con ese principio porque soy una persona muy activa en redes y la verdad es que si me quedara en mi casa o en mi aula estaría mucho menos expuesta. Las redes me exponen mucho más. Incluso los que lo hacen desde una máscara, desde una cuenta, que considero que también es válido porque toda la vida la gente pudo tener un seudónimo, un alter ego para decir lo que piensa. También te exponés a que te cierren la cuenta, a no tener seguidores, a que cuando pongas una discusión tan agresiva nadie quiera participar en ella. Es cierto que evitás que te den un palo por la cabeza, pero a veces son mucho más dolorosos esos insultos que leés en Twitter. Yo nunca tuve una discusión o un insulto en la calle como los que a veces recibís en Twitter y duele muchísimo y te molesta. Yo no puedo hacer un paper porque una vez un energúmeno me agredió. Lo que tengo que pensar es, bueno, ¿cuántos de los comentarios que recibí en el día son de este tono, es uno solo? Lo tengo que silenciar y pasar a lo siguiente, a mí me parece que hay muchos especialistas muy obsesionados con el desvío, que no es la regla.
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La saga de la Argentina nuclear – X

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Cuando la actividad nuclear argentina está en riesgo, queremos repasar algunos momentos del largo esfuerzo que la construyó El noveno capítulo de esta saga está aquí.

Guarda con los recomendados

Los audaces no vienen exentos de error. Perón a veces tomaba riesgos, pero si tropezaba,  tenía mañas para no caerse. Con Richter, es fama, no fue a medias y tropezó a lo grande. El austríaco devoró fondos a mansalva en su proyecto secreto en la Isla Huemul, frente a Playa Bonita, entonces en el despoblado de los extramuros de Bariloche. Y el resultado fue un papelón internacional. El físico prohijado por Tank le había propuesto a Perón “nuclearizar” a la Argentina por trámite express. Había que ignorar la trabajosa fisión del uranio 235, y en cambio ir directo a la aparentemente fácil fusión termonuclear de átomos livianos, litio en este caso. “Y va a costar chirolas”, le aseguró Richter al presidente, según Cernadas y Mariscotti. Recién llegado, el Herr Doktor ya “chamuyaba el lunfa” necesario para caer bien, aunque con guturales “erres” de ostrogodo. Perón le contestó con sus famosos: “Métale, nomás”. La fusión controlada… Ufff. Todavía hoy sigue inviable pese decenas de tentativas por parte de millonarios consorcios científicos. Si Ud. ioniza totalmente átomos del elemento más liviano de la tabla química, el hidrógeno, lo ha vuelto un plasma, una sopa muy caliente de protones y neutrones dedicados a colisiones caóticas. Si quiere empezar una fusión con plasma, la primera recomendación es usar no el isótopo más liviano y abundante del hidrógeno, que tiene un protón como todo núcleo. Use deuterio, cuyo núcleo tiene, además, un neutrón. Que su lema sea: “Cuanto más neutrones, mejor”. Un plasma de deuterio, bien lleno de neutrones, sale caro, eso sí: sólo el 0,015% del hidrógeno en la naturaleza tiene ese neutrón extra. Acabo de explicarle de paso por qué es tan difícil y caro fabricar agua pesada (D20, dos deuterios y un oxígeno), pero ya volveremos sobre eso. Fusionar deuterio tiene tres etapas que se atraviesan de modo fulminante, a condición de que Ud. incurra en gastos fuertes y sin garantías de éxito industrial. El problema es que los protones, si Ud. quiere ensamblarlos, no se portan pasivamente como piezas de un Lego. Cada uno tiene una carga positiva, y la repulsión magnética que se genera entre ellos, si Ud. intenta siquiera acercarlos, no digamos amontonarlos, es enorme. Ojo: Ud. está peleando contra el electromagnetismo, una de las cuatro fuerzas fundamentales de la naturaleza. No es chiste. Para vencerlo copiando a la naturaleza, hay que calentar y comprimir plasmas de deuterio a 15 millones de grados C y 300 mil millones de atmósferas, hasta que ese casi insustancial gas ionizado alcance una densidad 7,8 veces mayor que la de un metal muy denso en la superficie terrestre, el oro puro. De paso, le digo que necesitará una enorme masa de “reactivos”, es decir de deuterio, porque la eficiencia energética del proceso es muy baja: un 0,8 %. En el centro del sol, un protón puede deambular a los tumbos durante miles de millones de años antes de, por fin, fusionarse con otro de su especie y dos neutrones, formando helio. En esas condiciones, y a distancias de 10-17 metros (un billonésima de milímetro), aparece otra fuerza mayor que la repulsión magnética, llamada “Fuerza Fuerte”, otra de las cuatro fundamentales de la física y el verdadero Poxipol de la naturaleza que une protones y neutrones (los nucleones) de cualquier átomo más pesado que el hidrógeno, es decir, todos los de la tabla. Entonces, si Ud. persiste con la presión y temperaturas recomendadas “ut supra”, es probable que de golpe y porrazo logre trillones de fusiones en cadena, una reacción autosostenida: la ignición termonuclear. Si además Ud. logra controlarla sin transformarse en parte del plasma, tal vez logre que la reacción y su propia vida sean durables. Si pudo llegar ahí, notará que hay una menor masa del producto final (helio) que de reactivos iniciales (deuterio): esa milésimo de masa material faltante se habrá convertido einstenianamente en energía. Pero en MUCHA energía. Sin embargo, el laboratorio más cercano a su domicilio que logra rutinariamente ese milagro termonuclear es el Sol, y por la pura fuerza gravitacional que ejerce su corpachón de hidrógeno sobre su núcleo. El hidrógeno podrá ser el elemento más liviano de la tabla, pero al sol le sobra: tiene 3 millones de veces más masa que la dura, rocosa y densa Tierra, comparativamente ínfima en tamaño. El sol está más o menos en su promedio de vida: cumplió 4600 millones de años, y hasta su dramática senectud falta otro tanto. Por lo simple, brutal, ineficiente y durable, el Sol parece casi tecnología soviética.

Daniel E. Arias

Presentarán este año la primer vacuna contra el Virus Sincitial Respiratorio de la plataforma ARNm

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De acuerdo a los reportes más recientes de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), la Región de las Américas enfrenta una “triple amenaza” de enfermedades respiratorias, ya que COVID-19, gripe y el VSR (virus sincitial respiratorio) están sobrecargando a los sistemas de salud. Las infecciones por VSR, que afecta particularmente a los menores de 1 año y mayores de 60 años, han aumentado considerablemente en los últimos años principalmente en Canadá, México, Brasil, Uruguay y Estados Unidos. Por ello, a través de su plataforma tecnológica de ARNm, Moderna da a conocer resultados positivos y alentadores de la fase 3 de su vacuna experimental de ARNm contra el virus respiratorio sincitial (VRS) en adultos mayores.
Demostro tener UNA EFICACIA DEL 83.7%
La compañía tiene previsto presentar la solicitud de aprobación reglamentaria en el primer semestre de 2023. A continuación, comparto la información y adjunto el boletín de prensa con más detalles.

Detalles de la vacuna

Según la compañía su vacuna contra el virus respiratorio sincitial (VRS) ha cumplido con los criterios primarios de eficacia en un ensayo de fase 3 en adultos mayores. ARNm-1345 demostró una eficacia de la vacuna del 83,7% en la enfermedad del tracto respiratorio inferior por VRS, definida por 2 o más síntomas en adultos mayores. En general, ARNm-1345 fue bien tolerado, sin que la Junta de Supervisión de Datos y Seguridad (DSMB) identificara problemas de seguridad. Basándose en estos resultados, Moderna tiene la intención de presentar ARNm-1345 para su aprobación reglamentaria en el primer semestre de 2023. El ensayo de fase 3, con la ConquerRSV de ARNm-1345, una vacuna experimental de ARNm dirigida contra el virus respiratorio sincitial (VRS) en adultos mayores.. “Los resultados de hoy representan un paso importante en la prevención de las enfermedades respiratorias bajas debidas al VRS en adultos de 60 años o más. Estos datos son alentadores y representan la segunda muestra de resultados positivos de ensayos de fase 3 de nuestra plataforma de vacunas de ARNm contra enfermedades infecciosas, después de la vacuna COVID-19 (Spikevax). Estamos impacientes por publicar el conjunto completo de datos y compartir los resultados en una próxima conferencia médica sobre enfermedades infecciosas”, declaró a Stéphane Bancel, CEO de Moderna.

La saga de la Argentina nuclear – IX

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Cuando la actividad nuclear argentina está en riesgo, queremos repasar algunos momentos del largo esfuerzo que la construyó El octavo capítulo de esta saga está aquí. Conste que todo esto fue escrito en 2016.

El período de la caza de cabezas

Fue el éxito mismo del programa nuclear de “Jorjón” Sábato, y en parte también la muerte temprana de ese personaje, las cosas que desataron su ostracismo y ruina desde 1983 hasta 2006. Aquel año, forzados por un déficit nacional de potencia instalada incompatible con el sobresaltado crecimiento chino de nuestro PBI, los Kirchner tuvieron que romper su visión parroquial, santacruceña y petrolera del mundo y redescubrieron el átomo. Eso fue 2530 después de que lo hiciera Demócrito de Tracia y 56 después de que lo volviera a hacer Perón, pero hizo una diferencia tremenda. Y la hizo porque la CNEA se moría. Literalmente, de vieja. En sus libros, Cernadas y Mariscotti coinciden en que en parte la “cultura organizacional” nuclear, tan excepcionalmente autónoma y estable, fue el resultado inesperado del choque de Perón contra la realidad física y contra los físicos argentinos. La física y los físicos probaron ser duros. Y Perón, a la larga, sagaz. Los sucesivos contralmirantes que dirigieron la CNEA aceptaron eso de movida: aquí la línea la fijan los que saben. Y como a fuer de militares les gustaba mandar, aprendieron. Ojo: antes de ser “reformateados” por esa misma cultura nuclear que en parte generaron, ya como materia prima eran personajes poco comunes: Iraolagoitía había protagonizado una aventura aeronaval importante (llegar en hidroavión a la Antártida… y volver), su sucesor Oscar Quihillalt era un matemático experto en explosivos y balística, y Eduardo Castro Madero, un diseñador de reactores nucleares con un doctorado en el Instituto Balseiro de Bariloche y posdocs en los National Labs de los EEUU. Cada uno tuvo aciertos y errores, y Castro Madero, más aciertos y más errores que ninguno. En perspectiva, sumaron. Si hasta la propia CNEA surgió de un error. Y nada pequeño, además. Vamos a esa prehistoria. En el “head-hunting” de lumbreras alemanas de la posguerra, Argentina jugó bien: la URRS se quedó con aproximadamente 3000 “experten”, EEUU con 1600, el Reino Unido con 800, Francia con 300, la Argentina unos 120 y Brasil 27. Entre “los nuestros” –al menos nuestros un tiempo- estuvo Kurt Tank, horrible nazi medular, pero sin discusión, el mejor ingeniero aeronáutico de cazas de la 2da. Guerra, diseñador del temible Focke Wulf 190. Tank se mudó a Córdoba donde se abocó, junto a decenas de colegas argentinos con 30 años de “expertise”, a transformar su interceptor a reacción TA-163, que no había logrado salir de planos en la 2da Guerra. Aquí el TA-163 dejó de ser un interceptor, bueno para trepar rápido y operar sobre suelo propio en un país de tamaño europeo, se volvió un animal conceptualmente distinto, rehecho para cubrir con un único modelo las necesidades de un territorio gigante. Fue el bellísimo caza multipropósito y de largo alcance Pulqui II, del cual sólo se fabricaron 5 prototipos, aunque en 1953 era marginalmente superior al Mig 15 y al F-86 Sabre. O por eso. Esa historia, otro día. En eso andaba Tank y todavía le iba bien, cuando se le ocurrió hablarle a Perón sobre la presunta genialidad del físico atómico austríaco Ronald Richter, ignorada hasta el momento por sus pares. Raro: los físicos del rubro en los años ’40 eran poquísimos en el mundo y se conocían bien entre sí. Además, aunque hay excepciones como Enrico Fermi, es casi una ley de la física que los físicos puros, pensadores de lápiz y papel, sean poco fierreros, y viceversa. Tanto así que de Wolfgang Pauli, el tipo que describió los orbitales electrónicos y con ellos explicó definitivamente la tabla periódica y el funcionamiento cuántico de toda la química, se decía que bastaba que entrara al laboratorio para que los experimentos se fueran al diablo. Un poco en contrapartida, los ingenieros suelen tener nociones vagas sobre quién es quién en el mundo enrarecido de la física básica. Se limitan a transformar ese insumo, quizás la más pura de las ciencias puras después de las matemáticas, en “pendorchos”. Pero eso lo logran únicamente una vez que alguien volvió investigación aplicada toda esa nebulosa abstracción. A los físicos puros, los ingenieros los consideran algo así como marcianos naturalizados. En la otra trinchera, los físicos puros no registran mucho la existencia de los ingenieros. En la Argentina de 1947, cuya emergente pero rumbosa industria sustitutiva se las arreglaba aún sin física básica, con ingenieros nomás, el apadrinamiento de un fierrero “world class” como Tank bastó para que Perón se comprara un físico “diz que nuclear” a ojos cerrados. Era como un cheque del City endorsado por un millonario. “Al Viejo” le fue muy mal: sin mala intención, Tank lo mandó como quien dice, al muere. Pero sin aquel error y el quemazo mundial que siguió, la existencia posterior de un programa nuclear serio y autónomo habría sido difícil. Y sin ese programa, 72 años después, hoy Rafael Grossi sería otro diplomático con otra vida más banal, yo no estaría peleando por su acceso a la dirección general de OIEA, y tampoco Ud. estaría soportando este mamotreto por una mezcla de patriotismo y curiosidad. En la historia de la CNEA, esto de salir parado de una rodada y volver a remontar parece un karma. Júzguelo por lo que sigue (ver en los siguientes capítulos de Argentina nuclear). peron-inaugura-acelerador-de-particulas Perón inaugura el hoy ya desmontado acelerador de partículas Cockroft-Walton de la CNEA, en pleno e impresionante despliegue de su período inicial, o académico.

Daniel E. Arias

La OIT pide mantener la flexibilidad global de horarios de trabajo que trajo la pandemia

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Un informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) revela en sus encuestas que un 43 % de los trabajadores no está satisfecho con las horas que trabaja. Además, asegura que el teletrabajo benefició la productividad, la conciliación y hasta la salud de los empleados.
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La pandemia obligó al mundo a flexibilizar jornadas laborales y generalizar el teletrabajo en muchos sectores, medidas que beneficiaron la productividad, la conciliación y hasta la salud de los empleados, por lo que la Organización Internacional del Trabajo (OIT) recomienda que se mantengan.
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Es una de las principales conclusiones del primer informe de la organización sobre jornadas de trabajo y conciliación familiar, publicado este viernes y en el que se subraya también que más de un tercio de los empleados globales (35,4 %) aún trabaja más de 48 horas por semana y un quinto (20,3 %) no llega a las 35.
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Durante la crisis sanitaria se tomaron medidas como la reducción de horarios, que evitó muchas pérdidas de empleos, mientras que el teletrabajo, que ya había probado su eficacia en crisis como la del terremoto de Japón de 2011, “mostró que puede aplicarse a gran escala, cambiando la naturaleza del trabajo”, recuerda la OIT.
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Las medidas laborales de emergencia tomadas durante la pandemia “aportaron nuevas pruebas de que dar a los trabajadores más flexibilidad sobre cómo, dónde o cuando trabajar es positivo para ellos y para los negocios, mejorando por ejemplo la productividad”, destaca el informe.
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La pandemia, por otro lado, mostró la necesidad de flexibilizar los horarios y el lugar de trabajo de los empleados cuando éstos tuvieron que hacerse cargo de familiares enfermos, subraya el documento.
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El estudio de la OIT sin embargo advierte que la flexibilidad de horarios tiene costes como el desequilibrio por género en el mundo laboral, ya que las mujeres tienden más a reducir su jornada que los hombres.
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El informe recomienda mantener leyes que establezcan un máximo de horas diarias (algo que la OIT recuerda que ya reivindicó en el primer documento que publicó tras su fundación en 1919) y promover políticas públicas de reducción de horarios como las que han puesto en marcha recientemente países como Islandia, España o Reino Unido.
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El teletrabajo, añade en sus conclusiones, “ayuda a mantener el empleo y crea un nuevo espacio para la autonomía del empleado”, pero necesita ser regulado para que, entre otras cosas, se incluya el “derecho a desconectar” del trabajador cuando está trabajando en su domicilio, subraya la OIT.
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El informe subraya que los largos horarios -y también los que no pueden predecirse, como los “encargos de última hora”- están en general asociados a la baja productividad, que mejora a medida que hay reducciones de jornada y trabajos más predecibles.
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MÁS HORAS, PEOR SALUD
Horarios excesivos también contribuyen a una peor salud del trabajador, al aumentar el riesgo de estrés, ansiedad, o insatisfacción laboral, con mayores porcentajes en estos trabajadores afectados por la depresión o el alcoholismo.
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Aunque se considera que el horario estándar de trabajo semanal es el de 40 horas, la media mundial es de 43,9 horas, siendo los hombres quienes están más afectados por los largos horarios y las mujeres por los de corta duración.
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La región con la jornada semanal promedio más prolongada es el sur de Asia (49 horas, o 51 si se contabiliza sólo a los hombres), seguida de Asia Oriental (48,8), mientras que en Europa y América ya está por debajo de las 40 horas de promedio.
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El informe recoge en sus encuestas que un 43 % de los trabajadores no está satisfecho con las horas que trabaja, aunque son muchos más los que preferirían aumentar sus jornadas (36,6 %) que los que quieren reducirlas aunque ello supusiera menor sueldo (6,5 %).
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Un video que recorre y muestra en detalle la fábrica de cohetes Tronador

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La semana pasada recorrí la fábrica de cohetes Tronador de @veng_argentina y @CONAE_Oficial En este video hacemos un repaso de la recorrida y te cuento todos los avances para volver a ver un cohete despegar desde suelo argentino. 🚀🇦🇷

Los 65 años del RA-1: cómo fue la carrera para lograr la primera reacción nuclear controlada de América Latina

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  • El 17 de enero de 1958, la Comisión Nacional de Energía Atómica puso en marcha su primer reactor experimental. Fue construido en apenas 9 meses, con técnicos, científicos, materiales y tecnología locales.
La idea original era comprar un reactor nuclear experimental llave en mano a la empresa estadounidense General Electric. Pero sobrevinieron órdenes de no venderle «fierros» a los argentinos. De modo que el plan B fue más modesto pero -en el fondo- más ambicioso: comprar los planos del reactorcito para formación de personal Argonaut del Argonne National Lab. Y que Dios te ayude. A eso los autodenominados americanos accedieron. Estaban casi seguros de que no íbamos a poder construirlo, o de que no iba a funcionar bien. Y tenían sus razones: la CNEA no sólo debía juntar y calificar a 90 proveedores industriales argentinos para los componentes. En los ’50 éramos un país mucho más industrial que hoy, pero en los rubros metalúrgico, electromecánico y electrónico, pocas firmas locales llegaban a calidad de exportación y con volumen. Mucho más difícil aún, había que resolver la metalurgia y el diseño físico de placas de combustibles. Estas placas de primera generación son diluciones de uranio en aluminio, sostenidas por armazones de aluminio. Los materiales, obviamente, debían resistir el daño por absorción de neutrones, y la corrosión que ello desencadena. Eso no era pavada en un país cuya metalurgia más avanzada era la de fabricación de armas de tubo por parte de Fabricaciones Militares, en aceros, y otras aleaciones de acero en industrias privadas. País, además, que no producía sus propios aluminios ni sus aleaciones derivadas. Sí sabía manipular aleaciones aeronáuticas de aluminio como el dural, pero importando chapa para su entonces industria aeronáutica, bastante avanzada. En cuanto a importaciones nucleares, los autodenominados se limitaban a suministrarnos el uranio altamente enriquecido por un convenio anterior, de 1955. En cuanto tomaron la decisión de no vendernos un reactor entero, se olvidaron del asunto. Poco les duró el olvido. El RA-1 logró su primera reacción nuclear controlada el 17 de enero de 1958, hace 65 años. Fue inaugurado oficialmente tres días después y fue el primero en operar en América Latina. Y se tardó nueve meses en construirlo. Lo único que tenía de importado eran los planos, el uranio enriquecido (no así los elementos combustibles tipo placa), el grafito usado como moderador (era francés) y algunos componentes electrónicos. El resto de los componentes era -con cierto orgullo- Industria Argentina. Y cosa fundamental, eran argentinos el combustible y la ingeniería del mismo.  
Un camión grúa eleva componentes del edificio del reactor RA-1 en el Centro Atómico Constituyentes
  La construcción del Reactor Argentino 1 o RA-1 salió de mucho entusiasmo e inventiva de los investigadores de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), y de no poca rivalidad regional con Brasil: había una carrera por lograr la primera reacción en cadena autosostenida en esta parte del continente. Los brasileños ya tenían en marcha su propio reactor. Compraron «llave en mano» otro Argonaut, sin ninguna objeción del State Department: habían sido aliados en una guerra todavía muy reciente, y eso pesaba.

La génesis del proyecto

En noviembre de 1956, la CNEA, a la sazón una organización exitosa y académica, anunció que la Argentina compraría un reactor nuclear para poder pasar de la teoría a la práctica, y de la práctica a la industria. Presidía el entonces capitán de navío Oscar Quihillalt, quien a principios de 1957 viajó a Nueva York para concretar la operación con General Electric. Pero lo esperaban con un laberinto de pedidos de papeles y de firmas: había contraorden obvia, pero evidentemente no declarada. Pareció que iba a tener que volverse con las manos vacías. Pero eso no era muy de Quihillalt. En su libro “El sueño de la Argentina atómica” (Edhasa, 2014), Diego Hurtado de Mendoza cuenta que Quihillalt se dirigió entonces a Filadelfia para asistir a una conferencia. Allí se encontró con el ingeniero Carlos Büchler, quien había trabajado en la CNEA y en ese momento lo hacía en el Argonne National Laboratory de Chicago. El mismo donde el físico Enrico Fermi desarrolló el primer reactor nuclear artificial del mundo, en 1942, y bajo las gradas de un estadio de fútbol americano.  
El entonces presidente de la CNEA, Oscar Quihillalt, consiguió sus planos del Argonaut convencido de que Argentina debía construir su propio reactor.
  A instancias de Büchler, Quihillalt fue a conocer el Argonaut (Argonne Nuclear Assembly for University Training), un pequeño reactor experimental que había sido inaugurado unos días antes en Argonne, y se fue con los planos. No es imposible que el State Department haya pensado: «Se van a volver locos con los combustibles y las configuraciones del núcleo, no van a poder». Tenían razón. Bueno, en lo primero. El 9 de abril de 1957 se decidió que la CNEA construiría el primer reactor nuclear de investigación argentino en un predio de la Dirección General de Fabricaciones Militares, en Constituyentes y General Paz. Hoy ahí está el Centro Atómico Constituyentes, pero entonces era poco menos que potreros y campo abierto, con algunos hangares tipo Quonset del Ejército. El director del proyecto era el físico Fidel Alsina Fuentes, jefe de Ingeniería Nuclear de la CNEA, quien formó parte del grupo que viajó a Chicago para recibir formación técnica. “Al principio no los dejaban participar en los experimentos. Hasta que ellos encontraron un problema en el registro del reactor Argonaut y a partir de eso sí les permitieron presenciar las prácticas. Y aprendieron muchísimo”, cuenta el ingeniero electrónico Hugo Scolari, que lleva cuatro décadas como jefe del RA-1. Aclaración gramatical necesaria: «ellos» son los autodenominados americanos. Nos invitaron a meter mano en los experimentos porque con su nuevo Argonaut, los muchachos de Argonne tenían problemas de instrumentación y necesitaban una manito para resolverlos. No son orgullosos. Tampoco nosotros. Y sí, aprendimos, claro que aprendimos. En cuanto a ellos, estaban escribiendo el manual. En el país, al frente de la construcción quedó el ingeniero Otto Gamba, jefe del Departamento Reactores de la CNEA. A su mando había varios equipos de trabajo formados con egresados recientes de los también recientes cursos de reactores nucleares.

La construcción del RA-1

Carlos Domingo, quien integró la Sección Reactores de la CNEA entre 1955 y 1960 y fue parte de la comitiva que viajó a Chicago y escribió un relato acerca de aquellos días de prueba, error y búsqueda de soluciones durante la construcción del RA-1. “Se trató de calcular la masa crítica del reactor para diferentes disposiciones de uranio, cálculo complicado por la geometría, que no era un anillo completo. El Taller, dirigido por Di Marzio, avanzó rápidamente en la construcción de las placas de control, el sistema de circulación de agua de enfriamiento y el tanque de aluminio del reactor. Velia Hoffman supervisaba y trabajaba en la construcción del blindaje. Había que diseñar los encofrados de las diferentes clases de bloques y controlar con cuidado el vaciado de cemento especial con la cantidad adecuada de barita (sulfato de bario, fundamental para hormigones pesados y de alta densidad). Koppel se encargó de controlar el corte del grafito que rodeaba al tanque”, contó Domingo.  
Velia Hoffman era la encargada de supervisar la construcción del blindaje y diseñar los encofrados de las diferentes clases de bloques y controlar con cuidado el vaciado de cemento especial con la cantidad adecuada de barita.
Velia Hoffman era la encargada de supervisar la construcción del blindaje y diseñar los encofrados de las diferentes clases de bloques y controlar con cuidado el vaciado de cemento especial con la cantidad adecuada de barita.
  Como seguramente preveían en EEUU, el problema duro fueron los combustibles, hechos con placas de óxido de uranio forradas por una fina cubierta de aluminio de alta pureza. “Se producían por un procedimiento de extrusión en caliente, a la temperatura en la que el aluminio es deformable. El grupo de metalurgia dirigido por Jorge Sabato, que contaba con gente muy preparada, estudió el problema y llegó a hacer un prototipo usando óxido de uranio natural preparado en el país y aluminio común”. Sabato fue el arma secreta del combustible, ayudado por el entonces jovencísimo Carlos Aráoz. Pensaban estar resolviendo un problema concreto, cuando en realidad estaban haciendo nacer una ciencia en Argentina: la de materiales. Hubo dudas acerca de si el sistema de extrusión funcionaría con el uranio enriquecido, y máxime a más del 90%. Pero Harry Bryant, el director del Argonaut, aseguró con algún asombro que estos elementos combustibles diseñados en la Argentina eran de mejor calidad que los que se usaban en el reactor estadounidense. Y se decidió que los del RA-1 se harían en la CNEA. Bryant no macaneaba y se corrió la bola. En 1958, la empresa alemana de metalúrgica avanzada Degussa AG, que participaba del programa nuclear de la República Federal Alemana (RFA), nos compró la patente para este tipo de combustibles. La Argentina había vendido su primera patente nuclear. Es curioso que sólo 9 años más tarde la RFA, a través de la división KWU de Siemens, estuviera en condiciones de ofrecer a la Argentina no un reactor de entrenamiento, sino una central nucleoeléctrica completa: la actual Atucha I. Es menos curioso si se recuerda que aquel año de triunfo, 1958 a la CNEA, vaya a saber por qué, se le cortó el presupuesto por la mitad.  
El Grupo de Metalurgia dirigido por Jorge Sábato, que contaba con gente muy preparada, llegó a hacer un prototipo de combustible usando óxido de uranio natural preparado en el país y aluminio común.
El Grupo de Metalurgia dirigido por Jorge Sábato, que contaba con gente muy preparada, llegó a hacer un prototipo de combustible usando óxido de uranio natural preparado en el país y aluminio común.
 
Los científicos argentinos trabajaban de 12 a 18 horas por día para construir el reactor
La primera prueba comenzó el 16 de enero de 1958. Al principio parecía que no había uranio suficiente, o al menos lo suficientemente enriquecido, para alcanzar la criticidad. Eso los combustibleros lo solucionaron cambiando de posición los elementos combustibles: colocaron los que tenían mayor carga de uranio en el centro. No estaba en el manual, lectores: como todo constructor por cuenta propia, estábamos escribiendo el manual. La reacción nuclear en cadena autosostenida se alcanzó a las 6:30 del 17 de Enero de 1958. No sucedió nada hollywoodense, simplemente relojes e instrumentos que certificaban que el núcleo del RA-1 había átomos de uranio 235 desintegrándose unos a otros, y que estaba emitiendo neutrones. Mucha gente que hacía nueve meses no pegaba bien el ojo, aquella noche pudo dormir por fin. No sin algunos brindis previos. Había sido la primera reacción nuclear en América Latina. La inauguración oficial se hizo el 20 de enero y el reactor recibió el nombre de “Enrico Fermi”. Brasil inauguró su reactor cinco días después, aunque lo habían literalmente bajado en cajones desde un barco, con todos sus componentes «Made in USA». Y con el manual. “Este hito fue el puntapié inicial para el desarrollo en el país de reactores de investigación y producción”, subraya Scolari.  
Los diarios de la época daban a conocer los primeros resultados de la aplicación de tecnología nuclear argentina a la salud.
Los diarios de la época daban a conocer los primeros resultados de la aplicación de tecnología nuclear argentina a la salud.
 

El legado del RA-1

En 1959, una reforma integral del RA-1 permitió subir diez veces su potencia máxima. Hubo que construir un nuevo tanque que albergara el núcleo y nuevas piezas de grafito. También se renovaron las placas de control y se instaló una torre de enfriamiento, porque ahora sí había calor a disipar. Después de una prueba en la que no se logró criticidad alguna: ¡a rediseño! Hubo que reducir el diámetro del cilindro interno de grafito y agregar a su alrededor algunas placas de combustible. Pero para eso había que arquearlas. Ya las divergencias con los planos comprados en EEUU se iban agravando. Los técnicos encontraron la manera doblar las placas en forma segura sin que se generaran fisuras cuando entraran en reacción nuclear. El reactor, que ya se parecía tanto al Argonaut como el Ford de Manuel Gálvez (auto de Turismo Carretera) a uno comprado en concesionario, volvió a alcanzar criticidad el 25 de diciembre de 1959. El RA-1 fue utilizado para innumerables experimentos e investigaciones y fue pionero en la producción de radioisótopos nacionales para uso medicinal e industrial (a baja escala). Aún hoy se lo usa para capacitación de recursos humanos; extensas actividades de divulgación; ensayos por activación neutrónica de materiales; estudios de daños por radiación, por ejemplo, en metales que luego formarán parte de Reactores de Potencia, y el desarrollo de una terapia quizás revolucionaria en medicina nuclear para tratar ciertos tipos de cáncer, llamada BNCT (Terapia por Captura Neutrónica en Boro).  
El RA-1 sigue activo hasta la actualidad. En imagen se puede ver un equipo de investigadores que realizó en 2018 un ensayo para desarrollar la Terapia de Captura Neutrónica en Boro (BNCT) contra el cáncer.
El RA-1 sigue activo hasta la actualidad. En imagen se puede ver un equipo de investigadores que realizó en 2018 un ensayo para desarrollar la Terapia de Captura Neutrónica en Boro (BNCT) contra el cáncer.
  A 65 años de la inauguración del primer reactor, la CNEA construye el Reactor Nuclear Argentino Multipropósito RA-10 junto a la empresa estatal INVAP. Y hasta el día de hoy, la Argentina produce sus propios elementos combustibles para sus plantas y reactores nucleares. Todas y sin excepción. “El RA-1 dio inicio a la carrera nuclear argentina y hoy se encuentra en servicio gracias a las capacidades científicas tecnológicas, humanas y de gestión de nuestro país y su gente. Las mismas que hoy permiten desarrollar el RA-10. Esta es la historia entrando en diálogo con el presente, para construir el futuro. El RA-1 es la semilla que se sembró en el ´57 y asomó en el ’58, dando lugar al actual ecosistema de excelencia nuclear que hoy lidera nuestra Nación”, destacan desde el Departamento de Reactores de Experimentación y Servicios de CNEA (GRyCN – GAEN), liderado por Fabián Moreira e integrado por Juan Manuel Politano, Florencia Parrino y Agustina González.La construcción y puesta en marcha del RA-1 es un hito en sí mismo, pero lo más importante es el sendero que comienza a marcar –subrayan-. Hoy en la CNEA las personas siguen capacitándose y llevando adelante nuevos proyectos con la misma energía, sed de conocimiento y de crecimiento para el ámbito nuclear, siempre asumiendo y superando cada desafío con compromiso, seguridad, profesionalismo, creatividad y con mucha pasión”. Para sintetizar: el RA-10, con sus 30 MW de potencia térmica y su sofisticación de diseño, nos podría permitir abastecer del 20 al 30% del mercado mundial de radioisótopos médicos, particularmente el de molibdeno 99, que hoy vale aproximadamente U$ 6300 millones/año, y que desde hace 20 años no hace sino crecer. Podríamos estar facturando arriba de U$ 1260 millones/año, para empezar. Y eso con un reactor que terminará costando U$ 400 millones a fecha de entrega. Y que debería durar al menos 50 años en operaciones. No es una argentinada: el reactor OPAL de Sydney, Australia, ha llegado a mover el 40% de ese mercado, con sólo 20 MW. Y también es argentino, lo construyó INVAP en 2006 y se lo considera la mejor planta multipropósito del mundo. El reemplazo del reactor PALLAS, en Petten, Holanda, probablemente se vuelva el 2do abastecedor mundial del mercado de radioisótopos. Dicho sea de paso, es otra obra de INVAP en la que el sello de la CNEA está en todos lados, empezando por los combustibles, que ahora ya son de tercera generación. El RA-10, raro destino, tendrá como competidores más acérrimos otros dos reactores argentinos, al parecer. Debería haber estado operativo en 2020, pero en 2016 a la CNEA -vaya a saber por qué- se le volvió a cortar el presupuesto a la mitad del de 2015, y quedó clavado en pesos hasta 2020. Y trascartón de «la malaria», la pandemia… Cambió la suerte y ahora la construcción, fogoneada por nuevo presupuesto, avanza a todo trapo. Y cruzamos los dedos. «Nunca faltan encontrones/cuando un pobre se divierte…», como decía el tango de Pichuco Troilo. A contar reactores exportados: el RPO y el RP10 a Perú, el NUR a Argelia, el Inshas a Egipto, el OPAL a Australia, el reemplazo del PALLAS a Holanda, todavía sin nombre, una unidad docente a Arabia Saudita, y contando. Y 14 Centros de Medicina Nuclear en otras tantas provincias, y contando. Ésa es la herencia del RA-1.  

La ARN argentina invita a participar de una amplia encuesta sobre “Valores, Ciencia, Percepción del Riesgo y Energía Nuclear”

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La Autoridad Regulatoria Nuclear (ARN) hace extensiva la invitación para participar de la encuesta internacional sobre «Valores, Ciencia, Percepción del Riesgo y Energía Nuclear» de la Agencia de Energía Nuclear (NEA, por su sigla en inglés), de la cual la República Argentina es miembro.
La encuesta de la NEA es anónima y se realiza de manera online a través de este enlace: bit.ly/3VXG29q. La NEA extendió el plazo para quienes deseen completarla hasta el 31 de enero de 2023. La encuesta está dirigida al público en general, que puede estar dentro o fuera del sector nuclear, y busca identificar relaciones entre los valores individuales y las opiniones y percepciones sobre la ciencia, el riesgo y la energía nuclear. Acceda a la encuesta internacional de la NEA en idioma inglés.

La saga de la Argentina nuclear – VIII

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Cuando la actividad nuclear argentina está en riesgo, queremos repasar algunos momentos del largo esfuerzo que la construyó El septimo capítulo de esta saga está aquí. Dame un paraguas (político) y moveré el mundo Mariscotti y Hurtado: no los fabrican más distintos, en términos políticos. Pero coinciden sin titubear, en esto: entre 1950 y 1982 la CNEA fue un modelo a imitar, sin imitadores. Fue también un fruto de su rara estabilidad de cuadros y de proyectos, y esa estabilidad nació no tanto de un error de Perón, como de lo que hizo para corregirlo. En medio del canibalismo político argentino, que desde 1930 no perdonó escuelas, colegios, universidades, empresas tecnológicas del estado o instituciones científicas, desde su nacimiento hasta 1983 la CNEA tuvo siempre un paraguas de militares con posgrados en física que protegían a la craneoteca local de otros militares, y más discretamente, del Departamento de Estado de los EEUU. Como sucedió con el físico Bob Oppenheimer y el general ingeniero Leslie Groves, que unieron cerebros muy diferentes durante el proyecto Manhattan para hacer “la bomba”, en la década siguiente, la de los ’50, también aquí ocurrió una fusión neuronal parecida entre el metalurgista Jorge “Jorjón” Sábato y el contralmirante Pedro Iraolagoitía,  pero para NO hacerla. Y estamos hablando de gente muy distinta. Desde su arribo en campera a la CNEA EN 1953, Sábato –a quien hoy llamaríamos un “científico de materiales” y un gurú- fue tejiendo una estrategia científica, técnológica e industrial que ha logrado sobrevivir hasta hoy, si bien con abolladuras, agujeros de bala, amputaciones, replanteos, un par de resucitamientos y alguna lobotomía. De entrada, Iraolagoitía, un héroe aeronaval, garantizaba la holgura presupuestaria y la protección política de los proyectos. Fuera de ello, no había otro límite impuesto que desarrollar tecnología de impacto científico, tecnológico y económico, dual pero no específicamente bélica. Lo de la campera de Sábato, lo aclaro más tarde. No insultaré la inteligencia del lector afirmando que manejar la fisión atómica puede ser un asunto únicamente pacífico. Líbrenos Manitú de tal bobera. Un solo litro de la nafta que mueve un auto, trasvasada a una botella Molotov, lo transforma en una pira. Esa dualidad intrínseca a casi toda tecnología, potenciada “n” veces en el caso de la fisión del uranio 235, le ganó un enorme respeto interno y externo a la CNEA desde su fundación hasta 1983: eran “científicos autoexplicados”. Walt Disney con su capítulo “Mi amigo el átomo” del programa Disneylandia (viernes a las 20:00, Canal 13) le allanaba el camino hasta los hogares. Mientras tanto, las tapas de los diarios durante la Guerra Fría le aclaraban a taxistas, obstetras, ferroviarios, enfermeras, milicos, abogados, maestras, industriales y “doña Rosas” para qué le servían nuestros expertos nucleares al país, ventaja mediática que no tenían los biólogos puros como Luis Leloir, al menos antes de su premio Nóbel en 1970. Vivíamos –o creíamos vivir- en “La Era Atómica”, un nuevo paradigma de la civilización, y corríamos pegados a la nuca del pelotón de punta mundial, para su incomodidad. Y el país, tan distinto al de hoy, tanto más industrial y educado, estaba orgulloso de ello, aunque no entendiera mucho.

Daniel E. Arias

‘Bruma mental’: ¿qué se sabe del síntoma más común del Covid largo?

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Acasi tres años de la primera identificación del SARS-CoV-2 está claro que es un típico virus “respiratorio”, pero también quedó demostrado que una infección por coronavirus puede dejar secuelas en muchos sistemas y órganos, incluido el cerebro. De hecho, en revisiones recientes de literatura médica se ha observado que el 36% de los pacientes ha informado algún tipo de afección neurológica, desde cefaleas y mareos, a encefalitis, ACV’s o síndrome de Guillain-Barré. Uno de los más comunes son las alteraciones en la cognición a las que, informalmente, se denomina “niebla” o “bruma” mental. Sobre este tema Neomundo entrevistó al doctor Greg Vanichkachorn, director del Programa de Rehabilitación Post-Covid de la prestigiosa Mayo Clinic de Estados Unidos.
Entre las causas de cefaleas se encuentra la presión de los equipos de protección individual o EPI.
Según explicó Vanichkachorn, “la niebla mental es un síntoma muy común entre los afectados por el ‘covid largo’. En nuestra experiencia profesional en dicho grupo casi el 50% de los casos reporta estar afectado de alguna forma por esta bruma”. Otro punto es que, si bien el Covid amenazó sobre todo a personas de la tercera edad, el grupo más afectados por covid prolongado y sus secuelas neurológicas es más joven: “La edad promedio de nuestros pacientes es más joven que los grupos de edad que normalmente asociaríamos con las consecuencias de infecciones graves. La edad promedio que tratamos en la Clínica Mayo por estos temas es de 45 años”. En concreto, hay tres situaciones comunes que los aquejan. La primera es un trastorno del habla, la dificultad para encontrar la palabra “justa”. “Suelen describirlo como una sensación de tener la palabra en la punta de la lengua, pero ser incapaces de decirla. Es frustrante y dificulta la comunicación”. La segunda queja más frecuente es la afectación de la memoria a corto plazo. “Nos refieren que entran a su cuarto a buscar algo y ya no recuerdan qué querían”. Finalmente, la tercera situación es la “imposibilidad de hacer varias cosas al mismo tiempo”. —¿Existe algún tratamiento? Sí, el covid prolongado se puede tratar. Vale recordar que puede haber diversas manifestaciones: dolor de cabeza o muscular, insomnio o inflamación. Esos síntomas se pueden manejar. Tenemos opciones para muchas condiciones, de manera que estos pacientes mejoren. Por otra parte, hay investigaciones en marcha para tratamientos más específicos. Por ejemplo, estamos usando, con cierto éxito, drogas como la naltrexona. Vanichkachorn finalizó recomendando que “los pacientes hagan una rehabilitación adecuada tras tener covid con secuelas. Solemos recomendar terapeutas físicos y ocupacionales, que ayuden a recuperar gradualmente las habilidades perdidas”.

Enrique Garabetyan

La saga de la Argentina nuclear – VII

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Cuando la actividad nuclear argentina está en riesgo, queremos repasar algunos momentos del largo esfuerzo que la construyó El sexto capítulo de esta saga está aquí.

Cuando Perón cazaba cabezas

Rafael Grossi no nació de un repollo. Es un integrante diplomático del Programa Nuclear Argentino, ya sexagenario, y para entender al personaje hay que entender a la madre del programa, la CNEA, esa institución que nació de un error de Perón. De modo que presento al físico Mario Mariscotti, ex gerente de I&D de la CNEA, escritor de “El secreto atómico de Huemul”, una historia de las desventuras iniciales de Perón con la energía atómica que se lee como un “thriller”. Y  para “los del palo atómico” pongo a Diego Hurtado de Mendoza, de la Universidad de San Martín (UNSAM), que no necesita presentación. Es el “scholar” argentino de referencia en la historia del Programa Nuclear Argentino, con decenas de trabajos publicados. Añado a Ricardo de Cicco, del Centro Latinoamericano de Investigaciones Científicas y Técnicas, con su historia de los reactores multipropósito desarrollados por la Argentina, su mayor éxito de exportación por el momento, y la causa por la cual en la Argentina se hacen mucho mejores diagnósticos por imagen nuclear que en el Hemisferio Norte. Son algunas de las fuentes de un relato que narraré de modo no secuencial, y cuya base son centenares de conversaciones informales con decenas de personajes rarísimos y notables, producto de mi propio trabajo ininterrumpido sobre el área nuclear como periodista científico desde 1985, y sigo. Admito una propensión a los gigantes coloridos, megafauna abundante en esos pagos. Citaré a los que deba cuando deba.

Daniel E. Arias

El Ministerio de Ciencia invierte $8.300 millones en la 2° segunda etapa del Programa “Equipar Ciencia”

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Con la presencia del Presidente Alberto Fernández y el Ministro de Ciencia, Daniel Filmus, se anunció la adjudicación de 207 equipos de mediano y gran porte para 69 instituciones científico-tecnológicas de las 24 jurisdicciones del país para fortalecer las capacidades de equipamiento.
Ambos anunciaron la adjudicación de 207 equipos de mediano y gran porte para 12 organismos del Consejo Interinstitucional de Ciencia y Tecnología (CICyT), 50 universidades nacionales y 7 instituciones científicas y tecnológicas provinciales de las 24 jurisdicciones del país.
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Se trata de una inversión de $8.300 millones de pesos a través del Programa Federal “Equipar Ciencia”, que se suma a los $7.800 millones de pesos adjudicados en junio de 2022 en la primera etapa del Programa, alcanzando un total de $16.100 millones de pesos invertidos.
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“En el desarrollo de la ciencia y la tecnología está el futuro de las sociedades”, dijo el mandatario junto al ministro de Ciencia, Tecnología e Innovación, Daniel Filmus; la ministra de Salud, Carla Vizzotti; la ministra de Desarrollo Social, Victoria Tolosa Paz; y el secretario de Articulación Científico Tecnológica, Juan Pablo Paz.
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En tres años aumentamos el 26 % el presupuesto en términos reales por encima de la inflación para la ciencia y la tecnología, hoy estamos celebrando que el año pasado invertimos 100 millones de dólares en equipamiento, pero también aumentamos el presupuesto», indicó el Jefe de Estado.
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“Casi multiplicamos por dos el número de investigadores que entraron en 2019 y ellos son quienes nos dan estas alegrías, de tener un barbijo argentino, una vacuna argentina, de poner un satélite en órbita, de tener desarrollada la medicina nuclear, de tener INVAP y llenarnos de orgullo, de hacer radares. Eso lo hacemos porque tenemos una decisión política que dice que es importante la ciencia y la tecnología”, enfatizó.
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Entre los equipos adjudicados se destacan 33 para Espectrometría de masas; 18 para Microscopía; 5 Láseres; 5 para Rayos x; 4 para Resonancia Magnética; 2 para Citometría de flujo y 2 para Magnetometría, entre otros. La distribución geográfica del equipamiento es de la siguiente manera: Buenos Aires (61); Catamarca (2); Chaco (5); Chubut (6); Ciudad Autónoma de Buenos Aires (17); Córdoba (12); Corrientes (4); Entre Ríos (4); Formosa (3); Jujuy (3); La Pampa (3); La Rioja (5); Mendoza (4); Misiones (4); Neuquén (3); Río Negro (8); Salta (3); San Juan (4); San Luis (4); Santa Cruz (5); Santa Fe (7); Santiago del Estero (3); Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur (31); Tucumán (6).

Sobre el Programa Federal Equipar Ciencia

El Programa Federal Equipar Ciencia tiene por objeto fortalecer las capacidades de las instituciones del Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (SNCTI) por medio de la adquisición de equipamiento de mediano y gran porte, con una perspectiva federal. El programa se nutre de los fondos aprobados por la Ley de Financiamiento del Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación, Ley 27.614 promulgada el 12 de marzo de 2021.  

Japón y los Estados Unidos acuerdan impulsar el desarrollo de nuevos reactores nucleares

El ministro de Industria japonés Nishimura Yasutoshi y la secretaria de Energía estadounidense Jennifer Granholm acordaron fortalecer la cooperación bilateral en el campo de la energía nuclear para el desarrollo de reactores de última generación, entre otras cuestiones.

Ambas partes coincidieron en la importancia de trabajar juntos para utilizar la energía nuclear como medio para avanzar en la descarbonización ahora que la seguridad del suministro energético en todo el mundo se encuentra en una situación frágil debido a la invasión rusa de Ucrania. En concreto, Japón y los Estados Unidos cooperarán para desarrollar y construir reactores de agua ligera de última generación y reactores modulares pequeños. Asimismo, tratarán de exportar reactores avanzados a Asia y otras regiones para fortalecer las cadenas de suministro en la industria nuclear. El mes pasado, la administración del primer ministro Kishida Fumio decidió cambiar la política del país de reducir la dependencia de la energía nuclear adoptada como respuesta a la triple fusión ocurrida en marzo de 2011 en la central nuclear de Fukushima Dai-ichi, de TEPCO, afectada por un tsunami. Japón planea ahora reanudar la construcción y el reemplazo de reactores nucleares, una actividad suspendida desde entonces.

 

Atucha II tuvo un desperfecto y tardará unos meses en volver al ruedo

La central nuclear Atucha II continuará fuera de servicio hasta agosto, pero ya se definió cómo se llevará a cabo su reparación, las herramientas para ello han sido diseñadas y se descuenta que no habrá que esperar hasta 2024 para que vuelva al ruedo. La sugerencia del fabricante, SIEMENS, fue destapar el recipiente de presión y desmontarlo pieza a pieza. enfoque que entre los memoriosos de Nucleoeléctrica Argentina SA (NA-SA) goza de una popularidad medible en números negativos. Por suerte, hay opciones más sensatas, y antecedentes de haber funcionado bien. Pero la que decide no es NA-SA sino la Autoridad Regulatoria Nuclear (ARN). La pieza que se rompió es una de cuatro, ubicadas en el fondo plano del recipiente de presión. Son separadores: en caso de derrumbarse el tanque del moderador, evitarían que éste quede apoyado en el fondo del recipiente. Esa caída cerraría la luz que separa ambas superficies e interrumpiría la circulación ascendente del agua pesada, cuya función en este caso es refrigerar los combustibles. Pero además de ser cuatro, estos separadores no soportan carga en condiciones normales. Por decirlo rápido y bien, están al cuete. Son esas redundancias de redundancias en la que abunda la ingeniería nuclear, y máxime si es alemana. Las Atuchas SON raras, únicas en el mundo por empezar, pero además lo suficientemente diferentes entre sí como para que no se pueda decir que con sus 750 MWe brutos, la considerable Atucha II «es un Atuchón», una copia grandota de la pequeña Atucha I, hoy de 364 MWe. Que ambas máquinas sean prototipos es porque por causas históricas ajenas a la ingeniería, ninguna de ellas logró ser una FOAK, una «First of a Kind», la iniciadora de un linaje de clones o casi clones mejorados, aunque esa fue la intención al diseñarlas y construirlas. Es en la construcción serial o «en flota» cuando un diseño muestra todas sus fortalezas y debilidades. La fabricación en serie sirve no sólo para bajar costos por escala, sino para podar y simplificar la ingeniería. Y por eso Atucha II tiene esos 4 separadores al cuete: los heredó del diseño de Atucha I, donde jamás causaron problemas. Y en ENACE, la extinta Empresa Nuclear de Arquitectura de Centrales, «joint venture» de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) y SIEMENS, se dijeron que era más caro, en términos de ingeniería industrial, modificar planos que dejarlos como estaban. Y no por nada. Para suprimir los separadores, había que demostrarle a las autoridades regulatorias de la CNEA que no hacían falta. Lo cual, como primera reacción, les habría parado los pelos de punta. Eliminar de un plumazo cuatro piezas, aunque sean redundantes,  destinadas a la seguridad operativa de una máquina llena deliberadamente de redundancias en materia de seguridad, eso, estimados lectores, desafía los instintos primarios y las convicciones viscerales de cualquier regulador.  De modo que nunca hubo una línea argumental para sacarlos del diseño. ¿Cómo debería ser esa línea argumental, con el diario del lunes? Para caerse dentro del recipiente de presión, el tanque del moderador debería soltarse de las enormes estructuras superiores que lo mantienen levantado. Están a la altura de los caños que conectan el recipiente con los generadores de vapor. Estos anclajes son el verdadero soporte que garantiza espacio de circulación de agua bajo la base. «No hay terremoto que pueda romper esa sujeción -dice el Dr. Jorge Sidelnik, de NA-SA. «Un misilazo, tal vez, pero muy veloz y con mucha carga explosiva. La suficiente para romper el edificio de contención, que es una fortaleza de hormigón ultradenso, y su «liner» de acero, abrirse paso y explotar adentro. Además, tendría que pegar en el sitio justo». No hay otros escenarios en que uno se pueda imaginar que los separadores terminen soportando la carga del tanque. Con el diario del lunes, ENACE a fines de los ’70 tendría que haberle dicho a los dos grupos reguladores de la CNEA que fuera de ése escenario hipotético de un misilazo, la circulación en el fondo del recipiente estaba garantizada por diseño, y que los separadores se iban, chau. Hoy las cosas son muy distintas, la CNEA ya no diseña, construye ni opera centrales, eso lo hace NA-SA, y la regulación está a cargo de una entidad externa, la ARN. La historia, además, mostró que una cúpula como la de las Atuchas se banca no sólo un misil considerable (un AM-39 Exocet transónico, con 160 kg. de carga explosiva). Se banca dos, y sin siquiera dejarlos penetrar. Sucedió el 17 de Noviembre de 1987 durante la guerra entre Irak e Irán, cuando la aviación iraquí misileó a las 11:45 y luego a las 17:00 la central nuclear iraní de Bushehr, entonces inactiva y en construcción. Bushehr tenía esa robusta cúpula semiesférica típica de las centrales SIEMENS, y el ataque fue tan redituable como tirarle dos huevos a un acorazado. Los alemanes diseñan máquinas wagnerianas. Hay que bancárselas a pura chequera, pero dormís sin frazada. Pero además, en 1987 Bushehr no podría haber causado un accidente nuclear: estaba a décadas de ponerse crítica. Lo hizo recién en 2011, tras ser terminada no por SIEMENS, donde desde 1990 no entienden mucho de centrales nucleares, sino por la rusa ROSATOM. Cómo cambia el mundo… Volviendo al aquí y al ahora, las intervenciones «endoluminales», para operar internos de reactor a través de algún tubo de circulación propio del diseño de la central, son un invento argentino hijo de la más perra necesidad. Somos el equivalente nuclear de los desarrolladores del «globito» de la angioplastía, y porque no tuvimos más remedio que serlo. Pero eso se cuenta después. En el caso de Atucha II, el tubo para entrar y destapar la circulación de su canal de refrigeración AD13 es muy angosto (10,5 centímetros de diámetro). Hay que cortar ese disco separador (al cuete) que se corrió de lugar, impelido por la brutal corriente ascendente de las 600 toneladas de agua pesada que carga la central. Lo está obstruyendo casi totalmente. No es grave, porque hay 450 otros canales refrigerantes. Pero ésto es industria nuclear, y además argentina. La obsesión por la seguridad es indescriptible. En fin, que se podría dejar todo como está, pero hay que cortar ese disco separador en tres pedazos, y todos deben ser lo suficientemente chicos como para luego poder ser recogidos en una canasta diseñada ad-hoc y salir por ese caño. Y ésa es la parte más fácil. La difícil será añadirle cuatro puntos de sutura a los tres separadores que siguen intactos, para evitar que sigan el mal ejemplo del que se desprendió, y ni vibren ni se rompan. Lo cual podría no suceder nunca, pero si ocurre, habría que quitarlos, y eso obligaría a parar nuevamente la central mientras se los remueve. Y salir de operaciones vale un Perú de lucro perdido, casi un palo verde por día. De modo que mejor prevenir. Todo esto lo tiene que autorizar la ARN, la Agencia Regulatoria Nuclear, que por depender del Poder Ejecutivo Nacional tiene preeminencia sobre NA-SA en el tótem del estado argentino. Es una suegra, pero ahora externa y con mucho más mando. La ARN bien podría decidir que hay que hacer cirugía brava y destapar el recipiente, y en ese caso la reparación duraría años enteros, y joderse. Lo dicho, ARN hoy es el tribunal de alzada en seguridad. Lo que dice, se hace, pero lo frecuente es que diga qué NO se hace. A recordar, en 1988 la otra y primera Atucha, la I, tuvo una ruptura mucho más importante y extensa. Afectó estructuras internas dentro de su propio recipiente de presión: una lanza con un sensor en la punta se puso a vibrar, por la tremenda corriente circulante por los internos. Vibró más de la cuenta, porque rompió las paredes de aleación de incolloy del canal refrigerante que lo contenía. Eso desgarró y liberó pedazos de chapa, y además degolló un elemento combustible. Con ello, quedaron regadas centenares de pastillas de cerámica de dióxido de uranio (muy duras), sueltas en el brutal torrente de circulación de agua pesada. El agua pesada en ambas Atuchas tiene dos roles: en el circuito llamado «de moderación», le baja la velocidad a los neutrones expelidos por la fisión de los átomos de uranio 235. Salen disparados a una velocidad casi lumínica, pero tras muchas colisiones con las móléculas de agua pesada, bajan a velocidad meramente supersónica. Es con esa velocidad disminuida con la que los neutrones son absorbidos por otros átomos de U235 y los fisionan. El uranio natural, combustible poco picante, si lo hay, tiene apenas un 0,71% de átomos de U235, el resto es U238 no físil. Sin la moderación del agua pesada, no habría reacción en cadena, la central directamente no arrancaría. La otra función del agua pesada en estas centrales es la de enfriar el núcleo para que no se derrita, y llevarse al calor a otra parte (a los generadores de vapor del circuito secundario, para hacer girar la turbina). Es otra función que se cumple en otro circuito, porque para fungir de refrigerante o de moderador, el agua pesada debe estar a temperaturas y presiones bastante diferentes. No se pueden mezclar ambos caudales. Pero en el incidente de 1988 en Atucha I, al romperse el aislamiento físico entre refrigerante y moderador, se mezclaron ambos torrentes. Y como el refrigerante llega 296 grados Celsius, elevó la temperatura del moderador por encima de su punto óptimo (está en 140 grados Celsius). Y entonces la máquina fue quedándose sin neutrones disponibles para fisión, por ende sin potencia, y se detuvo sola. No podía hacer otra cosa. Ese ejemplo de seguridad pasiva a inherente está basado en la Física, no en sistemas activos potencialmente falibles. La Física no se rompe. Muy a contrapelo de las boludeces que se publicaron al respecto en aquel entonces, en ningún momento hubo la posibilidad de un Chernobyl criollo, slogan con el que Greenpeace reclutó tarjetas de crédito a rolete. Un determinante de seguridad es que Atucha I costó U$ 1800 por kilovatio instalado, y el RBMK de Chernobyl, reactor destripado si los hay, sólo U$ 200. Y la mitad del costo de Atucha I está en sistemas de seguridad. Los valores de dólar considerados en esta pequeña comparación son de 1988. Me los dio en su momento el Ing. Abel González, entonces presidente de ENACE, y hoy una de las mayores autoridades mundiales en radioprotección del OIEA (Organismo Internacional de Energía Atómica), del UNSCEAR (Comité Científico de las Nacional Unidas sobre Efectos de las Radiaciones Atómicas), y hoy miembro asesor de la ARN. En el pifostio de 1988, mucho peor que el de hoy en Atucha II, no hubo afectación de seguridad, pero sí de disponibilidad, y grave: o se reparaba la central o nos olvidábamos de que usarla hasta mandarla a decomisión. El CALIN (Comité de Licenciamiento) y la Gerencia de Seguridad Radiológica de la CNEA no autorizarían jamás la operación de Atucha I en condiciones que no fueran de limpieza extrema e integridad física total del circuito primario. Lo principal, tanto para esas dos agencias regulatorias y la propia CNEA, era proteger las bombas de refrigeración del circuito primario. Las pastillas de uranio son MUCHO más duras que los álabes de acero y los pueden hacer destruir, y después decime cómo refrigerás el núcleo. Trabajar con dos entes de contralor internos a la CNEA era, cuentan los antiguos que todavía andan por los pasillos nucleares, el equivalente de tener dos suegras y ambas en casa: lo que es críticas, eso no faltaba. Pero las cosas andaban joya. Siguieron meses de discusiones interminables con los nibelungos. La proveedora SIEMENS propuso un enfoque de U$ 200 millones (al dólar de hoy serían U$ 512 millones). Siempre wagnerianos, propusieron hacer las cosas a lo grande: destapar el recipiente de presión, desmontar totalmente sus sistemas internos, e insumir dos años en cortar, remover, limpiar, sustituir, rearmar todo con componentes nuevos, montarlos, cerrar todo y volver la planta a funciones. En medio de los apagones a mansalva de 1988, causados por lo que la Secretaría de Energía dirigida por el Dr. Jorge Lapeña llamó «planificación energética», la propuesta alemana era políticamente insostenible. Máxime si uno añade las sublevaciones carapintadas y la hiperinflación al combo de la vida cotidiana en Argentina. Además, la Secretaría de Energía no dudó en señalar a Atucha I como causa de los apagones, que más bien se originaban en unas doscientas antediluvianas máquinas térmicas a fueloil que no habían tenido mantenimiento desde… ¿1982? Buenos muchachos. En realidad, en un ataque todavía preliminar de pan-ecologismo germánico, SIEMENS estaba por pirarse de un hasta entonces próspero negocio nuclear. Aunque la CNEA era un socio valioso y el trampolín para vender centrales en el Tercer Mundo, pensaban dejarla en la estacada. Pero además, querían irse con guita. Esto sólo se supo años más tarde. A los alemanes ya no los podíamos correr con las garantías: ese desperfecto múltiple sucedió cuando la centralita ya tenía 14 años en línea. Y como los nibelungos eran copropietarios con el 25% de las acciones de ENACE, pensábamos los podíamos apretar un poco (creíamos) justamente por socios. Pero nos apretaron ellos a nosotros, con un manejo de medios y de políticos que causó asombro. Los expertos nucleares argentinos no comían vidrio. Los Dres. Jorge Sidelnik, Juan Carlos Almagro y Roberto Perazzo, de la CNEA se opusieron al programa alemán: Atucha 1 era entonces la mayor unidad de potencia individual del llamado Sistema Interconectado Nacional, entonces muy pequeño e incipiente. La reparación tenía que ser rápida, no de dos años que, obviamente, por lo complejo e inusitado del trabajo, terminarían siendo 4 o 5. Además, trabajar a recipiente de presión abierto sólo podía hacerse con rotaciones rápidas y constantes de personal para disminuir las dosis individuales de radiación absorbida por la gente. Por último, lo que pidió SIEMENS en 1988 era más o menos el doble de lo que había costado en 1968 la central NUEVA. En 1984, el presupuesto de la CNEA había sido rebajado a la mitad del de 1983 en pesos, y mantenido ahí. Con esa situación y sin un mango, hubo que inventar algo que terminó siendo bastante revolucionario. Sidelnik, Almagro y Perazzo prefirieron trabajar a recipiente cerrado, operando con herramientas a telecomando que diseñaron INVAP y TECHINT para la ocasión. Estos fierros, dotados de cámaras de TV y luces resistentes a la radiación, debían bajar por un canal refrigerante de apenas 10,5 cm. de diámetro y trabajar a 12 metros de profundidad en un medio oscuro pero muy radioactivo, donde las lámparas de filamento duraban minutos, y la electrónica se quemaba. En términos dimensionales, era como hacerle una angioplastía a un elefante, pero a través de un caño del grosor de un platito de café, y desde un cuarto piso. La presidenta de la CNEA, Dra. Emma Pérez Ferreira, consideró los pros y las contras, les dio razón a los tres expertos, y le propuso ese abordaje al presidente de la Nación, Raúl Alfonsín. Éste le dio una luz verde más bien trémula, y sólo porque le tenía fe a Emma, abnegada militante radical de toda la vida, además de física nuclear y reactorista, y persona de una honestidad vidriosa. Para ubicarse: don Raúl tenía cierto derecho a trepidación. La catástrofe de Chernobyl había sucedido sólo dos años antes. Esa reparación fue llamada «imposible» por los alemanes y -vaya a saber por qué- por casi todos los grandes medios argentinos, cuya opinión es, se sabe, insorbornable. Pero se hizo igual, en sólo 18 meses (olvidate de 5 años), la mitad de los cuales se desperdició en tratar de negociar con los alemanes. Por último, costó U$ 17 millones, no U$ 200. Es decir, ahorró U$ 183 millones, que hoy serían U$ 480 millones. Al país, esa reparación insólita le valió reacciones muy distintas. Primero vino a vernos el sueco Hans Blix, presidente del OIEA, a juntar al personal directivo y advertirle solemnemente de que no debía ponerse en marcha el reactor porque… (y seguía una lista de objeciones que concordaba punto a punto con las de SIEMENS). Blix era un tipo cortante, de esos que te dice «Buenos días» como dándote una orden. Es fama que el Ing. Juan C. Duarte le contestó, muy tranquilo, que él debía representar a los alrededor de 130 estados-nación que adherían al OIEA, y no a una empresa alemana. Blix se puso blanco como una sábana, se atragantó la contestación y se rajó para su hotel, a tomarse el primer avión. No se lo extraña. Lo que siguió a la puesta en marcha fue una felicitación por los expertos en seguridad radiológica del OIEA, bastante asombrados por la creatividad y la eficacia del procedimiento. En los años posteriores la central fue recibiendo tantas mejoras y optimizaciones criollas, desde entonces, que anda MEJOR, con una disponibilidad del 89%. Cuando nueva, tenía hasta 20 salidas de servicio por año. Lo que habría logrado ENACE en la quinta o sexta Atucha 1, si lograba producirla «en flota», lo logró NA-SA en concurso con la CNEA pero con una sola central: ésta fue dejando de portarse como un prototipo. Es obvio que a Atucha 2 todavía le falta tomar esa clase de sopa. Todavía sigue siendo un prototipo, que comparte algunas «commonalities» con Atucha 1, pero es distinta al punto de usar elementos combustibles diferentes y no intercambiables. Lo dicho: no es «un Atuchón». Hoy esa primera Atucha funciona a potencia nominal (es decir, la máxima) unos 319 días/año, y las paradas son las planificadas para servicio. No obstante, en 1990, cuando se la puso de nuevo en línea, el diario que a la sazón dirigía otro insobornable, Jorge Lanata, sacó en tapa la foto de Atucha 1 con un título en letras de cuerpo enorme: «La arreglamos con un alambre». Hubo quienes le creyeron: cuando la centralita bonaerense volvió al ruedo, la histeria algo rentada de algunos medios argentinos era tan alta que el gabinete uruguayo, crédulo pero discreto, a fuerza de oriental, se reunió durante un tiempo en Tacuarembó, una capital departamental a -suponían- suficiente distancia geográfica de Atucha 1, aquel inminente Cheronbyl criollo. Lo increíble es que después la CNEA no vendiera su nueva capacidad adquirida de reparación endoluminal a los programas nucleares de otros países: unos genios inventando cosas, los de CNEA. Pero en materia comercial, son excelentes científicos. En suma, que NA-SA, que heredó las centrales nucleares de CNEA, todavía tiene gente de aquellos tiempos, como Sidelnik. Es más, alguien se acordó de que el enorme tacho usado como simulador de las herramientas de corte, soldadura, extracción y barrido todavía estaba en el predio, tirado en una barranca. Porque algún previsor había decidido conservarlo, en el caso -entonces muy improbable- de que Atucha II se terminara, y de que diera problemas parecidos. Ambas improbabilidades ocurrieron, qué tal. Y la dirección actual de la firma, a diferencia de la que cesó en funciones en 2021, considera que NA-SA debe ser no sólo una operadora, sino una diseñadora y constructora de centrales. Entre otras ventajas, eso genera recursos humanos y técnicos para gestionar extensiones de vida. Y cuando ocurren despelotes, resolver los muchos que no pintan en el manual de un prototipo. El fabricante de un prototipo, oh lector, es el que escribe el manual. Y el que lo reescribe. Ese tipo de conducción, en alguna ocasión mejor, tal vez nos permita construir centrales nucleares 100% argentinas y con componentes nacionales. Ese fue el sueño industrial de Jorge Sabato. Y va a tener que ser una CANDU, sin recipiente de presión, bastante divergente de las Atuchas, esas mutantes, pero más parecida a las máquinas de Canadá, la India, Corea, China, Pakistán y Rumania. Son decenas: componen el 11% del parque nucleoeléctrico mundial, y en los fríos números y a lo largo de décadas, vienen probando ser las de construcción más económica, y figuran siempre entre las de mayor disponibilidad y seguridad. El parque de centrales de este tipo de la India no para de crecer (ya tiene 22) y el de Rumania se prepara para duplicar su capacidad instalada. Misma seguridad, menos complejidad, un 50% menos de costo, y la posibilidad de que, construyendo en flota, TODOS los componentes sean «Industria Argentina». El Ing. José Luis Antúnez, el hombre que hizo la tarea (también llamada imposible) de terminar Atucha II, a esa por ahora hipotética CANDÚ argenta la llama «Proyecto Nacional». Y si pinta plata, dejará de ser hipotética: los componentes están en diseño. Finalmente, la capacidad de diseñar, testear y hacer es lo que diferencia a un fabricante de autos de un chofer. Los choferes no escriben el manual. Atucha II había dejado de operar en Octubre debido a un problema detectado enteramente distinto: se habían detectado vibraciones anómalas en la turbina de la central, que es de SIEMENS. Como siempre que se detiene por otras causas una máquina que le factura a CAMMESA alrededor de U$ 787.000 diarios de electricidad, se aprovecha para revisarla de cabo a rabo con todo tipo de medios técnicos. Aún así, las cosas se están poniendo complicadas. NA-SA tiene en sus planes el proyecto de extensión de vida de la central Atucha I que le daría 20 años más de operaciones, y ha tenido extensiones de vida previas. Las obras sí o sí deberían tener fecha de inicio en 2024, porque alrededor de Septiembre de ese año termina la licencia operativa actual otorgada por la ARN. Estas movidas hay que armarlas con mucha antelación. El Poder Ejecutivo Nacional debería haber dado hace ya dos años una autorización para armar un fideicomiso a financiar por el Fondo de Garantías de Sustentabilidad (FGS, plata del ANSES, es decir de los jubilados) y eventualmente de la Corporación Andina de Fomento (CAF) por U$ 450 millones. Con un crédito de ambas entidades, en 2014 se paró la central cordobesa de Embalse para una extensión de vida de 30 años, tarea que concluyó con éxito en 2018. Pero aquel fideicomiso se armó en 2009, y los contratos por los componentes más caros y con grandes tiempos de espera de fabricación se fueron firmando a partir de 2010. Cuando se paró Embalse para su extensión de vida, estaba todo comprado o en fabricación, y más de 100 empresas tenían sus contratos respectivos, o de obra. Quien quisiera detener el proceso y sacar a Embalse del ruedo –la única medida antinuclear que el gobierno de Mauricio Macri no se atrevió a tomar– se habría ligado unos cuantos juicios, y algunos de firmas poderosas como Pecom o IMPSA. Todo esto indicaría que la extensión de vida de Atucha I no está garantizada, si no hay contratos de provisión y obra firmados antes de las elecciones presidenciales. Eso, por un lado. Y es serio. Por otro, si la salida de servicio de Atucha II se prolongara hasta Septiembre 2024, NA-SA tendría grandes pérdidas y eso quizás la obligaría a archivar el proyecto más estratégico de su dirección actual: usar de una vez por todas la licencia comprada a la Atomic Energy Commission of Canada, Ltd. en 1974 para generar «clones» potenciados y mejorados de la mejor central nuclear del país, que es Embalse, una CANDU-6. En suma, mal momento este de Atucha II para romperse, por una vez que NA-SA volvió a tener una dirección industrialista y con picazón de independencia tecnológica. Pero a esta altura del partido, Argentina es el mayor experto mundial en reparaciones de este tipo de centrales, y ésta es comparativamente más sencilla que la vasta rotura de sistemas internos de Atucha I en 1988. NA-SA se tiene confianza en que para agosto de 2023 Atucha 2 vuelva al ruedo.  

Daniel E. Arias

 

La saga de la Argentina nuclear – VI

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Cuando la actividad nuclear argentina está en riesgo, queremos repasar algunos momentos del largo esfuerzo que la construyó El quinto capítulo de esta saga está aquí.

El embajador que hacía “bungee jumping”

La obra maestra de la DIGAN y de Saracho, en 1987: la visita del presidente Sarney a la Planta de Enriquecimiento de Pilcaniyeu en Río Negro, el “tour de forcé” con que Alfonsin detuvo una posible carrera armamentista nuclear sudamericana. Si el lector tropezó alguna vez con la sigla DIGAN (Dirección de Asuntos Nucleares y Desarme), seguro fue en 1987, cuando esta dependencia de la Cancillería armó esa movida maestra que fue la invitación del presidente brasileño José Sarney a venirse “con comitiva científica” a mirar la planta tecnológica más secreta de la Argentina, la de enriquecimiento de uranio en Pilcaniyeu. Sí, la misma a la cual trataron de meterse por las malas o por izquierda los embajadores estadounidenses Harry Schlaudemann, Frank Ortiz y el agente de la CIA Bill Tinley. Sarney respondió con generosidad: invitó a Alfonsín –y comitiva- a visitar las ultracentrifugadoras de enriquecimiento de Aramar, Iperó. De paso y cañazo, liquidó el proyecto del Programa Nuclear Paralelo de Brasil, que tenía agendado a espaldas de Sarney el testeo subterráneo de una primer bomba atómica implosiva en un túnel de la Serra de Cachimbo, en el estado norteño de Pará. El Consejo de Seguridad, representante colectivo de lo que Perón habría llamado “Partido Militar Brasileño” en el Gabinete, pensaba que Sarney debía enterarse por los diarios. La reacción que eso habría causado en la Argentina, máxime tras haber perdido ésta la Guerra de Malvinas, es difícil de imaginar. O demasiado fácil. Sarney hizo rodar algunas cabezas. alfonsin-sarney El hecho es que de aquel intercambio de visitas terminó surgiendo la ABBAC, la Agencia Argentino-Brasileña de Contabilidad y Control de Materiales Nucleares (de la que se había hablado en el blog de Abel largo tiempo atrás, aquí). Originalmente, estaba destinada a que cada país investigara la trastienda atómica del otro, terceros afuera. Era un pacto bilateral originalísimo y sin antecedentes. Y cabalgaba sobre el acuerdo explícito de ambas partas de no firmar el Tratado de No Proliferación y otras sevicias diplomáticas gringas. La DIGAN, que aventó “sine die” el escenario de una carrera de arsenales atómicos argentino-brasileña como la de la India y Pakistán, cambió la historia regional. Fue el escalón diplomático desde el que se lanzó el Mercosur real, con sus luces y sombras. La DIGAN fue también la fragua donde se formó Rafael Grossi, compañero de promoción del citado Max Cernadas. Nadie sabe cómo lograban recibirse en el ISEN, aquellos muchachos. Cuando ya les había echado el ojo, Saracho (que iba por lo más brillante, como las pirañas) los hacía secuestrar de sus clases para llevárselos a trabajar en misiones locales de cierta dificultad, representando a la Argentina con grado… de estudiantes. 30 años más tarde, “el tucumano infernal” sigue recordando a Grossi como el tipo más inteligente que jamás pisó la DIGAN. Pese a su rol histórico, esa dirección nunca tuvo demasiado perfil mediático antes o después. En 1990 Saracho dejó su conducción y como embajador, estuvo a punto de asociar a Turquía para fabricar y vender el reactor CAREM en todo el mundo. Esa operación nos habría transformado tempranamente en un exportador de centrales nucleares compactas, que recién “se ponen de moda” ahora. No tuvo chances: el presidente Menem y su presidente de la CNEA, Manuel Mondino, se encargaron de aniquilar la iniciativa y espantar a los turcos. Cuando estos, con acuerdo de todos sus partidos, ya habían separado U$S 180 millones para construir un prototipo. Pero en 1987 todavía no eran previsibles la llegada de tiempos en que el canciller Guido Di Tella pudriera la DIGAN, y su nuevo director Rogelio Pfirter firmara unilateralmente el TNP sin avisarle siquiera a Brasil. Asunto que Brasil todavía no nos perdona a fecha de hoy. A Saracho, el sátrapa a cargo de “los diganistas” de las primeras cosechas, es imposible presentarlo. Le caí simpático por mis artículos nucleares en Clarín y luego por aventurero, sólo que él lo era en serio. A los 18 años, juntando a sus amigos, había organizado por su cuenta un club de paracaidistas en Concepción, Tucumán. Entre los 19 y 20 se había recorrido el país en solitario con una mochila, dos “borcegos” y sin plata cuando eso no lo hacía nadie. A los 23 en alguna andanza rara lo atropelló un camión. Con la cara hecha pedazos y un ojo salido de la órbita, tranquilizaba a sus amigos: “¿Por qué llorás, hermanito, si ya vino la ambulancia y estoy bien?”. Lo arreglaron con pegalotodo, para ocultar los costurones se dejó una imponente barba (blanca ya cuando lo conocí), y a sus 50 llevaba hechos tres cruces peligrosos del Amazonas en canoa y a pie, y otro del Sahara en jeeps. Las mujeres de toda edad y nivel social se derretían por él, pero era un solterón más militante que el Obelisco y un maestro ocultando romances. Podía estar tan a gusto con un shamán shuar del Amazonas como con un taxista turco, y tan a sus anchas con sus amigotes tucumanos o haciendo declaraciones por el desarme nuclear mundial con la actriz sueca Birgit Nilssen. A poco de conocerlo me invitó a hacer “bungee jumping” en una quebrada del Aconquija (decliné). Estuve con él en Turquía, enviado por Clarín para documentar el entusiasmo de la dirigencia política, industrial, mediática y militar de aquel país con el CAREM. Al año de llegado a ese país, hablaba un turco aparentemente muy bueno y había vendido más de un centenar de vagones fabricados en Materfer, Córdoba, a los ferrocarriles locales, que necesitaban material rodante muy liviano, como los nuestros, por el mismo problema de descalce de vías. Era el primer embajador argentino de una larga lista en aprender turco, o en molestarse siquiera en vivir en Turquía. También le había ubicado al Ejército Turco un número de aquellos obuses de 105 mm. que fabricaba FM, “Malvinas proven”, «Probados en Malvinas». En ratos libres, estaba haciendo entrenamiento primario en la Fuerza Aérea Turca con un instructor apodado “Superman” por ser piloto acrobático, buzo táctico y maestro de artes marciales. Saracho salía no sólo en la sección “Política” del Hurriyet, el equivalente local de Clarín, sino en tapa de las revistas cholulas de Ánkara (las nuestras parecen tratados de física cuántica, en comparación), por su romance –fugaz, el tipo vive de paso- con la presentadora del noticiero más visto de la TV turca. Radical irigoyenista, si queda alguno, el hombre tenía una historia rara. “El Proceso”, ante su tajante negativa a firmar el apoyo de cada miembro de la Cancillería a la masacre de civiles en curso, lo sepultó en el consulado de New Orleans, considerado “de mierda”, un sitio donde te cubre el polvo. Saracho transformó aquella tumba de toda carrera en una usina cultural multiétnica que hervía de artistas, conferencias, conciertos y exposiciones: otra nave de los locos, y no habrá sido la primera, ni sería la última. La actividad cultural del consulado era tan intensa que la Cámara de Comercio de la ciudad, a la partida de “Chin-chín” y en su homenaje, creó un “Adolfo Saracho’s Day” en el calendario local de fiestas, que en New Orleans no tiene días libres. Volvió de allí habiendo aprendido a improvisar jazz en piano. Lo vi hacer lo mismo sistemáticamente con todos sus destinos. Si no los inventaba, como hizo con la DIGAN, agarraba los considerados “tumbas”, fueran embajadas o direcciones, y los ponía en valor. Cuando él se iba, la banal muchachada Revlon se peleaba por ocuparlos porque allí corrían plata o prestigio o ambas cosas. Cuando por fin se fueron los milicos en 1983, llegó Lucio García del Solar al destierro de New Orleans en inspección de consulados, volvió con la información de aquel loco al recién nombrado Dante Caputo, ambos se rascaron la cabeza y le preguntaron por teléfono a Saracho: “Bueno, ¿qué querés?”. Saracho les contestó: “Armar una dirección de asuntos nucleares. La Argentina ya es un exportador. Hay que darle toda la ayuda, pero también un marco de referencia en la democracia. La CNEA no puede ni debe escribir por su cuenta la diplomacia atómica del país. Hablen con Jorgito Sábato, él les da los detalles”.

Daniel E. Arias

Dos proyectos de desarrollo científico entran a las extraordinarias del Congreso

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Entre los proyectos enviados al Congreso, hay 2 que cuentan con media sanción x unanimidad de una Cámara y son imprescindibles para el desarrollo nacional.
  • El plan de CyT 2030
  • La promoción de la innovación tecnológica.
El ministro Daniel Filmus afirmó: «esperamos q la oposición apoye a los científicos y al país».  

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¿Qué es el Plan Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (PNCTI)?

El PNCTI es el instrumento que define, organiza y comunica el conjunto de políticas, estrategias e instrumentos para todos los actores y agentes públicos y privados que integran el Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (SNCTI). Para acceder al texto completo del plan, clickear aqui

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El Proyecto de Ley de Innovación Tecnológica que se envia al Congreso consiste en una serie de sustituciones a la Ley de Promoción y Fomento de la Innovación Tecnológica.  La comisión de Presupuesto y Hacienda junto a la de Ciencia y Tecnología, otorgó dictamen favorable al proyecto de ley que incorpora modificaciones a la Ley N°23.877 – o Ley de Promoción y Fomento de la Innovación Tecnológica -, orientadas a potenciar los créditos fiscales que la norma destina a pequeñas y medianas empresas vinculadas a la investigación, el desarrollo y la innovación científico-tecnológica.

La saga de la Argentina nuclear – V

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Cuando la actividad nuclear argentina está en riesgo, queremos repasar algunos momentos del largo esfuerzo que la construyó El cuarto capítulo de esta saga está aquí.

La prehistoria de la diplomacia nuclear Argentina

Cómo fabricar un Rafael Grossi: Cernadas, Saracho, la DIGAN El Programa Nuclear Argentino nació de un error de Perón, pero además y fundamentalmente, de cómo Perón corrigió su error.  Sobre eso volveré después. Son asuntos de hace 70 años, lo que me obliga a recurrir a fuentes históricas. Me da grima reconocer que todos –salvo Roberto Mariscotti- son más jóvenes que yo. Grossi hereda toda esa historia vieja del Programa Nuclear, pero sale de otra más reciente. A Max Cernadas, hoy embajador en Hungría, tengo sí o sí que presentarlo en acción. Es compañero de promoción y colega de Rafael Grossi. Corre 1984 y Max, de entonces 24, tiene un rostro aniñado, un bigotito estilo “Sargeant Pepper’s” y es un ínfimo “note taker” de la Dirección de Asuntos Nucleares y Diplomáticos de la Cancillería (DIGAN).  cernadas

Con uniforme ceremonial de ministro de la Cancillería, el hoy embajador Maximiliano Cernadas, el que paró al hombre de Reagan.

Max está pasando la ordalía de dos años de física, ingeniería y política nuclear estudiados en la empresa INVAP, según convenio establecido entre el embajador Adolfo “Chin-chín” Saracho y el doctor Conrado “El Petiso” Varotto, titulares respectivos. Cernadas, contrariando su formación de abogado y diplomático, está con la nariz hundida en un perplejo libro de radioquímica cuando lo llaman de urgencia a la guardia de la entrada. Los gendarmes están en pánico: acaban de llegar sin invitación o preanuncio el embajador estadounidense de Ronald Reagan, Frank Ortiz, y comitiva. Que exigen paso franco para entrar a la Planta de Enriquecimiento de Uranio de Pilcaniyeu o “Pilca”, distante 80 kilómetros, la más reservada del país. Así de pesados, nomás. Max, aterrado, pide instrucciones a su jefe en Buenos Aires. El tucumano Saracho le dice: “Arréglese, amigo. Pero a éste tipo me lo para en la puerta. No puede entrar ni siquiera al CAB (Centro Atómico Bariloche, un sitio muy visitable) sin invitación previa. Éste no es su patio trasero ni una república bananera. Y Ud. se lo va a meter en el marote a Ortiz”. El Tex-Mex Frank Ortiz, republicano de derecha, está muy sacado ante la inesperada demora. Lo secunda un discreto hato de mamuts de 1,90 metros de los del Secret Service, tipo “Men in Black”, y a su diestra campea canchero su “science advisor”, Bill Tillney, un cowboy con cerebro de físico y físico de Marine, y de yapa agente de la CIA. Durante las primeras tres horas, Cernadas dejó a entrar al “team” yanqui hasta la cafetería del Centro Atómico, pegada a la puerta. Ahí los sentó, ordenó que un par de gendarmes con FAL se hicieran visibles afuera, y se las arregló solo él y con su alma “para entretenerlos”, mientras Ortiz se ponía muy matón y chirriaba de furia. Él era el embajador de los EEUU y negarle entrada a una instalación nuclear era admitir que ésta era “proliferante”. ¿Cernadas se imaginaba, tan joven, las consecuencias negativas para su carrera? ¿O acaso se creía que adentro de la Cancillería Argentina él, Ortiz, no tenía aliados en contra de aquella ridícula aventura nuclear de la Argentina, el enriquecimiento de uranio? Max sabía exactamente a quiénes se refería Ortiz, se imaginaba qué pasaría si llegaba a tenerlos de jefes (desgraciadamente, eso sucedió), sonreía sin convicción, sudaba frío y se imaginaba sin forzar mucho la imaginación un futuro ignominioso para su carrera. Pero seguía explicándole al Ortiz con toda cortesía que no le iba a franquear paso a Pilca ni ebrio ni dormido, y que gestionara un permiso formal a través del Departamento de Estado con el Canciller Caputo. Pero (carraspeo cortés, aquí), le advertía a Ortiz que, dado el consenso del presidente Alfonsín y de Caputo en la materia, no era imposible que recibiera una respuesta negativa. Aunque tal vez eso tuviera consecuencias negativas –indeseables, por supuesto- para la carrera de Ortiz. A esa altura de la pulseada ya se había corrido la bola por todo el Centro Atómico Bariloche y empezaron a caer por el café, relamiéndose de contentos, los profesores y estudiantes del Instituto Balseiro. Venían a clavarle banderillas a “los gringos”. “Les damos acceso a Pilca, pero a condición de que se reexamine la deuda externa argentina”, tiró uno. “Y a que se desmonte la base que la OTAN está construyendo en Mount Pleasant, en las Malvinas”, añadió otro. “Y además –remató algún ingenioso- queremos derechos de inspección a las plantas de enriquecimiento de uranio estadounidenses. Sospechamos seriamente (cara de consternación) que las usan para hacer armas de destrucción masiva”. Y así siguieron un rato. Horas más tarde, en su retirada con la sangre en el ojo, Ortiz masculló una estela de “chingatumares” y “fucks” que llegaba hasta el aeropuerto y el avión, y quedó flotando semanas en el arrachado viento patagónico. Poco después, Bill Tilney regresó solo, alquiló una camioneta y trató de llegar desapercibido a Pilca por su cuenta, a través de esos 60 kilómetros de ripio poceado, donde alguna vez rompió punta de eje un camión Unimog tratando de llevar suministros a la instalación nuclear. Pero a Tinley lo frenó un tronco de lenga brutamente atravesado de parte a parte del camino vacío. Raro, en una zona estepárida y sin bosque. En fin, aquella tarde Max Cernadas y su libro posterior, “Una épica de la paz” (Eudeba, 2016), se ganaron el derecho de ser una de mis mayores fuentes. La “aneda” me sirve para presentar a la DIGAN: ésta era y a veces vuelve a ser un grupo de élite dentro de la Cancillería, diplomáticos casi sin emplumar elegidos incluso antes de haber egresado del Instituto del Servicio Externo de la Nación (ISEN). Ahí nomás les caían dos años de especialización en asuntos nucleares dictados por INVAP en todos los centros atómicos de la CNEA, aunque no por ello cobraran un centavo más o ganaran puntaje en la carrera. Jóvenes, fanáticos, patriotas, irreverentes, trabajólicos, los “diganistas” vivían ansiosos por irse a vender fierros nucleares criollos a destinos considerados “de mierda” por sus colegas finolis de “la línea Revlon” (Londres, París, Nueva York) de la Cancillería. A los que soportaban con cortesía, pero sin entusiasmo, y viceversa. Secuestrados por Saracho a tiempo completo desde pichones, no sabían de tiempo libre o de sus esposas, si las tenían. Pero el infernal tucumano de todos modos les sacó cualquier remanente de energía y horarios cuando organizó “el Grupo de los Seis”, junto con Suecia, la India, Tanzania, México y Grecia, países juramentados para romperle… los relatos pseudo-pacifistas a los EEUU y a la URSS. Sí, la India ahí, con su programa bélico, era un integrante discutible, pero aportaba número. Obviamente, la DIGAN cambió para mal en épocas de Di Tella y muchos –entre ellos Saracho y Grossi- se subieron a los botes salvavidas. Pero en 1984, impetuosa y nuevecita, aquella era la auténtica nave de los locos. Caputo y su “vice”, “Jorgito” (primo de Jorjón) Sábato la defendían. Como periodista científico reciente, yo solía pasar un par de horas semanales en aquel lugar. El café era abominable, pero el sitio era una mezcla de conspiración y mentidero donde se aprendían cosas.

Daniel E. Arias

Los inventos por los que el argentino Axel Córdoba está entre los mejores 50 estudiantes del mundo

  • Es cocreador de un granulado que permite ahorrar hasta el 50 % del agua de riego, un producto que ya se está comercializando, y cursa Geología en la Universidad Nacional del Comahue, Río Negro.

  • También es autor de una iniciativa para crear laboratorios de bajo presupuesto en escuelas rurales, entre otros proyectos de impacto social y ambiental.

Minutos antes de enterarse de que había quedado elegido entre los 50 finalistas del Global Student Prize 2022, que reconoce al “mejor estudiante del mundo”, Axel Córdoba estaba estudiando para el examen final de la asignatura Geología Ambiental. Leía un PDF en su computadora y decidió tomarse unos minutos para chequear el correo electrónico. “Vi un mail que en el asunto decía: ‘Top 50′. Lo abrí y lo tuve que leer tres veces para verificar que ahí estaba mi nombre. ¡Enterarme fue una locura! ¡Increíble!”, exclama el joven de 25 años que cursa la carrera de Geología en la Universidad Nacional del Comahue y que creó junto a otro estudiante, Denis Álvarez, un polvo granular que permite ahorrar agua de riego. Una solución a las frecuentes sequías y crisis hídricas, agudizadas por el cambio climático.

El invento ya se comercializa con el nombre de Hydroplus y se trata de un granulado capaz de convertir el agua en un sólido e incorporar nutrientes esenciales para el crecimiento de las plantas. El producto funciona así: se hidrata con el agua de riego, que almacena y libera lentamente, conforme la planta la necesita, lo que hace posible reducir en un 50 % la frecuencia del riego. Y este es solo uno de los proyectos que desarrolla Axel.

“En ese mismo correo decía que (en la preselección) éramos 7 mil estudiantes de 150 países, fue una grata sorpresa saber que habíamos quedado allí representando al país”, agrega. Axel no es el único seleccionado de la Argentina, ya que integra la lista junto a Nicolás Monzón quien cursa dos carreras ―Ingeniería en Informática en la UADE y Matemática en la UBA―, es socio de una consultora en informática y planea desarrollar una start-up. Ambos compiten por 100 mil dólares que entrega la Fundacion Varkey en alianza con Chegg.org, las organizadoras del premio.

Para postularse, el joven estudiante de Geología tuvo que completar un extenso formulario en el que no solo figuraban sus antecedentes académicos, sino una verdadera hoja de ruta de su vida. “Fue un proceso largo, porque yo soy multifacético, hago de todo. Reuní documentos, certificaciones y resumí mi vida en un formulario. Allí evalúan toda la trayectoria del estudiante desde los comienzos en la primaria hasta el Nivel Superior. No solo el rendimiento académico sino también cómo uno está cambiando la vida de otras personas a partir de sus proyectos. Y que esos proyectos tengan un impacto social o ambiental. Yo fui presidente del centro de estudiantes, participé en ferias de ciencias y en parlamentos juveniles en los que se competía a nivel provincial, nacional e internacional”, describe.

Las postulaciones para el Global Student Prize son individuales y se hicieron a principios de año. “Yo ya me había olvidado de la postulación. Cuando me enteré de que había sido seleccionado, le conté a mi hermano. Mis viejos estaban de viaje en Tucumán, de donde somos oriundos”, dice el estudiante. “La noticia era secreta hasta que se hiciera el anuncio oficial. Si les llegaba a contar a mis viejos lo iban a publicar en todos lados”, dice, entre risas, Axel. “Cuando regresaron de Tucumán les conté y todo fue alegría”.

Ciencia e impacto social

En su postulación, Axel sumó dos proyectos que concretó en años anteriores. Uno, llamado Paradas Inteligentes, donde fue voluntario y coordinador de Río Negro. El otro, Ciencia Cristalina, tiene el objetivo de acercar el conocimiento científico a escuelas rurales o a zonas periféricas.

Paradas Inteligentes parte de una idea sencilla: colocar afiches con códigos QR en distintos puntos del país y en lugares estratégicos: carteleras de bibliotecas, paradas de colectivos y escuelas. Los códigos QR redirigen al usuario a un libro en formato PDF de acceso libre y totalmente gratuito. El proyecto fue realizado por la Red Mundial de Jóvenes Políticos Argentina en el marco de la Campaña Nacional de Fomento a la Lectura. Todo comenzó en el 2020 con una lluvia de ideas, hasta que encontraron una propuesta que vinculara tecnología con literatura “para llamar la atención de los potenciales lectores y brindar un acceso rápido al libro de preferencia”.

Para que los jóvenes sean ciudadanos innovadores y con el objetivo de despertar interés por la ciencia en los estudiantes, Axel desarrolló Ciencia Cristalina. La iniciativa rodó por diferentes escuelas rurales. Los alumnos solo debían llevar algunos elementos en desuso como frascos vacíos. Axel buscaba demostrar que es posible crear laboratorios de bajo presupuesto.

Una vez reunidos los elementos, se empezaba a experimentar. Los alumnos aprendieron cómo se cristalizaban distintos elementos que encontraba en su vida cotidiana, como el azúcar. “La idea era fomentar una educación integral en ciencias”, cuenta.

Esa necesidad de expandir sus proyectos hacia regiones periféricas tiene su origen en su propia experiencia. Axel finalizó su secundaria en una escuela rural tucumana “a unos cuantos kilómetros de la ciudad”. Según el joven finalista, la falta de instrumental no debe ser una limitación para ser creativo. “La innovación es un componente esencial de lo que constituye ser un estudiante y, cada vez más, se espera que los jóvenes de hoy creen las nuevas plataformas y tengan las ideas del mañana. La creatividad puede adoptar una inmensa variedad de formas, y se tiene que fomentar”, sostiene.

Axel nació en Tucumán y actualmente vive con su familia en Río Negro, donde estudia Geología en la Universidad Nacional del Comahue. (Imagen: gentileza Axel Córdoba)

—¿Qué es la creatividad para vos?

—Sin creatividad no hay posibilidad de innovación. Es un binomio inseparable, son procesos interdependientes. Son el resultado de mirar la vida con ojos de niño, de imaginar, repensar, integrar; de la resiliencia y de adaptarse a los cambios. Es buscar nuevas puertas, no dejar morir al niño interno ni la intención de modelar el propio mundo.

Los orígenes

Axel Córdoba nació en Graneros, Tucumán, una localidad de 2.300 habitantes donde se celebran el Festival de Doma y Folclore Graneros Canta al País ―este año, se realizó el 24 de julio― y el Festival de la Cumbia, Cuarteto y Guaracha. “Yo me fui de mi pueblo a los 17, vine a estudiar al sur junto a mi familia”. Su padre Carlos se había mudado a la Patagonia a “probar suerte” un año antes, ya que en el poblado de Tucumán no conseguía trabajo como docente. Alejandra, su mamá, es profesora de Sociología y maestra jardinera, pero en Tucumán trabajaba como policía.

“Allá tengo mis primos, tíos, toda mi familia. Recuerdo que siempre íbamos al río a pasar el día para paliar el calor insoportable. Graneros es una ciudad llena de verde, tiene una iglesia de 200 años en donde solíamos subir al campanario”, dice Axel, en relación a la Iglesia Inmaculada Concepción que fue instituida como parroquia en 1824.

Actualmente Axel vive en General Fernández Oro, provincia de Río Negro, una localidad pequeña ubicada en el corazón del Alto Valle. “Una ciudad que conserva sus aires de pueblo y con mucho potencial de desarrollo”, dice. Y, por si fuera poco, Axel es el creador de la bandera que representa a esa localidad rionegrina desde el año pasado: una franja naranja y otra verde, a la izquierda un triángulo blanco con el sol en el medio. El estandarte diseñado por Axel surgió de un concurso convocado por el municipio para conmemorar los 90 años de la localidad.

Un fan del laboratorio

“Desde chico siempre fui muy curioso, y me gustaba hacer experimentos en mi casa. Era un fanático de la física y la química, siempre apasionado por la ciencia. Después comencé a participar en ferias de ciencias. Por el mismo motivo, participé también en becas de investigación o de capacitación como, por ejemplo, la del Instituto Balseiro, Pan American Energy, Consejo Interuniversitario Nacional, y fueron instancias que me acercaron de a poco al mundo en el que cual hoy me desenvuelvo”, cuenta el joven que comenzó montando laboratorios en el patio de su casa en Graneros, mezclando perfumes con aceites, jugando a ser un científico, analizando las reacciones químicas.

Según Axel, cada una de esas experiencias lo enriquecieron y guiaron. Actualmente está desarrollando proyectos de impacto social, ambiental y, sobre todo, educativos. Hydroplus es uno de ellos. El joven apunta a la consolidación del producto en los municipios de la región patagónica y sueña con su expansión global.

“La educación es una herramienta que transforma personas y sociedades. Sabemos que no hay progreso real sin educación. Y que en una sociedad globalizada que se enfrenta a desafíos cada vez mayores, la determinación y la perseverancia son cualidades sustanciales para los líderes del futuro que se están formando en esas aulas”, concluye el joven mientras espera el resultado final de la premiación. Aunque él ya ganó hace rato.

INDEC: Inflación de Diciembre fue de 5,1%; en 2022, llego a 94,8%

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El Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) dio a conocer que el dato de inflación de diciembre subió al 5,1% desde los 4,9% que había marcado en noviembre. El IPC para todo 2022 culminó en 94,8%, el mayor nivel en 32 años. Así, se trató de la cifra anual más alta desde 1991 ya que para alcanzar un mayor valor hay que remontarse a 1990 cuando la suba de precios fue del 1.343,9%. En el ´91 alcanzó el 84%, periodo en el que comenzó a regir la convertibilidad. De los últimos años la más alta había sido en el 2021 con el 50,9%.