Especiales de AgendAR: «La saga de la Argentina nuclear»

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La saga de la Argentina nuclear – XXI y XXII

La saga de la Argentina nuclear – XXIII y XXIV

La saga de la Argentina nuclear – XXV La saga de la Argentina nuclear – XXVI La saga de la Argentina nuclear – XXVII La saga de la Argentina nuclear – XXIX La saga de la Argentina nuclear – XXX

La saga de la Argentina nuclear – XXXI

La saga de la Argentina nuclear – XXXII

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La saga de la Argentina nuclear – XLV

La saga de la Argentina nuclear – XLVI La saga de la Argentina nuclear – XLVII La saga de la Argentina nuclear – XLVIII La saga de la Argentina nuclear – XLIX

Hidrovía: sin definiciones sobre la nueva licitación, se demoran los estudios de impacto ambiental

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Con una nueva polémica abierta respecto a quien controla la vía navegable (una empresa privada, como ocurrió entre 1995 y 2021, o el Estado como pasó durante los dos últimos años) quedan preguntas sin responder respecto a quién y cómo se cuida el sistema de humedales de la región, que aporta servicios ecosistémicos fundamentales. Según Lucas Michelaud, de la Asociación Argentina de Abogados Ambientalistas, el tema es “preocupante”. “Estamos siguiendo de cerca el proceso desde 2020 y la realidad es que el proceso licitatorio está cada vez más des-ambientalizado. Incluso presentamos un recurso de amparo contra el sobre dragado en algunos pasos críticos, que es escandaloso, pero la subsecretaria de Puertos y Vías Navegables ni siquiera nos contestó”, explicó. En el estudio “Evaluación temporal de la gestión ambiental de la hidrovía Paraguay/Paraná en el tramo medio e inferior del río Paraná” escrito por Ana Pía Rabuffetti, Elie Abrial y Luis Espínola del Instituto Nacional de Limnología (Inali) de la UNL y compilado por las organizaciones Cauce, Humedales Sin Fronteras y Taller Ecologista, se señala que existe una falta de acceso a la información generada por la empresa que estuvo a cargo de la concesión, la que operó en base a estudios “poco rigurosos y con incoherencias en la carga de los datos acumulados”, al tiempo que recuerda que el órgano de control de la hidrovía fue creado con 28 años de retraso respecto al plazo previsto inicialmente. Falta de información En opinión de Michelaud, ninguna de las tres gestiones en el área de Transporte que tuvo el actual gobierno nacional le dieron a la hidrovía un tratamiento adecuado en materia ambiental. “Están en elaboración los términos de referencia, que son clave para la licitación, pero fueron cambiando las universidades que iban a asesorar y desde el gobierno no contestaron -o contestaron parcialmente- los pedidos de acceso a la información que hicimos sobre eso”. Ese desmanejo lleva a que, por el momento, no haya “ningún estudio de impacto ambiental vigente”, según el abogado. Para Michelaud, a la hora de analizar las eventuales tareas de dragado y mantenimiento “se sigue utilizando un estudio del siglo pasado que tiene casi 30 años”. “Es un escándalo”, sintetizó, para agregar que tampoco se hizo ninguna evaluación antes de autorizar el sobre dragado que hizo en los últimos meses en algunos pasos críticos. “Por el momento no hay estudios de impacto ambiental ni para lo que fue la licitación corta ni para la larga y los términos de referencia no se conocen siquiera. Presumo -es lo que pasó estos 25 años- que los usuarios de la hidrovía serán los que terminarán metiendo las cláusulas finas. Hay que presionar mucho para que se democratice la construcción de estos pliegos y se haga una evaluación ambiental estratégica si se quiere tener más calado”, agregó. La voz oficial Hernán Orduna lleva algunos meses al frente del Ente Nacional de Control y Gestión de la Vía Navegable, el organismo estatal encargado de administrar la hidrovía Paraguay-Paraná que depende del ministerio de Transporte de la Nación. El funcionario explicó que el organismo tiene tres funciones: el dragado, la señalización y el control hidrológico. “Se aprobó un convenio entre el Ente, las provincias ribereñas y el ministerio de Ambiente de la Nación para que todos participen de los Estudios de Impacto Ambiental (EIA). Se envió a las provincias y al ministerio y estamos esperando respuestas. Es un tema complejo”, dijo. Orduna señaló que para hacer una obra de dragado hace falta información básica como un relevamiento batimétrico (estudio de la superficie del fondo) y otro sedimentológico para saber, entre otras cosas, donde refular ese material que se retira del lecho del río. “A mucha de esa información ya la tenemos, no partimos de cero. Hoy en día el Ente definió un proyecto provisorio de modificaciones para la actual vía navegable del Paraná”. ¿Por qué provisorio? “Hay que hacer los estudios que fundamenten su factibilidad y a eso incorporarle las solicitudes de las provincias que quieren canales de acceso a puertos públicos. Santa Fe planteó eso para Villa Constitución, Rosario, ciudad de Santa Fe y Reconquista. Estamos esperando el avance entre las provincias y Ambiente con el convenio interjurisdiccional para facilitar que los EIA se hagan”, explicó. Además, habló de dos “problemas ambientales” que hoy aparecen como prioritarios: la mayor recurrencia de bajantes extraordinarias (“precisamos más estudios para saber su impacto en la navegación y en las tomas de agua”) y el de los buques pasantes. “Hoy tenemos reclamos desde la protección de los humedales por los grandes buques y su oleaje. Por eso es clave tener un plan de gestión ambiental, porque cuando llega el momento de la acción, de la obra y de su control, la base que se toma para controlar es el cumplimiento del plan de gestión ambiental. Sin un buen plan, las consecuencias van a ser negativas para la preservación del ambiente”, reconoció. Entonces, ¿dónde estamos parados hoy? “Para el estudio de impacto ambiental se tiene que avanzar con el convenio entre las provincias, el Ministerio y el Ente, que ya enviamos hace dos meses. Luego hay que meterse de cabeza en los estudios completos”, detalló el funcionario. (Jorgelina Hiba)
 

Avanza la construcción del Centro Argentino de Protonterapia, primero en América Latina

El Centro Argentino de Protonterapia (CeArP) está ubicado en la Ciudad de Buenos Aires. Será el primero en su tipo de América Latina. En julio empieza la instalación del equipo que generará los haces de protones para el tratamiento, que está indicado para tumores de difícil acceso y pacientes pediátricos. La radioterapia es una de las principales herramientas contra el cáncer. Destruye células malignas, aunque a su paso la energía de la radiación ionizante también afecta a las células sanas. Pero existe una forma más avanzada de radioterapia que minimiza el daño y que muy pronto estará disponible en la Argentina: la protonterapia. La diferencia con la convencional es que los haces de protones pueden dirigirse con precisión milimétrica y recién liberan su energía máxima en el tumor. Después se frenan. Los efectos secundarios sobre los tejidos sanos se reducen y por eso esta técnica está indicada para tratar tumores sólidos de difícil acceso o cáncer pediátrico. El Centro Argentino de Protonterapia (CeArP) será el primero al sur de los Estados Unidos. Lo están construyendo en avenida Nazca y San Martín, frente al Instituto de Oncología Ángel H. Roffo y junto a la Fundación Centro de Diagnóstico Nuclear. Se trata de un proyecto conjunto entre la Comisión Nacional de Energía Atómica, la Universidad de Buenos Aires y la empresa estatal INVAP, con la colaboración del Hospital de Pediatría Juan P. Garrahan.  
  El corazón del futuro centro es un ciclotrón modelo C230, del sistema Proteus Plus®, que pesa 230 toneladas. Se trata de un acelerador circular de partículas que produce haces de protones. Esos haces serán conducidos con precisión milimétrica hasta los pacientes a través de dos gantries o portales, que a su vez pesan 110 toneladas cada uno y que se ubicarán en dos salas de tratamiento. También habrá un sector dedicado a investigación y desarrollo, el LAIDEP (Laboratorio de Investigación y Desarrollo en Protonterapia). Estos equipos fueron adquiridos a la empresa belga IBA (Ion Beam Applications). De acuerdo a INVAP, comenzarán a instalarlos en julio de este año y la tarea requerirá alrededor de 22 meses. Ya se construyó la cámara donde los ubicarán, que tiene paredes de hormigón de hasta 4,5 metros de ancho. El avance de obra de esta parte del edificio es del 77%.  
  El centro va a contar también con un sector en el que se va a realizar radioterapia con rayos X de altas energías o fotones y que ya tiene un avance de obra del 95%. Para este servicio se adquirió y se está instalando un acelerador lineal Versa HD, que trabaja a velocidades superiores a los equipos convencionales, lo que permite brindar atención a un mayor número de pacientes. También se compró un acelerador lineal para radiocirugía CyberKnife®, que tiene un brazo robótico que se mueve en todas las direcciones e irradia mientras visualiza el tumor a través de imágenes radiográficas en tiempo real. Además, ya están siendo instalados dos equipos de imágenes, fundamentales para planificar el tratamiento y seguir su evolución: un resonador magnético y un tomógrafo de energía dual.  
  En qué consiste la protonterapia La protonterapia es un tipo de radioterapia con haces externos de radiación. En la convencional, con fotones, la energía de la radiación ionizante no se frena y va afectando las células del tejido que recorre. “Con la radioterapia de protones, que son partículas subatómicas de carga positiva, se apunta desde diferentes direcciones al blanco tumoral. La curva de energía es invertida, porque al principio es menor y se deposita menos en las estructuras sanas. Después la dosis entregada va en aumento y se produce lo que se conoce como pico de Bragg, al cabo del cual los protones se frenan por completo. Como se puede regular la profundidad donde se alcanza ese pico, se aplica un depósito de energía más alto y mucho más localizado en el tumor a tratar”, explica el físico Gustavo Santa Cruz, gerente del área de Medicina Nuclear y Radioterapia de la CNEA y director técnico y científico del proyecto del CeArP. “El protón tiene casi 2000 veces más masa que el electrón y rompe estructuras moleculares, como el ADN. Por eso es muy eficiente para destruir las células tumorales”, agrega Santa Cruz. El ciclotrón puede producir un haz de protones de 230 mega-electrón voltios (MeV) que penetra 32 centímetros en agua. Pero también se lo puede regular, por ejemplo, para que el haz tenga una energía de 70 MeV y se adentre exactamente cuatro centímetros. De esta forma, es posible enviar distintos haces para irradiar el tumor en diferentes puntos, para que reciba la dosis prescrita por el médico con una precisión milimétrica. Por estas características, la radioterapia con protones tiene menos toxicidad y menos efectos adversos, mejorando así la calidad de vida del paciente. Está indicada para el tratamiento del cáncer pediátrico, tumores del sistema nervioso central, tumores avanzados ubicados en la cabeza o el cuello cuando no son operables o tumores en zonas complicadas como la base del cráneo, entre otros. Cómo funciona el ciclotrón El ciclotrón produce el haz de protones a partir de hidrógeno de máxima pureza. Este gas está conformado por núcleos de protones unidos a electrones. Al someter al átomo de hidrógeno a una fuente de ionización, pierde el electrón y queda el protón, que es acelerado en el ciclotrón con un campo eléctrico alterno hasta llegar a dos tercios de la velocidad de la luz. Después los protones llegan a un degradador, para reducir la energía hasta el valor requerido. Finalmente, se usan un colimador, rendijas y electroimanes para obtener un haz de protones con la energía apropiada. La tasa de dosis en el tumor es de 2 Gy (Grays) por minuto, entregándose fracciones desde 2 Gy hasta 8 Gy según el protocolo, además del tiempo de preparación del paciente para el tratamiento, que suele ser de alrededor de media hora. El paciente está en una silla robótica que lo mueve para ubicarlo en la posición necesaria. Con los días, a medida que avanza el tratamiento el volumen del tumor se va reduciendo, por lo que cambia el blanco que hay que irradiar y es necesario ajustar la dosimetría. Gustavo Santa Cruz compara: “Hacer un centro de protonterapia es tan complejo como construir un reactor nuclear. Son instalaciones consideradas Clase 1”. La otra pata de este proyecto es formar un equipo de 12 a 15 personas que serán enviadas a formarse en países como España, Italia y los Estados Unidos, donde existen centros de protonterapia de características similares. En total hay 111 de estos centros en todo el mundo, pero el de Argentina será el primero de Latinoamérica. Se estima que 120 pacientes por millón de habitantes por año se podrían beneficiar con la protonterapia. Sólo en la Argentina, el número potencial de pacientes candidatos a este tratamiento asciende a 5.200 por año. Cada sala puede tratar como máximo a 300 pacientes por año, así que serían necesarias más de dieciséis para atenderlos a todos. Solamente en Brasil hay 25.000 pacientes por año que se beneficiarían de la protonterapia y a nivel de toda Sudamérica más de 50.000. Comentario de AgendAR: Dado el costo tan alto de las instalaciones de protonterapia en todo el mundo, probablemente no logren constituirse en una herramienta de salud pública democratizable al alcance de toda la población. Las colas de acceso serán larguísimas, y la admisión de casos, muy técnica y en términos humanos, muy desgarradora. Ojo, lo mismo pudo decirse de otros sistemas de medicina radiante cuando eran novísimos, como la gammaterapia o teleterapia en los ’50, y luego el acelerador lineal en los ’80. El modo muy a la Henry Ford de transformarlos en herramientas al alcance de los hospitales públicos fue la fabricación en serie. Todavía se está lejos de eso en protonterapia. INVAP, pese a que construye reactores nucleares, radares y satélites, y hasta ha vendido centros enteros de terapia radiante en Venezuela y Bolivia, en este caso no produce las unidades productoras de haces de iones: los instala en búnkeres. La CNEA viene peleando desde 2004 en un frente quizás más fácil de popularizar: la terapia por captura de protones en boro, o BNCT, bastante específica para tratamiento de tumores de forma compleja o en ubicaciones complejas. En esas iniciativas también estuvo el físico nuclear Gustavo Santa Cruz. La idea es la misma que con la protonterapia: minimizar la irradiación de tejido sano y destruir con efectividad las células cancerosas. El problema que viene teniendo históricamente la BNCT es éste: las fuentes de neutrones de potencia relativamente baja necesarias para este enfoque son descomunales por tamaño y costos (mayormente, reactores nucleares). Por ello, los estudios de fase II y III que se pudieron hacer desde principios de siglo involucran a unos pocos centenares de pacientes. Para crear entusiasmo y aceptación internacionales, deberían ser miles. El Dr. Andrés Kreiner, de la CNEA, vino desarrollando muy contra viento y marea un acelerador de neutrones compatible por tamaño y forma con la arquitectura de un hospital, y libre de complicaciones en materia de licenciamiento nuclear: el sistema no irradia nada cuando está apagado. Despertó inmediatamente interés externo, porque básicamente por problemas de equipamiento, el BNCT es una promesa incumplida desde hace un cuarto de siglo. A la Argentina en medicina nuclear se la toma muy en serio: INVAP exportó reactores que producen radioisótopos médicos a Perú, Argelia, Egipto, Australia, Arabia Saudita, y ahora está en fase de diseño de uno gigantesco en Holanda. Y mientras tanto, la CNEA y 13 provincias ya inauguraron 14 centros de medicina nuclear. En 2017, tras exponer en un congreso internacional sobre el acelerador vertical argentino de neutrones, Kreiner fue abordado discretamente a la hora de los canapés y los brindis por las autoridades del KIRAMS, el mayor hospital de oncología de Corea del Sur. La CNEA vendió entonces la tecnología a Corea por U$ 700.000, pero reteniendo la propiedad intelectual sobre fabricación en serie. Ojalá hubiéramos podido fabricar la primera unidad de escala real, pero corrían malos tiempos para el átomo criollo. Esa historia, aquí y aquí.

La saga de la Argentina nuclear – XV

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Cuando la actividad nuclear argentina está en riesgo, queremos repasar algunos momentos del largo esfuerzo que la construyó El decimocuarto capítulo de esta saga está aquí.

Un cartero con vuelo pilotando una vaca sagrada

Para vigilar pero fundamentalmente para proteger de sus propios seguidores a todos esos físicos impredecibles y tomar muchos más, los que hiciera falta, Perón puso la DNEA bajo dirección de su edecán, el aviador naval y luego contralmirante Pedro Iraolagoitía, por alguna causa incomprensible apodado “El Vasco”. Como capitán, éste había liderado una hazaña no menor: el primer vuelo argentino a la Antártida, llevando correspondencia a la Base Isla Decepción. Como quien dice, El Vasco traía buenas cartas. Todavía hoy es peligroso andar peludeando por el estrecho de Drake con dos frágiles hidroaviones Catalina hechos de madera y tela. Es cierto que la posibilidad de chocar contra otras aeronaves se mide en números negativos. Con tan linda foja, El Vasco era un peronista subido muy alto en el tótem de la Armada, y los peronchos en la Marina, en términos estadísticos, eran y son más raros que los pelirrojos en la China de Mao. A este hombre Perón le dio un presupuesto rumboso, instrucciones expresas de “dejar trabajar a los muchachos”, y añadió que tomara los que hicieran falta y se fijara sólo en su currícula académica o industrial y no en sus prontuarios políticos de la Federal. Y añadió otro de sus famosos: “Métale, nomás”. En suma, dentro del ámbito nuclear (no así del académico) Perón hizo lo mismo que una década antes su colega yanqui Franklin Roosevelt con el general Leslie Groves, ideológicamente un cazador de brujas. Grooves se tomó la orden tan a pecho que el Proyecto Manhattan lo terminó dirigiendo un simpatizante del Partido Comunista (Robert Oppenheimer) que además de ser un físico de primera línea, tenía un talento infrecuente de organización de equipos internacionales de colegas brillantes, para los cuales no existen las órdenes verticales, la autoridad es inherentemente ridícula porque todo debe ser discutido, y hay diez modos de hacer una tarea donde los mortales comunes ven uno solo. Un militar y un físico, especialmente un físico atómico, son especies distintas, aunque a veces increíblemente convivan en un solo cráneo, lo cual sucede pero es raro. Groves y «Oppy» lograron no matarse o anularse entre sí un tiempo razonable: el de terminar la misión del Proyecto. La posibilidad de éxito técnico generaba suficiente compresión como para vencer la repulsión electrostática entre aquellos dos. Spoiler: terminada la tarea, Groves contribuyó no poco a arruinarle la carrera y la vida a Oppenheimer. Por causas similares aunque con misión diferente, las cosas aquí no avanzaron rápido. Avanzaron MUY rápido. La DNEA y la posterior CNEA fueron un experimento de formación de recursos humanos y de convivencia política entre expertos que duró un tiempo, se rompió desde afuera y nunca más se repitió. En su propia historia atómica argentina, «Una épica de la paz», el embajador Max Gregorio Cernadas cuenta –aunque no lo vio, por nonato entonces- que las luces seguían prendidas en la sede central de la DNEA hasta la medianoche. Y que no era infrecuente que un científico apurado, a las corridas entre laboratorios, se lo llevara puesto en un pasillo a Iraolagoitía, que sonreía, canchero: “Los muchachos están trabajando”. Entre otros futuros próceres, Iraolagoitía reclutó al metalurgista (hoy lo llamaríamos “científico en materiales”) Jorge “Jorjón” Sabato, radical ergo “contra”, si los hubo. Pero Jorjón era mucho más su propio personaje que un hombre de su partido, o de cualquier partido. Sabato se llevaba mal con burros, con mediocres, con solemnes y con mandones. Inteligentísimo, brutalmente frontal e irreverente, Sabato se dio el lujo de presentarse en la entrevista inicial en campera, asunto de lesa majestad en los encorbatados ’50, y doblemente ante un marino. Pero la buena química entre ambos fue casi instantánea, y no sólo porque Sabato fuera químico. Años más tarde, ya lleno de prestigio por su rol en la instalación del RA-1 (ver aquí), Sabato fue el fundador de una ideología de “lo hacemos aquí” y “soberanía tecnológica” que a 43 años de su muerte sigue excediendo el cerebro del empresario, político y/o militar criollo medio de todo color. Lo llamaban Jorjón, y también «El Mudo» porque te llevaba arrastrado con su verborrea, pero en general sólo decía cosas agudas, necesarias, mordaces y en un estilo canyengue. Donde los demás veían sólo verticales u horizontales, el veía también oblicuas y curvas. Aquel tipo, inventor además del epigrama “tenemos una burguesía chanta”, siempre nos quedó grande. A lo largo de los años, Sabato fue deslumbrando ya no Iraolagoitía sino al país con ideas y luego hechos, y en la mala hora del ’55, “El Vasco” se lo dejó de herencia a su camarada de armas, el contralmirante Enrique Quihillalt, (otro vasco, pero del lado francés del Pirineo). Quihillalt (pronunciado “Quiyát”) era un gorila de ley. Pero subrayo lo segundo: «de ley». Tomó en forma indolora el pilotaje de una institución que ya tenía 250 profesionales (desde físicos puros a ingenieros de ramas muy diversas), y 300 técnicos, y con un mix ideológico que excedía el espectro. Y los dejó seguir trabajando, eso, en medio de un golpe que fue una guerra civil en formato “mini”, con suficientes muertos y heridos, entre obreros, colimbas y civiles, como para que nadie quisiera contarlos, por muchos y por pobres. Y la CNEA, fuera de cambiar su nombre de “Dirección” a “Comisión”, como si nada, siguió en su condición de vaca imperturbable o sagrada que la Armada y en alguna medida también el Ejército trataban de proteger fundamentalmente de sí mismos, y en la cual las luces seguían prendidas a deshoras porque “los muchachos”, algunos puteando contra “La Libertadora” y otros encantados con ella, seguían trabajando juntos sin degollarse, por algún bien común mayor. Profesionalismo o patriotismo extremos. Groves y Oppenheimer, aunque sin bombas ni proyecto alguno de hacer bombas. Inimaginable. Pero sucedió. Y duró mucho. ¡Y qué resultados! En Septiembre de 1955, en casi coincidencia con aquel sangriento mega-cuartelazo que desmontó a Perón, la CNEA participó en la Primera Conferencia de Usos Pacíficos de la Energía Atómica, en Ginebra, Suiza. Allí, Diego Hurtado dixit, aportó 37 trabajos, entre los cuales destacaba el del grupo de radioquímica, anunciando el descubrimiento de 13 radioisótopos nuevos, a los que ya estaba tratando de buscarle utilización médica e industrial (y así se hizo). Detrás de tanto fulgor nuclear criollo estaba el Dr. Walter Seelman-Eggebert, robado por la CNEA a la Universidad de Tucumán, y un ejemplo mucho mejor que Richter del “head-hunting” criollo en la Alemania vencida. De aquella conferencia de 1955 surgió el actual OIEA, cuyo actual director es el argentino Rafael Grossi. Y la primera aparición pública en ese foro mundial de la Argentina, aquel país del trigo y el bife de chorizo, fue el equivalente de entrar a una fiesta de gala en alpargatas… pero del brazo de Marylin Monroe. 13 radioisótopos nuevos… Los muchachos habían estado trabajando. La Argentina nuclear ha vivido haciendo ese tipo de cosas. Pero desde 1983, casi siempre nos quedó grande.

Daniel E. Arias

“El Universo no es como lo imaginamos, es mucho más hermoso”

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En 1995 recibió la titánica tarea de construir y poner en órbita el observatorio espacial que revolucionaría la astronomía del siglo XXI. El lanzamiento del James Webb Space Telescope (JWST) se concretó en 2021 y al año siguiente se revelaron las imágenes más detalladas hasta ahora del universo conocido. Para John C. Mather, científico principal de este proyecto, las ansias de saber qué hay más allá de lo que podemos ver y qué es lo que no podemos ver, es fundamental como combustible al motor del conocimiento. “La astronomía se mueve a la velocidad de la imaginación”, dice el astrónomo.

Como si fuera poco, en 2006 ganó el Premio Nobel de Física, al demostrar que varios tipos de partículas y radiación viajan a través del espacio ultraterrestre, incluida la radiación cósmica. En entrevista con Qué Pasa, John Mather cuenta sobre sus principales logros, su presentación en la última versión de Congreso Futuro, así también sobre qué tareas quedan pendiente para la astronomía del mañana.

-¿Ha estado aquí en Chile antes? ¿Cuánto de este país contribuye al estudio universal?

Sí, he estado de visita hace mucho tiempo. Llevamos a nuestro equipo del James Webb Space Telescope (JWST) a la montaña donde tienen los del VLT (Very Large Telescope). Queríamos apreciar cómo era construir algo tan grande.

Chile es un centro importante para la astronomía en el terreno. Por lo hermoso de sus sitios de observación en la zona de Atacama y en otras zonas del norte de Chile. Así que es bien reconocido como el lugar para los jóvenes y viejos astrónomos, donde se puede ver con mayor detalle el cielo.

-¿Cómo ha sido este camino desde que surgió la idea de construir un telescopio como el JWST hasta el primer paquete de información que nos dio desde el borde del universo observable?

Empecé a trabajar en ello en 1995.Todas las cosas que ahora estamos observando con el telescopio fueron imaginadas en ese entonces. Así trabajé con ingenieros y otros científicos para decidir exactamente qué hacer y cómo construirlo. Y luego, después de que se lanzó para asegurarse de que funcionaba muy bien y estamos tan emocionados de que todo lo que imaginamos se haga realidad.

-¿Qué tan importante es el JWST para la ciencia, para los investigadores o incluso para la humanidad?

Bueno, para la ciencia es pionera de una nueva herramienta. Observamos cosas que nunca pudimos ver antes, y nos hemos sorprendido científicamente, porque el universo no es como lo imaginamos exactamente y nos hemos sorprendido visualmente porque el universo es mucho más hermoso.

-¿La información dada recientemente por el JWST fue el logro más importante de la NASA en este siglo hasta ahora?

Creo que lo más importante es que demostramos que podíamos construir un observatorio increíblemente difícil y hacer que funcionara maravillosamente. Eso significa que el camino hacia el futuro de observatorios aún más poderosos está abierto. Podemos diseñar, podemos imaginar y construir las cosas más increíblemente complejas y difíciles, y funcionarán si somos capaces de hacer todos los programas de prueba que deberíamos en el terreno.

-Y después de estas increíbles imágenes del Telescopio Espacial James Webb, ¿Qué es lo siguiente que explorará este observatorio?

Bueno, el observatorio en sí tiene un programa completo. Es observar cosas diferentes todos los días. Son dos o tres docenas de objetos diferentes cada día, organizados por un proceso de propuestas internacionales. Si eres astrónomo en cualquier parte del mundo, puedes enviarnos tu idea. Después de esto, hay varios observatorios que vienen, como el Observatorio Euclides que será lanzado por Europa para examinar la materia oscura y la energía oscura, para ver lo que no podamos ver. También tenemos un observatorio en línea llamado el Telescopio Vera C. Rubin. Eso está en el suelo, pero examinará todo el cielo cada tres noches y lo dirá. Y eso es en Chile.

-¿Cuál será el próximo proyecto de la Nasa para expandir lo que conocemos del universo?

El próximo gran proyecto de la NASA se llama telescopio Nancy Grace Roman, y se levantará alrededor de 2027 para mirar nuevamente la materia oscura y la energía oscura, o al menos para recopilar evidencia de ellos, ya que no pueden verse. Y también para estudiar una gran fracción del cielo. Buscará cosas que sean extrañas, diferentes e interesantes.

-Sobre tu presentación en Congreso del Futuro ¿Qué mensaje te gustaría dejar a quienes presenciaron tu charla?

Que la gente vea que nuestros logros son eventos y que nuestras oportunidades están abiertas. Que si podemos hacer esto, entonces podemos descubrir muchas más cosas y podemos construir muchos más tipos de equipos para ir aún más lejos con nuestra imaginación. Los astrónomos viajan a la velocidad de la imaginación. Depende de los jóvenes de hoy llevar a cabo este proyecto en el futuro.

El Gobierno Nacional lanzó la primer Mesa de Trabajo de la Agencia Nacional de Cannabis

El Ministro de Economía, Sergio Massa, encabezó el lanzamiento de la primera Mesa de Trabajo de la Agencia Nacional de Cannabis, un organismo interministerial que impulsará políticas públicas basadas en la regulación del uso de cannabis medicinal e industrial. Durante el acto, en el que también estuvieron presentes los ministros de Ciencia, Tecnología e Innovación, Daniel Filmus; de Salud, Carla Vizzotti; de Seguridad, Aníbal Fernández; el Secretario de Agricultura, Ganadería y Pesca, Juan José Bahillo; y el titular de la Agencia de Cannabis, Francisco Echarren, el ministro Massa destacó el potencial que representa la nueva industria en el país. En este sentido, la Agencia Nacional de Cannabis regulará la cadena de producción, comercialización nacional y explotación de la planta de cannabis, su semilla y sus productos derivados para uso medicinal. A su vez, desde la Agencia se extenderán licencias y habilitaciones, y será la encargada de impulsar esta nueva industria que aportará a la economía generando trabajo genuino. “Poner en marcha a la Agencia significa iniciar una nueva industria en la Argentina. Una industria que tiene 25.000 aplicaciones distintas. Una industria que nos va a permitir agregar valor en la cosmética, en lo textil, en el petróleo, en una innumerable cantidad de sectores económicos en la Argentina y del mundo”, destacó Massa durante el anuncio. Además, el titular de Economía hizo hincapié en que la Agencia “le abre la oportunidad a la Argentina de empezar a recorrer un nuevo camino en términos de industria exportadora a partir de una enorme demanda global”. “Ya tenemos en demandas desde proyectos y programas de industrialización hasta programas vinculados a lo agroindustrial en la secretaría de Agricultura. Todo eso hay que transformarlo en una industria que genere trabajo, exportaciones a la Argentina y que genere valor”, agregó. Por su parte, Filmus, señaló que la Agencia “es una iniciativa que representa la lucha de muchas familias y que se da, también, gracias al trabajo de más de 400 investigadoras e investigadores del CONICET y de las universidades que investigan este tema. La red generó, en momentos difíciles en los que no estaba bien vista la temática, investigaciones muy importantes. Hoy hay más de 40 centros de investigación que se dedican específicamente al estudio del cannabis desde la biotecnología hasta diferentes áreas de la salud”. La Agencia tiene la misión de constituirse en motor del desarrollo nacional de la cadena productiva y añadir valor agregado, e implica la sustitución de importaciones de insumos y dar un marco normativo a las actividades productivas, que poseen gran potencial de generación de encadenamiento de alto valor agregado. También, se apoyará y fomentará a emprendimientos, pymes y pequeños productores de un sector. Es destacable que actualmente existen 45 proyectos de desarrollo de cannabis en la Argentina que generarán 5.000 puestos de trabajo en el primer año de implementación y dinamizarán a las economías regionales.

NA-SA: Avanza el fideicomiso para revitalizar Atucha I

El fideicomiso para revitalizar la central nuclear Atucha I recibió ofertas por US$ 30 millones, informó hoy Nucleoeléctrica Argentina SA a través de su oficina de Prensa. Los proyectos nucleares lograron una exitosa colocación del primer tramo del fideicomiso destinado a financiar la extensión de vida útil de la central nuclear Atucha I por otros 20 años. Nucleoeléctrica Argentina licitó exitosamente el primer tramo del Fideicomiso Financiero Solidario de Infraestructura Pública NA-SA IV, destinado a la obtención de fondos para el financiamiento de dos obras de infraestructura energética: la extensión de vida de la Central Nuclear Atucha I y la construcción del segundo almacenamiento en seco de elementos combustibles gastados del Sitio Atucha.
Por la operación se recibieron ofertas por más de 30 millones de dólares.
“Esta inversión productiva nos llena de entusiasmo, ya que nos permite avanzar en el desarrollo de proyectos de energía nuclear estratégicos para el país que tienen un impacto positivo en el crecimiento industrial nacional y en el aporte del país a la lucha contra el cambio climático”, expresó José Luis Antúnez, presidente de Nucleoeléctrica Argentina. La ejecución de estos proyectos permitirá mantener la participación nuclear en la matriz energética argentina y asegurará la generación de energía limpia y confiable para un millón de personas por 20 años. Asimismo, las obras de prolongación de la vida útil de Atucha I impulsarán el empleo a través de la generación de 2000 puestos de trabajo necesarios para llevar a cabo las tareas previstas entre 2024 y 2026. Ambas actividades también brindarán oportunidades para el desarrollo de proveedores nacionales calificados e incrementarán las capacidades tecnológicas e industriales del país con la potencialidad de ser exportables en un futuro cercano. Estos proyectos contribuirán a alcanzar el objetivo ambiental de descarbonización de la atmósfera, dado que las centrales nucleares permiten generar grandes cantidades de energía de manera continua y sin emisiones de gases de efecto invernadero. Por esta razón, el aporte de la energía nuclear resulta clave tanto en la lucha contra el cambio climático como en el camino hacia la transición energética. A modo de ejemplo, la generación neta de las centrales nucleares argentinas durante los años 2021 y 2022 permitió el ahorro de más de ocho millones de toneladas de CO2.
  • Nucleoeléctrica Argentina
La empresa produce energía eléctrica mediante la operación de las centrales Atucha I, Atucha II y Embalse. La potencia instalada total de sus tres plantas es de 1.763 MW. Además de operar las plantas y comercializar en el Mercado Eléctrico Mayorista (MEM) la energía producida, está a cargo del gerenciamiento de proyectos que aseguren la normal operación de sus instalaciones, así como también de aquellos que tengan por objetivo la eventual construcción de futuras centrales nucleares en territorio nacional. Sus actividades están sujetas a los más altos estándares de seguridad y se encuentran fiscalizadas a través de rigurosos controles. La energía nuclear contribuye al cuidado del medioambiente por no generar gases (CO2) ni partículas causantes del efecto invernadero durante su operación. Comentario de AgendAR: Los 30 palos verdes que acaba de juntar NA-SA entraron rápido. Hoy es muy sexy un bono que rinde 2% «dolar linked» respaldado sobre una obra de infraestructura de 48 años pero que podría terminar siendo más longeva que una gran represa hidroeléctrica. Sin embargo, 30 millones son una décimoquinta parte de lo que costaría el «revamping» de Atucha I para 20 años más de operaciones, y una vigésima parte si se añade la ampliación del repositorio en seco de los combustibles gastados. No se puede decir que el peronismo (el de hoy) tenga plan nuclear alguno. Lo tuvo por fuerza en tiempos entre 2006 y 2015, porque el país se había quedado inesperadamente sin el gas de Loma de la Lata. Por eso, al principio del período Kirchner se vivía entre apagones, y al final, se evitaban, pero pagando U$ 5000 millones/año de importaciones de gas. El nuclearismo kirchnerista fue tan pragmático como inevitable, y sin duda bastante espectacular, algo así como la lluvia en un desierto extremo. Como sucede en esos casos, en el aparente yermo creció de todo y de pronto. En materia de instalaciones ligadas a la producción de potencia eléctrica, se reabrió la Planta Industrial de Agua Pesada (PIAP), se terminó Atucha II y en 2015 CFK dejó el gobierno con planes firmados y aprobados por el Congreso por al menos dos centrales nucleares más, una CANDÚ de ingeniería y construcción puramente argentinas y la Hualong-1 comprada CNNC. Habrían sumado casi 1900 MWe instalados. Parece mucho pero no lo es. En 1983, Atucha I y Embalse, que suman 1000 MW, daban el 17% de la electricidad del Sistema Interconectado Nacional (SIN). Hoy, con una central más (Atucha II), el parque nuclear pone a lo sumo el 8% del circulante en el Sistema Argentino de Interconexión, que es lo mismo que el SIN on otro nombre pero con Cammesa comprando ofertas spot y más Oil & Gas que nunca: depende en un 71% de gas e hidrocarburos líquidos. La tajada nuclear de la torta eléctrica argentina es una miseria, dice el Lic. Roque Pedace, biólogo de la UBA reconvertido a planificador en energía del Centro de Estudios Avanzados de esa misma universidad, y docente de Prospectiva en Ciencias Económicas. Y sumarle 1900 mega nucleares, añade, sigue siendo poco. Menos de un 20% nuclear es incompatible con un escenario de descarbonización.  Como parte de su romance con lo nuclear, el gobierno de CFK lanzó la construcción del reactor multipropósito RA-10, de producción de radioisótopos, investigación en materiales especiales y formación de cuadros nucleares. Y como la central de potencia de Embalse necesitaba nuevos tubos de presión (una reconstrucción profunda de los internos de la máquina), el gobierno empezó a juntar la plata para la tarea con muchos años de anterioridad. Esto permitió llegar a 2015 con la central ya parada, descontaminada y lista para empezar la obra, y unos 120 contratos firmados con industrias privadas proveedoras de servicios y de fierros, casi todas argentinas, y algunas tan grandes como Pecom e IMPSA.  Ahora el Frente de Todos cree tener la vaca atada con Vaca Muerta. Volvió a un sopor petrogasífero que en realidad es su estado de base, y en general -hay excepciones- se olvidó del átomo. Peor aún, su dirigencia más olfa lo ve como un motivo de irritación de EEUU, que desde 1974 no tolera nuevos usuarios de la tecnología CANDÚ dado que los vuelve diplomáticamente independientes de los tres grandes proveedores de uranio enriquecido, el mayor de los cuáles es adivine Ud. qué país. Pero menos aún ese país se banca una central china en «su patio trasero». Por esos olvidos y esas agachadas del gobierno actual, la creación del fideicomiso para juntar la plata salió recién este mes. Sin embargo, Juntos por el Cambio es otro cantar; no se olvidó del átomo criollo en absoluto. Lo quiere enterrar en el olvido, con activos, obras y recursos humanos, todo incluido: borrarlo. No es fácil, el Programa Nuclear Argentino tiene 72 años de éxitos técnológicos que enorgullecieron al país. Pero ese frente, JxC, agrupa a funcionarios que militan para La (con mayúscula) Embajada y para el complejo Oil & Gas. Y 1000 megavatios nucleares instalados evitan el quemado de 1600 millones de m3 de gas por año. Por todo eso, de todos los planes de expansión o mantenimiento ligados a la energía nuclear del kirchnerismo, el único que no fue cancelado por la administración Macri fue el retubamiento de Embalse. ¿Qué hizo la diferencia? La PIAP fue cerrada trascartón de la jura del ing. Juan C. Aranguren, de la Shell, como Ministro de Energía y se jubiló a casi todo su personal (el de la PIAP, no el de la Shell), la CANDÚ nacional se retrasó hasta darse de baja el proyecto en 2018, y la compra llave en mano de la Hualong no sucedió jamás, aunque nunca se dejó de conversar con la CNNC. Sin tratar siquiera de llegar jamás a nada concreto, es obvio. Boludear así a los mayores compradores de la mayor exportación argentina, y de paso prestamistas, y de paso garantes del peso, no parece una gran idea. Pero «No man can serve two masters», como dicen en el State Department. De yapa, la construcción del RA-10 y de la centralita nuclear compacta CAREM 32 prototipo también se pararon. Los de JxC fueron a degüello y por todo. Aranguren y Macri, ese dúo dinámico, sin embargo, se tuvieron que fumar el retubamiento de Embalse porque estaban firmados 120 contratos, y cancelar la obra habría sido ligarse 120 juicios, algunos con gente MUY poderosa y con la que se codean a menudo. Además, la plata (U$ 2100 millones) había sido otorgada por el Fondo de Garantía (es decir el ANSES) y la CAF (la Corporación Andina de Fomento, que es Banco Mundial). Esa deuda se repagaría con las ventas de electricidad. Embalse factura casi U$ 800.000 por día, y tiene un factor de disponibilidad anual muy alto (91%), de modo que liquidar ese rojo de caja con la central en línea es coser y cantar. El otro escenario es distinto: clavar en plata a los jubilados en nuestro país es costumbre. Pero al Banco Mundial… A & M lo que es vengarse, se vengaron: no bien se terminó el retubamiento, en 2018, no bien Embalse volvió al ruedo con un 6% de potencia adicional, para 30 años más de servicios y a un tercio de lo que habría costado una CANDÚ-6 «cero kilómetro»… ¿Qué hicieron Batman y Robin? Echaron a la calle a los 200 ingenieros nucleares de la Unidad de Gestión de NA-SA que habían llevado a cabo el trabajo. Pa’ que aprendieran. NA-SA pasó el resto del gobierno del ing. Macri transformada en una «operadora boba» de centrales, como se llama a las «utilities» estadounidenses que no saben diseñar ni construir. Es como haber sido constructor de automóviles y terminar de taxista. La dirección técnica y política que perpetró esta lobotomía siguió mandando, impertérrita, en NA-SA y la CNEA hasta 2021, pese al cambio de gobierno en diciembre de 2019. Sólo tardíamente se volvió a llamar a NA-SA al equipo liderado por José Luis Antúnez, que logró juntar a 150 ingenieros de la devastada Unidad de Gestión. Pero de ahí a facilitarle la vida a la empresa, el gobierno… Lo dicho, el peronismo ha vuelto a su intoxicación habitual de gas. Por eso celebro que hayan entrado 30 palos verdes: garantizan algunos contratos para la protección de Atucha I antes de sacarle el combustible y entrar en obras. También la descontaminación del agua pesada y otros trabajos preliminares menores. Pero para blindar la central contra un intento de cierre definitivo y decomisión, algo nada improbable si regresa JxC, se necesitan más contratos por más plata. Entre 15 y 20 veces más plata.  Daniel E. Arias

La saga de la Argentina nuclear – XIV

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Cuando la actividad nuclear argentina está en riesgo, queremos repasar algunos momentos del largo esfuerzo que la construyó El decimotercer capítulo de esta saga está aquí.

Un pasado nada difícil de idealiza

Hasta aquel año, la cultura de la CNEA fue el único intento criollo de construir el equivalente de un National Laboratory al estilo de los de EEUU, nutrido por una red de raíces en las universidades, y generador-sustentador de un frondoso follaje de empresas de tecnología. Y hasta 1995, esa red de componentes del Programa Nuclear Argentino terminaría creando no sólo una tecnología. También una ideología sobre cómo articular universidades, empresas y estado, la de Jorge Sabato. Sigue vigente. También generó una diplomacia nuclear argentina independientista. De la que Rafael Grossi es un representante y defensor tardío. Volviendo a la metida de pata de Perón con Richter, y el modo en que arregló las cosas, el reflexivo físico Mario Mariscotti, que de peroncho no tiene un pelo, admite que otros políticos de menor talla habrían enterrado aquel muerto y cambiado de tema. Perón enterró en cambio el “affaire Richter” y fundó sin ruido la DNEA, que fue primero “Dirección” que “Comisión”, aunque Mariscotti describe que en sus principios era una comisión “stricto sensu”: sus integrantes iniciales cabían en un par de sofás. Y con esos pocos impredecibles pero imprescindibles, habría que empezar de nuevo, despacito y desde abajo. No fue así: desde abajo, es cierto. De “despacito”, nada.

Daniel E. Arias

Afirmaciones oficiales a próposito de los 2 años de aprobación de la Ley IVE

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Si bien los cambios sociales y culturales suelen ser procesos lentos y paulatinos, en el caso de la Ley del Aborto en Argentina –que en estos días cumple dos años desde su sanción– la modificación social parece ser muy significativa. Eso se desprende de diversos informes presentados por las autoridades de Salud de Nación y de la provincia de Buenos Aires que muestra avances concretos en estas temática: según afirmó Ayelén Mazzina, ministra de las Mujeres, Géneros y Diversidad, “Los números son claros: en estos dos años, disminuyeron las complicaciones y muertes por abortos”. Y la ministra de Salud Carla Vizzotti, dio un ejemplo del crecimiento en esta política: “Ya tenemos en el país 1.437 centros de salud que garantizan ILE e IVE (interrupción voluntaria e interrupción legal del embarazo). Cuando comenzamos había 903 centros. Crecimos un 60% el primer año y un 7,5% en 2021”. Obviamente, el número más sólido de esta temática es la cantidad de intervenciones. Según dijo Valeria Isla, Directora Nacional de Salud Sexual y Reproductiva, “entre enero y septiembre de 2022 las provincias informaron haber realizado 59.267 interrupciones en condiciones seguras en el sistema público. En los doce meses del 2021, fueron 73.487”. Además, se hicieron 187 asistencias técnicas para poder resolver situaciones complejas. Otro dato significativo es que la línea telefónica dedicada (08002223444) recibió –entre enero y octubre del año pasado– 13.752 consultas mientras que en todo 2021 las llamadas fueron 17.943.

Reversión de una mala situación

Un ejemplo significativo de este rotundo cambio de política se verifica en la provincia de Buenos Aires. Según recordó Carlota Ramírez, a cargo de la Dirección de Salud Sexual y Reproductiva en el Ministerio de Salud de PBA, “es la provincia que tiene el 40% de la población del país”. Según la funcionaria, cuando asumieron hace ya casi tres años, la temática prácticamente no existía en el organigrama, en cuanto a falta de insumos, recursos, y “peso” en la estructura administrativa. Tampoco el protocolo estaba alineado al de Nación. Eso se fue revirtiendo y sumaron centros de salud integrales y capacitación para atender y acompañar en estas temáticas. “Hoy tenemos una Red de Acceso al Aborto con 539 establecimientos distribuidos en 132 de los 135 municipios de PBA. En diciembre de 2019 sólo el 38% de los municipios tenía efectores que garantizaran el acceso. Hoy el 98% de los distritos tiene, al menos, un centro especializado en la temática y solo quedan tres municipios en PBA sin establecimientos asistenciales que la garanticen (San Miguel, Capitán Sarmiento y Lezama).
EL 90% DE LAS INTERVENCIONES SE HACE ANTES DE LAS 12 SEMANAS
Ese tipo de cambios no fueron los únicos. Ramirez recordó que desarrollaron un sistema de registro epidemiológico estadístico ya que “ni siquiera se sabía cuántos casos debíamos atender por año o cuánto misoprostol (la droga básica usada para esta intervención) debíamos adquirir y así poder satisfacer la demanda”. Además, en una apuesta por el desarrollo farmacéutico nacional, firmaron convenios de compra con un laboratorio público santafesino, que produce esta molécula en forma local. En cuanto al número, las estadísticas de PBA indican que desde marzo de 2020 se registraron 72.192 situaciones de aborto, de los cuales el 95% se corresponden con abortos intencionales (ILE/IVE).
 
En términos porcentuales, entre 2020 y 2021 hubo un aumento en el acceso de 131%. “Lo cual”, aclara Ramírez, “no significa que haya habido un aumento en el número total de abortos, sino que lo que crecieron fueron los abortos seguros y registrados, que antes eran clandestinos e inseguros”. Y esto redundó en “una baja contundente en las cifras de mortalidad y morbilidad materna por aborto”, datos que están consolidando antes de publicarlos.
 
Otro punto de impacto social causado por la aprobación de Ley es que cada vez más mujeres recurren a la consulta apenas saben de su embarazo no deseado: “el 90% de las intervenciones se hace antes de las 12 semanas. Eso mejora mucho la seguridad del procedimiento de esta práctica ambulatoria”, dijo. Si bien la situación es positiva, a futuro quedan algunos ejes por trabajar. Según Isla, “tenemos que seguir ampliando, en el país el número de equipos de profesionales capacitados, para estas situaciones. Con una mejor distribución territorial podemos mejorar más el acceso. Eso implica también “eficientizar el circuito administrativo, lograr que no se exijan los estudios excesivos para la práctica y sumar nuevos métodos –como el de aspiración manual intrauterina para quienes la necesitan–, y sumar las drogas más nuevas y efectivas, con menores efectos secundarios. También incorporar figuras como el acompañante o socorrista”.  

Una nueva droga para facilitar la IVE

Hace pocos meses, la Organización Mundial de la Salud (OMS) actualizó sus recomendaciones sobre las mejores políticas de salud en esta temática. Y si bien Argentina está alineada, las autoridades de Salud de Nación y la provincia de Buenos Aires están diseñando algunas actualizaciones. Según Valeria Isla, “en los próximos meses planeamos facilitar el acceso a la nueva droga recomendada para la IVE (mifepristona), tanto en el sistema público como privado. Y queremos sumar más profesionales capacitados a los equipos interdisciplinarios que atienden y acompañan estas situaciones, dando la mejor consejería posible. Capacitaremos médicos de diversas especialidades y también nuevos profesionales como las obstétricas y enfermeras”. Otro punto que tienen en carpeta las autoridades es llevar esta temática hacia los centros de atención primaria y también lograr mejorar la atención y controles médicos postaborto en un contexto propiciado por la OMS para dejar definitivamente atrás la criminalización que, durante décadas, predominó en este campo.

Enrique Garabetyan

Argentina y Brasil acuerdan cooperar en la Antártida

En Agendar siempre hemos sostenido que la Antártida debe ser la frontera para las capacidades científicas, tecnológicas y de desarrollo de la Argentina, es bueno que lo hagamos en cooperación con nuestro aliado estratégico Brasil, creemos que eso asegurara a la América del Sur un presencia mas firme en el continente blanco.

Los cancilleres de la Argentina y del Brasil firmaron hoy un Acuerdo de Cooperación Antártica entre ambos países, que ratifica la excelente relación existente en esta materia.
El acuerdo permitirá profundizar la cooperación en una amplia variedad de cuestiones vinculadas a la temática antártica. Es así que la Argentina y Brasil se comprometen a desarrollar en forma conjunta proyectos tecnológicos y científicos, intercambiar información sobre utilización de nuevas tecnologías relacionadas con la gestión del medio ambiente, como así también personal científico, realizar cursos de capacitación de manera conjunta, y facilitar el transporte, alojamiento y otras acciones logísticas, además de utilizar a estos fines a la ciudad de Ushuaia, una de las cinco Puertas de Entrada a la Antártida que existen en el mundo. Actualmente el Programa Antártico Argentino trabaja estrechamente con su contraparte de Brasil (PROANTAR) proveyendo apoyo logístico en la Antártida, y el Instituto Antártico Argentino (IAA) ha llevado a cabo proyectos de investigación científica de manera conjunta con investigadores brasileños en materias tales como biorremediación de suelos, cambio climático, cetáceos, y estudios volcanológicos, entre otros. Asimismo, la Argentina y Brasil, Partes Consultivas del Tratado Antártico, coordinan posiciones en todos los foros antárticos a fin de fortalecer al Sistema del Tratado Antártico, resguardando a esta región del mundo como una reserva natural consagrada a la paz y a la ciencia. Así, por medio de este acuerdo, la Argentina puede estrechar aún más la cooperación antártica con un socio estratégico y continuar ampliando los vínculos científicos y logísticos con las otras Partes del Tratado Antártico.

La saga de la Argentina nuclear – XIII

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Cuando la actividad nuclear argentina está en riesgo, queremos repasar algunos momentos del largo esfuerzo que la construyó El duodécimo capítulo de esta saga está aquí.

Más soles de bolsillo, pero letales

En 1949 todavía no existía ese sol artificial y fugaz, la bomba H de Teller-Ulam de dos etapas, que usa una bomba atómica como espoleta para generar rayos X y comprimir isótopos de hidrógeno. Pero se sabía que los yanquis iban a por ella. El primero de tales soles artificiales existió durante unos nanosegundos a las 11:30 de la mañana del 16 de noviembre de 1952 en el plasma de Ivy King, la primera H, probada por EEUU en el atolón de Eniwetok. Ivy King, y las “H” que siguieron luego, confirmaron que a diferencia de la fisión, la energía de la fusión no tiene límite teórico. La Atomic Energy Commission, entidad más ligada a programas de armas que de energía, entendió también que no se puede chapucear con la cantidad y el tipo de ingredientes de la etapa de fusión: en 1954 «Castle Bravo», la primera bomba H compacta de la historia, terminó generando un 250% más del rendimiento termomecánico y radiante planificados. Peor aún, ignoro si por torpeza o ganosa de estudiar los efectos sobre población humana de la contaminación por «fallout» (precipitación radioactiva aerotransportada a sotavento), la AEC detonó su maquinita infernal no en el aire sino en el suelo del paradisíaco -hasta entonces- atolón coralino de Bikini. Dentro del hongo atómico, mientras éste crecía como una tromba ígnea, superaba la tropopausa y se incrustaba 20 km. en la estratósfera, la polvareda de coral volatilizado se contaminó con el plasma de plutonio y de elementos de fisión de la primera etapa de la bomba H, su detonador. Éste era una bomba de fisión MUY potente. Los átomos ionizados del carbonato de calcio que forma todo suelo coralino, bien salpimentados de radioisótopos emisores alfa, beta y gamma, se enfriaron en la estratósfera y fueron precipitando a sotavento de Bikini. Lo hicieron con un patrón similar al de la ceniza volcánica luego de una erupción explosiva pliniana: lo grueso, arena y arenilla, cae más cerca, lo verdaderamente fino termina cayendo días después a centenares de kilómetros de distancia. Pero a diferencia de la ceniza volcánica, ésta era muy radioactiva. De modo que se jodieron los habitantes de los atolones Alinginae, Rongelap y Rongelik, situados a sotavento. La tripulación de un pesquero japonés, el «Dragón Afortunado 5» empezó un día en altamar raro, con un aparente sol que salía por el Oeste, parpadeaba dos veces y luego se apagaba. Era el fogonazo de plasma que luego generaría el hongo atómico, el cual obviamente no vieron. Estaban lejísimos de Bikini, oculta bajo el horizonte por la curvatura terrestre. Trascartón, horas después y esa misma tarde del 1ro de Marzo de 1954, se ligó encima del barco una camionada de fallout del fino. Afortunado «ma non troppo». Bikini había sido desalojada (el Ejército de los EEUU sabe persuadir con dólares, promesas, argumentos y eventuales culatazos). Pero el resto de la cadena de atolones de las Islas Marshall a sotavento de Bikini, no. Y de la suerte de aquellos habitantes se sabe bastante poco, porque el Pentágono la puso bajo secreto, para no advertir a los soviéticos que tenían algo más fuerte que la mera bomba atómica de fisión. Pero esa suerte (mala) se la puede inferir del destino de los marineros del «Dragón Afortunado» cuando, 13 días más tarde de su involuntario baño de precipitación radioactiva pulverulenta, lograron arrastrar su barco hasta  Yaizu Port, Shizuoka , su rada habitual en Japón. Traían todos la cara ennegrecida y una panoplia completa de grados de enfermedad aguda de radiación, desde quemaduras de piel a pérdida de cabello y de epitelios intestinales que los tenía deshidratándose en continuas diarreas. Estos cuadros y sus complicaciones infecciosas u oncológicas posteriores los terminaron matando uno por uno, el primero a pocos meses del accidente, el resto de enfermedades medulares y tumores sólidos a edades de entre 40 y 60 años en que los hombres japoneses, gente longeva si la hay, sencillamente no se muere. De los 23 hubo uno, Oishi Matashichi, que logró llegar a los 82 años y morirse de cualquier otra cosa. No sin escribir antes un libro, «El día que el sol salió por el Oeste», lleno de historias personales y de documentos desclasificados del Pentágono. Los EEUU le echaron la culpa a los marineros. Lewis Strauss, el presidente de la AEC, no respondió jamás las cartas en que los médicos a cargo de los irradiados le suplicaban que les transmitieran algún abordaje terapéutico. Strauss responsabilizó al capitán del Dragón Afortunado por navegar dentro del área de exclusión decretada por la CEA (no lo hizo, estaba al menos 20 km. afuera, al Este de su límite exterior). Luego añadió que el hombre era un agente soviético, deseoso de generar un accidente que humillara a los EEUU. El primer ministro japonés, Katsuo Okazaki, perfecto funcionario colonial de país ocupado por los EEUU, se negó a exigirle a EEUU indemnizaciones para las familias, e incluso darle tratamiento médico decente a los marineros afectados. Los suministró por decisión propia la Facultad de Medicina de la Universidad de Tokyo, que fue la que publicó (vengativamente quizás) la lista de radionucleídos que habían encontrado en la ceniza: estroncio-90, cesio-137, selenio -141… y uranio-237. Es una ensalada rara. Los tres primeros nucleídos son productos de fisión, coherentes con una bomba A común, cosas que los japoneses en Hiroshima y Nagasaki probaron en cuero propio. Pero el uranio-237 no existe en la naturaleza y tampoco en la ringla habitual de spuzzas radioactivas de una bomba A. Ahí había algo nuevo. El espionaje militar soviético debe haber leído ese informe, escrito por médicos, con interés. Tanto impresionó Castle Bravo a los soviéticos que, ya buenos conocedores de la tecnología de la bomba H, se anotaron en la carrera de potencias crecientes, algo militarmente inútil. Como con casi cualquier artefacto explosivo, la fuerza bruta no determina demasiado el daño: puntería mata potencia. Y en este carrera de fuerza bruta ganaron indiscutiblemente los soviéticos con la Tsar Bomba (“el emperador de las bombas”), detonada en 1961 por la URSS en Novaya Zemlya. Fue limitada deliberadamente a la mitad de su potencia de diseño: había que darle una chance a la tripulación del bombardero que la soltó de no volatilizarse en un patriótico plasma de carbono mientras escapaba. Incluso así limitada, la Tsar de todos modos liberó 2941 veces más energía que la bomba atómica de Hiroshima. Como solía repetir el camarada Pepe Stalin, entre nubes de humo de pipa, en la cantidad hay algo cualitativo. Dicho por un genocida, tiene fuerza. De todos modos hay que admitir -ahí se adivina una decisión de Nikita Khrushov, el nuevo líder soviético antistalinista- que la Tsar Bomba fue una detonación clásica, aérea. Un «airburst» trata de maximizar los efectos termomecánicos estrictamente locales: aplastar edificación -que en la desolada Novaya Zemlya no la había- e incendiarla. Una detonación en tierra es más malvada, porque trata de causar fallout radioactivo a sotavento. bombas Ir “de movida” en 1947 por la fusión, y además controlada, como proponía Richter, era empezar la batalla por la victoria misma. Concepto que a Perón, militar al fin, le gustó. Si Richter no hubiera muerto en 1991, probablemente argüiría (no sin alguna razón) que las bombas H compactas de hoy fusionan algo que tiene litio. En realidad, es deuteruro de litio-6, un isótopo liviano del litio (no se consigue en farmacias).  Cierto, Herr Doktor Ronald, pero son bombas, no reactores. Y además el deuteruro de litio-6 es sólo un fugaz precursor para generar deuterio y tritio. La bomba A usada como espoleta de un artefacto bélico de tipo H fisiona el litio 6 en elementos más livianos, justamente los ingredientes fundamentales de una buena bomba H: deuterio y tritio, para comprimirlos y fusionarlos a continuación con un feroz flash compresivo o “inercial” de rayos X. El universo no fusiona litio, don Ronald, y los hombres tampoco. El Herr Doktor no gastó chirolas, como le había prometido a Perón. Tampoco fortunas incalculables, como sigue repitiendo con estupidez la leyenda antiperonista. A valores de hoy, el austríaco loco “se patinó” U$ 300 millones, en parte debido a que hacía y deshacía la obra civil de su reactor como quien va y vuelve en la vorágine de sus pensamientos. Los compositores que en lugar de una partitura o un piano necesitan de una filarmónica full-time para poder escribir y corregir su sinfonía, salen caros. Y máxime si a los músicos les rompe los violines, cellos y contrabajos a patadas toda vez que se enoja porque la música “no cierra”. Tras mucha e incomprensible construcción, demolición y reconstrucción de su reactor, el austríaco hizo que el 24 de marzo de 1951 el gobierno de Perón provocara pánico en la región, en EEUU y el Reino Unido, cuando anunció que “en la Isla Huemul se habían llevado a cabo reacciones termonucleares bajo condiciones de control en escala técnica”. ¡Epa! La Argentina tenía la fisión, “de yapa” con el litio, “y de yapa de la yapa”, controlada en una gran caja de hormigón en una isla de un lago andino remoto. ¿Podría generar energía eléctrica? Faltaban las líneas de alta tensión, los gendarmes en la guardia de entrada, foto en la tapa de Billiken y escolares de blanco guardapolvo visitando el sitio. Entre 1951 y 1952, los alarmados físicos nucleares de todo el planeta se tragaron, por disciplina, sus ansias de desmentir a Richter con lápiz y papel, desde la pura teoría, aunque podían hacerlo «de taquito». En cambio, trataron de repetir su procedimiento de laboratorio, descripto por el Herr Doktor con la vaguedad y omisiones típicas de quien guarda un secreto comercial patentable. Y en imitar a Richter los grandes físicos nucleares del mundo tal vez hayan gastado mucha más plata que el propio Richter, pero no hubo caso.  De fusión de litio, nada. Lo admitieron con «schadenfreude», alegría malvada, pero también con alguna desilusión: siempre hay más gloria para el segundo en confirmar un hallazgo fundamental que para el primero en desmentirlo. Dar fe de bondad otorga una fama menor pero indudable: es como ser el segundo hombre en pisar la Luna (y aquí, un saludito a don Buzz Aldrin, que sigue vivo). Hubo otra causa más para la desilusión: de haber existido alguna verdad científica básica en el asunto, habría mucha más plata y cerebros para volverla tecnología concreta en los EEUU y la URSS que en nuestras pampas trigueras. Si no la vendíamos se la afanaban. Nos ha sucedido algunas veces con otras tecnologías más legítimas. El miedo “del Club Nuclear” (de 4 miembros, todavía no pintaba China) viró al escepticismo y a las risas vengativas. Las chicanas de la prensa externa hicieron vacilar a Perón, quien tardó lo suyo en asumir que no estaba ante una conspiración mundial antiargentina, y que tal vez el Genio de Huemul estuviera macaneando. No es fácil llegar a ver esas diferencias a bordo de un gobierno que ganó en las urnas por alud, y que está tratando de evitar ese destino de los líderes sudacas desobedientes a los EEUU: golpe militar organizado por la CIA. El Dr. Mario Mariscotti, físico nuclear, exgerente de Investigación y Desarrollo de la CNEA y sin duda el más agudo y documentado historiador de estos hechos, observa con acidez que Perón habría tardado menos de haber metido antes “en el loop” a la Asociación Física Argentina, para auditar al Mago de la Isla. En ese cenáculo revistaban tipos respetados internacionalmente: Enrique Gaviola, Mario Báncora o José Balseiro… pero eran todos radicales o directamente “contras”, gorilas de los de subirse a los árboles. Gaviola, acaso por lo genial, parece haber sido socialmente casi intratable, por lo ríspido. No obstante, Perón persuadió a Báncora y trajo a Balseiro desde el RU a hacer una auditoría técnica del asunto. Tras unos meses, Balseiro entregó su informe: un error de lectura de la instrumentación, punto. En Huemul nunca había tenido lugar la fusión del litio. Remate textual: “El Dr. Richter ha demostrado un desconocimiento sorprendente sobre el tema”. El general tragó saliva y se convenció de que sólo podría tener un programa sólido si aceptaba que lo integraran tipos en algunos casos echados de sus cátedras universitarias por su propio gobierno. Eso debe haber sido duro, pero sentó principios de tolerancia política que se mantuvieron décadas. En la CNEA original y hasta 1976 ser liberal, facho, radicha, peroncho, comunacho, prochino, trosko, apartidario, apolítico o «ni fu ni fa» no determinaba tu vida. Lo que no podías era ser un burro. Balseiro oyó la oferta de Perón y suspiró, pensando en su tranquilo laboratorio en la Universidad de Manchester. Donde no ganaba lo suficiente como para mantener a su familia, porque Inglaterra estaba en plena pobreza de posguerra, mientras que en la Argentina, segundo país acreedor del RU después de los EEUU, aún se tiraba manteca al techo. En fin, que Balseiro se quedó aquí para poder reunirse con su esposa e hijos, pero en el fondo, “pro patria”. Y aquí sigue: su tumba está sobriamente escondida tras una cortina de arbustos en la academia nuclear que fundó en 1955 y que hoy lleva su nombre, el Instituto Balseiro, en el Centro Atómico Bariloche, la mejor universidad tecnológica del país. Estatal, gratuita y pública, además. Por si no quedó claro. El resto de la AFA (hablo de físicos, no de fútbol) también se integró al plan B de Perón, la actual CNEA, y desde su inesperada posición de fuerza, impuso condiciones, libertades académicas, presupuestos, planes a largo plazo y sueldos relativamente altos. Eso estableció pactos que durararían contra viento y marea hasta 1983. En la Noche de los Bastones largos de 1966, la Guardia de Infantería de la Federal, mandada por el General Juan C. Onganía, le rompió la cabeza a bastonazos a la crema de los matemáticos, físicos y químicos que hacían docencia en la Facultad de Ciencias Exactas. Doctores con pergaminos internacionales, se habían plegado a la toma de la misma para defender su autonomía legal y evitar los nombramientos a dedo, en lugar de por concurso. No es fue bien. Pero Onganía ni soñó con entrar a repartir palos y despidos en la CNEA. En parte, porque ahí mandaba más la Marina que el Ejército, y a la Marina le interesaba no la bomba, sino la propulsión naval nuclear. Con la llegada del capitán Pedro Iraolagoytía a la presidencia de CNEA, empezó lo que Mariscotti llama “la época académica” del Programa Nuclear Argentino. Y fue brillante. Pero de aburrida, nada. This is Argentina, ladies and gentlemen.

Daniel E. Arias

El gobierno nacional estableció que los edificios públicos sean sostenibles

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El Gobierno nacional, a través del Decreto 31/2023, publicado en el Boletín Oficial, declaró que los edificios del Sector Público Nacional (SPN) sean sostenibles, mediante el manejo y la gestión de los recursos utilizados en los organismos. El Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, que conduce Juan Cabandié, será la autoridad de aplicación de la norma, cuyo objetivo consiste en la obligatoriedad de implementación de buenas prácticas sostenibles de consumo y de habitabilidad, en consonancia con los principios de progresividad y de no regresión. Las mismas alcanzan la gestión eficiente de la energía eléctrica; el agua; el gas natural; los residuos; las compras públicas; la accesibilidad; la movilidad sostenible y las superficies y espacios verdes. La ejecución de la iniciativa será progresiva y se ofrecerá una guía para su implementación. Se espera que en un periodo de dos años los edificios cumplan con las primeras acciones básicas de sostenibilidad, como la instalación de bicicleteros, la separación de residuos en origen y la compra de electrodomésticos eficientes, entre otras medidas. En tanto, en el plazo de 6 años, se llevarán a cabo prácticas más integrales como la instalación de paneles y de cubiertas vegetales y la adquisición de vehículos híbridos. De acuerdo al grado de compromiso que se desarrolle en cada edificio se otorgarán dos distintivos, el de “organismo público comprometido con la sostenibilidad”, para aquellos que hayan aplicado las prácticas básicas; y el de “organismo público sostenible”, para aquellos quienes hayan aplicado las prácticas más complejas.< En cuanto al programa de implementación, el Ministerio de Ambiente asistirá a los organismos públicos nacionales a través de puntos focales, con el objetivo de brindar asesoramiento técnico y financiamiento.

El Instituto Malbrán detectó y controló un brote de una bacteria resistente a todas las drogas en Argentina

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  • Se trata de la Klebsiella pneumoniae, detectada en tres pacientes entre agosto y septiembre de 2022.
  • Alertan que la amenaza de la resistencia antimicrobiana «ya es una realidad».
El Servicio Antimicrobianos del Instituto Nacional de Enfermedades Infecciosas (INEI)-Anlis Malbrán informó a la comunidad médica y científica que fue detectado y controlado un brote de una bacteria resistente a todas las drogas disponibles en Argentina, lo que para especialistas «es un llamado de atención acerca de que la resistencia antimicrobiana no es problema a futuro sino que está sucediendo aquí y ahora».
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En esta oportunidad se trató de la bacteria Klebsiella pneumoniae que fue detectada en muestras de orina tomadas entre el 28 de agosto y el 15 de septiembre de 2022 de tres pacientes con infección urinaria que habían tenido un trasplante renal en un centro de salud de la ciudad de Buenos Aires.
El informe, que se publicó en estos días, detalla que los pacientes fueron tratados «en forma compasional», es decir para aliviar los síntomas, con tres antibióticos y que «sobrevivieron aunque perdieron sus injertos renales».
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«El brote pudo ser contenido, sin casos fatales y sin reportes de nuevas infecciones PDR (pan-drogo resistentes, es decir, resistentes a todas las drogas) hasta la fecha», señala el documento.
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La Klebsiella pneumoniae es una especie dentro del género bacteriano Klebsiella, compuesto por bacterias Gram negativas de la familia Enterobacterias, que desempeñan un importante papel como causa de las enfermedades infecciosas que aparecen ante la baja de defensas.
En este caso se trataba de una bacteria «pan-drogo resistente», lo que significa que es resistente a todas las drogas disponibles.
«Esto es la evidencia de que ya dentro del territorio nacional hay situaciones de pan-drogo resistencia, es decir, de infecciones que no tienen alternativa terapéutica; esto demuestra que es un problema mundial que también es nuestro y que requiere llevar a cabo un conjunto de acciones en las que cada sector se comprometa con su parte», sostuvo la médica infectóloga Leda Guzzi.
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Uso responsable de antibióticos
En este sentido, recordó que en agosto pasado el Congreso sancionó la Ley 27.680 de Prevención y Control de la Resistencia Antimicrobiana que tiene como uno de sus objetivos fundamentales el uso responsable de los antibióticos, tanto en salud humana como animal y la regulación en su expendio.
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Entre los principales puntos de la ley figuran optimizar el uso de medicamentos antimicrobianos; mejorar la sensibilización y los conocimientos en materia de resistencia a los antimicrobianos; reforzar la vigilancia y la investigación en esta temática, y prevenir y reducir la incidencia de las infecciones asociadas al cuidado de la salud.
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Preocupación a nivel mundial
En diciembre, la OMS alertó que un 8% de las infecciones en sangre intrahospitalarias por la bacteria Klebsiella pneumoniae se volvió resistente a los antibióticos de último recurso, lo que aumenta el riesgo de muerte debido a que se tornan inmanejables.
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El trabajo -que fue el primer informe que el Sistema Mundial de Vigilancia de la Resistencia y el Uso de Antimicrobianos (GLASS, por sus siglas en inglés) realizó haciendo un análisis de las tasas de RAM en 87 países – mostró altos niveles (superiores al 50%) de resistencia en bacterias que con frecuencia causan infecciones del torrente sanguíneo en hospitales, como Klebsiella pneumoniae y Acinetobacter spp.
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Guzzi advirtió que «una vez que emerge una bacteria de estas características puede haber una dispersión a través del contacto, a través de las manos del personal, por eso es tan importante el lavado de manos en toda la población y en las instituciones en particular».
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Como expresó la infectóloga, la resistencia antimicrobiana -es decir la capacidad de bacterias, hongos, virus, de volverse resistentes a la medicación- es una problemática global y se estima que para el año 2050 puede convertirse en la primera causa de muerte a nivel mundial, «si no se genera una respuesta mundial conjunta y sistematizada».

La saga de la Argentina nuclear – XII

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Cuando la actividad nuclear argentina está en riesgo, queremos repasar algunos momentos del largo esfuerzo que la construyó El undécimo capítulo de esta saga está aquí.

Soles de bolsillo, segunda parte

Si se quieren fusionar átomos más pesados, la repulsión magnética entre protones crece en flecha. ¿Fusionar litio, como quiso Richter? Por lo que se sabe hoy, eso no lo hacen ni siquiera otras estrellas mucho mayores que el sol, capaces de sintetizar helio en carbono, carbono en nitrógeno, nitrógeno en oxígeno, y así hasta llegar al hierro, para entonces explotar en supernovas. Por puro impacto neutrónico, algunas de ésas bestias gigantes de color azul fisionan (inversa de “fusionan”) litio, en el calor demoníaco de sus atmósferas. Pero la tentación de dominar la síntesis de elementos más pesados a partir de otros muy livianos siempre fue urticante: fusionando sólo 0,5 gramos de deuterio se podrían obtener teóricamente 500 MW. Eso explica que hoy, además del NIF, existan laboratorios monstruosos como el ITER, un “confinador magnético” en Cadarache, Francia, y otro ejemplo de “Big Science”. Pero el que le mata el punto a todos los tokamaks es el EAST (Experimental Advanced Superconducting Tokamak, or HT-7U) de China, que este enero de 2022 logró mantener un plasma de deuterio y tritio fusión a 120 millones de grados Celsius durante 1086 segundos, casi 18 minutos. Allí en los tokamaks se lucha con repulsión magnética contra la repulsión magnética. Para que los núcleos de deuterio y tritio, todos positivos, no se repelan entre sí, se los amontona y comprime con un campo magnético positivo aún mayor, generado por unos electroimanes que te la cuento incrustados en las paredes de una cavidad toroidal llamada genéricamente “Tokamak”. Los de la Academia de Ciencias de China han desarrollado, como ya se dijo, unos electroimanes híbridos, en parte superconductivos y en parte sólo conductivos, pero capaces de generar campos magnéticos de 42 Tesla, 14 veces más potentes que los de un resonador magnético de usos médicos. Tokamak, contra lo que creen muchos etnólogos, no es una palabra sioux ni designa un hacha de guerra. Es el acrónimo ruso de la descripción técnica de este género de pendorchos para estrujar plasmas de hidrógeno. El ITER lo bancan los siguientes estados y bloques de estados: Unión Europea, India, Japón, Rusia, Estados Unidos, Corea del Sur y la propia China, que acaba de reafirmar que está en el club de los diablos occidentales, pero también que tiene un aparato más lindo en casa. ¿Resultados? En éste y anteriores emprendimientos de tokamaks y «stellarators» (una derivación de los tokamaks), algunos ya decomisionados y olvidados, los “papers” sugieren que siempre faltan diez años más de inversión. Lo dicho: el fin principal de toda organización es defender su presupuesto, y los científicos no son una excepción. Y es siempre así desde 1947. Se van a cumplir 70 años de “sólo faltan 10 años”: habría que celebrar ese aniversario de nada. La timba avanzó, sin embargo. Se ha vuelto más colaborativa, sofisticada y cara. Pero, sorprendentemente, en el caso China, algo más efectiva. No me extrañaría que el EAST, sin ayuda alguna de EEUU o de Europa, en esta década logre sostener una fusión durante horas, y que los chinos ya estén diseñando, previsores, algún sistema de enfriamiento del sistema que derive calor desde el plasma hacia una turbina electrógena. Y aún si logran llegar ahí con un prototipo, nada garantiza la viabilidad económica de los tokamaks como noción. Como suele decir Abel Fernández, el dueño de AgendAR: el que viva, lo verá. ¿Se puede criticar a Perón, en su optimismo cincuentoso por no poder predecir tan laborioso y frustrante futuro energético para la fusión? Sinceramente, ni ahí. En los ’50 todo era posible: finalizaríamos el siglo con colonias humanas en la Luna y Marte, y viajaríamos a ellas con cohetes atómicos. Hasta los automóviles serían atómicos. No fue pensando en automóviles que dos de las mentes más creativas del extinto Programa Manhattan, particularmente el húngaro Edward Teller y el polaco Stanislaw Ulam, ya estaban trabajando en la posguerra inmediata para crear un sol artificial, aunque transitorio. Y en 1949 tuvieron éxito. Eso si «éxito» es la palabra acertada. Lo que lograron Teller y Ullam es la bomba de hidrógeno, que usa una bomba atómica de fisión como detonador, y comprime inercialmente alguna mezcla de uranio y deuterio con un aplastamiento de rayos X. Desde hace 74 años vivimos con la multiplicación de ese tipo de armas y somos, potencialmente, otra especie más en extinción. La bomba termonuclear, de fisión-fusión, cambió la naturaleza de la guerra sin haber sido usada nunca. Podría -y todavía puede- eliminar a la humanidad en un par de pasos: primero, una guerra relámpago (en todo sentido), con un intercambio de a lo sumo dos o tres horas de duración de algunos miles de misiles termonucleares. El segundo paso es largo: la muerte por hambre y sed de los muchos sobrevivientes en un planeta sometido a un largo «invierno nuclear», con el sol oscurecido por una estratósfera contaminada de hollín emanado de ciudades que ardieron como fósforos, y décadas de temperaturas congelantes a nivel del suelo, casi sin fotosíntesis vegetal ni lluvias. No es necesario que se extinga biológicamente la especie para que se extinga la civilización. La civilización existe porque tenemos cerebros, manos, estados-nación y sobre todo (y es mucho más importante) una biosfera. Y sin embargo, precisamente porque la bomba de hidrógeno borra toda diferencia de destino entre ganadores, perdedores y meros espectadores, ha logrado impedir varias veces que los conflictos regionales escalen a una Tercera Guerra Mundial. Las naciones odian la derrota, pero odian más la extinción. Y hoy, con la guerra de Ucrania a la vista, pese a las huevadas truculentas de la prensa de la OTAN y a los exabruptos de Vladimir Putin toda vez que pierde alguna batalla, al parecer la bomba H sigue evitando un conflicto global. Paradójico, ¿o no? El próximo capítulo habla de ese artefacto, la bomba H, entre otras cosas. Lo que sea por seguirlo alegrando, lector.

Daniel E. Arias

El agujero de la capa de ozono sobre la Tierra está en camino de cerrarse en décadas, según la ONU

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  • La franja atmosférica que protege al planeta de la radiación ultravioleta se recuperará por completo en el año 2040 en buena parte del mundo y hacia el 2066 en la Antártida.
El agujero en la capa de ozono de la Tierra, que llegó incluso a ser considerado como el peligro ambiental más temido al enfrentaba la humanidad, se cerrará por completo en gran parte del mundo dentro de dos décadas, gracias a la acción decisiva de los gobiernos para eliminar gradualmente las sustancias que agotan la capa de ozono. Así lo indica una nueva evaluación de la ONU. Esta es la conclusión del panel de expertos respaldado por la ONU, presentado en la 103ª reunión anual de la Sociedad Meteorológica Estadounidense. La capa de ozono que protege la Tierra de las radiaciones ultravioletas –y cuya destrucción se ha debido a las concentraciones de los dañinos gases CFCs empleados por ciertas industrias- va camino de recuperarse totalmente. Si se mantienen las políticas actuales, se espera que la capa de ozono se recupere hasta alcanzar los valores de 1980 (antes de la aparición del agujero de ozono). Esa recuperación se daría hacia el 2066 sobre la Antártida, en 2045 en el Ártico y en 2040 en el resto del mundo. El ozono estratosférico es el principal filtro de la radiación ultravioleta proveniente del Sol, y si esta no es neutralizada y alcanza la superficie de la tierra, puede incrementar los casos de cáncer en la piel, cataratas y afectar el sistema inmunológico en los humanos, entre otros efectos. Un precedente para el optimismo El éxito de la acción sobre la capa de ozono sienta un precedente para motivar las iniciativas para combatir también el cambio climático. «Nuestro éxito en la eliminación gradual de los productos químicos que devoran la capa de ozono nos muestra lo que se puede y se debe hacer, con carácter de urgencia, para alejarse de los combustibles fósiles, reducir los gases de efecto invernadero y, por lo tanto, limitar el aumento de la temperatura”, declaró Petteri Taalas, secretario general de la Organización Meteorológica Mundial. El informe de evaluación científica que se hace cada cuatro años sobre el cumplimiento del Protocolo de Montreal (1989) sobre Sustancias que Agotan el Ozono confirma que se han eliminado de casi el 99 % de las sustancias que agotan el ozono, que fueron prohibidas por este pacto internacional. Se ha logrado revertir la situación Tras la alarmante pérdida de ozono en la década de 1980, la capa que nos protege de la radiación ultravioleta ha ido mejorando constantemente a raíz de la aplicación de este acuerdo internacional que ha ayudado a eliminar prácticamente la totalidad de estas sustancias químicas que agotan la capa de ozono (los CFCs y los HCFCs), empleados como disolventes y refrigerantes en sistemas de frío, entre otras aplicaciones. El resultado, pues, es que el Protocolo de Montreal ha logrado salvaguardar la capa de ozono. El cumplimiento de este acuerdo “ha conducido a una notable recuperación de la capa de ozono en la estratosfera superior y a una disminución de la exposición humana a los dañinos rayos ultravioleta (UV) del sol”, señala el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente. No obstante, esto no significa que no se hayan registrado oscilaciones anuales en el grao de recuperación. De hecho, las variaciones en el tamaño del agujero de ozono antártico, en particular entre 2019 y 2021, se debieron en gran medida a las condiciones meteorológicas. Sin embargo, el agujero de ozono antártico ha ido mejorando lentamente en su área y profundidad desde el año 2000. La respuesta global unificada para hacer frente a los CFC significa que el acuerdo de Montreal debe considerarse «el tratado ambiental más exitoso de la historia y ofrece un estímulo para que los países del mundo puedan unirse y decidir un resultado y actuar en consecuencia», según David Fahey, un científico de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica que es el autor principal de la nueva evaluación. El progreso no siempre ha sido fluido: en 2018, los científicos detectaron un aumento en el uso de CFC, que se rastreó hasta China y finalmente se remedió. La enmienda de Kigali para eliminar los HFC Ha sido una batalla complicada. Los productos sustitutivos de los CFC, un grupo de sustancias químicas industriales conocidas como hidrofluorocarbonos (HFC), resultaron ser gases de efecto invernadero, lo que requirió un nuevo acuerdo internacional. Efectivamente, el acuerdo adicional de 2016, conocido como la Enmienda de Kigali al Protocolo de Montreal, requierió la reducción gradual de la producción y el consumo de algunos hidrofluorocarbonos (HFC). Los HFC no agotan directamente el ozono, pero son poderosos gases que modifican el clima. El panel de evaluación científica estimó que esta enmienda evitará un calentamiento de 0,3 a 0,5 °C para 2100 (esto no incluye las contribuciones de las emisiones de HFC-23). “Que la recuperación del ozono vaya por buen camino según el último informe cuatrienal es una noticia fantástica”, señalo Meg Seki, secretaria ejecutiva de la secretaría del ozono del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, quien destacó la importancia que ha tenido el Protocolo de Montreal en la mitigación del cambio climático no se puede exagerar. “En los últimos 35 años, el Protocolo se ha convertido en un verdadero defensor del medio ambiente”, dijo Meg Seki,  

Lula y Alberto firmaron el relanzamiento de la alianza estratégica entre la Argentina y el Brasil

  • Reproducimos la columna que escribieron para PERFIL los dos presidentes
Dos pueblos hermanos vuelven a encontrarse. Mañana nos reuniremos en Buenos Aires para el primer encuentro presidencial entre Brasil y Argentina en más de tres años. Inmediatamente después tendrá lugar la VII Cumbre de la Celac, foro que reúne a los 33 países de la región de América Latina y el Caribe y que, desde el año pasado, se encuentra bajo la presidencia de Argentina. El evento marcará el regreso de Brasil a este mecanismo de diálogo y concertación regional. Una relación que jamás debería haberse visto interrumpida y que la historia de hermandad latinoamericana logra reanudar.
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Ambos encuentros marcan un nuevo comienzo, justamente en el año en que celebraremos el bicentenario de nuestras relaciones diplomáticas. En Buenos Aires vamos a relanzar la alianza estratégica bilateral con la reactivación de varios espacios de cooperación y diálogo. Son múltiples las áreas en las que volveremos a trabajar juntos en temas importantes para la calidad de vida de nuestras poblaciones, como la lucha contra el hambre y la pobreza, la salud, la educación, el desarrollo sostenible, el cambio climático y la reducción de todas las formas de desigualdad. De una vez y para siempre, la historia será escrita por nuestros pueblos.
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Condenamos todas las formas de extremismo antidemocrático y violencia política
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Vamos a fortalecer el rol de la sociedad civil, los gobiernos estaduales y municipales y de los parlamentos como actores de este reacercamiento. Sabemos que el sueño de estar unidos es ahora una realidad posible.
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Los lazos entre Argentina y Brasil se cimentan en la consolidación de la paz y la democracia. Queremos democracia para siempre. Dictadura nunca más.
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Merecerá especial atención la reindustrialización de nuestras economías, con la generación de empleo de calidad y las inversiones en innovación. El comercio entre Argentina y Brasil ya tiene una alta participación de productos industrializados en sectores estratégicos. La integración entre nuestras cadenas productivas ayuda a mitigar shocks externos, como los que se produjeron durante la pandemia. No podemos depender de proveedores externos para poder tener acceso a insumos y bienes esenciales para el bienestar de nuestras poblaciones.
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Contamos con un sector privado dinámico y emprendedor, cuyo aporte al proceso de integración bilateral es cada vez más necesario. Compartimos el firme propósito de fortalecer los ya sólidos lazos comerciales y de inversión entre nuestros países y promoveremos un seminario empresarial en el marco de la visita presidencial.
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Nuestros países seguirán desempeñando un papel fundamental para la seguridad alimentaria en un mundo que se ve afectado por riesgos geopolíticos y serias interrupciones en las cadenas de suministro. Estamos comprometidos para dotar a nuestra agricultura y ganadería de altos estándares de sostenibilidad y mantener sus altos niveles de productividad.
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Deseamos impulsar proyectos en el ámbito de las infraestructuras. Un tema central de este nuevo momento es la integración energética. La interconexión eléctrica entre nuestros países ya es una realidad y la integración gasífera tiene potencial para convertirse en uno de los proyectos estratégicos de la relación bilateral, con beneficios duraderos en términos de atracción de inversiones, generación de empleo y en lo que hace a nuestra seguridad energética.
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Consolidaremos nuestra posición como poseedores de tecnología nuclear con fines pacíficos, fortaleciendo la Agencia Brasileño-Argentina de Contabilidad y Control de Materiales Nucleares y dando continuidad a proyectos ambiciosos como el del reactor multipropósito. Con la reactivación del Grupo de Trabajo Conjunto en materia de Cooperación Espacial vamos a poner en órbita satélites para realizar estudios costeros y oceanográficos.
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La relación fluida y dinámica entre Brasil y Argentina es fundamental para el avance de la integración regional. Junto con nuestros socios, queremos que el Mercosur constituya una plataforma para nuestra integración efectiva al mundo, a través de la negociación conjunta de acuerdos comerciales equilibrados que respondan a nuestros objetivos estratégicos de desarrollo.
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Tenemos la intención de superar las barreras a nuestros intercambios, simplificar y modernizar las reglas y fomentar el uso de las monedas locales. También decidimos avanzar en las discusiones sobre una moneda sudamericana común que pueda usarse tanto para los flujos financieros como comerciales, reduciendo los costos operativos y nuestra vulnerabilidad externa.
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Decidimos avanzar en las discusiones sobre una moneda sudamericana común
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Trabajaremos conjuntamente para rescatar y actualizar la Unasur, a partir de su innegable legado de logros. Argentina y Brasil están decididamente comprometidos con la construcción de una América del Sur fuerte, democrática, estable y pacífica.
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Necesitamos hacer frente a un mundo cada vez más complejo y desafiante y tenemos una amplia convergencia respecto de la agenda multilateral. Falta voluntad política efectiva para enfrentar los dilemas y las grandes crisis actuales: cambio climático, pandemias, guerras, hambre e inmigración. La ONU y el G20 deben contribuir a llenar este vacío de liderazgo con miras a lograr el cambio. Ambos foros pueden impulsar agendas inclusivas, enviando señales claras para el accionar de organismos como la OMC, el FMI y el Banco Mundial. Trabajaremos de manera colaborativa por la paz y el desarrollo.
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El mundo más justo y más solidario al que aspiramos únicamente será viable si tenemos el coraje de forjar nuestro futuro en común. Ese es el sentido estratégico de la integración bilateral.
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No existe nada más emancipador que la hermandad de los pueblos que vienen de los albores de nuestra historia a tomar posesión de su futuro.
* Presidente de Argentina.
** Presidente de Brasil.
Nota al pie de AgendAR:
Lula y Alberto se olvidan, porque son demasiado jovencitos. Pero el comienzo real del Mercosur fue el momento de 1987 en que el presidente Raúl Alfonsín invitó a su par brasileño José Sarney a visitar la hasta entonces muy inaccesible Planta de Enriquecimiento de Uranio de Pilcaniyeu, medio perdida en la estepa rionegrina.
Sarney se vino de apuro con gran comitiva de ingenieros, físicos y químicos nucleares y se les dio acceso total, y no sólo a Pilca sino a todas las instalaciones de la Comisión Nacional de Energía Atómica. Suspiro de alivio, Brasil pudo comprobar que no existía ni había existido ningún programa argentino de bombas nucleares de uranio, tipo «Little Boy», y tampoco uno de bombas implosivas de plutonio, tipo «Fat Man». Esa historia, aquí.
Eso le permitió a Sarney volver a Brasil y tocarle el silbato de «stop» a los tres programas de bombas de sus tres fuerzas armadas, llamados genéricamente «Programa Nuclear Paralelo». Obedecieron con unos chirridos que se escuchaban en Kamtchatka, pero obedecieron.
Eso le permitió a Sarney invitar a Alfonsín y comitiva de expertos a visitar todas las instalaciones nucleares brasileñas, con cara de «la casa está en orden». Entonces se constituyó la famosa ABBAC, y sobre la base de esa institución nueva y una confianza común absolutamente nueva entre ambos países, se empezó a hablar de negocios bilaterales, y por qué no regionales, y en fin, una cosa llevó a la otra… y nació un niño, el Mercosur actual. Hoy, con todas las luces y sombras de un adolescente algo desorientado, pero quizás a partir de hoy, con nuevas definiciones y algunas promesas. 
Es bueno recordar ese origen atómico dos gobiernos que por ahora no han mostrado intenciones de resucitar planes de electrificación nuclear. Ambos tienen el mismo número de centrales que en 1987: tres por gorra. Y no porque les ande sobrando electricidad.
Daniel E. Arias

Jorge Zaccagnini: «La industria argentina del software debe cambiar»

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  • Es una industria sin demanda de dólares para crecer. El principal insumo de la industria del software es -nada más y nada menos- que la capacidad y el conocimiento.
  • Dos condiciones que los argentinos podemos contabilizar como ventajas comparativas.
El crecimiento y la pujanza que han caracterizado a la industria argentina del software en los últimos años la han llevado ante una encrucijada con tres destinos posibles: la consolidación como jugador importante del negocio global, la mediocridad dependiente y la anomia productiva.
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La continuidad del actual comportamiento productivo condena a la industria del software a una mediocridad dependiente, atada a los vaivenes de un cambiante mercado global en el que la actividad financiera -su mayor demandante de líneas de código pagadas en dólares- replantea sus estrategias de supervivencia.
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¿De qué industria estamos hablando? Es una industria sin demanda de dólares para crecer. El principal insumo de la industria del software es -nada más y nada menos- que la capacidad y el conocimiento. Dos condiciones que los argentinos podemos contabilizar como ventajas comparativas.
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Es un escenario propicio para poder crecer. Existen claras señales de la importancia que el país asigna a las denominadas Industrias del Conocimiento. Se dictan leyes de apoyo al desarrollo de las mismas votadas tanto por el gobierno como por la oposición. Se asignan recursos presupuestarios para incrementar la capacidad de producción de esta industria cerebro-intensiva. En el conjunto de la población se percibe una opinión valorativa y esperanzadora sobre la industria y su desarrollo.
La industria del software tiene como meta desarrollar 400 mil nuevos empleos para 2031
La promulgación a principios de este siglo de la Ley de Promoción de la Industria del Software posibilitó durante dos décadas el creciente desarrollo de la actividad que, además de crecer hasta ubicarse en los primeros lugares en la exportación argentina de intangibles, incrementó sustantivamente el número de trabajadores informáticos con capacidades básicas que facilitan el tránsito hacia una nueva etapa de la industria.
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¿La industria está organizada para aprovechar las ventajas que le brinda el contexto? La respuesta es no. La realidad nos muestra un mercado laboral en el que los trabajadores del software, insumo básico de la industria, deben vender barato su trabajo -localmente o en el exterior- para contribuir a elaborar lo que terminaremos comprando caro como fruto de ese trabajo.
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Un inadvertido actor del crecimiento productivo: el Demandante de Tecnología
El Demandante de Tecnología es un actor fundante del desarrollo tecnológico y productivo. Es la demanda la que genera la innovación tecnológica. Así fue para la micro-electrónica lo que se llamó «la conquista del espacio» en la que soviéticos y norteamericanos se trenzaron en la década del ´60, y lo fue la seguridad norteamericana para el desarrollo de Internet en épocas más recientes.
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Nuestro país carece de jugadores que asuman el rol de demandantes de tecnología de la industria del software. Que orienten y ordenen la producción en beneficio de las pymes nacionales del sector y, de esa manera, contribuyan al superávit comercial del país en la medida de los volúmenes de producción que pueden alcanzarse.
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En los desarrollos productivos antes mencionados, el Estado ha cumplido exitosamente el rol de Demandante de Tecnología. Un ejemplo que quizás le cabe a la Argentina.
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El Estado argentino debe sumir activamente su rol de Demandante de Tecnología. Frecuente comprador de productos tecnológicos desarrollados por otros países y actores económicos, debe tomar la decisión política que lo instale como un demandante capacitado para establecer las condiciones y características de un desarrollo tecnológico y productivo permanente y estable. La Ciberseguridad puede ser el motor de ese desarrollo.
La topadora de la industria del software creó casi el doble de empleos que el sector automotriz
¿Un INVAP de la industria del software?
Se está avanzando en la idea de constituir una empresa estatal productora de software. El Secretario de Economía del Conocimiento Ariel Sujarchuk la propuso públicamente «con un modelo similar al de Arsat e Invap, con el objetivo de tener una respuesta ágil ante las demandas de soluciones que tiene el sector público».
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El éxito de una empresa de estas características necesita de la existencia de demandantes exigentes y precisos de la tecnología que produzca. No es la oferta, sino la demanda lo que genera el desarrollo tecnológico y productivo. Si esos demandantes existen y están presentes, la empresa puede cumplir el objetivo de su creación.
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El ejemplo de voluntad y perseverancia que es INVAP demuestra que es un camino posible. Pero resulta imprescindible tener en cuenta las diferencias entre ese orgullo del desarrollo argentino y la empresa que se desea crear.
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INVAP nació de la necesidad específica de su Demandante de Tecnología inicial, que era la CONEA, de ser provista de circonio, un material que no se producía en la Argentina. INVAP contaba con los dos factores básicos para su desarrollo exitoso.
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La empresa que se propone crear se incorporaría a un sector productivo preexistente, para elaborar productos que otros también pueden producir localmente. Mientras INVAP generaba un mercado de trabajo reducido y de alta especialización, los trabajadores de la industria del software conforman un numeroso sector en constante crecimiento, para el que no se han generado todavía los acuerdos necesarios para asegurarles los derechos a la calidad laboral y protección de su salud que garantiza la Constitución Nacional.
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Creemos que un modelo posible es desarrollar una empresa de capital público-privado, en cuya conducción participen las pymes y los trabajadores del sector, que sea formuladora de productos e integradora de partes desarrolladas por empresas locales, a las que se les retribuya a valores internacionales, pero se les exija que cumplan con normas y procedimientos de calidad de producto y de proceso. En particular, estableciendo niveles de remuneraciones para sus trabajadores que sean competitivas con las que abonan las empresas que los contratan desde el exterior, recuperando su producción y conocimientos para el mercado local e integrándolos al trabajo formal.
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La industria del software debe y puede cambiar. Cuando más posterguemos la decisión política que revierta la situación de ser un país que provee trabajadores de software que son tributarios económicos de los beneficios de otros, más difícil va a ser alcanzar competitivamente el objetivo de ser parte de los países que disfrutan esos beneficios. Las políticas de desarrollo que se establezcan y el acompañamiento y protagonismo de los sectores involucrados que se logre, determinarán el destino de la industria al final de esta década.
Jorge Zaccagnini  El autor es Presidente de Infoworkers

Opinión de AgendAR:

Hay muchas puntas de demanda para una empresa nacional de software como la que pide Zaccagnini. Por una parte están los desarrollos de FAdeA en drones, si se trata de que puedan operar de manera realmente autónoma. Aún el teledirigirlos como si se tratara de aeromodelos, dejándoles resolver sólo la física de maniobra, navegación, aterrizaje y despegue, es algo sumamente complejo.
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INVAP es otro usuario posible, especialmente en sistemas duales de control de grandes espacios geográficos. Esos son algunos de los satélites que diseña para la CONAE o para ARSAT. Pero también podrían serlo los aviones de dirección de operaciones aeronáuticas (AWACS) que podría darle INVAP a la Fuerza Aérea a partir de la reconversión de jets de pasajeros. En 2020 ése era un proyecto muy viable del actual jefe de la aviación, el brigadier general Javier Isaac.  ¿Qué pasó con él?
INVAP también necesita mucho soft especializado para otros proyectos que exceden los radares 2D y 3D que viene construyendo. Uno excepcionalmente atractivo es hacer 5 o 6 estaciones de radares mono y biestáticos en banda HF de control de la Zona Marítima Exclusiva. Un sistema HF costero es OTH, «Over the Horizon», emite siguiendo la curvatura de la Tierra, de modo que puede detectar perfectamente cualquier barco o avión más allá de la milla 200 de la Zona Marítima Exclusiva. Transformaría el Mar Argentino en un «Reality Show», sin lugar para esconder flotas pesqueras piratas, o visitantes militares sin permiso. Y se hace con hardware barato: lo que necesita es software original y muy refinado. Que no te lo vende nadie. Lo cual, para la mirada industrialista de este portal, es lo mejor de todo.
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Otro radar que necesitaría aún de más informática Nac & Pop sería una gigantesca instalación tipo «Jindalee» en Santiago del Estero, capaz de detectar todo lo que se mueva por aire, mar y tierra en el Cono Sur. Nuevamente, los fierros en sí son baratos, pero no así la informática que descifre los ecos de emisión. Este proyecto en particular nos daría una visión de todo lo que se mueve por el Atlántico, parte del Pacífico desde Santiago hacia el Sur, y casi todo el Estrecho de Drake, camino de la Antártida.
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La seguridad informática civil es un mercado aún mayor. ARSAT por otra parte tiene necesidades de seguridad informática para proteger a los muchos clientes de su Data Center, así como a los usuarios de sus satélites geoestacionarios de telecomunicaciones y de sus 36.000 km. de Red Federal de Fibra Óptica.
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NA-SA (Nucleoeléctrica Argentina SA) y la CNEA (Comisión Nacional de Energía Atómica) necesitarían soft de control y de seguridad contra hackeo de las instalaciones nucleares del país. Las propias Fuerzas Armadas ganarían con una oferta nacional de buena calidad de sistemas de ciberseguridad, tanto defensivos como ofensivos. La educación estatal argentina ha sido una gran consumidora de software nacional de muy buena calidad (el Huayra) a través de su programa Conectar Igualdad.
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Lo que se ha visto desde 2006, por dar un año en que el gobierno nacional propuso muchas de estas iniciativas, es la dificultad intrínseca del estado para venderle su producción informática al propio estado, sea en el plano nacional (ministerios y organismos y empresas públicos), provincial o municipal. Los lobbies del software importado son feroces, y defienden bien las «quintitas» de venta que tienen en el país, y van siempre por más.
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Los retrocesos en esto no fueron exclusivos del aún reciente gobierno de Mauricio Macri, o del actual. Ya en tiempos de CFK a ARSAT se le hacía cuesta arriba vender «housing» y «hosting» de su Data Center (sin duda el mejor del país) a otros entes estatales, aunque la oferta en calidad y precio de la firma de telecomunicaciones del estado era abrumadoramente mayor. Las quintitas informáticas de la clase política argentina y sus proveedores, normalmente multis, son búnkeres bien defendidos.
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Y lo nacional es poco tolerado. El sistema Huayra que animaba los 5,4 millones de notebooks repartidas por Conectar-Igualdad en tiempos de CFK a estudiantes de escuelas públicas era, educativamente, una joya, pergeñada por el trabajo de años de mil expertos en informática, en ciencias de la educación y en cada una de las materias de la currícula educativa pública.
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El presidente Macri lo sustituyó por un sistema genérico de Microsoft «made for Sudacas», tan argentino como la isla de Puerto Rico, luego de lo cual -viendo que no había oposición- liquidó lisa y llanamente todo el programa Conectar Igualdad. Quedaron unas 400.000 notebooks sin repartir, mal estibadas, hasta que fueron dañadas por la corrosión de sus baterías. Nadie ha ido preso por ello.
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Las FAA, con la notable excepción -a veces- del Ejército, en materia de equipamiento bélico desde 1956 prefirieron importar chatarra de la OTAN a los desarrollos propios, y dichos descartes, cuando tienen algún nivel de complejidad informática, vienen con el software puesto desde afuera. Los cazas de 2da mano que constantemente nos ofrecen los EEUU vienen con la computadora de misión «chipeada» para no poder realizar operaciones sin autorización del fabricante, como le sucedió a Indonesia con los F-18 que compró nuevos. Pese a sus sensores y armamento, sólo servían para desfile.
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Por algo necesitamos desarrollar drones de observación y de combate, no una gran flota de F-16 de tercera mano. Los drones son nuestros, nuevos, y esencialmente son informática pura, y de la difícil. Las plataformas físicas, sean voladoras, navegantes u orbitales, son casi lo de menos.
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En 2016 el gobierno de Macri discontinuó el SARA, o Sistema Aeronáutico Robótico Argentino, cuando empezaba a hacer sus primeros vuelos semiautónomos con un aparato de demostración tecnológica. Era el punto de partida hacia una flota de drones clase I, II y III, según su capacidad de carga útil y su alcance, pero en 2020 el programa no se reanudó, aunque el Ejército sigue adelante con un par de drones chicos.
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Nuevamente, contra lo que cree casi todo el mundo, hacer un robot aeronáutico no es en sí un problema de propulsión o de aerodinámica, es decir de hardware, sino de control inteligente de navegación, comando y telecomunicaciones, es decir de software. A 119 años del primer vuelo del avión de los hermanos Wright, hay pocos países tan estúpidos como para no saber hacer avioncitos descartables.
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Como sea, en lugar de desarrollos propios estamos comprando drones israelíes. Y descartamos ejemplos como el de Turquía, que en 5 años se transformó en el mayor vendedor de drones militares del mercado mundial, por encima de EEUU, Israel y China. Eso sucedió más o menos en simultáneo con la cancelación del Proyecto SARA por Macri en FAdeA.
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La Armada adquirió un único radar del casi centenar de los diseñados y fabricados por INVAP. Es el radar secundario monopulso de control de tráfico aéreo colaborativo del rompehielos ARA Irízar. Es similar a la veintena de radares de aeropuerto de INVAP, sólo que «navalizado» para resistir la corrosión salina, y con protección contra el frío extremo, amén de las vibraciones y sacudones que recibe un rompehielos al abrirse paso por acometida sobre banquisa de hasta 6 metros de grosor. Funciona joya, pero la Armada de todos modos prefirió un Plessey inglés (!!) como radar 3D principal, y no ha vuelto a hacer pedidos a INVAP para radarizar su flota de combate ni la auxiliar.
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Desde 2012, los radares meteorológicos del SINARAME (Sistema Nacional de Alertas Meteorológicas) son obra de INVAP, y han venido sustituyendo a los importados, que funcionaban cada cual en una banda distinta y para los cuales no había posibilidades de unificar el mantenimiento y los repuestos.
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Este despliegue fue sumamente exitoso, pero adivine qué gobierno nacional lo discontinuó y se quedó debiendo plata a INVAP durante dos años por radares entregados. Y averigüe qué intendente (gobernador, bah) de vaya a saber qué ciudad autónoma fue tan autónomo que se compró un radar meterológico alemán para su propio sistema de detección de tormentas, en general autónomo también del SINARAME.
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La idea de hacer una empresa que sea una INVAP del software tiene que lidiar con un país cuya dirección política ignoró a INVAP durante décadas, pese a que ésta pasó su vida exportando reactores nucleares a Argelia, Egipto, Australia, Holanda y Arabia Saudita. Amigos, si esa empresa nacional de soft se crea y sigue una trayectoria parecida a INVAP, no va a tener una vida fácil. Lo único tranquilo en el día a día de INVAP es el paisaje andino y lacustre que la rodea, allá en Bariloche.
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INVAP estuvo tres veces a punto de quebrar, pero siempre la salvó el estado: el de Argelia, el de Egipto, el de Australia, el de Holanda y el de Arabia Saudita. Fundada en 1974, sólo en los últimos tres años la empresa se volvió conocida por el argentino de a pie, y en cierto modo, un ícono de capacidades que conviene preservar. Lo cual no la preserva demasiado. Un paraguas no te salva cuando llueven adoquines.
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Releyendo propuestas (ver aquí), la idea del Ministro de Ciencia, Daniel Filmus, y del Secretario de Economía del Conocimiento, Ariel Sujarchuk de construir la Administración Nacional de Desarrollo de Software, ANDES, puede ser excelente. Como dice el amigo Zaccagnini y resume bien Sujarchuk, eso no le quita mercado a las PyMES nacionales privadas del rubro informático, sino que más bien les da oportunidades de ganar licitaciones del estado. Si las hay, y si son honradas. No es frecuente.
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En cuanto a la fuerza de trabajo relativamente juvenil, le da la posibilidad de salir de la alienación actual. En lugar de aislados en cubículos o en sus casas, en la todavía imaginaria ANDES un joven puede trabajar en equipo para llegar a productos informáticos terminados, vendibles por buen precio.
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Es bastante mejor que escribir líneas sueltas de código para que alguien arme algo en otro lugar del planeta, y por chauchas. Es el tipo de actividad que un informático que ha escrito más de una vez en AgendAR llama «exportación de sojware», con una «jota» intencional que marca el escaso valor agregado, un producto más parecido a materia prima, en esta industria, que a un producto.
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También es excelente que estos jóvenes puedan volverse trabajadores registrados y tener derechos laborales, vacaciones y jubilación, en lugar de ser desprotegidos, anónimos e intercambiables changarines del teclado, una especie de subproletariado langa.
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En fin, ya sea en la formulación de Zaccagnini o la de Sujarchuk, que en esto se meta el estado nacional y logre elementalmente venderse software complejo a sí mismo, y eventualmente a privados, y eventualmente a exportar, es una buenísima idea.
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Tan buena que es difícil que resista si no está protegida por una Ley de Compre Nacional, como la que en 1971 hizo aprobar el Ministro de Economía, Aldo Ferrer, para garantizar que la construcción de Atucha I tuviera proveedores nacionales, en lugar de venir como un meccano para armar desde Alemania. Esa ley de 1970 tenía alcances más generales… pero no duró mucho. Como tampoco Ferrer.
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Aun si se tiene en cuenta la cascoteada historia de INVAP, tanta audacia como la que proponen Zaccagnini y Sujarchuk pisa muchas quintitas. Y justamente por eso será combatida.
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Y justamente por eso la apoyamos. ¿Nosotros perdernos una quijotada? A veces salen bien. Pregunten en Bariloche.
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Daniel E. Arias

La saga de la Argentina nuclear – XI

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Cuando la actividad nuclear argentina está en riesgo, queremos repasar algunos momentos del largo esfuerzo que la construyó El decimo capítulo de esta saga está aquí.

Soles de bolsillo

nif El resto de los laboratorios artificiales de fusión que tenemos y hemos tenido en este pequeño planeta (26, sin contar el del ya mítico -en todo sentido- Ronald Richter), amén de los que siguen en el ruedo (56 magnéticos, 10 inerciales), logran confinar plasmas con tanta compresión que algunos incluso sobrepasan el punto de ignición del Sol. Chupate esa mandarina, Sol. Pero eso no significa que estén dando resultados. Por empezar, no usan los mismos insumos que el Sol, sino “combustible super”: un cóctel de deuterio y tritio. Este último es otro isótopo aún más pesado del hidrógeno, con un protón y dos neutrones en el centro. Créame, no se consigue en estaciones de servicio. La filosofía general del asunto es que, siendo los neutrones objetos eléctricamente neutros y por ende no repulsivos, cuanto más de ellos le ponga Ud. al plasma, más fácil va a ser ponerlo en ignición. Lo dicho: algunos laboratorios generan rutinariamente temperaturas mayores que el núcleo del sol. Sin embargo, sus plasmas se dispersan, enfrían y apagan en 2 o 3 picosegundos (millonésimas de millonésimas de segundos). Esto vale para los laboratorios llamados “inerciales”. Los “de confinamiento magnético” a lo sumo logran sostener una fusión durante 8 o 9 segundos. Lo cierto es que la factura de la electricidad, aunque en tales sitios no reine el temible Juan C. Aranguren, resulta pavorosa. Inevitable refrescar estas líneas escritas en 2016 con el último «gran avance» (las comillas son irónicas) de EEUU con su principal laboratorio de confinamiento inercial, el National Ignition Facility (NIF) del Lawrence Livermore National Lab. Es difícil explicar el grado de «hype» que hay en esta pseudonoticia de fines de 2022, cuando Jennifer Grenholm, del Dept. of Energy de los EEUU, anunció que por primera vez se logra aplastar un «pellet» de deuterio-tritio con mayor rendimiento en energía radiante recibida que en energía radiante emitida. Sí, ponele. Ese pellet, un complejo tubito de unos 2mm. de diámetro y cuyo costo anda en U$ 700.000 la unidad, se ligó un «flashazo» de luz láser de 2,05 megajoule, entró en fusión y esa ínfima bomba termonuclear que estalló en una cavidad blindada, el Hohlraum, emitió 3,5 megajoules. ¿Ganancia de energía, por arriba del nivel de empate, o «break even», como lo llaman en el NIF? Ni ahí. ¿Quién hizo las cuentas? Las mías son de almacenero pero alcanzan para oler una rata, como dicen en Lanús. Doña Grenholm se olvidó de que los láseres todavía siguen siendo fantásticamente ineficientes como conversores de energía, de modo que para obtener los 192 haces que aplastaron inercialmente ese pellet, hubo que gastar 300 megajoules eléctricos/segundo. Si se trataba de generar energía eléctrica, el experimento consumió 85,71 veces más de la que podría haber generado. La prensa mundial (o la que nos llega) se prosternó, reverencial: por fin llega la fusión nuclear. Energía infinita, mucho más barata y menos contaminante que la mera fisión, qué estamos esperando para cerrar nuestras obsoletas centrales nucleares de fisión actuales, y bla-bla-bla. El condicional de «podría haber generado» es porque es imposible traducir la energía emitida por la fusión de ese pellet a electricidad potencial. La emisión del aplastamiento de un pellet es parecida a la que genera el estallido de una bomba termonuclear: básicamente radiante. Gran despiporre de neutrones, rayos gamma, rayos X, luz UV, luz visible y luz infrarroja. Pero, señorita, señorita, la dinamita no prende lamparitas. De algún modo habría que capturar toda esa energía radiante, tan dispersiva y difícil de acumular, para vaporizar una masa de agua, o de otro líquido capaz de acumular calor, y entonces hacer girar una turbina ligada a un grupo electrógeno, descontando pérdidas térmicas en todas esas conversiones de una forma de energía a otra. Hecha esa ingeniería, ahí hagamos cuentas de nuevo, y juro que el rendimiento en electricidad entregada versus producida va a ser aún mucho menor que 85,71. ¿Un físico ahí, para los números? ¿O alcanza con un almacenero? Pero lo interesante es que Grenholm (y el gobierno de los EEUU) y el resto de la prensa «seria» jamás cuestionaron el sistema inercial del NIF: aún con un buen stock de pellets de deuterio-tritio, sería difícil repetir el experimento dos veces en un día. Y no existe ni está previsto ningún sistema de utilización de la energía radiante para transformarla en eléctrica. Sucede que el NIF no es un laboratorio civil destinado a revolucionar el mundo energético. Es una planta de testeo de las mezclas de deuterio-tritio del stock de bombas termonucleares de los EEUU. Con el tiempo de estoqueo, estas mezclas decaen (el tritio es un débil emisor beta) y eso puede restarle mucha potencia a la explosión final. Nos preciamos de haber sido -creo- que los únicos que en la Argentina dieron esta noticia con grandes reservas, por no decir asquito (las pruebas, aquí). Pensar que de semejante sistema puede salir un suministro constante de vapor vivo para una turbina es el equivalente de calentar agua a escopetazos. Se puede, como decía Angeloz. Sólo que es poco práctico, y máxime con cartuchos de a U$ 700.000 por unidad. Si el gobierno de los EEUU macaneó en 2022 con semejante impunidad Y LE CREYERON, ¿cómo no entender que 71 años antes las potencias de la posguerra no iban al menos a dudar y tragar saliva frente a nuestra afirmación de que habíamos fusionado el litio? Joder… ¿Y si era en serio? La Argentina, después de todo, se había llenado de ingenieros y técnicos, gracias a la educación pública y gratuita, había logrado sacar de la galerita del presidente Torcuato T. de Alvear y de las gorras de la caterva milico-radical de la posterior Década Infame, una industria de armas que te la cuento, la primera petrolera estatal del mundo (YPF) y ya desde antes de Perón, unas fábricas sustitutivas de importaciones que la había transformado de Granero del Mundo en algo más interesante; una Ferretería Industrial del Cono Sur, al menos en plan B, con las importaciones europeas y yanquis interrumpidas por guerra. Si estos bestias de argentos vienen fabricando incluso motores, aviones, y motores de aviones. Y qué aviones. ¿Y si es cierto? Los siempre muy activos espías de la OSS y del SIS en estas tierras deben haber reportado a sus «casas matrices» que al menos el gobierno de Juan D. Perón estaba sinceramente convencido de que esto de fusionar litio era en serio. Tuvieron que ser físicos argentinos independientes los que pincharon el globo de Richter, y lo que les costó… Lo que sigue intenta describir el carácter quimérico de lo que intentaba aquel enigmático austríaco con el litio. Es algo fuera de presupuesto para astros modestos, como nuestro Sol. Es un tipo de fusión que ni siquiera logran algunas estrellas supergigantes azules. Si el alemán era un genio loco o simplemente un loco recomendado como genio por un genio en serio pero muy de otro palo (hablo de Tank), eso lo dejo a consideración del estimado lector. Tengo conocidos con títulos nucleares que todavía hoy me sorprenden defendiendo la probidad científica de Richter, y que creen que la pinchadura de globo fue una operación de inteligencia yanqui. Siempre les pregunto por qué los EEUU o Inglaterra, que estaban a caza de talento nuclear para que no cayera en manos soviéticas, no lo compraron primero. O por qué no lo robaron, según usos y costumbres. Y si no compraron a Richter porque era aliadófobo, como su padrino político Kurt Tank, podían hacerlo con su tecnología, si ésta hubiera existido. Creo que mis conocidos están defendiendo no a Richter, sino el mito de que Perón era un líder a prueba de macaneadores. No existen, salvo en las historietas. Y ciertamente, no era a prueba de recomendadores. Con una presentación Tank, los EEUU también se habrían tirado sobre Richter «de palomita» y le habrían hecho un ofertón para que no se lo llevaran Inglaterra o -peor aún- la URSS. Sólo después le habrían puesto la lupa a su escasísima figuración como físico nuclear en la preguerra. La opinión de Tank, mejor ingeniero aeronáutico de la Segunda Guerra sin discusión, pesaba tanto como la de Werner von Braun, ese señor cuyos misiles V-1 y V-2 mataron a 18.000 personas en Inglaterra y Bélgica, pero cuyo lanzador Saturno V en 1969 le hizo ganar a EEUU la carrera por la Luna. Con el diario del lunes, todos somos infalibles y sabemos la diferencia entre alunizar y alucinar. Los experimentos con Tokamaks y con sistemas inerciales como el del NIF están lejos aún del «break even» energético. Los del NIF, comenzando el siglo, ni siquiera lograban compresiones inerciales explosivas. Recién el 7 de octubre de 2013 pareció que ahí en California iban a dar vuelta la taba, aunque 9 años más tarde es patente que ese futuro no llegó. Aquel 2013 el NIF californiano logró por primera vez hacer implotar dentro de su gran “hohlraum” un pellet cargado con unos miligramos de deuterio-tritio congelados a estado sólido. Lo iluminaron brutalmente con sus 192 haces de láser, y estos generaron una emisión de rayos X en la superficie de la pelotita que aplastó “inercialmente” su núcleo. Como ve, la palabra “inercia” en boca de gentes que piensan en términos de mecánica cuántica tiene significados inhabituales para los meros newtonianos, como yo. Los nucleares hablan raro. Daré pruebas en otro momento. Pero volviendo a lo nuestro, comprimido por estos rayos X a 300 millones de atmósferas de presión hasta llegar a 91 veces la densidad del plomo, el corazón gaseoso del “pellet” alcanzó los 100 millones de grados C y entró en fusión, exactamente como una bomba H en miniatura (y en verdad, lo era). Liberó la misma potencia que 11 kg. de TNT. “We are in business”, dijeron en el Livermore, cuando se les pasó la sordera. Pero lo que no lograron fue un «break-even» energético. Y en 2022, 9 años más tarde, acaban de inventar que sí lo hicieron, aunque macaneando a lo perro con las cuentas. Y es que el «true business» del NIF es testear los «boosters» de armas termonucleares. Y su business real, como el de cualquier organización, es no quedarse sin plata si EEUU entra en recesión, como amenaza. En cuanto al gobierno de Joe Biden: es tan lindo dar buenas noticias… Desde 2013 que el NIF estudia cambiar sus láseres por otros capaces de disparar 10 veces por segundo, en lugar de 1 vez por día. Y ver cómo demonios se cosecha esa emisión de energía radiante, tan breve. En eso siguen estudiando, es decir que tampoco parecen haber avanzado gran cosa. El “hohlraum” del NIF es indudablemente muy robusto. Los de fusión inercial, dicen algunos en el NIF, no son fierros para debiluchos, como esos Tokamaks de los europeos y los chinos. Que no son para debiluchos y tienen al menos un propósito claramente eléctrico. Con electroimanes criogénicos, los Tokamaks están llegando a generar campos magnéticos de entre 14 y 42 Tesla para poder comprimir sus plasmas. Para comparar: un resonador magnético de hospital llega a 3 Tesla. Si te metés en su tubo con prótesis de cadera vieja, de aquellas de acero, te la arranca. Lo dicho: estos muchachos de California están calentando agua a escopetazos, y ahora quieren pasar a hacerlo con una ametralladora capaz de 10 tiros por segundo. Ni empezaron a hacerlo, pero uno supone que los Tokamaks podrían ser modos más inteligentes de calentar agua. Y para los ecologistas, modos con menos huella de carbono, porque el 71% de la electricidad que circula por los EEUU es de origen térmico. Lo real es que todos los laboratorios de fusión siguen más cerca de la ciencia pura que de la aplicada, y lejísimos de la tecnología industrial, aunque los Tokamaks tienen más chances de hacerlo. Por ahora, no son plantas a las que uno pueda enchufar objetos de alto consumo de energía, como un televisor de pantalla de 85 pulgadas, o el Mercosur, o el subcontinente sudamericano, o el planeta. Todavía, a setenta y tantos años de la alucinación de Richter, sigue siendo difícil empardarle la performance al Sol sólo con ingenio y plata. Por ahora, masa mata billetera.

Daniel E. Arias

El Instituto Gino Germani tendrá un edificio nuevo: el Ministerio de Ciencia invierte $ 430 millones

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Será la primera vez que el instituto perteneciente a la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires cuente con un edificio propio. El Germani se integrará al lote en donde se emplaza la facultad, ubicado en el barrio de Constitución. El Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación anunció que hasta el próximo martes 14 de marzo se recibirán las ofertas para la licitación de la nueva sede del Instituto de Investigaciones Gino Germani (IGG), perteneciente a la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires (UBA). El presupuesto acordado para la obra es de 430.152.323 pesos, con un plazo de ejecución de 540 días corridos.

Es el centro de investigación en ciencias sociales más grande de la Argentina.

El proyecto se emplazará en un lote remanente del predio de la Universidad de Buenos Aires, en donde funciona actualmente la Facultad de Ciencias Sociales. El mismo está ubicado en la Ciudad de Buenos Aires, en la manzana delimitada por las calles Santiago del Estero, Humberto 1°, San José y Carlos Calvo, con salida por esta última. El edificio constará de planta baja y 4 pisos, con una superficie específica de 403,06 metros cuadrados y posibilidad de albergar a las casi 700 personas que trabajan en el Instituto. Por su parte la Directora nacional de Planificación del Ministerio de Ciencia y ex Decana de Sociales, Carolina Mera, destacó que el Germani “es el instituto más grande de Argentina y de los más grandes de América Latina. Marca líneas y abre campos de investigación”. El Instituto de Investigaciones Gino Germani es el centro de investigación en ciencias sociales más grande de la Argentina, y también el mayor instituto de la Universidad de Buenos Aires. En él trabajan cotidianamente 275 investigadores e investigadoras, 230 becarios y becarias, 115 auxiliares de investigación, y personal administrativo. El IGG cuenta, fundado en su reconocimiento internacional, con un importante aporte de investigadores visitantes y de estudiantes internacionales que hacen estadías o trabajos en conjunto con los equipos del Instituto.

Estudian fabricar blindajes destinados a la industria nuclear reciclando pilas usadas

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  • Un equipo de especialistas provenientes de la UTN, la UBA y la UNSAM trabaja en la fabricación de blindajes para la industria nuclear a partir del uso de pilas usadas.
  • El desarrollo representa una solución para la disposición final de un residuo contaminante y una alternativa local para reemplazar un producto importado y de alto costo.
En la Argentina, se desechan unas 4.500 toneladas por año de pilas usadas. Se trata de un residuo abundante y muy contaminante, ya que contiene distintas cantidades de metales pesados como mercurio, zinc, plomo y manganeso. El problema es que no existe en el país un tratamiento adecuado para una disposición final segura y, en general, las pilas terminan en rellenos sanitarios o basurales a cielo abierto sin tratamiento alguno.
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En busca de una solución para esta problemática, un grupo de especialistas provenientes de la Universidad Tecnológica Nacional (UTN–SedesHaedo, Buenos Aires y Delta), la Universidad de Buenos Aires y el Instituto Dan Beninson (CNEA–Universidad Nacional de San Martín) comenzó a trabajar en la fabricación de blindajes para la industria nuclear a partir de los metales recuperados de las pilas usadas. Este desarrollo también resolvería otra necesidad, ya que los blindajes que suelen utilizarse son importados y muy costosos.
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“Las radiaciones ionizantes son un tipo de energía que se encuentra no solo en la industria nuclear sino también en instalaciones médicas que realizan rayos x y tomografías, entre otras. En esos lugares, es obligatorio utilizar un blindaje para proteger a las personas, ya que existe un límite de dosis anuales a las que se puede estar expuesto. Lo que se usa, en general, son blindajes de plomo y acero que, además de ser muy costosos, son productos de la minería, por lo que tienen un impacto negativo en el ambiente”, explica la ingeniera química Alfonsina Serradilla, integrante del equipo.
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El proyecto Blind.AR tiene sus raíces allá por el 2012, cuando otro de los integrantes había empezado a estudiar posibles tratamientos para las pilas gastadas. Unos años después, comenzó a tomar forma la idea de darle un valor agregado al residuo, y en el año 2020 se formó el equipo actual que, además de Serradilla, está compuesto por Antonio Bencardino, Néstor Cometti, Ezequiel Fernández, Facundo Fraguas y Celeste Silvoso. Recientemente, el proyecto fue uno de los finalistas del Concurso IB50K, un certamen organizado por el Instituto Balseiro que premia planes de negocio de base tecnológica. .El proceso comienza con la recolección de las pilas usadas, que son llevadas a las instalaciones donde se realizará la fundición de las mismas a temperaturas mayores a 1600 grados centígrados. Luego, mediante un proceso de separación, los compuestos más livianos (líquidos y gaseosos) son destinados al tratamiento de efluentes, y los más pesados (los metales) son los que los investigadores utilizarán para fabricar el blindaje. El espesor del material que se obtiene luego de la fundición va a depender de la cantidad de radiación que se quiera blindar.
De izq. a der.: Facundo Fraguas, Néstor Cometti, Alfonsina Serradilla, Celeste Silvoso y Ezequiel Fernández. Foto: Gentileza Alfonsina Serradilla.
Aún estamos en fase de desarrollo tecnológico, haciendo distintas pruebas, pero desde la viabilidad técnica, no tenemos dudas de que es factible realizar el proceso y obtener un producto adecuado. No existe nada similar en el mercado pero el proceso que proponemos incluye subprocesos que son conocidos en el ámbito industrial y no requieren alta complejidad”, señala la ingeniera. Con respecto a la capacidad blindante del producto, los investigadores realizaron distintas estimaciones, primero a partir de simulaciones matemáticas y luego probaron distintos prototipos de forma experimental. Para ello, pusieron el material obtenido de la fundición de pilas entre una fuente radiactiva y un detector de radiaciones, y compararon su capacidad de blindaje con la de otros materiales, como el acero, el plomo y el hormigón. “Fuimos analizando las variaciones en el detector e identificamos que la capacidad blindante del material obtenido es muy similar a la del acero inoxidable”, afirma Serradilla. Actualmente, los investigadores continúan trabajando en determinar y garantizar distintas propiedades mecánicas y químicas del material. A su vez, comenzaron a avanzar en cuestiones legales vinculadas a marca y patente para que el proyecto avance en el camino de la transferencia tecnológica. “Como somos todos del ámbito técnico-productivo, toda la etapa del plan de negocios nos costó bastante pero aprendimos mucho en el concurso IB50K. Las jornadas de mentoreo y los comentarios del jurado nos sirvieron mucho”, contó la investigadora. En cuanto a la forma de transferencia, todavía no está definida. Una posibilidad es conformar varias unidades de producción en distintas localidades a partir de un licenciamiento de la patente, ya que eso permitiría poder brindarle una solución a los municipios para que gestionen las pilas de forma local y no implique grandes traslados del residuo. Según Serradilla, a partir de la experiencia del equipo, no se necesitarían instalaciones demasiado grandes para poder llevar a cabo el proceso. “Este es un proyecto que vamos haciendo a la par de los trabajos que cada uno tiene, así que es difícil estimar los tiempos de finalización. También va a depender de los recursos y apoyos que podamos conseguir, que son necesarios para, por ejemplo, contratar las instalaciones para hacer los ensayos. Pero nuestra motivación principal es lograr desarrollar la tecnología, demostrar que funciona y hacer un aporte al desarrollo científico-tecnológico del país”, finalizó la investigadora. (Por Nadia Luna / Agencia TSS)