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Hoy el PRV está “argentinizándose” con nuevas adaptaciones al ecosistema pampeano de frontera, delimitado por la isohieta de 500 mm. anuales de precipitación. Esta línea móvil se ha ido corriendo hacia el Oeste desde los ’70, y divide muy a su modo la Pampa Húmeda de la Pampa Seca. En La Celia, donde las lluvias son de una irregularidad casi perfecta, el PRV permite criar un rodeo vacuno considerable (casi 1100 Aberdeen Angus coloradas) de modo simultáneamente extensivo e intensivo.
Si eso no lo desconcertó, veamos lo que sigue: esa cría y engorde ocurren en una explotación mixta. Donde siempre se dedicaron centenares de hectáreas a cultivos industriales, hoy básicamente trigo y maíz: la soja aquí se viene abandonando, ya se verá por qué.
Subrayo: éste es el Ecotono Pampeano, no la Zona Núcleo. Aquí llueve… a veces. Y de modo impredecible. Y en patrones “overos”, como dicen los paisanos: pueden caer 50 mm. de sopetón en los campos del vecino, y cero en el propio. O viceversa. Es raro hasta de ver, pero frecuente.
La Pampa Seca y el Ecotono están muy sobrepastoreados y en proceso de desertización, dicen los manuales, no muy distintos en espíritu de los que Allan Savory no se perdona haber obedecido. Y si con esos pocos datos Ud. piensa que en La Celia deben estar sobrecargando muy poco suelo con demasiados animales, tiene razón. No se imagina hasta qué punto.
Es que ésa y exactamente ésa es la idea-base del PRV. Lo que descubrieron sucesivamente y por cuenta separada Voisin y Savory es que los pastizales y sabanas silvestres funcionan así: grandes rumiantes en sobrecarga… pero amuchados y de paso, siempre de paso; porque alrededor y detrás vienen los predadores. En un ecosistema de cría, los elefantes, los búfalos del Cabo, las cebras, los ñúes y los avestruces son sustituibles por vacunos, ovinos y aves de cría, y los predadores son remplazables por pastores. Lo que no es remplazable es el movimiento, el eterno movimiento.
Es debido a esos pulsos de sobrecarga transitoria que los pastizales silvestres son ecosistemas muy productivos y fundamentalmente estables. A diferencia de los pastizales de ganadería, de agricultura o de rotación convencionales, en casi unánime degradación mundial, los poquísimos que hoy siguen silvestres han conservado sus suelos intactos durante miles de años gracias a una sobrecarga que en realidad no es tal. Esto hay que explicarlo. Lo hacen los administradores actuales de La Celia en estos 2 videos.
Pero para no derivar del tema acridios, el Ekobondi llega a un lote tras su sobrecarga brutal, fugaz y deliberada con “las coloradas”, como se llaman aquí las Aberdeen Angus de raza muy pura: efectivamente, son casi de color zanahoria, y la carga del terreno nunca llega a la densidad maloliente de un “feedlot”: los grandes rumiantes en PRV siempre tienen suficiente pasto limpio de sus propias deyecciones para comer, y lugar para tenderse a descansar. A su vez, los lotes ya comidos por las coloradas y/o sus novillos o terneros/as tienen todavía restos vegetales importantes. Es lo que queda de pastura consociadas de alfalfa y gramíneas: matas del alto de un puño (el suelo en el PRV no debe quedar desnudo). Las plantas quedan cortadas a unos 8 cm. de la base, por la conformación de la boca de los bovinos.
Cuando se van los vacunos se han comido cualitativamente todo lo que les permitió su dentición, incluso pasto ovillo, festucas y agropiros. A esas especies más duras y amargas les hacían asquitos hasta 2015, cuando todavía La Celia estaba bajo manejo extensivo de la Dra. Mercedes García Zubillaga, la generación familiar anterior.
Esta empresa es familiar, técnicamente avanzada desde hace al menos 4 generaciones y respetuosa de lo que en el campo se llama “bienestar animal”. Eso explica su buena salud económica y agronómica lograda sobre sólo 2 propiedades: La Celia, de 1200 ha. y La Susana, de 600 ha., con el incordio de que distan más de 100 km. uno de otro. Los dueños, una sucesión de agrónomos, médicos y veterinarios, siempre cuidaron el suelo: no tienen tanto ni es tan bueno (demasiado arcilloso en La Celia, demasiado arenoso en La Susana, y de las lluvias ya se habló).
La posta la tuvo primero Pedro Zubillaga, ingeniero agrónomo. Lo siguieron el neumonólogo Willis García y la geógrafa Susana Zubillaga, que primerearon en la zona con la entonces novedad de la siembra directa. A recordar: todavía en los ’70 algunos agrónomos ortodoxos, esos de mirar mucho los libros y poco el suelo, todavía ordenaban romperlo con la rastra de discos pesados hasta dejarlo molido como azúcar.
Esa receta endiablada, sumada a la quema de los rastrojos de la cosecha “para fertilizar”, le rebajó medio metro y más a los profundos suelos oscuros de la Pampa Húmeda, librados por pura estupidez académica a la erosión pluvial y eólica operando sobre tierra desnuda. Aquí eso se terminó no bien llegó la tecnología necesaria para sustituirla: la máquina de siembra directa, que cava un pocito vertical e introduce y cubre la semilla, sin romper la estructura del suelo. La Susana y La Celia están bajo siembra directa desde los ’70, y la familia tiene su propia y vieja máquina.
La generación interina (la médica Mercedes García Zubillaga, que tomó la posta con el cambio de siglo) agarró ambos campos en plena furia del cambio climático, con la actual montaña rusa de años extremos de seca o de inundación y la casi desaparición de “la vieja normalidad”, avara pero más predecible. Y es que los extremos hídricos de la Pampa Húmeda se agudizan en esta frontera ecotonal con la Pampa Seca.
Desde 1994, con la la llegada de la soja resistente a glifosato, su monocultivo maníaco y el corrimiento de la isohieta de 500 mm. hacia el Oeste desplazaron masivamente a la ganadería en favor de la agricultura en esta ecorregión. Y la tentación de más de U$ 500 por tonelada de soja en 2012 y 2013 aquí hizo estragos y barrió con las rotaciones con otros cultivos.
Mucho más conservadora (en realidad, más avanzada), la doctora García Zubillaga prefirió mantener a rajatabla todas las rotaciones, las de leguminosas con gramíneas, y las de cultivos con pastoreo. Con eso mantuvo la salud del suelo, pese a su emperramiento en no liquidar el margen de ganancia de la empresa, crecientemente precario, en nitratos y fosfatos petroquímicos. Los usaba, claro que sí, pero muy por debajo de las recomendaciones. “Trabajo para la familia, no para las petroleras”, se peleaba a veces con colegas, agrónomos y contratistas.
Cuando en el pueblo le preguntaban cuándo iba a hacer “feedlot”, en lugar de desperdiciar así tanta hectárea cultivable, la doctora respondía que en esos chiqueros de vacas los animales comen basura industrial (cara) y viven estresadas por el hacinamiento y la mugre. Por ende, se enferman, y eso también es caro.
Por lo demás, como médica, está y sigue estando en contra de que las farmacológicas le vendan el 70% de su producción de antibióticos a los criadores intensivos de animales. El día en que sus pacientes requieren antibióticos betalactámicos o macrólidos para una infección pulmonar, la flora patógena generada en los criaderos de vacas, cerdos y pollos le traspasó sus genes de resistencia a las bacterias que infectan a los humanos, y las enfermedades se vuelven intratables.
Justamente, por eso del “bienestar animal”, desde tiempos del abuelo Pedro Zubillaga tanto en La Celia como en La Susana no se han talado jamás las isletas de monte nativo que interrumpen los campos: es sombra para los animales en verano. “Crecen mejor y gasto menos en veterinaria”, dice todavía la doctora. También es cierto que en los remates zonales los animales de La Celia se venden primero y generalmente a mejor precio, por su peso y su buena pinta.
No hace falta mucha agronomía para ver la conservación de suelos en La Celia, comparando la altura de ese campo con la de los caminos vecinales que lo limitan: las calzadas de tierra enripiada están tan roídas por la erosión pluvial y eólica que forman un cañadón de 2 metros de hondo. En épocas de Pedro Zubillaga, confirman las fotos familiares en blanco y negro, los campos y caminos estaban todos a nivel.
Bajo la administración de la doctora, ortodoxa pero extensiva, los animales eran sólo vacunos, y muy “fifís” para la comida: únicamente le entraban a la alfalfa y la cebadilla de las pasturas trabajosa y costosamente sembradas. Pero a la hora de los números, eso es como limpiarse a dedo la crema y el dulce de leche de la torta y no tocar el bizcochuelo.
Hoy se comen todo lo que sale 8 cm. por encima del suelo, y la cobertura vegetal remanente está llena de animales y semillas útiles, pero hay que saber mirar. Ésa justamente es una especialidad de las gallinas.
Anticipando su desembarco, los potreros comidos por vacunos se encierran con redes de plástico para tener afuera a los zorros, comadrejas y el eventual hurón, que los hay. Vivir desplegando y sacando límites móviles, como red de plástico o alambrado eléctrico es un trabajo inacabable, de romperse el lomo. Es inherente al PRV y no resuelve todos los problemas. Los zorros aprenden cómo burlar las barreras físicas: son zorros.
Cercado el lote, rueda hasta allí el Ekobondi y vacía su cloqueante cargamento de 500 ponedoras. Éstas escarban y escarban (son gallinas), se revuelcan en el terreno para darse baños desparasitantes de polvo, y durante 2 o 3 días, su vista agudísima no perdona bicho ni huevo, larva o ninfa: la hacienda invisible del suelo.
Generalmente hay muchas tucuras: duran lo que caramelos tirados en la puerta de un jardín de infantes. Si hay ootecas, se vuelven alimento balanceado. Las gallinas desinsectan el potrero como no lo podrían hacer muchas pasadas de avión o de camión mosquito, pero no dejan traza alguna de insecticidas. Son insecticidas, pero biológicos.
Lo notable es que también se comen bastantes semillas de las malezas espontáneas del lugar y las propias malezas, ya que están. Las Rhode Island son interesantes herbicidas si hay que resembrar la pastura, o prepararla para maíz o trigo. Y como lo que entra por proa sale por popa, estas aves le dan al terreno una segunda pasada de fertilización.
La primera fue la carga de nitrógeno, fósforo y celulosa salidos de la orina, el bosteo y el pisoteo de las vacas; que son el tractor biológico de esta simbiosis forzada. Luego pasa el Ekobondi, y sobre llovido, mojado.
Vaya anotando cuánta plata se sustituyó, a esta altura, en aplicaciones de urea y de fosfato diamónico, así como de defoliantes. Vaya sumando ahorros, incluidas las muchas contrataciones de laboreos. Y eso en un país que gasta U$ 2800 millones/año en agroquímicos, de los cuales U$ 2440 son importados. No hace falta ser contador para entender que el modelo agronómico actual va acelerando como un Fórmula Uno hacia una pared.
Cuando las Rhode Island se ponen viejas, se faenan. Pero desde la semana 23 de su vida, en adultez, transforman todo lo que crece o se menea en el suelo en carne y huevos, casi uno por día por gallina en su cumbre productiva. Lo hacen sin haber conocido el alimento balanceado industrial… y ahí va otro ahorro. Sólo se les suministra conchilla molida, para un extra de calcio que añada resistencia mecánica a la cáscara de los huevos.
Y estos son marcadamente distintos de los de los criaderos intensivos. Las tucuras, eterna plaga de la zona, y las vaquitas de San Antonio, predadoras inofensivas de otros insectos, le confieren a la yema un color más rojo. La exposición del ave al solazo local –aquí hay más heliofanía- le da al huevo un mayor contenido de vitaminas A y E. Y viene 100% libre de hormonas de crecimiento y de antibióticos, porque la sanidad y el desarrollo muscular de las Rhode aquí se logra con una vida activa y libre.
¿Agua? El Ekobondi está acondicionado con un tanque propio del que sale un caño con varios niples, de donde las gallinas beben exactamente lo que les pide el cuerpo, sin que se desperdicie una gota. ¿Vacunas? Sí, claro, el negocio lo dirigen dos veterinarios, todas las exigibles. ¿Antibióticos? Nones.
¿Antiparasitarios? Olvídate, cariño. Los coccidios, parásitos intestinales que son la perdición de los gallineros estáticos, tienen ciclo de 7 días, pero a los 2 o 3 días de “engallinado” un cuadro, el Ekobondi se muda al siguiente. Y al coccidio se le dice lo mismo que a los vendedores locales de agroquímicos: “Seguí participando”.
Como éste era un artículo sobre langostas (que se fue temáticamente al carajo), estoy hablando demasiado de gallinas. Pero el “core business” de La Celia es la venta de hoy 250 novillos anuales, que en 2015 eran sólo 150, logrados sobre igual superficie.
Desde que en 2015 los Raia-Manrique (y viceversa, es un matrimonio igualitario) fueron desplegando el PRV sobre la parte pecuaria del establecimiento, la producción de carne vacuna fue subiendo 20 toneladas cada año, es decir que cierran 2020 con 100 novillos más que en 2015, pese a que 2016 fue el único año “normalito” en lluvias desde que ambos veterinarios tomaron la posta. Los demás, fueron de encharcamiento o sequía severa, pero en La Celia el impacto fue menor porque el suelo, que nunca estuvo mal, ahora está mejor. Eso se aclara después.
Lo interesante es que un establecimiento que producía básicamente soja, maíz, trigo y carne ahora se volvió una “granja polifacética”. Así la llaman, aunque La Celia es demasiado grande como pasar por granja o chacra. Pero que es polifacética, y cada vez más, póngale la firma. Ponedoras, parripollos y ovejas dan fe.
Como en pueblo chico todos saben todo de todos, desde 2019 los vecinos de Huanguelén se apuran a llegar a las carnicerías, supermercaditos y verdulerías cuando llegan los maples de huevos de La Celia, por libres de antibióticos, antiparasitantes y otras sevicias químicas de criadero. No es que los huanguelenses sean ecologistas: el consumo de agroquímicos en los campos de la zona confirma lo contrario. Pero no son idiotas con su propia dieta.
Con los parripollos de La Celia quizás suceda lo mismo, porque los huevos “generaron marca” en la ciudad, que no llega a 6000 habitantes pero tiene buen nivel adquisitivo. Sin embargo, los parripollos son de una raza (Cobb, los típicos “doble pechuga”) cuya conducta fue modificada por demasiadas décadas de cría intensiva. A diferencia de las gallinas Rhode Island, carecen de hábitos exploratorios. No salen a ganarse la vida: no escarban ni se revuelcan en el polvo para desparasitarse. Se quedan como bobos junto al comedero, de modo que su dieta es más artificial y no rinden demasiados servicios de desinsectación, desmalezamiento y fertilización del terreno.
Se supone que en algún momento la fama local de comida sana que generan los huevos se contagiará a los 400 ovinos que llegaron al establecimiento, el cual venderá –cuando los haya- corderos pesados. Hace tiempo que no se veía ganado lanar en esta zona de la provincia y todavía no es fácil integrarlo al PRV incipiente de La Celia. En el orden previsto, el ovino se intercalaría entre el vacuno y las aves: las ovejas y corderos comen mucho más al ras que los bovinos, y sus deyecciones añaden más fósforo que nitrógeno al terreno. Lo complicado es que al ser la lana un aislante, el alambrado eléctrico de un único cable que contiene, disciplinados, a los vacunos en su lote, con los ovinos hay que ponerlo triple, más abajo y de mayor voltaje. Eso es tiempo, trabajo y plata.
Lo dicho, el PRV no es para dueños ausentes: hay que poner el lomo, aunque el menos en La Celia el trabajo no es rutinario porque todo es un experimento en curso, aunque va saliendo bien. “La Susana”, el otro campo a cargo de los Manrique-Raia (o viceversa) está alquilado porque queda lejos y los distraía de su obsesión, y todo lo que se hace allí es más convencional. Ya volverán a él, como dijo MacArthur cuando se fue de las Filipinas.
¿Qué es lo que les está saliendo mejor a los “y viceversa” en La Susana? Básicamente, el manejo de suelo. El pasto rebrota en la mitad de tiempo que hace 5 años, incluso en invierno. Y como dice con no poca genialidad Héctor Huergo, poeta máximo de la ortodoxia intensiva actual en las llanuras pampeana y chaqueña, el pasto es el principal cultivo de la Argentina. La gran divergencia del PRV es llevar esa verdad hasta sus últimas consecuencias. Ahora en La Celia hay pasto a año completo, porque la respuesta del suelo al tratamiento de recomposición orgánica es visible.
Por empezar, ya no se encharca, pese a la arcilla y a la total falta de pendiente. Es el mal combo de esta zona, donde los arroyos son poquísimos, endorreicos, casi siempre carentes de agua y con invariable terminación en algún peladal blanquecino. Cuando en 2010, año muy lluvioso, conocí La Celia, la enorme propiedad era un damero de charcos a espera de evaporarse o de infiltración: aquel año, con la anoxia radicular, los rindes de la soja y el maíz –normalmente mediocres- fueron una lágrima. Huanguelén no es Pergamino ni Rojas, lectores.
El agua aquí se acumula en superficie sin infiltrarse mucho, hasta que se evapora, y al año siguiente falta. Por eso, con la ruleta rusa que aquí impuso el cambio climático, no pasa año sin que se funda alguna familia otrora rumbosa, con un siglo entero en la zona. Hay que tener muchas hectáreas y espaldas para aguantar el combo de diluvios y secas, de semilla transgénica y agroquímicos dolarizados, y la torta tóxica de impuestos nacionales y provinciales.
Aquel 2010 conocí también “La Susana”: 450 de sus 600 hectáreas eran una laguna llena de garzas y gallaretas. La habría podido recorrer mejor en kayak que en la prepotente Hilux con neumáticos como de tractor en que la atravesamos. A un metro y medio de profundidad se veían, prolijas, las hileras de plantas de soja, ahogadas. Cada una con una inversión de la gran siete en royalties para Monsanto, glifosato, urea perlada, fosfato diamónico y laboreos.
Dicho por segunda vez: en esta horizontalidad de billar del Sudoeste bonaerense, el agua aquí no se va fácil porque se infiltra poco. El PRV cambia este límite porque ahora los terrones –al menos en La Celia- tienen estructura, gracias a su contenido de ácido hialurónico.
Como enseñaba allá por los ’70 en su cátedra de Agricultura General de la Facultad de Agronomía y Veterinaria de la UBA el agrónomo Jorge Molina Buck, este gel pegajoso se genera por la descomposición fúngica de la celulosa incorporada al suelo. De que haya celulosa aquí se encargan las vacas, al pisotear su bosta. Si quiere ver su estructura química base, es ésta:
El ácido hialurónico es una macromolécula constituída por cadenas de carbohidratos complejos, unos 50.000 disacáridos de N-acetilglucosamina y ácido glucourónico cada una. Estas cadenas forman espirales con un peso molecular de 2 a 4 millones de Dalton (es mucho). Y estas espirales retienen moléculas de agua a lo pavote por su gran cantidad de cargas eléctricas superficiales de grupos hidroxilo.
No se duerma, que ahora viene lo increíble. Como descubrió en su laboratorio Molina Buck, un terrón sin hialurónico se derrumba con 50 gotas de agua de medio centímetro de diámetro caídas desde un metro de altura. En cambio con hialurónico, ese terrón sólo se licúa con 1800 gotas, es decir resulta 36 veces más resistente a la lluvia. ¿Qué tal?
Este suelo obtenido a PRV no “se plancha” fácil. Si lo mira con lupa, no forma esa capita de 1 milímetro de espesor provocada por el impacto pluvial. Esa lámina nadie la ve pero –como decía Molina Buck- es impermeable como la fórmica, y constituye, mucho más que la lluvia en sí, la causa física de casi toda inundación de campos, y también de la seca ulterior, porque impide la infiltración, y ni le cuento si hay mucha arcilla.
Fundador de los Grupos CREA y de sus típicas reuniones de productores “de tranqueras abiertas”, Molina Buck, tan lleno de premios internacionales por su entendimiento global de la microbiología del suelo y de los ciclos del agua, aquí fue olvidado al toque de morirse (en 1998).
Molina Buck es nuestro Allan Savory criollo, aunque sin el FAL y sin elefantes muertos en el debe. Su pensamiento científico no podía durar, en medio de la emergente cultura asociada a la agronomía corporativa y petroquímica. Los resultados están a la vista.
El suelo actual de La Celia es poroso, aireado, y almacena bien las erráticas, lunáticas lluvias de este ecotono, que en años secos vuelve a su aridez histórica tan rápido como un ex fumador al cigarrillo. En años terribles, como 2017/8, o como este 2020 en curso, las leguminosas permanentes de raíz larga, como la alfalfa, llegan con lo justo al borde superior de la napa freática, que ahora está a unos 2 metros. Y sobreviven.
Los Manrique-Raia y viceversa (el orden no altera el producto, dicen) todavía no están haciendo rotaciones de pastoreo con cultivo. Con buen criterio histórico y geográfico, subordinan la agricultura a la ganadería.
Lo de ellos no es una vuelta al pasado sino un salto muy meditado hacia el futuro. El negocio núcleo de esta zona durante casi un siglo fue más la producción de proteína roja que de proteína verde. Y ahora vuelve a ello, pero no traccionada por la demanda de la bolsa de commodities de Shangai y a caballo de la cría intensiva, sino por cierta lógica de cercanía.
Un asadito en La Celia convence a cualquiera de la diferencia entre carne criada a pasto y la de novillo de “feedlot”, grasienta y chiclosa. ¿Los chinos entienden esa diferencia? ¿Están dispuestos a pagarla? No, coinciden los Raia-Manrique, ni ahí. Por ahora los chinos con plata están extasiados con poder comer vaca vieja, que era lo que les estaba vendiendo la Argentina hasta que el Covid-19 canceló los embarques.
Pero el mercado interno argentino sí diferencia esa calidad.
El día que China vuelva a comprar carne argenta, tal vez La Celia logre acceder a una certificación de carne orgánica y venderle únicamente a los jerarcas y millonarios asiáticos, cobrándoles un ojo y un riñón. Pero eso va a ser difícil mientras en los alrededores se sigan usando alegremente defoliantes como el 2,4 D y el glifosato.
Por ahora, las cuentas cierran bien porque este año ya son 100 novillos más que en 2015. ¿Qué techo tendrá esta rampa? Lo ignoran. Son gente de índole científica, hablan sobre hechos y evidencias: venden carne, no humo.
¿Va a volver alguna vez la soja a La Celia? Difícil, se encoge de hombros el matrimonio. Te obliga al Roundup, te obliga a los nitrogenados y fosfatados, que es como enterrar dólares, y aún así te empobrece el suelo y te lo plancha por falta de celulosa. El trigo o el maíz en cambio te mejoran la estructura del suelo, y si el maíz rindió mal o bajó su precio, lo usás para la “terminación” (el engorde final) de los vacunos.
¿Piensan en alguna leguminosa sustitutiva de la soja? Sí, la arveja, dicen sin dudar. Te nitrifica el suelo y se exporta bien, pero también se vende sin problemas en el mercado interno, todavía está libre de las interpolaciones genéticas y las exacciones económicas de los abogados de las semilleras, y de yapa, en un apuro, también te sirve para terminar el ganado.
Pero sólo tiene un 23% de proteína, objeta AgendAR (estuvimos leyendo un poco, jovencitos imberbes, trato de hacer notar). Es todo lo que necesitan las vacas, contestan ambos imberbes. El 35% de proteína extra de la soja no les sirve de nada al ganado, porque esa semilla se defiende de los mamíferos con “antitripsinas”, antígenos que bloquean las enzimas digestivas. Ups, los imberbes también leyeron. Además, es lógico que Paz sea imberbe. Máxime con ese embarazo de ¿seis meses?
Las antitripsinas hay que inactivarlas con tratamientos térmicos, siguen. No por nada los chanchos y pollos comen balanceado, Arias, no soja cruda. Y los pueblos del sudeste asiático hierven la soja largamente y la comen como subproducto culinario, tofu, sopa miso, etc.
Si exportás porotos de soja, no estás vendiendo alimentos y ni siquiera estás vendiendo forrajes. Estás vendiendo materia prima para hacer forrajes, capisce? Mucho más abajo no podés caer en las cadenas de valor del “agribusiness” mundial, dice Raia, decidido a destruir mi autoestima nacional.
¿Y cómo les rinde la agricultura comparada con la de sus vecinos?, los provoco, qué se creen. Cuando a los vecinos les va bien, como en 2016, cuando llovió lo justo, confiesan, ellos sacan 4 toneladas de trigo por hectárea, y la Celia a lo sumo produce 3. En maíz, los vecinos aquel mismo año sacaron de 6 a 8 toneladas por hectárea, y la Celia apenas 5.
¿Pero no se funden con esos rindes tan berretas? No, Arias, se asombran/exasperan/extrañan. ¿No entendiste nada? ¿Cómo nos vamos a fundir, si en comparación no gastamos casi nada en genética, fertilizantes, pesticidas y laboreos? ¿Nada de laboreos?, hago un último intento.
Se encogen de hombros: tenemos la vieja máquina de siembra directa que compró Willis, el abuelo de Paz. Y a veces pasamos una vieja rastra “de diente”, de acción muy superficial, con nuestro propio tractor (que tiene como 20 años). Y eso es todo. Tampoco gastamos tanto gasoil.
¿Y no los vienen a ver otros productores? Sí, claro, sobre todo algunos de nuestra generación: están podridos de vivir endeudados como sus padres. Y es que hacemos mucho despelote para difundir el PRV en las redes sociales. ¿Y cómo les va con eso? Más o menos, dicen. Los treintañeros son un público más atento a las redes que a los medios grandes. Y ahora están parando la oreja.
Justo el día anterior a la prohibición estricta de reuniones sociales, La Celia hizo su primera “Jornada de Tranqueras Abiertas”, como aquellas de Molina Buck que allá por los ’70 divulgaron la siembra directa. Huanguelén se daba esos lujos: permitirse reuniones porque no hay casos locales de Covid-19, me explican. Vinieron unos 20 productores, algunos desde otros partidos. ¿Y les gustó lo que vieron? Sí, les gustó. Sobre todo cuando miraron el suelo, dice Alejandro. Sobre todo cuando miraron los números, deja caer Paz.
¿Y qué piensan de las afirmaciones de Allan Savory, de que el PRV termina fijando carbono, en lugar de emitiendo? Qué sé yo… dudan. Si El Viejo tiene razón, va a salvar a la ganadería cuando empiecen a aplicarse impuestos a la emisión de carbono. Eso es algo que va a pasar sí o sí, aunque no sabemos cuándo ni cómo. Si está equivocado, vamos a ser la última generación en comerse un asado.
Los Raia-Manrique confiesan que no saben cuánto carbono absorbe la tierra con PRV, ni tienen modos objetivos y científicos de medirlo, aunque existen. Lo que les resulta evidente es que el suelo está fijando más carbono que hace 5 años. Eso se ve en la cantidad y calidad de pasto, cada vez más tierno, “cercano al punto de descanso de la tierra”, dicen un tanto enigmáticamente, y en los rindes crecientes en toneladas de carne. La Celia fotosintetiza más.
No estamos salvando al mundo de la catástrofe térmica, aseguran ambos veterinarios. No somos hippies ni misioneros. Pero queremos dejarles un buen negocio a nuestros cuatro pibes, cuando tomen la posta. “Preferimos un modelo menos espectacular pero más resiliente y más nacional”, sintetiza Paz. “Y no cultivamos nada a lo que no podamos ponerle valor agregado” redondea Alejandro.
Personalmente, les querría decir, me gustaría que ellos y otra gente como ellos evitaran que otros productores argentinos medianitos terminen en la lona, y malvendiéndole la tierra a una corporación gringa o china. Dos cosas hicieron de la Argentina lo que fue en tiempos mejores e intenta seguir siendo. Fueron la educación pública y la propiedad mayormente nacional de su negocio agropecuario, del cual ya no controla la genética, los agroquímicos, el transporte fluvial y marítimo, y empieza a perder también la tierra. Perdé eso último y te volvés una republiqueta bananera, pero sin bananas.
¿Y qué piensan de la langosta?, les pregunto. Me miran, se miran y veo que “les está carburando el mate”. Claro, vos viniste por eso. Como contestación, me llevan hasta el Ekobondi. Es una caminata larga. La Celia es enorme. Van pintando algunas estrellas. Las luces de los vecinos empiezan a prenderse: uno a 5 km, otro a 8.
Aquí en Huanguelén, hace 103 años, el joven médico Baldomero Fernández Moreno escribió este “haiku” criollo y minimalista que todavía lo recuerda, y que sigue siendo cierto:
Ocre y abierto en huellas, el camino
Separa opacamente los sembrados…
Lejos, la margarita de un molino.
“La tarde se inclina/sollozando al Occidente”, como dijo Obligado, y las gallinas se están subiendo solas al Ekobondi, como se ve en el video. Lo hacen espontánea y colectivamente, son gallinas. Ud. lo puede constatar con cierta incredulidad en este otro video.
En toda la caminata, aunque voy interrogando el suelo con los lentes multifocales, no logro ver ni una triste tucura.
Daniel E. Arias
COVID-19 en Buenos Aires: el «pico» que llega parece seguir el modelo matemático de la UNTREF
Vecinos de paseo en Caballito, este fin de semana. Es uno de los barrios porteños con el R0 más alto. Foto: Marcelo Carroll
El hecho que el el índice de contagiosidad porteño (R0) lleve más de diez días por debajo de 1 -como se informó el viernes- es indicio de que el pico porteño sería cosa del pasado. Con un valor de 0,95, significa que 10 personas ahora contagian a 9,5. Esto, de sostenerse en el tiempo con un descenso paulatino del R0, hace que los casos empiecen a bajar. El otro indicio que alimenta la misma sospecha es que la tasa de positividad en los testeos de PCR viene en descenso en la mayoría de los barrios. El grado de aceleración de los contagios en la provincia de Buenos Aires (el doble de velocidad que la Ciudad en el último mes) implica que todavía el tiempo que transcurre entre un contagio y otro en el promedio nacional se siga acortando. Hasta ahora ese intervalo nunca dejó de achicarse y es lo que indica que el pico nacional aún no se ha superado. Cuando eso suceda los investigadores de la Universidad de Tres de Febrero estarán en condiciones de registrar cuál fue el índice MTBI mínimo de Argentina y agregarlo a la lista internacional. El matemático argentino Daniel Gervini, profesor en la Universidad de Wisconsin, Estados Unidos, hace un seguimiento celoso de las curvas y no tiene dudas: “El pico de contagios en la Ciudad ocurrió el 12 de agosto, mientras que para llegar al pico en la provincia de Buenos Aires faltan entre dos y tres semanas”. Según Gervini, el pico porteño se alcanzó ese día con 112.718 casos confirmados. Mientras que el bonaerense llegaría cuando allí sumen 430 mil casos. Casi el cuádruple, lo que coincide con la cantidad de habitantes de uno y otro distrito. Esa meta inminente no quita que luego no siga habiendo brotes en diferentes partes del país, como viene ocurriendo en las últimas semanas en naciones que ya han superado el pico. Sin embargo, la primera -y más peligrosa- ola de coronavirus en la Argentina será parte del pasado. (En AgendAR publicamos una nota sobre este modelo matemático en julio. En ese momento, predecía el «pico» para mediados de agosto, pero el modelo se fue refinando a partir de la información que aportaban el Ministerio de Salud y las provincias. Pero ya entonces agregamos una advertencia: «El modelo matemático es preciso, pero -advierten infectólogos y sanitaristas- es imposible tener la certeza que toma en cuenta todas las variables. Hay demasiadas cosas que todavía se desconocen sobre este virus»).Biocombustibles: 8 provincias quieren aumentar los cortes. Las automotrices se oponen
«La industria tecnológica se reactiva con el resurgimiento de las computadoras educativas»
Por su parte, el gerente de Camoca, Carlos Scimone, destacó que «después de cuatro años muy difíciles, aparece una oportunidad para reactivar el sector».
«El Gobierno empezó a ver cómo reactivar en medio de la pandemia a todo un sector que estaba relativamente abandonado», señaló Scimone, y remarcó que «es una situación muy complicada la actual, porque por un tema presupuestario el Estado no está en las mejores condiciones de invertir en esto, pero la decisión está tomada».
Indicó que «primero se lanzó la iniciativa para los docentes que consideramos que iba a ser de un volumen inferior», y anticipó que «luego vendrá una segunda etapa que contempla a los alumnos».
Aclaró que «no es una situación fácil», porque señaló que «es preciso primero que vuelvan a poner los aranceles a las importaciones que eliminó el gobierno anterior».
«A partir de ahí podemos estar ensamblando a los 60 días, y el año que viene empezando a fabricar partes y piezas e integrando una industria más completa a partir de marzo».
«El objetivo es volver al 2013 cuando las fábricas estaban produciendo todo tipo de modelo», y estimó que «eso será a partir de segundo semestre del 2021».
Camoca cuenta «con 13 fábricas de computadoras, de las cuales hay cuatro que están abriendo nuevas», y añadió que «de las nueve restantes, hay cuatro que no están operando todavía».
Scimone destacó que «ya se está tomando gente», y precisó que «se emplearon 350 personas en estos meses y para fin de año ese número puede ser de 1.200».
En tanto, el presidente de Cadmi, Federico Freitag, remarcó que «es muy bueno el trabajo conjunto con la Secretaría de Comercio, el Banco Nación y el Ministerio de Educación», y sostuvo que «es un buen plan para llegar a miles y miles de docentes en un primer momento, y a alumnos después».
Subrayó que «se agotaron las 24.000 notebooks iniciales», pero adelantó que «se repetirá esta iniciativa a razón de 30.000 máquinas por mes desde setiembre en adelante».
Además, destacó que «se está pensando este mismo proyecto llevarlo a profesores universitarios», y puso de relieve que «la plataforma de comercio electrónico creada en conjunto por las cámaras es un trabajo mancomunado por un objetivo común que es llegar a miles de maestros todos los meses con los mejores precios y financiación».
«Ya se está hablando también del nuevo Conectar Igualdad para los alumnos», afirmó Freitag, quien señaló: «ya somos varios los que hasta ahora solamente importábamos y distribuíamos, pero rearmamos las fábricas y a partir del último bimestre vamos a estar fabricando las notebooks en la Argentina».
Destacó que «habrá seis fábricas nuevas», y precisó que «se incrementará en un 20% la plantilla de personal de las empresas, es decir, unos 200 empleados en una primera etapa.» Los incendios en Córdoba: imágenes de la CONAE
Estos de Córdoba son sólo una parte de lo que está sucediendo en nuestro país. A los registrados en el Delta del Paraná, que hace pocos días informaba AgendAR, se suman los casi 2.500 focos que han aparecido en el Chaco. Y los incendios forestales que están ocurriendo ahora en California son el segundo y tercero más grandes en la historia de ese estado. Miles de personas han sido evacuadas de sus casas. Hace pocos meses, un fenómeno similar, aún más masivo, se producía en Australia. Nuevamente se extienden los incendios en la Amazonia brasileña y en la boliviana. Más allá de las culpas de la irresponsabilidad y la codicia humanas, será necesario enfocar esto como un problema global, cuando amaine la urgencia de la pandemia.Incendios en las sierras cordobesas, en imágenes satelitales elaboradas por la Unidad de Emergencias y Alertas Tempranas. La animación muestra la evolución de los incendios desde el día 17/5 al 17/8 de 2020, en el área protegida Reserva La Calera, cercana a Ciudad de Córdoba. ? pic.twitter.com/yfARPkLr2q
— CONAE (@CONAE_Oficial) August 25, 2020
FAdeA construirá el avión IA 100-«Malvina» para la Fuerza Aérea Argentina
Se trata de una aeronave de entrenamiento militar y uso civil primario. Se invertirán u$s 2.500.000 en el primer proyecto de producción en serie de un avión en FAdeA luego del IA-63 Pampa II.
El ministro de Defensa, Agustín Rossi, anunció ayer lunes que la Fábrica Argentina de Aviones SA (FAdeA) llevará adelante el desarrollo del avión IA-100 «Malvina», con financiamiento del Instituto de Ayuda Financiera para Pago de Retiros y Pensiones Militares (IAF). «Es una iniciativa innovadora que constituye un punto de inicio para que después se puedan financiar otras inversiones productivas», expresó Rossi en una reunión virtual del Ministerio de Defensa. Sobre la participación del IAF, el funcionario señaló que se trata de «una inversión segura porque está dentro del marco de la jurisdicción de Defensa». «Lanzamos esta iniciativa en un momento en donde la industria aeronáutica está en profunda crisis en todo el mundo, pero en Argentina decidimos apostar fuertemente, porque es de las más importantes dentro de la industria para la Defensa», afirmó Rossi y celebró que «el nombre para el nuevo avión sea el de ‘Malvina’, nombre de mujer y en homenaje a nuestras Islas». Según informó el Ministerio de Defensa, para diseñar este avión de entrenamiento para pilotos de la Fuerza Aérea Argentina se retomó el Programa IA-100, que en 2015 había desarrollado exitosamente un demostrador tecnológico, un prototipo de avión en el que se probaron materiales y capacidades. Del encuentro participaron también la secretaria de Ciencia, Tecnología e Industria para la Defensa, Daniela Castro; el titular del IAF, Guillermo Carmona; la presidenta de la Fábrica Argentina de aviones, Mirta Iriondo; y el jefe de la Fuerza Aérea, brigadier Xavier Isaac, entre otras autoridades. Desde AgendAR señalamos que este es otro paso, un poco mayor, pero en la misma dirección que el que se anunció el jueves pasado: el Astillero Río Santiago finalizará la construcción de dos lanchas LICA que se utilizarán en la instrucción y adiestramiento de los cadetes de la Armada Argentina. Las industrias de la Defensa van retomando, aún en medio de la pandemia y la crisis financiera, el papel que cumplen en todos los países serios: el estímulo a la industria nacional y a la incorporación de tecnología. Confiamos en que estas decisiones sirvan para nuestras Fuerzas Armadas dejen de ser equipadas con material de rezago de otros países. Que después no se puede mantener porque no nos autorizan los repuestos.
Cerebros, langostas y huevos en Argentina – 2° parte
La infografía que repetimos arriba da para el engaño. La langosta que menos asusta, la del tamaño de un delicado dedo índice de dama, a la izquierda, es nuestra famosa Schistocerca cancellata, que por ser una voladora olímpica es la que hace los peores desmanes. En contraste (y del tamaño de una mano de hombre), la tucura quebrachera de la derecha (Tropidacris collaris) come como una motosierra, pero gasta menos energía porque no es tan voladora. Por ende, constituye un problema de resolución más local.
En el resto del planeta y con nombres mucho menos criollos existen aproximadamente 12.000 especies de tucuras, y aunque generan unos enjambres de terror no vuelan gran cosa. Las langostas verdaderas, las voladoras maratónicas como la langosta africana del desierto (Schistocerca gregaria) o su prima cercana, nuestra “cancellata” sudaca, suman apenas 25 especies en el mundo. Pero esas 25 comparten una capacidad inverosímil de transformación somática para evitar la competencia intraespecífica, es decir contra su propia especie.
Si las ninfas nacen a baja densidad, todo bien: los adultos serán voraces pero no muy distintos de las tucuras: vuelo corto y vida hambrienta pero casi sedentaria, aunque nunca aburrida. Es que cuando barren con toda la vegetación de una zona, como les cuesta salir de ella, las tucuras no le hacen ascos al canibalismo. Para una tucura, como dijo alguno, lo mejor es otra tucura.
En cambio si las saltonas nacen muy amuchadas, el adulto encara lo que el acridiólogo soviético Boris Petrovich Uvarov llamó una transformación “de fase”, y que supone cambios estructurales y metabólicos propios del Increíble Hulk enojado. Apretujadas a alta densidad, las adultas intercambian feromonas –mensajes químicos- que disparan reingeniería: aumentan su tamaño, potencian su musculatura, refuerzan sus alas, agravan su hambre, cambian su coloración y enloquecen su conducta.
La fase “on steroids” de una especie parece directamente de otra especie. Enjambra de a millones y puede volar a una máxima de 4 km/hora, pero desplazándose distancias interprovinciales o internacionales si el viento ayuda. En la llanura chacopampeana se han visto “supermangas” de 100 kilómetros de longitud y 10 de frente que tardan horas en pasar. Parecen humaredas desfilando, lerdas, de horizonte a horizonte.
Pero más que humaredas, son un incendio. En un km2 de langostas aterrizadas “para la cena” caben 80 millones de individuos, y comen tanta vegetación como 2000 vacas, sólo que absueltas de ese límite vertical que le impide a las vacas subirse a los árboles. En una noche, liquidan el equivalente calórico de la comida de 35.000 personas.
Lo del equivalente calórico es determinante: las langostas son peligrosas directamente cuando se comen tu comida (normalmente, las cosechas) pero también cuando se comen la comida de tu comida (los forrajes). No es un bicho compatible con una economía agropecuaria con una deriva hacia lo primario, que en medio de la furia sojera llegó a dedicar casi 18 millones de hectáreas a este particular poroto forrajero.

El helidrón RUAS-160 de INVAP, Cicaré y Marinelli en Expoagro 2019
Pero ahora hay opciones más baratas y precisas para la aeroaplicación. El RUAS-160 de INVAP es un helidrón (fusión de «helicóptero» y «dron») argentino multipropósito de tamaño importante (160 kg. con combustible y carga útil). Por ahora hay uno solo, el MET o Modelo de Evaluación Tecnológica. Tal vez dentro de un par de años sean centenares. O miles, si se lo exporta. ¿Es exportable? INVAP es el equivalente argentino en tecnología nuclear y aeroespacial de Rolls Royce o General Electric. La respuesta: sí.
El RUAS-160 creó interés inmediato en el campo: los productores y contratistas lo ven como un sistema económico y preciso de aeroaplicación, superior al avión tripulado en superficies chicas o difíciles por relieve, árboles o viento turbulento. Y pagable en pesos, y con service local.
Con 80 kg. de carga útil límite, con su despegue y aterrizaje plenamente robóticos, con tres planes de vuelo distintos (automático, sin piloto, o semipilotado, con piloto haciendo correcciones de trayectoria, o plenamente manual), el RUAS-160 tiene entre 1,5 y 6 horas de autonomía de vuelo según cuánto cargue. Permite aplicar plaguicidas en dosis muy ahorrativas (3 kg/ha).
Esto lo hace casi sin problemas de deriva por viento, ya que logra operar a una altura muy baja y en vuelo estático, cosas imposibles para un pesado avión fumigador. Augusto “Pirincho” Cicaré, el genio helicopterista de Saladillo, provincia de Buenos Aires (ya tiene 83 años), fue su diseñador original y lo hizo sumamente reconfigurable.
Nicolás Marinelli, piloto y contratista, forma parte de esa asociación tecnológica entre una empresa nuclear y aeroespacial y otra de helicópteros. Es literalmente “la pata rural” de dos tecnológicas fierreras para aterrizar en el campo argentino. Y tanta polvareda levantó el RUAS-160 en Expoagro 2019, que el presentador oficial del helidrón fue Héctor Huergo, de Clarín Rural, el vate del modelo agropecuario actual argentino.
Ahora que en Argentina resucito el Ministerio de la Ciencia, el CONICET y el INTA podrían quizás forjar herramientas nuevas de control biológico: hay hongos del suelo, como los microsporidios. Atacan naturalmente las puestas de huevos. ¿Son cultivables? ¿Sirve rociarlos? ¿De cuáles maneras, y con qué “efectos colaterales” sobre los agrosistemas y la gente?
Hay otros hongos del suelo, como el Metarhizium nosema, que podrían colonizar y comerse vivas a las ninfas o a las saltonas, para ralearlas al punto de que no lleguen a esa transformación de fase que las hace enjambrar. ¿Se puede sacar esta idea del limbo académico y volverla tecnología real, y de paso, patentable en favor de la Argentina?
¿Y qué hay de hackear los sistemas de comunicación de las langostas? New Scientist del 12 de agosto informa que un tal Le Kang, perteneciente al Instituto de Zoología de Beijing, acaba de irrumpir en la internet química de la langosta más común del planeta: la Locusta migratoria, pesadilla no sólo de África sino de casi toda Eurasia. Entre 35 sustancias volátiles que emiten estos bichos, hay 6 que sólo aparecen cuando enjambran.
Entre esas 6 moléculas, hay una llamada 4-vinilanisol. En experimentos de laboratorio, resulta infalible para hacer amuchar a las langostas en fase solitaria. Pero funciona también al revés: cuando se amontonan por fuerza muchas langostas en poco espacio, todas se ponen a exudar 4-vinilanisol. “¡Eureka!”, habrá exclamado Le Kang, aunque en mandarín. “¡La feromona del enjambramiento!”
Langosta hackeada: una Locusta migratoria, con el color gris que toma cuando enjambra
Usando trampas de 4-vinilanisol, Le Kang logró hacer aterrizar mangas salvajes sobre trampas pegajosas, parecidas al viejo papel matamoscas. Nada impide atraerlas a superficies elegidas “ad hoc” donde se las mate con piretroides, con poca contaminación del suelo, del agua, de los pájaros, de otros insectos útiles, y también de peces y anfibios.
Y si se las matara con métodos físicos, las propias langostas serían un eficaz balanceado: descartada la quitina del exoesqueleto, proteína no les falta. Las langostas fritas (chapulines) constituyen una comida popular en México desde tiempos precolombinos: comerse a la comida de la comida de tu comida es pura justicia poética azteca.
Le Kang sugiere diseñar sustancias químicas que bloqueen los receptores del 4-vinilanisol en las antenas de las langostas. Esto podría impediría su enjambramiento y transformación de fase para volar grandes distancias, lo que las libraría a la competencia intraespecífica (y eventualmente, al canibalismo), destino más propio de vulgares tucuras.
Todo este conocimiento merece programas horizontales que unan las reparticiones científicas del estado entre sí, y a todas con la industria privada, los productores agropecuarios y las firmas argentinas de biociencias.
Como me dijo en 2018 el veterinario Carlos van Gelderen, de la Sociedad Rural Argentina, representante entonces de esa entidad ante el directorio del CONICET: “Esta institución es una caja de herramientas donde hay de todo y para casi todo”. Pero ahora, haber por haber, habemus Ministerium.
“En plan habemus”, habemus hasta satélites: está en vuelo el SAOCOM 1A. El 1B, su clon, está, paciente, en plataforma de lanzamiento en Cabo Cañaveral, demorado por la pandemia, a punto de ser disparado desde hace más de un mes y medio por la empresa Space X de Elon Musk.
El radar en banda L de estos aparatos “lee” el agua hasta 2 metros bajo la tierra desde su órbita de 600 km. de altura. Puede discernir ese cambios críticos de humedad del suelo que crean “zona liberada” para la fructificación de huevos de acridio, sean de tucura o de langosta. Cada género y cada especie tienen requisitos de agua bastante exclusivos.
Esta información sobre el agua subsuperficial cruzada con los índices verdes de vegetación obtenidos por sensores ópticos o de radar en banda X permitiría generar mapas de riesgo en el Instituto Mario Gulich, de Falda del Carmen, Córdoba. Podrían usarse para atacar las ootecas, disminuir las aeroaplicaciones y matar “en el huevo” sus costos económicos y ambientales.
Construir esa antena inmensa (la del SAOCOM 1A) ya fue una hazaña de 20 años. Pero ya está en el espacio, y se viene otra.
La especialidad de los SAOCOM, aparatos de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE) es justamente la prevención, control y monitoreo de desastres, desde deslaves hasta erupciones, pasando por derrames de petróleo. Los radares espaciales en banda L son aparatos tan infernalmente complejos y caros que únicamente Japón tiene un fierro similar, el Alos Daichii 2, y es un único satélite, aunque más moderno y potente que nuestros SAOCOM.
Como sea, tenemos 2 de estos, y si a la CONAE el estado le hubiera dado fondos adecuados en lo que va de este siglo, podrían ser 4 y estar ya en vuelo. ¿Ve esa antena del tamaño de un frontón de squash? Pesa 1,5 toneladas, la mitad del satélite. Y no quiera ver lo que costó poner eso en órbita. O revisar su consumo eléctrico. La banda L no es para cualquiera.
Lo esencial de esa antena es invisible a los ojos. Como a todo satélite-radar, a los SAOCOM les da igual que en tierra sea de día, de noche, que llueva, truene o brille el sol: iluminan el terreno activamente con microondas, y eso genera imágenes. En el Instituto Gulich, la CONAE las puede combinar con las de otros 4 satélites italianos en banda X, los Cosmo-Skymed, y el resultado es una visión del ciclo del agua como no la tiene ningún país. Se puede detectar una inundación cubierta por un bosque: la banda X “lee” el techo de hojas, la L mide el nivel de agua debajo.
Hay un convenio –viejo pero vigente- entre las agencias espaciales de ambos países para compartir la información espacial que generarán los 6 satélites volando “en constelación”. Ésta tiene nombre, Sistema Ítalo Argentino de Satélites de Gestión de Emergencias, o SIASGE.
La capacidad de observación predictiva de los ecosistemas agropecuarios que cobró el SIASGE con esta “constelación XL” es un poco inexplicable, porque es la primera de la historia. Y es que la banda L es tan nueva en el espacio que constituye una solución en busca de problemas. Incluso de aquellos que no queremos ver.
La tucura sapo, o Bufonaris claraziana, carente totalmente de alas, muy dañina en la Patagonia
Y problemas nunca faltan. Curiosamente, la humedad que a fines de 2019 permitió nacimientos multitudinarios de saltonas en el desierto arábigo, en nuestra Patagonia funciona al revés: es cuando la tierra se seca demasiado que hay peligro de enjambre de la tucura sapo, o Bufonaris claraziana. Y es que la desecación mata los hongos y bacterias que normalmente infectan las ootecas de este gran villano regional, bicho voraz y temido.
Los satélites de la constelación XL, diseñados inicialmente para prevenir inundaciones y sequías, e incluso también predecir cosechas o momentos de siembra, según la cantidad y ubicación del agua subterránea, nos darían alertas tempranas de posible nacimiento de acridios. A nosotros y al mundo, en realidad. Y eso se cobra, aunque no siempre.
A 24 millones de campesinos africanos del Este y de Medio Oriente los cultivos y cosechas de 2020 les han desaparecido. Acaba de suceder, durante la última y peor infestación de Schistocerca gregaria en 23 países (Etiopía, Somalía, Kenia, Pakistán, Tanzanía y sigue la lista). Jamás seríamos tan cretinos como para cobrarles. Ni tan estúpidos, máxime con la cantidad de alimentos que este año empezó a comprarnos un poderoso vecino de esa lenta catástrofe, Egipto. El prestigio regional paga de otros modos, pero paga siempre.
Todo esto me obliga a hablar de guerrilleros y edafólogos, de elefantes africanos, de vacas Aberdeen Angus coloradas, de gallinas Rhode Island de similar tonalidad e, inevitablemente, del gran poeta argentino Baldomero Fernández Moreno. Pero eso mañana, cuando esta historia de langostas se termine (de modos raros e inesperados).
(Concluirá mañana)
Daniel E. Arias
Argentina y el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura
Prueban en el Hospital de Clínicas sustancias prebióticas en el tratamiento del coronavirus

LA MICROBIOTA INTESTINAL TAMBIÉN REGULA EL SISTEMA INMUNITARIOLa explicación de esta relación entre intestino e inmunidad es algo reciente: “En los últimos años se fue comprobando que la microbiota intestinal no solo se ‘ocupa’ de la digestión sino que también participa o influye en muchas otras ‘funciones’ del metabolismo, entre ellas en el funcionamiento del sistema inmunológico”, explicó Piskorz. Otro elemento que animó a los expertos del Clínicas a probar esta idea se basa en un dato intestinal que se conoce hace ya tiempo. “Muchas personas con sobrepeso, hipertensión, diabetes y otras comorbilidades –situaciones hoy asociadas a un mayor riesgo de vida ante una infección por coronavirus– poseen una flora intestinal menos rica y muestran menores concentraciones de algunas bacterias consideradas “saludables”, como las bifidobacterias y los lactobacilos”, recordó la experta. Por eso consideraron que, si lograban equilibrar la flora, tal vez el sistema inmune de estas personas esté en mejores condiciones ante la infección. Ensayo Para seguir esta pista armaron un protocolo de investigación y un ensayo esponsoreado por la firma italiana Silvateam, relacionada con la producción industrial de estas moléculas. El estudio, que aprobaron las autoridades del hospital, incluye suministrar a 140 pacientes con diagnóstico de Covid “leve” o “moderado” dos cápsulas diarias de un suplemento dietario elaborado en base a extractos de taninos de quebracho y castaño, mezclados con vitamina B12, durante 14 días. Como el estudio es del tipo doble ciego, la mitad de los internados recibe el suplemento y la otra mitad un placebo, en forma aleatoria. En no más de cuatro semanas, el equipo del Clínicas espera tener finalizado el análisis “y ya podremos saber si esta intervención resulta eficaz y si tenemos una herramienta nueva para sumar en el tratamiento del Covid-19.”

Enrique Garabetyan
En defensa de la tecnología nuclear argentina
Central nuclear Embalse, Córdoba, una CANDU 6
El Dr. Caro parece poner en duda la viabilidad económica (por costo) de la generación nucleoeléctrica en general, pero de la CANDU en particular. Nos ocuparemos sucesivamente de ambas cuestiones.
En el último informe (actualizado a marzo 2020) sobre la economía de la energía nuclear, “Economics of Nuclear Power” de la World Nuclear Association[7] se muestra cómo la energía nuclear se mide contra otras fuentes de generación eléctrica. La comparación involucra a una serie de países (Francia, Corea del Sur, Reino Unido, EEUU y varios otros) y diversas fuentes: carbón, nuclear, gas, eólica onshore y offshore y solar fotovoltaica.
El informe toma como métrica el costo nivelado de la energía (LCOE, Levelized Cost of Energy) a lo largo de toda la vida útil de las centrales y revela que la nuclear aventaja a casi todas las demás. Su costo es inferior para tasas de descuento menores o iguales al 7% anual y en muchos casos aún para tasas mayores.
También señala ese informe que los costos sistémicos de las fuentes renovables son enormes, aunque raramente se habla de ellos. En general implican la construcción de una infraestructura de transmisión muy costosa para llevar la electricidad desde fuentes dispersas a las grandes ciudades. Y para asegurar que la provisión eléctrica sea confiable, esas fuentes intermitentes y/o impredecibles (el sol, el viento), que además tienen factores de carga muy bajos, deben asegurarse generación de respaldo disponible 24x7x365, es decir respaldarse en generación de base.
Estos costos sistémicos se suman a los de construcción y operación, pero los paga directamente el consumidor, o el contribuyente a través del estado. Los costos sistémicos son tan pesados como los de generación, pero en general se los omite a la hora de comparar cuánto cuestan realmente los MWh nucleares contra los de centrales tan dispersas, intermitentes y/o impredecibles.
Toda nueva central añadida a una red la cambia, y añade costos. En el caso nuclear, estos añadidos son poco significativos, si se los compara con los de integración de una red dispersa y llena de renovables. No estamos tratando de convencer de ello al Dr. Caro. El sabe estas cosas de sobra. Pero queremos eliminarlas de la argumentación para desbrozar el campo de debate, que debe abarcar a los decisores políticos.
Tampoco es correcta la afirmación del Dr. Caro sobre que la tecnología CANDU no haya evolucionado. CANDU Energy hoy es una empresa privada y relativamente pequeña del grupo de ingeniería Lavalin, pero también es heredera de la tradición tecnológica de la extinta AECL estatal. Hace poco CANDU Energy firmó un contrato con China para colaborar en la implementación de dos AHWR (Advanced Heavy Water Reactor). China los usará como post-quemadores para seguir sacando electricidad de los combustibles gastados que se extraen de sus reactores convencionales PWR de uranio enriquecido.
El AHWR es un reactor de generación III de 700 MW. Cumple con los últimos estándares y requerimientos internacionales en materia de seguridad, los llamados “Post Fukushima”. Incluye nuevos y mejorados sistemas activos y pasivos de seguridad junto con un diseño estandardizado para reducir los costos de mantenimiento y de capital [9].
La antigüedad de una tecnología no es sinónimo de su obsolescencia. Para el caso, la tecnología base PWR de la central Hualong-1 que le compraríamos a la China National Nuclear Corporation (CNNC) es bastante más vieja que la CANDU, y sigue siendo una vía excelente y segura de generación de energía eléctrica… al menos para quienes producen uranio enriquecido.
Eso sí, puede ser inconveniente para quienes no tienen enriquecimiento doméstico, ya que el abastecimiento es externo y depende de decisiones diplomáticas de terceros. Dicho de otro modo: si hay desacuerdos fuertes con China por temas de pesca pirata en la Zona Económica Exclusiva de Argentina, o por patentes de semillas transgénicas o porque nos atrasamos en un pago de deudas, alguien en Beijing puede dejar sin combustible a una central de 1065 MWe y cortarle la luz a casi todo el AMBA. Y si los demás proveedores de uranio enriquecido (EEUU y la UE) respaldan esa postura china, ese apagón en el área más poblada e industrializada de la Argentina puede durar y costar más que la insuficiencia eléctrica crónica que aqueja a Sudáfrica.
Nuevamente, para Argentina antes debería estar la seguridad operativa y la de suministro y luego los costos. Pero hablando de costos, van algunos números comparativos entre las opciones CANDU y Hualong-1, con los que tenemos otro desacuerdo con el Dr. Caro. Usaremos los empleados en un informe de una comisión argentina de expertos en centrales formada en 2016 para opinar sobre estas dos opciones.
El CANDU estaba estimado en U$ 5.672 M con una potencia neta de 685 MWe mientras que el Hualong-1, con 1065 MWe, se reportaba en U$ 8.042 M. Hoy después de más de 4 años de negociaciones se habla de U$ 7.900 M para la Hualong-1,aunque sin ponerle valor a la supuesta transferencia de tecnología, y sin mencionar tampoco que el proveedor quiere algunos cientos de M U$ más por transferirnos la tecnología de los elementos combustibles, algo por lo cual la CNEA jamás pagó un centavo, como dijo repetidamente desde AgendAR el Dr. Carlos Aráoz. Como sea, la cifra que da el Dr. Caro, U$7.500 M, nunca estuvo en ninguna mesa de discusión.
Tomando en cuenta un factor de carga para la CANDU de 0.91 y un factor de carga promedio para los PWR en China de 0.87, tenemos un costo de inversión por kWe de U$ 9.099 para CANDU y U$ 8.680 para Hualong. Dadas las incertezas en estas cifras, no hay diferencias significativas entre las dos centrales desde el punto de vista del costo de inversión unitario.
Si la energía nuclear no fuese competitiva contra las fuentes térmicas o las renovables, algo que al Dr. Caro le produce dudas, no lo sería para ambos tipos de reactores, sin importar si se trata de un CANDU argentino o de un PWR chino como el Hualong-1.
Pero a sumar, está el hecho de que el uranio enriquecido es significativamente más caro que el natural. Con ese agravante innegable e innegociable: el uranio enriquecido lo tenemos que comprar en el exterior si quieren vendérnoslo, el uranio natural lo producimos nosotros.
El gasto en combustible por año para la CANDU es de 23.6 M U$ (con 3.93 U$/MWh). El valor que para la Hualong cita el Dr. Caro es de U$ 7.45/MWh [8]. Nosotros tenemos un valor medio mundial de U$ 7.67/MWh, no es una gran diferencia.
Pero para igual cantidad de energía anual producida que una CANDU, una Hualong-1 estaría gastando U$ 46 M, poco menos que el doble. En 30 años, eso sumaría una diferencia de U$ 673 M favorable para una CANDU. Pero dado que ambas centrales deben durar al menos 60 años, el ahorro con la CANDU a tan largo plazo parece mucho mayor. Sólo que nos resulta un poco aventurado estimar los costos comparativos de uno y otro combustible en, digamos, el año 2080.
Sin embargo, la diferencia fundamental, de lejos, entre las dos opciones es que la central CANDU tal como nosotros la proponemos puede ser hecha en nuestro país, en pesos, hasta en un 70% o más. Esto es alrededor de U$ 4.000 M pagaderos en pesos, derramados para revitalizar la industria nacional.
CANDU genera trabajo argentino de calidad, moviliza el mercado interno, especialmente a muchas PyMES avanzadas de ingeniería, montaje, metalúrgicas, metalmecánicas, electromecánicas, electrónicas e informáticas que se prepararon con la terminación de Atucha II y luego con el proyecto de extensión de vida de Embalse.
Estas empresas ya se calificaron con estándares internacionales de calidad nuclear. Darles una obra como Atucha III CANDU sustituiría exportaciones y minimizaría la erogación en divisas que no tenemos. Nada de esto sucedería con una central Hualong-1 “llave en mano”, asunto en el cual la industria argentina quedaría de mirona, con una participación mínima y simbólica.
Comprar “llave en mano” una Hualong-1 es exportar trabajo de calidad a China. Y aquí no sobra.
La tecnología CANDU aquí no está muerta. Veamos cómo sigue –si sigue- en el mundo.
¿EL MERCADO PARA LOS REACTORES CANDU HA DESAPARECIDO?
Complejo de 2 centrales nucleares CANDU en Fuqing, China
Señala el Dr. Caro en su artículo que el mercado para reactores CANDU desapareció. Una revisión de proyectos CANDU en danza hoy nos obliga a revisar algunas cifras indicadas por nuestro colega.
India acaba de inaugurar una unidad CANDU, tiene tres en construcción avanzada y diez planificadas. China tiene planificadas esas dos nuevas unidades CANDU para quemar combustibles usados descargados de su impresionante flota de PWRs [9].
Esto hace un total de 16 unidades CANDU que, con su vida útil de 60 años han de llegar funcionando a fines de este siglo, sin contar las anteriores a las cuales se les va a extender la vida en los años venideros, como ya se hizo con Embalse, en Córdoba. Este es el mercado de unidades CANDU vigente al momento en el mundo. Si eso es estar muerto…
El criterio del Dr. Caro es descartar de lo que él denomina mercado a las unidades nuevas que cada país instale en su propio territorio. Es decir que Caro considera que el mercado lo forman únicamente aquellas centrales destinadas a ser exportadas a terceros países. Pero además esos países receptores deben tener una economía de mercado y un gobierno democrático pluripartidario, criterio algo atravesado con la mirada economicista del propio Caro, y que no compartimos.
Justamente, nuestra propuesta es hacer una máquina CANDU nueva para nuestro mercado doméstico, y utilizar para ello la tecnología que es de nuestra propiedad en virtud de los acuerdos de transferencia suscriptos cuando se construyó Embalse. Esos documentos nos permiten utilizar la tecnología CANDU para construir centrales nuevas sin limitaciones dentro del territorio nacional.
Concretamente, la planificación original era la construcción de 6 centrales más como Embalse. Y para abastecerlas de combustible se fundó y equipó CONUAR, “joint venture” con fábrica en Ezeiza de la CNEA con el grupo Pérez Companc, y para dotarlas de agua pesada, se construyó la imponente PIAP (Planta Industrial de Agua Pesada) en Arroyito, Neuquén. Estamos hablando de muchas décadas de investigación, inversión y desarrollo propios, que resultaron en una capacidad productiva instalada importante. ¿Ahora tenemos que tirarla a la basura?
Por último, citamos parte de un artículo escrito por el Dr. Caro en febrero de 2016[10]
”De lo dicho parece razonable concluir que la construcción de una cuarta central (CANDU) podría hacerse a valores internacionalmente competitivos, contando con una gran participación de la industria nacional, a la que se potenciaría. La decisión de construir la cuarta central hoy debería resultar de un análisis comparativo con las alternativas basadas en la generación con combustibles fósiles, incluidos sus costos económicos y pasivos ambientales, de la urgencia de resolver la crisis energética, y también del interés estratégico en desarrollar capacidad industrial nuclear. Mientras esto no se resuelva parece prematuro hablar de una quinta central y más prematuro aún hablar de una central llave-en-mano y con tecnología diferente a la usada hasta ahora….”.
Cabe preguntarle al Dr. Caro, cuya opinión hoy es tan diametralmente opuesta: ¿Qué cambió tanto en 4 años para que la opción CANDU deba hoy ser descartada?
Dr. Caro: el mercado mundial para los reactores CANDU no ha desaparecido. China y la India tampoco desaparecieron. Es más: en una década, la India podría ser la tercera economía mundial.
LA PLANTA DE AGUA PESADA
Planta Industrial de Agua Pesada, Arroyito, Neuquén
El Dr. Caro ha objetado nuestra defensa de la PIAP como posible fuente de agua pesada destinada a las futuras plantas de fusión nuclear, todavía lejos de su madurez técnica y comercial. Pero el sueño de la fusión sigue vigente: promete una fuente de energía tal vez inagotable, aparentemente segura y quizás de bajo impacto ambiental.
Pero la PIAP no la queremos para alimentar sueños sino para hacer funcionar realidades, como las Atuchas 1 y 2, además de Embalse. Y más allá de ellas, está el mercado mundial de centrales CANDU, fogoneado hoy por la India y China. Necesitan agua pesada. Y la PIAP, que se diseñó para 6 CANDU, hoy todavía es la mayor fábrica del mundo.
Señalamos con claridad que la PIAP es a nuestro parque de uranio natural lo que cualquier planta grande de enriquecimiento de uranio es a las PWR de todo el mundo: un atributo esencial para la autosuficiencia soberana en electricidad.
Reiteramos que se debe recuperar la PIAP, que sufre aún las consecuencias del intento del gobierno anterior de destruirla por abandono. Es esencial para la continuidad de nuestras centrales. Pero además creemos que la India, con su flota de 17 CANDU en funcionamiento, sus 3 centrales en construcción y otras 10 aprobadas, puede ser un gran mercado adicional para la producción de esa enorme planta en la estepa neuquina.
De las 8 plantas de producción de agua pesada que menciona el Dr. Caro en la India hay sólo 4 operativas. Tienen una producción marginal, si se trata de cubrir la demanda del imponente programa de construcción de CANDU en marcha en ese país, el 2do gigante asiático [11].
Y acá parece necesaria una nueva aclaración: En efecto, la India, como la Argentina, se propuso ser autosuficiente en materia nucleoeléctrica. Y lo consiguió cuando nacionalizó su propio diseño CANDU, que ha ido mejorando en potencia y calidad: llegó a los 700 MW por planta. La India tiene, sin embargo, un techo bajo para suministrarles agua pesada.
No es inevitable pero sí probable que podamos ser los proveedores, del mismo modo que la India puede ser un respaldo confiable para nuestra industria nuclear. De hecho, la complementariedad ya es real, EXISTE. La industria argentina –concretamente, CONUAR- está exportando componentes para la línea CANDU en India. Y para tranquilidad del Dr. Caro, le aseguramos que la India es una democracia pluripartidaria.
Concordamos con el Dr. Caro en que las centrales de fusión, que hemos mencionado como posible mercado futuro, hoy no existen. En 1945 tampoco existían las plantas nucleoeléctricas de fisión… pero en 1951 se construyó la primera, el reactor EBR en EEUU. Hoy son 440 operativas, hay 50 en construcción, y centenares en estudio.
Para hacer funcionar el mayor prototipo de reactor de fusión tipo Tokamak del mundo, el ITER, en Francia, se va a necesitar deuterio y tritio. El agua pesada, se sabe, en lugar de un átomo de oxígeno y dos hidrógenos, está compuesta por un oxígeno y dos de deuterio, un isótopo del hidrógeno con un neutrón extra. Eso la hace, efectivamente, algo más pesada que el agua común. Y muy cara, porque no se puede fabricar deuterio: hay que purificar el existente en la naturaleza, que es primordial (se formó en los orígenes del Universo) y por ende, muy raro.
Eso explica que una instalación imponente como la PIAP, que hasta 2015 empleaba a 640 personas, puede llegar a producir sólo 200 toneladas/año de agua pesada, un compuesto químico con deuterio, pero a condición de gozar de un estado de mantenimiento y una planificación de trabajo impecables. Rara vez gozó de ello. La PIAP ha tenido demasiados enemigos externos que generaron no pocos enemigos internos.
Creemos que la estimación de los requerimientos de agua pesada de una central de fusión que hace el Dr. Caro está subestimada en un factor de 5. En nuestro cálculo, se necesitarían 1.5 toneladas de agua pesada por año para una central de fusión de 800 MWe.
Está claro que si esta impresionante aventura internacional que es el ITER desemboca en una tecnología madura y capaz de despliegue comercial, serán muchas las centrales de fusión y con ellas, habrá un mercado extra de agua pesada. En tal caso, serán necesarias muchas PIAPs. Los nucleares estamos obligados a planificar en décadas, que es lo que reclama el Dr. Caro. Como suele escribir Abel Fernández, el editor de este portal, “el que viva lo verá”.
Algunas palabras sobre el tritio. A diferencia del deuterio, que se dejó de generar muy poco después del Big Bang, el tritio se genera en nuestras centrales de agua pesada por captura de un neutrón en el deuterio. Coincidimos con Caro en que hay también otros métodos de producción de tritio: los propios reactores de agua pesada que de hecho estamos explorando. Pero no profundizaremos aquí para no desviarnos demasiado.
El tritio es un elemento radioactivo que decae con un semiperíodo de 12 años en helio3, y lo hace emitiendo un electrón de muy baja energía que puede ser atajado fácilmente con blindajes muy simples. Este tritio puede usarse directamente con el deuterio (algo que Caro objeta) para formar la mezcla que va a producir energía en ciertas plantas de fusión.
Por ejemplo, en las pequeñas gotas de deuterio-tritio que hacen de “targets” en un reactor muy distinto del ITER, el de fusión por confinamiento inercial, concretamente el National Ignition Facility (NIF) del Lawrence Livermore National Lab, EEUU. Ahí hay un mercado posible para el tritio producido por nuestras centrales CANDU.
El Dr. Caro afirma, en cambio, que el tritio es una molestia pero que se puede ventear a la atmósfera de manera de no dañar el medio ambiente. Nosotros afirmamos que ventear el tritio es tirar plata a la basura. Los canadienses lo recuperan: más allá de que el NIF de los EEUU desemboque alguna vez en tecnología de madurez comercial, el tritio tiene un mercado asegurado hoy. Y paga fortunas.
El tritio decae espontáneamente en helio3, un isótopo útil del helio, rarísimo en la corteza terrestre (y por ello de un costo lunático: U$ 21.000 por gramo, ¡y subiendo!). Se lo usa en diagnóstico por imágenes: revolucionó las técnicas de resonancia magnética en afecciones pulmonares.
Sumando aplicaciones presentes y futuras, sería bastante bobo que la Argentina, con apenas un par de firmas desaprensivas, renuncie de golpe a una inmensa instalación capaz de proveer deuterio estable en forma de agua pesada, como la PIAP, y a centrales nucleares que, además de electricidad barata, tienen la gentileza de producir tritio. No es la única gentileza: las CANDU producen también cobalto60, insumo crítico en terapia radiante con rayos gamma. Tenemos producción propia de fuentes de este material, y además las exportamos.
Y no es cierto que la India sea nuestro único mercado de exportación de agua pesada. Los reactores modernos de investigación, como el RA-10, o las plantas de ese tipo que diseña y exporta INVAP, tienen un tanque de agua pesada con varias toneladas de ese líquido, cuyo precio mundial anda por lo bajo en U$ 700.000 la tonelada.
Dentro de ese tanque el alto flujo neutrónico permite producir radioisótopos de uso médico y materializar otras importantes aplicaciones industriales. Esos reactores de INVAP, como los vendidos a Australia. Arabia Saudita y Holanda, que son la principal y más impactante exportación de alta tecnología argentina, requieren de agua pesada. Si cerramos la PIAP, deberemos importarla, y costará más que nuestro precio de venta. Y eso porque la salida de esa instalación tan grande encarecerá el costo del crítico líquido en todo el planeta.
La continuidad de la PIAP es esencial en muchos frentes.
EL CAREM
El CAREM, en Lima, al lado de las Atuchas, obra abandonada desde 2019
El CAREM es mencionado por el Dr. Caro como una víctima probable de un CANDU. En sus palabras, quedaría afectado en su financiación por “la compra del reactor chino CANDU”.
Como señalamos más arriba, nada más lejano a nuestra propuesta que comprarle una CANDU a China. Lo pactado en 2014 entre NA-SA y la CNNC, es decir entre dos gobiernos nacionales, era que a condición de que Argentina comprara una central Hwalong-1, la CNNC nos financiaba el 80% de una CANDU que sería en un 70% argentina, y de la cual China proveería sólo algo que aquí jamás se fabricó: el turbogrupo.
Respecto del CAREM, somos partidarios fundacionales. Hay que terminar de una vez el prototipo experimental de 32 MW, cuya construcción en Lima, al lado de las Atuchas, descarriló y luego paralizó la administración nuclear macrista. Tenemos que mostrar el CAREM prototipo al mundo mientras validamos con esa máquina el diseño del CAREM comercial futuro, hecho de módulos de 120 MWe. Y mientras lo validamos, hacemos marketing, como ya hace desde 2017 el consorcio NuScale en EEUU, aunque no tienen nada en construcción.
Toda central nuclear -y el CAREM no es una excepción- es un eslabón de su ciclo de combustible y el CAREM utilizará uranio enriquecido para su funcionamiento.
Por eso también consideramos indispensable continuar y llevar a término las investigaciones necesarias para ser eventualmente autosuficientes en el proceso de enriquecimiento. Eso significa modernizar y ampliar las capacidades de la planta de demostración tecnológica de Pilcaniyeu, provincia de Río Negro. Concretamente, hacer el salto tecnológico de una instalación “sesentista” (de difusión gaseosa) al estándar industrial de hoy (de ultracentrífugas).

Dr. Andrés Kreiner, Dr. Gabriel Barceló *, Ing. José Luis Antúnez
- El Dr. Barceló aclara que firma como integrante del Instituto de Energía Scalabrini Ortiz.
Dr. Andrés Kreiner
Dr. Gabriel Barceló
Ing. José Luis Antúnez
REFERENCIAS
[1]: Electricité de France Company HistoryElectricité de France, accedido 11 Abril 2011
[2]: agendarweb.com.ar/2020/06/27/la-politica-nuclear-que-argentina-necesita-y-que-no-se-esta-llevando-adelante/
[3]: www.federalreserve.gov/monetarypolicy/historical-approaches-to-monetary-policy.htm
[4]: www.opml.co.uk/blog/south-africa-s-crippling-electricity-problem
[5]: www.nytimes.com/2020/06/17/business/european-union-china-deals.html
[6]: www.reuters.com/article/us-edf-areva/edf-completes-75-5-percent-acquisition-of-areva-np-statement-idUSKBN1EG2AS
[7]: www.world-nuclear.org/information-library/economic-aspects/economics-of-nuclear-power.aspx
[8]: sites.google.com/view/alfredo-caro-notas/home
[9]:www.snclavalin.com/en/media/trade-releases/2019/02-12-2019
[10]: Análisis y propuestas para la actividad nuclear en Argentina, Alfredo Caro, 11/02/2016.
[11]: www.nti.org/learn/countries/india/facilities/ ; www.hwb.gov.in/ INVAP está trabajando para la producción del gas natural licuado
INVAP Ingeniería trabaja en el diseño de diversos modelos de plantas para producir gas natural licuado. Considera que su uso aumentará en los próximos años
El gas natural licuado (GNL) es gas natural que, en lugar de estar a temperatura ambiente y alta presión, se lo mantiene a 162 grados centígrados bajo cero y presión atmosférica. Mediante este procedimiento se puede reducir el volumen del gas natural en unas 600 veces y esto facilita su transporte –en forma líquida–, ya sea para uso vehicular o para su transporte en barco. Posteriormente, puede ser regasificado para ser usado como gas natural, tanto para uso hogareño como para plantas productoras de electricidad. A diferencia del GNC, muy difundido en vehículos de uso intensivo como alternativa a la nafta y el gasoil, su densidad es mucho mayor, por lo que se obtienen rendimientos muy altos y se puede usar en vehículos pesados de larga distancia. En transporte de cargas, el GNL se posiciona como una evolución frente a los motores diesel, que producen partículas contaminantes con alto impacto en el ambiente (los motores a gas emiten menos dióxido de carbono y no generan el material particulado causante del smog). Los nuevos vehículos pesados diseñados para utilizar este combustible aseguran una autonomía de hasta 1600 kilómetros por carga. Martín Absi, gerente general de INVAP Ingeniería dijo que la empresa ve una oportunidad en esta tecnología de procesamiento del gas porque su demanda crecerá: “Lo que estamos haciendo actualmente es desarrollar la tecnología y, posteriormente, podremos acomodar la ingeniería de detalle de acuerdo con lo que necesite cada cliente. Puede ser que pidan una microplanta, que puede rondar entre las 2 y las 40 toneladas diarias de producción de GNL y que puede ser modular, para poder moverlas de un yacimiento a otro. También podrían ser más grandes, de 40 a 200 toneladas por día, con lo que ya hablaríamos de plantas fijas”.En términos comerciales, dado que el GNL puede ser transportado en barcos, esto abre potenciales mercados de exportación más allá de los conectados por gasoductos. Así, la venta del gas extraído de yacimientos como el de Vaca Muerta, especialmente en los meses de verano, cuando se produce más gas del que se consume en el mercado interno, podría resultar en una oportunidad para la exportación. La demanda de gas para la generación de energía eléctrica está aumentando en el mundo, ya que reemplaza a fuentes más contaminantes como fueloil, gasoil y carbón, y la forma de comercialización que más está creciendo es en buques de GNL.“Lo que estamos haciendo es desarrollar la tecnología y, posteriormente, podremos acomodar la ingeniería de detalle de acuerdo a cada cliente”
En 1991, cuando el Estado decidió desfinanciar a INVAP y la empresa debió achicarse y reducir considerablemente su planta, muchos de sus empleados formaron empresas privadas alrededor de las áreas de negocio que ya manejaban y una de ellas fue INVAP Ingeniería. En un primer momento, la firma se ocupó de las actividades estratégicas vinculadas al área nuclear, pero posteriormente se orientó a petróleo y gas, con productos y servicios de auditoría. A principios de los 2000 la empresa fue absorbida por INVAP, que se quedó con el 80% de las acciones. El resto está en manos de Sima, una empresa neuquina dedicada a la energía eólica. La empresa llegó a tener más de 150 empleados, pero con la crisis de la industria de petróleo y gas debió reducirse y muchos de ellos pasaron a la empresa madre, que necesitaba incorporar personal para los proyectos satelitales, de defensa y nuclear. Actualmente, tiene 33 empleados. “El último año sumamos siete profesionales y esperamos seguir creciendo en la medida en que la industria comience a moverse nuevamente”, dijo Absi. Al igual que muchas otras empresas, INVAP Ingeniería está sintiendo el impacto de la crisis económica desatada por la pandemia. “La crisis del petróleo se acentuó con el coronavirus pero ya venía de antes y eso hizo que la industria se pare. Eso nos golpeó directamente porque, si los equipos no se mueven, los servicios no se solicitan. Nadie sale a inspeccionar un equipo o hace auditoría de una herramienta que no se va a usar. Esto hace que, por un lado, los negocios que ya estaban desarrollados entrasen en pausa y también fuerza a ver qué qué otras cosas se pueden hacer para cuando la industria se vuelva a mover. En particular, hemos aprovechado el tiempo para organizar internamente la empresa y desarrollar otros proyectos, servicios e ingenierías”, agregó Absi.INVAP Ingeniería es una subsidiaria de INVAP y se dedica específicamente a las áreas de petróleo, gas y energías renovables
A fines de los años noventa, la empresa TGS importó aerogeneradores de Estados Unidos para hacer la protección catódica de gasoductos, un método por el cual se evita la corrosión de los caños mediante el uso de electricidad. Pero estos aerogeneradores solo duraron 15 días expuestos a los fuertes vientos de la Patagonia, por lo que INVAP Ingeniería fue la encargada de diseñar un aerogenerador de 4500 watts que pudiera soportar las ráfagas patagónicas.
Con ese proyecto, la empresa ingresó en el área de las energías renovables, al que luego sumó otro aerogenerador de 30 Kw y hoy también tiene la ingeniería básica de un aerogenerador de 2 Mw y turbinas para generación eléctrica hidrocinética aplicadas a ríos caudalosos y a los canales de riego mendocinos. Para completar este último proyecto están esperando la aprobación de un crédito del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).
Sin embargo, el corazón del negocio de INVAP Ingeniería es el área de petróleo y gas. “Del año 2001 a 2003, INVAP Ingeniería desarrolló motores de fondo de pozo a pedido de la empresa San Antonio Pride. Se trató de motores que se usaron en campo y se siguieron usando hasta que hubo un cambio de gerencia en la empresa y volvieron a otros convencionales. También se han desarrollado herramientas de fondo de pozo”, expresó Absi.
En sus trabajos de auditoría sobre herramientas de pozo han tenido logros importantes con la empresa Tecpetrol, ya que redujeron al mínimo la cantidad de fallas. “Cuando una herramienta de pozo falla, lo suele hacer a unos 3000 metros de profundidad, por lo que es necesario retirar toda esa tubería para acceder a la herramienta, cambiarla y volverla a bajar, lo cual implica varios días de suspensión de operaciones, con los costos que eso conlleva”, explicó el gerente general.
Otro de los proyectos en lo que está trabajando la empresa es en el desarrollo de un sensor para medir el nivel de los tanques de almacenamiento de petróleo. A diferencia de los tanques de agua, en el caso del petróleo es necesario saber el nivel y también la composición del contenido, ya que además de petróleo líquido habrá una parte de agua, otra de emulsiones y otra de espuma. Para eso están usando sensores radar que reemplazarán a los que se usan actualmente, que son importados. Una afirmación frecuente de Absi: “Hoy lo que se necesita en Vaca Muerta es reducir costos, así que todo lo que tenga que ver con insumos nacionales permite hacerlo”.

Para el productor, el maíz está compitiendo de igual a igual con la soja
75 años de la industria nuclear en Rusia
Rusia celebra el 75° aniversario de su industria nuclear. Durante 75 días ROSATOM realizará más de 100 eventos en todo el país dedicados a la industria nuclear con el lema del aniversario “75 años adelantados a los tiempos”.
El 20 de agosto de 1945 se convirtió en el punto de inicio de la historia de la industria nuclear de Rusia, que ha formado como un escudo de protección para el país, proporcionando energía a la gente, desarrollando ciencia y nuevas tecnologías mucho más allá del campo nuclear. Ese día se creó el Comité Especial y el primer departamento de Gestión dependientes del Comité de Defensa del Estado de la URSS para gestionar los trabajos del proyecto atómico.
Durante muchos años la industria nuclear fue uno de los sectores más reservados y hablar de los logros de la ciencia nuclear para los fines pacíficos no era muy común. Hasta ahora la mayoría de la gente no se da cuenta de que muchas tecnologías y soluciones de las que disponemos hoy en día, desde los equipos médicos de diagnóstico hasta los sistemas de seguridad, han sido desarrollados y fabricados por las empresas nucleares.
Rosatom está trabajando activamente en América Latina. En particular, con Argentina se ha firmado un documento estratégico sobre la alianza ruso-argentina en el campo de los usos pacíficos de la energía nuclear y una hoja de ruta para la cooperación en la implementación de los diferentes proyectos específicos ruso-argentinos, además de la cooperación en el área del ciclo de combustible nuclear.
Las celebraciones del aniversario de ROSATOM comenzaron el 20 de agosto, el día en el que nació la industria nuclear, y los festejos durarán 75 días. Durante esos días se llevarán a cabo diferentes eventos informativos en todo el país dedicados a la industria nuclear de Rusia y el papel que desempeña la misma en la vida de cada uno de nosotros. Los eventos se dividen en tres bloques principales: «Pasado», «Presente» y «Futuro».
El primer día se llevarán a cabo varios eventos importantes dedicados a la historia de la industria atómica del país y en honor a los veteranos. Se inaugurarán monumentos y placas conmemorativas de los destacados científicos soviéticos de la energía nuclear, incluido un monumento al legendario Ministro de Construcción de maquinarias Efim Slavsky, que se instalará cerca de la sede central de ROSATOM en la calle Bolshaya Ordynka de Moscú.
En el marco de los eventos del aniversario, uno de los principales eventos del bloque «Futuro» será la inauguración del Festival de la Ciencia de toda Rusia llamado “Ciencia 0+, Física del futuro», que se celebrará entre el 9 y el 18 de octubre. El festival albergará conferencias abiertas de diferentes científicos famosos, debates sobre el futuro de la humanidad y se proyectarán películas científicas y educativas. También en el marco de los festejos del aniversario se realizarán talleres y exposiciones interactivas, muestras de inventores Science Maker Fair, concursos de robots, teleconferencias con la Estación Espacial Internacional (ISS), la Estación Antártica de Rusia, excursiones a los laboratorios científicos, batallas Science Slam, exposiciones al aire libre, misiones científicas y mucho más.
El festival del aniversario también estará dedicado a las tecnologías de vanguardia de la energía nuclear, medicina, biología, IT, inteligencia artificial, nanopartículas y otras áreas de la física que determinan el desarrollo de la humanidad para los próximos siglos.
El acto de cierre del festival del aniversario será la conferencia de la juventud llamada “Next75” que se realizará en Sochi el 31 de octubre. Diferentes científicos de renombre mundial discutirán sobre el futuro con los jóvenes, entre ellos Konstantin Novoselov, el Premio Nobel de Física por el descubrimiento del grafeno, el fundador del Software libre Richard Stallman, el mejor conferenciante sobre el futuro según Google, Thomas Frey, y uno de los creadores de Angry Birds Peter Vesterbacka, entre otros.
Cerebros, langostas y huevos en la Argentina – 1° parte
Tucura quebrachera, bastante preferible a la verdadera langosta sudamericana, si dejan elegir…
Tenemos 6 mangas de langostas sudamericanas “verdaderas” trabajando en simultáneo en el país, y lo preocupante es que esto sucede en invierno y que hace un mes eran sólo 3. Y esas 3 no lograban bajar desde el NOA debido a la dirección y temperatura del frente de aire polar que llenaba el país.
Ahora, con la meterología más a favor de las langostas, el Programa Nacional de Langostas y Tucuras del SENASA (Servicio Nacional de Sanidad Animal) habla de 3 mangas en Salta (2 muy cerca de Formosa), 2 en Santiago del Estero (de las cuales una se dividió en dos partes) y 1 ya bajo control, en Entre Ríos.
Las cuarentenas provinciales y municipales impuestas ante el Covid-19 se dan de palos con la esencia federal de la lucha contra esta plaga. Hace dos semanas Santiago del Estero le cerró el paso a un equipo del Centro Regional NOA-Sur del SENASA que venía desde Tucumán para coordinar un ataque en tierra a una de las dos mangas ya operantes en Santiago. La idea suele ser armarle una recepción “con toda la química” en algún sitio previsible de aterrizaje nocturno de las langostas.
Pero al mismo tiempo Santiago quiere conservar su casuística de Covid-19 baja, con cuarentena rabiosa para quienes entran desde “zona roja”. El asunto es que pasados los 15 días de la misma, la manga puede haber bajado a la Pampa Húmeda o haberse ido a cualquier otro agroecosistema.
¿Qué hacer ante estos casos? Mientras duren la pandemia y los retenes policiales en las rutas, la lucha contra las mangas es asunto federal, excede al Ministerio de Agricultura, debe involucrar también a los de Salud, Interior y a los gobernadores e intendentes. Fácil, no es.
El trabajo del Programa de Langostas venía complicado ya antes del Covid-19. A las mangas, estos tsunamis entomológicos, se les pierde fácil el rastro en las más de 60 millones de hectáreas “arbustizadas” del NOA y las Sierras Pampeanas, chaparral espinoso entreverado de arroyos (hoy secos) y con poca población, señal de celular o caminos.
Por eso a veces las langostas “desaparecidas del radar” parecen rematerializarse de golpe. Y si comieron mucho y la meteorología ayuda, no es infrecuente que las de la especie problemática sudamericana, la Schistocerca cancellata haya logrado reproducirse a contraestación. Lo grave es tener mangas nacidas aquí, en Argentina, de huevos puestos aquí, y eso tras medio siglo de aniquilamiento de la especie.
Las langostas, de cuyas crudas hazañas en el Río de la Plata tenemos testimonio escrito desde 1538, cuando liquidaron la cosecha porteña de mandioca, fueron finalmente erradicadas en 1964. Desde que Carlos Pellegrini asumió la presidencia tras la caída de Miguel Juárez Celman y el estado nacional resucitó, pasaron 73 años de lucha contra las mangas, en la que se hizo uso de tecnologías que fueron evolucionando desde la ineficacia inicial a una creciente contundencia primero química, y luego metodológica.
Si un dato nos describe como país agroexportador, es éste: el programa científico más viejo de la Argentina resulta ser la Comisión Nacional de Extinción de la Langosta (CNEL). Data de 1891 y lo fundó el citado Pellegrini. Hoy, tras varios cambios de nombres, reparticiones y métodos, esa función la ejerce el SENASA, como agencia del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca.
En sus primeras décadas, la CNEL trataba de salvar objetivos reducidos pero valiosos (frutales, por ejemplo) envolviendo cada árbol en telas, pero andá a hacer eso con objetos planos y de la escala de un trigal. No es que la CNEL no haya tratado, pero la Schistocerca le pegaba a la tela como aperitivo, y luego “iba al grano”.
Entre 1931 y 1932 la Schistocerca fue un tiro de gracia para nuestra economía, que ya venía sangrando por el crack financiero mundial del ’29 y las consecuentes cancelaciones de compras británicas de trigo y carne. En aquellos 2 años tuvimos hasta 152 millones de hectáreas cubiertas por la nevada gris y errante de las mangas: más de 3 quintas partes del territorio argentino continental, entonces el octavo mayor del mundo.

Una hembra “pesada” carga hasta 120 huevos, que deposita a una profundidad de hasta 10 cm. como paquete, u “ooteca”. Con buenos vientos y temperaturas una manga de Schistocerca puede viajar hasta 150 km. en un solo día: dado el tamaño y rapidez del problema, combatirlo excede a las provincias y es asunto necesariamente federal.
El modo estándar es seguir una manga de cerca, tratar de predecir sus movimientos con el pronóstico de temperaturas, vientos y lluvias y los avisos que mandan por Twitter y Watsapp o e-mail los pobladores, amén de mapas satelitales de índices verdes de vegetación. Como en el fútbol, es mejor no correr la pelota sino anticipar su paso. Por eso, si ve pasar una manga, avise a este teléfono (011) 4121-5247 o a este mail: [email protected]. O llame sin cargo al 0800-999-2386. O mejor aún bájese a su celular la app ALERTAS Senasa desde Playstore.
Mientras cae la tarde, hay que posicionar y tener bien cargados de piretrinas los aviones fumigadores contratados por el SENASA en los aeródromos y aeroclubes más a tiro. Cuando se sabe que la manga aterrizó y se ha puesto el sol, se despega a bombardearla.
Los aviones fumigadores son feúchos: tienen alas de gran superficie y grosor, diseñadas para vuelto lento y giros escarpados cerca del suelo sin caerse. Los aparatos gastan motores comparativamente muy potentes para su peso. Hacen falta más de 220 HP, para poder cargar media tonelada de agroquímicos en un Piper Pawnee, un Cessna 188, un Laviasa Puelche; y 1000 HP para subir 1 tonelada a un PZL Dromader polaco.
Tales máquinas usan tren fijo muy robusto para poder operar desde caminos de tierra, y una cabina de pilotaje alta, como subida a una joroba, para que el piloto tenga buena visibilidad frontal y hacia abajo, cosa de no llevarse puesto un árbol o un poste. Hay unos 800 aviones aeroaplicadores operando en el país, con una tasa de reposición anual de 20/año. Y sobra decirlo: éste un trabajo arriesgado.
Una nube de langostas que en vuelo diurno se extendía a lo largo de 100 km., de noche se posa en apenas 5 o 15 hectáreas. La Schistocerca prefiere, si las hay, las ramas de los árboles al suelo. Y como “velocidad y altura/conservan la dentadura” (primera enseñanza del aspirante a piloto), el rociarlas con precisión, volando lento sobre monte en la oscuridad y baja cota, es una receta insuperable para pegarse un palo.
¿Por qué no atacarlas de día y en el aire, entonces, mientras viajan? La respuesta obvia: están más dispersas, y se trata de no gastar venenos (son caros), y menos aún, de intoxicar al cuete áreas enormes. Tampoco sería seguro para el piloto: las langostas aplastadas contra el parabrisas del avión te dejan ciego y las que obturan el radiador te pueden costar una recalentada. A eso normalmente sigue plantada de motor “por agarre” de los pistones en sus camisas, y un aterrizaje forzoso y a ciegas donde se pueda, con riesgo de ponerse el avión de gorra.
En 2018, sin embargo, el entonces llamado Ministerio de Agroindustria impartió guías para que (sic) cada afectado estuviera obligado a controlar su propia infestación. “A la langosta la combatimos entre todos”, decía el slogan: haceme reir. Es uno de los hitos por los cuales recordar al exministro Luis Miguel Echevehere, en cuyo mandato la Schistocerca se renacionalizó sin que nadie le haya hecho tractorazos: los funcionarios antiestado salen caros… pero caen bien parados, cuando son de pedigrí.
En 2017 y muy “in extremis”, el SENASA habilitó una variedad de insecticidas para esta lucha (cipermetrina, deltametrina, lambdacialotrina, diflubenzuron y fipronil). Es una lista complicada. Aún así, la visión (bastante infernal) de una manga en acción como en este video te cura enseguida de pruritos ecologistas.
1 km2 de manga aterrizada al atardecer “en alta densidad” tiene hasta 80 millones de individuos, cada uno capaz de comer su propio peso corporal (aproximadamente, 2 gramos) en 24 horas. Sí, son 160 toneladas de vegetación. Pero si se las “emboca” con precisión durante la cena, en una noche se obtienen tasas de mortalidad del 90%.
Parece mucho pero los números de reproducción van en nuestra contra: el paso de una primera manga, si encontró la suficiente alimentación, deja entre 100 y 120 huevos por hembra en el suelo, como para que la siga un segundo rebrote de estación cálida. Éste, medido en adultos supervivientes, puede ser 20 veces más masivo que la manga original.
Si la meteorología y la vegetación permiten –no es imposible- un tercera puesta y eclosión anual, la generación # 3 será 20 veces más numerosa que la segunda, es decir 400 veces peor que la inicial. Con la langosta es como con el SARS CoV-2: si no aplastaste la curva de reproducción de movida, el resto de la batalla es muy cuesta arriba. Pero, al igual que con el Covid-19, también se puede perder en el 2do tiempo un partido bien empezado. El asunto es cuántos y cuáles medios emplear.
Lo impresionante, la buena noticia, la sorpresa, es cuántos y qué variados son los que tenemos hoy en Argentina.
¿Da para una segunda parte? La seguimos mañana.
(Continuará mañana)
Daniel E. Arias

