Paraguay es el 4° país en aprobar la soja HB4, tolerante a sequía

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Paraguay aprobó la comercialización de la variedad de soja resistente a la sequía y a herbicidas HB4, desarrollada por la empresa de biotecnología argentina Bioceres. Es otro paso para la biotecnología argentina.

Porque Paraguay es el cuarto país en aprobar esta tecnología, después de la Argentina, Estados Unidos y Brasil, los principales productores y exportadores del mundo.

La empresa Verdeca, un joint venture entre Bioceres y la estadounidense Arcadia, anunció “que se ha completado con éxito el proceso de revisión regulatoria” por parte del gobierno paraguayo y recibió la aprobación de su variedad tolerante a la sequía y herbicidas HB4 soja.

El gerente general de Verdeca, Martín Mariani indicó que “la aprobación de esta tecnología en Paraguay es otro paso significativo para la comercialización exitosa de la tecnología HB4 en el mercado sudamericano de soja”.

Remarcó que ahora la tecnología HB4 tiene aprobación regulatoria en más del 80 por ciento del mercado mundial de soja. Aún se espera la aprobación de China.

La CNEA vende tecnología nuclear oncólogica a Corea del Sur – I

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En AgendAR estamos satisfechos de publicar esta nota. Además, tienen motivo para estarlo los técnicos e ingenieros nucleares, los oncólogos y sus pacientes. Y el orgullo argentino.

Los manuales de periodismo dicen que hay artículo cuando algo en el mundo funciona al revés de lo habitual. En este caso hay dos, porque:

  •  la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) acaba de venderle tecnología nuclear médica a una potencia mundial en el asunto, el Korean Institute for Radiological and Medical Sciences (KIRAMS),
  • y cuando pase de prototipo a aparato clínico, el “fierro” de marras podría eliminar algunos tumores hasta hoy intratables por su estructura y localización: el glioblastoma multiforme (de cerebro), melanomas en sitios complicados (metástasis en cerebro, pene, vulva) y otros cánceres de abordaje difícil o imposible en cabeza y cuello.

Como con toda herramienta nueva, nadie sabe bien los límites de este desarrollo de la CNEA: la imponente máquina de la foto es un prototipo cuya construcción empezó en 2015. Podría funcionar a potencia clínica sólo en un edificio más alto que debió terminarse en 2017, pero la constructora paraliza la obra a cada rato por el contexto hiperinflacionario, y porque desde 2016 la CNEA perdió el 53% de su presupuesto. De otro modo, ya estaría usándose en pacientes aquí, en uno o varios experimentos de fase 1.

Comprensiblemente, los coreanos “se tiraron de palomita” para comprar este desarrollo. Por su diseño compacto, su bajo costo, su relativa sencillez y su mayor compatibilidad con la arquitectura y las regulaciones radiológicas de los hospitales, lo prefirieron contra otros emergentes japoneses y estadounidenses. En 2021 lo estarán empleando.

Esta inquietante e indescifrable máquina promete dar vuelta el panorama en un abordaje que, pese a su eficacia inusual, vegeta desde los ’90 en un subdesarrollo casi académico. Y esa frustración sucede en EEUU, Japón, Rusia, Italia, Israel, China, Taiwán, Corea y la Argentina. Es la llamada BNCT (Boron Neutron Capture Therapy), o terapia por captura de neutrones en boro.

Son treinta años en que un tratamiento conceptualmente revolucionario no pudo llegar a los hospitales y clínicas de radioterapia por falta de una fuente de neutrones barata y eficaz como ésta. Lectores: están viendo un desarrollo argentino quizás destinado a volverse “de primera línea” en el mundo durante este siglo.

La idea de toda radioterapia, desde las más antiguas (que usan fotones X o gamma), a las más modernas (que emplean partículas subatómicas), es suministrar cantidades drásticas de radiación ionizante a las células tumorales, pero disminuir todo lo posible el daño células y tejidos sanos colindantes.

Las terapias con fotones se valen de cabezales rotativos, que ejecutan una suerte de “ballet” pre-planificado y dirigido por computadora para ”iluminar” desde distintos ángulos de entrada el o los tumores. Los complicados de tratar tienen formas bastante irregulares. Los fotones X y gamma traspasan el cuerpo casi como la luz un vidrio turbio, de modo que el propósito es, en sucesivas sesiones, ir acumulando dosis ionizantes de iluminación en estas masas invasivas, pero disminuirla en tejidos y órganos sanos tanto en la vía de entrada de los rayos como en la de salida.

Las terapias más modernas, con partículas eléctricamente cargadas (protones y núcleos atómicos con carga positiva) tienen la ventaja de una penetración más selectiva. De acuerdo a la potencia suministrada, estas partículas subatómicas impactan el tumor sin traspasarlo, lo que minimiza el daño detrás del mismo. Pero de todos modos requieren de cabezales rotativos, porque sí causan daño en la vía de entrada, de modo que se requieren muchas. Otras máquinas disparan electrones, de carga negativa y muy baja penetración, y son eficaces en tumores superficiales.

El prototipo argentino de neutronterapia BNCT exportado a Corea, una revolución en tratamiento de tumores muy complejos, y el equipo de la CNEA que lo desarrolló. En la foto falta su jefe Andrés Kreiner. Para un modelo clínico, se necesita un edificio más alto (otra obra detenida)

Pero de todas estos proyectiles, el matador más efectivo de masas tumorales profundas es el neutrón, que no tiene carga eléctrica alguna, pero a condición de que éste ionice únicamente las células tumorales. Y eso se logra “dopándolas” selectivamente con boro.

A diferencia de las células sanas de los tejidos, las tumorales están dividiéndose y por ello viven hambrientas de precursores de proteínas como ese aminoácido llamado fenilalanina. Sólo que la BPA es una fenilalanina “marcada” con boro, un caballo de Troya lleno de soldados griegos a la espera la señal para salir a arrasar. Cuando el boro es impactado con neutrones de baja energía, hace una minúscula explosión nuclear intracelular (sic).

Sus productos de fisión, el Litio 7 y las partículas alfa, son esquirlas nucleares de masa y energía muy altas, pero por su carga eléctrica se van frenando con sucesivos y violentos impactos, como camiones descontrolados que se llevan todo por delante en una playa de estacionamiento, ionizando y rompiendo toda molécula con que chocan a su paso. Esto las confina a destruir el ADN de la célula atacada, pero sin salir de la misma, ya que sólo logran recorrer entre 5 y 9 milésimas de milímetro. La célula sana contigua prácticamente no se entera. Puede haber absorbido también algo de BPA, pero en promedio, 3,5 veces menos que la cancerosa.

Fisiones nucleares intracelulares y ultraselectivas… parece de ciencia-ficción, pero funciona. Es más, suele alcanzar con una sola irradiación (no siempre), y además unidireccional, sin camillas con cabezales robóticos rotativos, ni sesiones múltiples o largas. Y esto abarata bastantes cosas. El equipo de protonterapia que debería estar instalándose en el Instituto de Oncología Ángel H. Roffo, entre el acelerador de partículas y sus “búnkeres” de irradiación, podría estar en U$ 80 millones. El prototipo neutronterapia BNCT, de la CNEA, sin los búnkeres, se vendió en sólo U$ 700.000.

Búnker radioblindado con cabezal rotativo de un aparato de protonterapia como el que se destina al Instituto Roffo, foto cortesía @ibatoday.

Pero la protonterapia tiene un “as de espadas” estadístico sobre el BNCT: desde que existe, se ha probado en unos 20.000 casos, lo que explica que ya haya unos 75 aparatos funcionando en el mundo. La pata renga del BNCT es una insuficiencia casuística que lo vuelve “la eterna promesa”. Si deja de serlo (y no es improbable que eso suceda en el KIRAMS de Corea gracias a la tecnología argentina), las ventajas del BNCT podrían ser todas estas: menos complejidad tecnológica, menos costos de fabricación e instalación, más especificidad y efectividad. El BNCT hasta podría masificarse, porque da pie para tratar muchos más pacientes por día, hacerlo una sola vez o a lo sumo dos, y disminuir así los traslados, y las agotadoras peleas por autorizar un tratamiento, y luego las largas listas de espera.

El problema con el BNCT ha sido irreductible hasta hace poco. ¿Cómo dispararle neutrones, estas balas subatómicas sin carga, a un tumor? Los reactores nucleares producen tremendos chorros de neutrones de alta energía. Si a éstos se les baja la velocidad al rango llamado “epitérmico”, serían ideales para BNCT.

Pero por el resto de sus características, no lo son en absoluto. Puede ver el RA-6 argentino, en Bariloche, en este video sobrio y poco chivero:

El búnker blindado a radiaciones que se le construyó al reactor barilochense en 2003 y nuevamente en 2015 para dos “trials” preclínicos al reactor es un radioquirófano improvisado.  Como ve, el RA-6, pese a ser un reactor chico, resulta enorme, carísimo e incompatible con toda unidad hospitalaria oncológica, tanto por arquitectura como por regulaciones nucleares.

Aunque la Argentina tiene a INVAP, la Sociedad del Estado rionegrino como mejor proveedor de reactores nucleares del mundo, sería difícil construir uno que cueste menos que U$ 80 millones, y la Autoridad Regulatoria Nuclear y el ANMAT no autorizarían su funcionamiento adentro de un hospital. En sus vecindades, tal vez. Urgente conseguir una fuente barata de neutrones que sea “hospital friendly”. La novedad es que parece que en Argentina la tenemos.

Ojo, en esto de sustituir a los reactores en BNCT hay otros en carrera: en Japón están utilizando ciclotrones preexistentes de Sumitomo Heavy Industries, pero estas máquinas son de muy alta energía y producen demasiada radioactividad. De todos modos, si quiere medir la confianza que le tiene al BNCT -y que Sumitomo se tiene a sí misma- son explícitas en este video un tanto triunfalista:

Mitsubishi en conjunto con otras instituciones japonesas está desarrollando aceleradores de radiofrecuencia, muy complejos y costosos.

También hay una firma estadounidense, Neutron Therapeutics, desarrollando máquinas electrostáticas pero diferentes a las de CNEA y bastante más caras. Una de ellas ya está instalándose en Finlandia.

El aparato de la CNEA también es electrostático pero más sencillo, barato, y creemos que más efectivo. Eso creen también los coreanos… y no son los únicos. Pero a diferencia de nosotros, los coreanos tienen chequera para tratar de demostrarlo con casuística. Y también dirigentes especializados, comprometidos, patriotas y nada zonzos para comprar tecnología.

¿Cómo funciona y por qué no es masiva la BNCT?

El KIRAMS, imponente hospital radiológico de Seúl donde en 2021 empezará a funcionar en pruebas preclínicas y clínicas la fuente de neutrones argentina para terapia BNCT.

A la fecha de hoy, hay dos moléculas orgánicas capaces de “contrabandear” boro dentro de una célula tumoral. La ya mencionada, la BPA o borofenilalanina, es un precursor proteico que las células tumorales devoran con entusiasmo de físicoculturistas: lo captan alrededor de 3,5 veces más en proporción que las células sanas. La otra molécula, el borocaptato de sodio, ha resultado menos selectivo.

Podría haber otros “carriers” más eficaces que la BPA, pero si no se encontraron es porque la investigación clínica en BNCT está empantanada desde hace tres décadas por falta de buenas fuentes de neutrones compatibles con los hospitales. Durante casi todo ese tiempo, la terapia BNCT se practicó en búnkeres improvisados en reactores nucleares, plantas que fueron diseñadas para fines muy distintos. Y hay apenas 250 aparatos de estos en todo el mundo, muchos de ellos ya viejos y listos para decomisión. Y eso en un planeta en el cual la incidencia de cáncer llegará a 27,5 millones de casos/año en 2040.

Las promesas incumplidas de la BNCT, en suma, son económicas, logísticas y regulatorias, y las más severas son las últimas.  Eso explica que haya tantas potencias y subpotencias médicas y tecnológicas (EEUU, Finlandia, Japón, Rusia, Italia, Israel, China, Taiwán, Argentina) que hicieron y hacen experimentos con BNCT. Pero también que sumando todo tipo de cánceres, en un cuarto de siglo esos países no hayan podido tratar más de aproximadamente 500 pacientes a fecha de hoy. No es nada.

Estos números a los oncólogos y radioterapeutas no les mueven el amperímetro. Lo que cuenta para ellos son las estadísticas grandes: presentales tasas de remisión parcial y total, menores efectos colaterales y alargamientos significativos de sobrevida en algunos miles de casos, y tal vez entonces te tomen en serio. Cuando lo hagan, empezarán a pelear con sus autoridades médicas para adquirir una fuente de neutrones. Que bien podría ser la de la CNEA, en versión completa. Y podemos fabricarla aquí: el prototipo está hecho con componentes mayormente nacionales y horas/hombre de ingeniería argentina, y mantenemos la propiedad intelectual del aparato.

¿Qué tiene el BNCT que lo sigue haciendo una especie de Santo Grial para tantos investigadores clínicos en tantos países, pese a casi 3 décadas con pocos avances? La promesa de una especificidad, puntería, afectación máxima del tumor y mínima del tejido adyacente como es difícil que pueda darlos ningún otro abordaje. Matar células tumorales sin que se enteren las sanas que la rodean: el sueño de todo radiólogo desde la posguerra. Estamos en eso.

(Continuará)

Daniel E. Arias

Corrigiendo a Infobae. Argentina NO debe abandonar la tecnología CANDU

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Infobae informó/tituló ayer (artículo de Martín Dinatale) “Alberto Fernández adelantó que acordará con China la construcción de una central nuclear en Argentina”. Hasta ahí, chocolate por la noticia: la decisión de compra con ese proveedor viene desde 2012. De haber alguna novedad, estaría en el párrafo 12: “Esta iniciativa dejará afuera a la tecnología canadiense CANDU que históricamente utilizó la Argentina para sus centrales nucleares”.

No, Dinatale, lo que se dejaría afuera es una decisión sobre el combustible tomada en 1967, y sobre la cual se construyó TODA la industria argentina nuclear. La Argentina se decantó entonces a favor del uranio natural, y descartó el uranio enriquecido, para no depender de importaciones críticas. Este es un mundo malvado: llegás a tener un desacuerdo diplomático importante con “la maffia del enriquecimiento” (EEUU, la UE, Rusia, China) y te dejan en apagón.

Como decisión con más de medio siglo, la experiencia industrial lograda en combustibles y componentes hoy nos permitiría hacer las centrales CANDU que se nos dé la gana, si tuviéramos la plata. No haríamos Atuchas. ¿Para qué? Son más caras, más complejas, y decir menos probadas es quedarse corto, porque sólo existen 2 en el mundo, las nuestras.

Son fortachonas, pero no tienen ni de lejos la cantidad de años en línea acumulados por las CANDU en 7 países y por más de 50 años. Por eso es improbable que logren las tasas espectaculares de “uptime” de las CANDU, cuyo factor de disponibilidad anda en el 93%. Antes de ser retubada, nuestra única CANDU, Embalse, tuvo un 89% de disponibilidad anual, y todo indica que con las muchas modernizaciones adquiridas va a llegar a 334 días por año de funcionamiento al 100% de su potencia instalada, que subió de 600 a 636 MW.

Lo que probablemente quiere señalar Dinatale es que vamos a comprarle una central Hwalong-1 de uranio enriquecido, una máquina que la CNNC (Chinese National Nuclear Corporation) le quiere vender a medio mundo, porque la considera “de bandera”. Hwalong significa “Dragón Chino”, como para una idea del carácter emblemático y del orgullo tecnológico nacional que suscita esta máquina en Beijing.

Y dándole el gustazo a China, pondríamos muy furiosos a los expertos en combustibles de la CNEA, que desarrollaron combustibles CANDU, de los que nos autoabastecemos gracias a la sociedad mixta CONUAR desde 1984. También estaremos afrentando a muchas otras empresas privadas asociadas a nuestro Plan Nuclear.

Para AgendAR, si esta decisión de Alberto Fernández es real y no otra operación de Infobae, tiene dos inconvenientes: probablemente “por genética”, ya que es una copia mejorada del reactor francés APR de 900 MW, la Hwalong-1 que nos ofrece insistentemente China desde 2012 es muy buena. Pero no está probada.

El otro inconveniente es que una compra llave en mano deja a miles de argentinos capacitados fuera de juego.

El que se quemó con leche…

Complejo de las centrales Atucha 1 y 2 en Lima, provincia de Buenos Aires

Nuestra experiencia comprando prototipos (como las Atuchas) es que te pueden dar sorpresas. No de seguridad, porque no compramos basura. Aún en épocas en que las autoridades regulatorias eran parte del organigrama de la CNEA, el proceso argentino de licenciamiento era severísimo. No da para felicitarnos porque nunca hayamos comprado la RBMK soviética que se accidentó en Chernobyl (habría sido políticamente imposible). Pero cuando todavía no habíamos tomado la decisión sabatiana del uranio natural y nos llegaron a poner bajo la nariz 21 ofertas de enriquecido, nos negamos firmemente a las GE MK1 estadounidenses, como las que se hicieron polvo en Fukushima. Y eran re-baratas.

Las centrales bien hechas y licenciables pero con poco kilometraje te pueden dar, en cambio, sorpresas de disponibilidad. A KWU-SIEMENS le compramos dos centrales por 2 motivos distintos: Atucha 1, porque literalmente nos la regalaron para que no compráramos una CANDU, que era lo que quería la mayor parte de los reactoristas y “combustibleros” de la CNEA. Atucha 2 se compró porque Canadá, extorsionado por EEUU, se negaba a vendernos 4 centrales como Embalse, salvo que firmáramos el Tratado de No Proliferación. El State Department sabía que no estábamos tras un arma nuclear ni mucho menos: la zancadilla era más bien contra los canadienses, cuyas máquinas CANDU les estaban mordiendo mercado mundial a las estadounidenses con toda facilidad. En esa segunda ocasión, los alemanes para nosotros fueron un plan B.

En 1988, un prototipo de la KWU-SIEMENS en Lima, provincia de Buenos Aires, llamado Atucha I sufrió la rotura de un canal refrigerante y hubo que parar la central casi 2 años hasta que la logramos arreglar por U$ 17 millones, tras descartar una “amable” oferta de SIEMENS por U$ 200 millones. Oferta que vino con todo tipo de aprietes de los medios y del propio gobierno de Raúl Alfonsín. Eso pasó, además, en medio de la peor epidemia nacional de apagones eléctricos de nuestra historia. ¿Cómo olvidarlo? El que va por prototipos se expone a esas cosas.

En AgendAR raramente compramos las afirmaciones a valor nominal. El colega Dinatale dice que “históricamente” hemos sido un país CANDU. Ojalá…

La Argentina utilizó sólo una vez la tecnología CANDU, con la central de Embalse. Le fue bárbaro. Utilizó más históricamente (si dos veces justifica ese adverbio) la de KWU-SIEMENS, con las que se hicieron las Atuchas I y II. Y es que en el mundo de los ’60 había sólo dos oferentes de máquinas de uranio natural: los canadienses y los alemanes. Y estos últimos, cultores del uranio enriquecido, improvisaron una máquina de uranio natural sólo para tener baza en nuestro mercado nuclear. Así de importantes éramos.

Lo que nos cuesta creer es que Alberto Fernández vaya a comprar sin más una central Hwalong-1 de 1180 MW de potencia. Es una máquina nada probada. Pero a diferencia de la muy experimentada CANDU que nos ofrecía financiar la CNNC (China National Nuclear Corporation), máquina que aclara el Ing. José Luis Antúnez sería íntegramente argentina salvo por el turbogrupo, la “isla nuclear” de la Hwalong-1, el corazón de la planta, no tiene ningún componente fabricable aquí por nuestra industria.

La objeción de Antúnez al texto anterior de esta nota da origen a esta corrección, que nos llegó 12 horas después de publicada, a las 18:27: «Nunca se habló de una CANDÚ china, ya que ese reactor no existe. China compró las CANDÚ a los canadienses llave en mano y no hizo traspaso de la tecnología como sí hicimos nosotros (al comprar Embalse). Lo que estaba en nuestro proyecto 2014 era un desarrollo nacional en base a nuestra tecnología y financiado parcialmente por China, junto con la provisión de los componentes que no se pueden comprar en Argentina, como el turbogrupo».

Preferí dejar mi error y la posterior corrección de Antúnez porque tanto mi equivocación como quien la corrigió son importantes. Mi equivocación fue nada menos que no darme cuenta de que Atucha III CANDÚ, según el plan de 2014, iba a ser nada más y nada menos que una central de marca nacional, en términos comerciales. La primera de nuestra historia. No sería una central china sino argentina financiada por China, lo que ilustra hasta qué punto dominamos la tecnología CANDU, casi la única más que la principal, en centrales de uranio natural y agua pesada. Estábamos por iniciar una marca.

Y prefiero incluir el nombre de Antúnez como quien señala mi error, porque es nada menos que el hombre que, como presidente de NA-SA en tiempos de CFK, se cargó a hombros la terminación de Atucha II, aquella llamada «Misión Imposible» ante la cual la misma SIEMENS, proveedora original, reculó. Y Antúnez triunfó. Y al hacerlo mostró por segunda vez que de esta rareza técnica que son las Atuchas hace rato que ya entendemos más que los alemanes. Desde que arreglamos Atucha I sin ellos, allá por 1989.

¿Se dan cuenta, lectores, que a esta altura de la historia somos -junto con Canadá y la India- el país que más y mejor conoce de centrales de uranio natural? ¿Y ahora resulta que tenemos que hacernos una lobotomía y olvidarnos de eso «para aprender de enriquecido, que es lo que hacen ‘los países adelantados'»? ¿Porque las centrales de enriquecido son mejores? ¿Son mejores? ¿Lo dice quién?

Y es que el negocio nuclear es de tecnología, no de potencia. Una CANDU la podemos hacer 100% argentina. Por ese espíritu sabatiano de la CNEA, la industria argentina viene abasteciendo nuestras plantas nucleoeléctricas desde el comienzo y en forma creciente. Empezando por los combustibles, materia en la cual somos autosuficientes desde 1984.

La noticia real, de ser cierto lo publicado por Infobae, sería la suspensión definitiva de Atucha III CANDU. Esta central venía del mismo proveedor, pero es totalmente diferente de la Hwalong-1. La CANDU que nos iba a financiar la CNNC es una copia “polenteada” y mejorada de nuestra propia CANDU 6 de Embalse, pero básicamente son la misma cosa. Nada de recipiente de presión sino tubos de presión, uranio natural y agua pesada, en lugar de uranio enriquecido y agua pesada, punto. Todo sencillo.

Y en la oferta pactada en 2014 con China, esa CANDU Nac & Pop que ofrecía financiarnos la CNNC venía con un 70% de participación de la industria argentina. SI eso se perdió, estimados, para nosotros es una necrológica.

Compre lo más nacional posible

Retubado de Embalse, operación finalizada en 2018.

En 1971, el Ministro de Economía Aldo Ferrer sacó la ley de “Compre Nacional” para forzar, entre otras cosas, que la primer central nuclear comprada por Argentina, Atucha I, tuviera un 35% de componentes nacionales incluso en instrumentación y electromecánica. Los alemanes de la KWU (luego SIEMENS), la firma proveedora, estaban indignados pero se tuvieron que fumar eso, y que el combustible se hiciera en Argentina. Éramos el único país sudamericano con un programa nuclear autónomo, compradores meticulosos y horribles, si los había. De esos de discutirlo todo y poner condiciones.

Embalse, una CANDU canadiense instalada en Córdoba, llegó a un 60% en valor de componentes y servicios locales, para poca alegría de los canadienses. Con Atucha II, se llegó al 71% de participación nacional. De modo que con la Hwalong-1 no se puede decir que volveríamos al casillero 1. Inauguraríamos el 0, total novedad en nuestra historia.

La ley de “Compre Nacional” está más muerta que el lamentado Ferrer, pero desde 2016 estamos haciendo extravagancias que hoy harían resucitar a don Aldo, y no precisamente para bendecirnos. Para componer los trenes metropolitanos y luego la línea Belgrano Cargas, Macri aceptó que China pusiera las locomotoras (nada de fabricar aquí), también los vagones, y ya que estaba, incluso los rieles y los durmientes.

Eso mientras en Córdoba, en otros actos de macrismo explícito, se cerraron las fábricas de locomotoras de Materfer y luego la de vagones graneleros (FM), así como también en Rosario capotó Rioro, de reparación de vagones. En el sistema actual de compras de bienes de capital del macrismo hay una modesta contribución criolla a alejar el fantasma de una recesión… en China.

¿Alberto Fernández va a hacer lo mismo? Perdón, Infobae, no te creemos. Se lo votó para crear trabajo. Y una CANDU en Lima (Dinatale se obstina repetidamente en ponerla en Campana, se equivoca hasta de lugar) generaría 7000 puestos de trabajo directos durante el pico de construcción. De indirectos, la cuenta es mucho mayor. ¿Y Una Hwalong? Ni ahí.

En una síntesis apretada, la Hwalong I -según Dinatale- se compra “llave en mano”, lo que deja afuera a las 129 empresas argentinas de distintas ingenierías que, contra todo pronóstico, terminaron Atucha II en 2011, y que la pusieron en marcha en 2014. Entre ellas están las 100 que luego retubaron (es decir reconstruyeron a cero) nuestra solitaria CANDU cordobesa, llamada Embalse. Fue un trabajo efectuado en tiempo y forma en 2018, con un 97% de participación nacional, y que le dio a esa máquina 30 años más de vida operativa.

De modo que todo el mundo industrial argentino, desde que Fernández ganó las elecciones, estaba esperando una CANDU, porque conocemos tan bien ese tipo de central que podríamos hacerla sin siquiera un tornillo importado, y de asesorías extranjeras ni hablar. Sólo que como China nos quería vender su Hwalong-1 como fuera, en 2014 le tuvo que añadir una CANDU argentina financiada por el mismo proveedor, la CNNC, como parte inicial de una oferta paquete, para tentarnos.

¿Y por qué es importante tentarnos? Porque aunque no nos parezca posible, somos -y seguimos siendo- el país con el programa nuclear más exitoso y prestigioso de Sudamérica. Hay dos reactores nucleares argentinos en Perú, uno vendido a Brasil y tres hospitales nucleares construyéndose en Bolivia para probarlo. Poner un fierro chino aquí es hacer pie en toda la región. Los chinos lo saben. Los argentinos, no.

Y el problema es cuál fierro. Con la Hwalong-1, que viene desde China como empaquetada en celofán, aquí no trabaja nadie. Hay firmas privadas gigantescas, como DYCASA, TECHINT, IMPSA, PÉREZ COMPANC, hay estatales como NA-SA, INVAP, CONUAR, DIOXITEK, hay 121 privadas medianas como CRUMA (estructuras metálicas, puentes, pasarelas) o TERMIPOL (esclusas, cerramientos especiales, anti-explosión e incluso anti-misil) que con la Hwalong-1 y nada más, se quedan mirando pasar el tren, como las vacas.

Todas ellas tuvieron fortísimos lucros cesantes desde que en mayo de 2018 el mejor ministro de Energía de la Shell, el Ing. Juan J. Aranguren, comunicó que se suspendía Atucha III “para no endeudar más al país”. Aranguren no debía estar al tanto de que era SU gobierno el que estaba generando esa deuda.

Hay 400 ingenieros en todas estas empresas que “sacaron chapa de nucleares” en obra, tanto en la compleción de Atucha II como en el retubamiento de Embalse. Hay 5000 técnicos y operarios que subieron su nivel de calificación con el aprendizaje de técnicas avanzadas de inspección de integridad de componentes, de soldadura de aleaciones raras, de transporte y montaje de precisión de componentes descomunales, como el recipiente de presión de Atucha II (975 toneladas) o los 4 enormes pero delicados generadores de vapor de Embalse, de 130 toneladas cada uno. Hay obreros calificados que se hicieron técnicos, técnicos que se hicieron casi ingenieros. Hubo una cascada de generación de recursos humanos.

¿Y ahora se le dice a esa gente? ¿Que se siente a mirar por la televisión cómo los chinos nos traen una Hwalong-1 “llave en mano”? En la “oferta paquete” por dos centrales que se cerró con China en 2014, en lo que se refiere a Atucha III CANDU, la CNNC ponía el 30% de componentes y servicios, y del resto nos ocupábamos nosotros. ¿Financiación? China cubría el 75% del costo, que a fines de U$ 2015 se estimaba en U$ 7000 millones.

Y la CNNC daba 8 años de gracia desde la entrada en línea para empezar los pagos, es decir que las dos centrales se pagaban solas con la venta de electricidad. ¿Era lo que queríamos? No, la verdad es que habríamos preferido que nos financiaran dos CANDU y se guardaran la Hwalong-1. ¿Era lo posible, dentro de lo negociable en 2014? Sí, al menos con aquella financiación de lujo por el «package deal», la CANDU y la Hwalong. No era ni es cierto que sea imprescindible iniciarnos en las artes de las centrales de uranio enriquecido. ¿Para qué estamos construyendo el CAREM? Es de uranio enriquecido, PERO EL DISEÑO ES 100% NUESTRO.

Si los U$ 150 mil millones de deuda externa nueva tomados por este gobierno estuvieran en inversiones de este tipo, hoy estaríamos al límite de nuestros recursos humanos para construir tanta infraestructura. Tendríamos que estar abriendo dos o tres carreras de ingeniería, química y física nuclear.

Que Macri descartara la CANDU en 2018 no despeinó a los chinos. Que luego exasperara a la CNNC con “bueno, te compro la Hwalong”, “no, no te la compro nada”, “sí te la compro”, “no te la compro” es coherente con el resto de su balbuceante desgobierno, pero no con el gobierno que viene. Fuera de una oferta paquete, ¿necesitamos una central de uranio enriquecido en la que no tendremos arte ni parte, salvo quizás la “obra civil” (hormigón armado)? Habiendo mantenido como línea la decisión del uranio natural tomada en 1967, toda nuestra industria nuclear estatal y privada está formateada para ese tipo de combustible.

Descartar la CANDU es abrazar una tecnología disruptiva para toda nuestra historia nuclear anterior. Tan disruptiva que deja al borde del cierre la PIAP, o Planta Industrial de Agua Pesada contigua a la central hidroeléctrica de Arroyito, Neuquén. Una lástima: es la mayor fábrica del mundo de este insumo usado por 49 centrales CANDU en 7 países del mundo, y cuyo precio está entre los U$ 700 mil y U$ 800 mil la tonelada. 1000 trabajos a perderse, ahí en la PIAP. Y una instalación que a fecha de hoy costaría U$ 1300 millones, por lo bajo.

La Hwalong-1, de generación III, está llena de sistemas de seguridad pasiva y es probablemente una muy buena máquina. Teniendo en cuenta su linaje (las excelentes APR francesas de generación II), sólo se le pueden suponer virtudes, porque no se le conocen defectos.

Pero el problema es por qué no se le conocen defectos: no hay máquina que no tenga alguno. No se le conocen porque a fecha de hoy hay una sola Hwalong-1 entrando en línea en el mundo. Está en Fuquing, provincia costera de Fujiang. La CNNC y el gobierno chino han decidido hacer de esa central su “caballito de batalla” en infraestructura propia y en exportación. Tienen hay 4 más en obra: 2 en Fangjiashan y 2 en Fangchenggang.

¿Y afuera cómo les va, de ventas? Bárbaro. Pakistán pidió 5 Hwalong-1, aunque el Reino Unido estudia, cauteloso y desde hace años, la adquisición de 8. Pero hablar de cautela británica es un “understatement”. El ONR (Office for Nuclear Regulation) se tomará hasta 2021 para estudiar la ingeniería. Y sólo dada su aprobación, transcurrirán algunos años de discusión para que otros organismos del gobierno negocien con CNNC la participación de la industria nuclear inglesa.

Mientras tanto, los 600 expertos de la ONR estudiarán las distintas Hualong I que irán entrando en servicio y podrán juzgar su desempeño ya no sobre documentación sino sobre bases experimentales, muchas gracias, pakistaníes. Y de paso y cañazo estudiarán la seguridad del EPR francés de ARÉVA, el CANDU ACR 1000 y el GE-Hitachi. Aprobaron el AP-1000 de Westinghouse, el “Cadillac” de las centrales nucleoeléctricas, justo el día en que Westinghouse quebró. Pero no derramaron ni una lágrima. Si algo sobra en Occidente hoy es capacidad instalada ociosa en la industria nuclear y ofertones. En China no hay capacidad ociosa, pero sí buena financiación. El que quiere seguridad, disponibilidad, historial bien documentado y precio, los consigue. Y nosotros otra vez comprando un prototipo…

Por último, en Argentina sobra territorio, pero no sitios autorizados para poner centrales. Atucha III debe ser una CANDU, como se pactó en 2014. La Hwalong-1, ya veremos en dónde ponerla. Con el desastre político que armó Macri cuando en 2017 avisó desde China que iría a Río Negro, donde literalmente provocó una pueblada, no será una negociación fácil con la provincia receptora. No veo ninguna que se tire “de palomita” para atajarla.

Daniel E. Arias

Una de cada cuatro especies de mamíferos de Argentina está amenazada

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El 24 % del total de las especies de mamíferos de Argentina están amenazadas, según la Categorización 2019 del Estado de Conservación de los Mamíferos de la Argentina (conocida como Lista Roja) que presentó la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación y la Sociedad Argentina para el Estudio de los Mamíferos (SAREM).

En comparación con la primera lista roja de mamíferos, realizada en 2012, el nivel de amenaza aumentó un 4 %.

El estudio, que demandó más de dos años de trabajo, ofrece información detallada y actualizada sobre rasgos eto-ecológicos, taxonomía, distribución y amenazas de las 395 especies de presencia confirmada en Argentina. “Participaron cerca de 400 investigadores y referentes de distintas partes del país en la confección y el análisis de este listado. Sobre las casi 400 especies que hay en el país, un 24% están amenazadas: vulnerable, en peligro o en peligro crítico”, dijo Diego Moreno, secretario de Política Ambiental en Recursos Naturales de la Secretaria quien presentó el listado junto a Javier Pereira, presidente de SAREM, en el marco de las XXXII Jornadas Argentinas de Mastozoología, en Puerto Madryn.

El proceso de categorización arroja que de las especies de mamíferos tres están extintas, dos extintas a nivel regional, 98 están amenazadas y 40 están cercanas a la amenaza. Las especies extintas consideradas en este proceso son el zorro-lobo de Malvinas, el zorro-lobo continental y la rata acuática grande Por su parte, las consideradas regionalmente extintas son el lobo gargantilla y el colicorto de una raya.

En peligro critico se encuentran siete especies: el yaguareté, el mono rojo aullador, la rata vizcacha de Los Chalchaleros, la rata vizcacha dorada, el tuco-tuco de Roig, el tuco-tuco de d’Orbigny y la Rata nutria del Atuel. Y hay otras 26 en peligro de extinción. Entre ellas, el venado de las pampas, el huemul, la ballena azul, el pecarí, el murciélago común de orejas largas y el tatú carreta.

La pérdida y degradación del hábitat es considerada la amenaza más frecuente y señalada para más del 75 % de las especies de mamíferos nativos, en tanto que otras situaciones también suponen un riesgo según el grupo de especies. La caza ilegal es una amenaza relevante para la totalidad de los primates, el 93 % de los ungulados, el 87 % de los xenartros y el 80 % de los carnívoros terrestres.

Los atropellamientos en rutas es un riesgo para el 89 % de los carnívoros terrestres, el 67 % de los ungulados, el 60 % de los primates y el 25 % de los marsupiales. “Hay otro causa importante que ha surgido con consenso del sector científico y es el tema del efecto de la depredación por perros asilvestrados. Un problema que estamos viendo en forma bastante recurrente, no sólo para el tema de conservación de especies sino productivo (afectación al ganado), señaló Moreno.

Las principales amenazas indicadas para los cetáceos fueron contaminación (afecta al 86 % de las especies), la captura (65 %) y la reducción de presas (51 %). Las enfermedades fueron identificadas como amenazas importantes para ungulados, primates y carnívoros terrestres. Finalmente, la presencia de especies exóticas invasoras resulta de importancia principalmente para los ungulados, y en menor medida para los carnívoros terrestres.

Argentina, pionera en un proyecto que busca conservar animales en peligro de extinción
“Desde la Secretaría de Ambiente nacional estamos llevando adelante el Plan de Acción Extinción Cero, cuyo objetivo es fortalecer las acciones y políticas para la conservación de especies autóctonas en estado crítico. Lanzamos el Plan de conservación del yaguareté donde interviene también parques nacionales y las distintas provincias donde todavía se distribuye la especie. Se han implementado trabajos muy importantes y en algunas zonas como Misiones se ha comenzado a ver la recuperación de la población de los yaguaretés”, destacó Moreno.

Creció un 30% la cantidad de locales vacíos en la Ciudad de Buenos Aires

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Según un informe de la Cámara Argentina de Comercio (CAC), la cantidad de locales sin actividad —en venta, alquiler, clausurados o simplemente cerrados— creció un 30% en septiembre y octubre, en comparación con el mismo período del año pasado.

Durante esos meses se detectaron 296 locales sin actividad comercial en las zonas relevadas, que incluyen las principales arterias comerciales de la ciudad (avenidas Córdoba, Cabildo, Santa Fe, Rivadavia, Avellaneda y Corrientes) y la calle Florida. Respecto a la medición anterior, correspondiente al período julio y agosto de 2019, el aumento fue del 50%.

Los locales inactivos en el período anterior eran 197, según detalla el informe. En tanto, en la comparación interanual —respecto al período septiembre y octubre de 2018— se registró un alza de 30%. En el quinto bimestre del año pasado los locales sin actividad eran 228. Las avenidas que más sufrieron el fenómeno, según destaca el análisis de la CAC fueron Avellaneda y Corrientes.

Solo en la avenida Pueyrredón no hubo un aumento de los locales vacíos y, a diferencia del resto, los negocios cerrados en 2019 resultaron menos que en el mismo bimestre del año anterior “En septiembre y octubre notamos un fuerte repunte en la cantidad de locales vacíos, lo que suele ser un indicador de las expectativas de mediano plazo. Cuando alguien planea la apertura de un local lo hace apostando a sostenerse más de un año”, explicó Ana Laura Jaruf, economista de la CAC.

Argentina en el mar (Átomos, naves y submarinos) – VII

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Aquí suspendemos -por ahora- la serie de notas con las que nos propusimos recordar a los argentinos su destino océanico. Antes que repasar recursos, esbozamos nuevos proyectos. Que son posibles si bastantes argentinos, dentro y fuera de las instituciones armadas, los asumen.

No seríamos el primer país en subir un reactor convectivo, o de circulación natural, a una embarcación. Lo hizo primero la entonces llamada República Federal Alemana (la RFA) con el transporte de minerales Otto Hahn, botado en 1964 y retirado de servicio en 1979. En esos 30 años navegó 1,2 millones de km. gastando unos 60 kg. de uranio levemente enriquecido; lo que le ganó el calificativo de “un éxito irrelevante” por parte de GCaptain, un newsletter de la industria naval que ama las externalidades.

¿Cuáles externalidades? Sigue siendo mejor operar una flota comercial térmica movida a “bunker oil”, el residuo último y más berreta del proceso de “cracking” del petróleo. Es casi carbón líquido (bueno, bastante líquido). Scientific American, la OMS (Organización Mundial de la Salud) y hasta la OMI (Organización Marítima Internacional) coinciden en que el bunker genera humo con hollines tan llenos de HAPS (hidrocaburos aromáticos persistentes), y además tantos óxidos de azufre y de nitrógeno, que está matando prematuramente de tumores respiratorios y EPOC (Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica) a 90.000 personas/año en puertos y “choke points” (cuellos de botella de la navegación marítima).

Los 15 mayores barcos  del año 2009, en general containeras con motores de 109.000 HP promedio, generaban tantos HAPS como la flota mundial automovilística, aquel año integrada por 790 millones de autos. Los 90.000 mercantes enlistados aquel año por Lloyds produjeron el 30% de los óxidos de nitrógeno y el 9% de los de azufre que contaminan la atmósfera por acción humana. Otro modo de ver el asunto es que cada nave mercante aquel año mató a su ñato. Me limito a medir el impacto del bunker-oil sobre la salud humana, y dejo de lado su impacto climático por contribución al calentamiento global. Evitar 90.000 muertes prematuras/año, entonces, retomando la opinión tan naviera de GCaptain, debería considerarse un éxito comercial relevante.

Hago estas aclaraciones porque si algún día la Argentina va al frente con planes de navegación nuclear, Greenpace y similares nos acusarán de tramar Chernobyles flotantes, mientras la diplomacia de los poderosos y preocupados emite anónimos y consternados “white papers” para conmover a nuestros diplomáticos, políticos, jueces y periodistas “al uso”. No descarto intervenciones más brutales, como la que se vio en Brasil en 2015. Ya llegaré a eso.

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El reactor PWR “no compacto” que movía al Savannah, nave con líneas más cerca de transatlántico de 32 nudos que de carguero patachón de 12 nudos. Las cuentas no cerraban ni a palos.

El Otto Hahn compitió unos pocos años con el US Savannah, botado en 1959 y movido por un PWR convencional, con los circuitos primario y secundario separados. Veloz, esbelto y aerodinámico como un transatlántico (rara tipología para un carguero), el Savannah salió de servicio en 1965 por sus altos costos de mantenimiento. Hoy funge de museo flotante en Baltimore. Como experimento, dejó en claro que para transportar cargas de bulto y poco valor por tonelada, es más barato un mionca que una Ferrari.

El barco oceanográfico japonés Mutsu no logró sus objetivos científicos porque debido a fisuras en su contención, su reactor “fugaba” neutrones a lo pavote: perdía su potencia irradiando a la tripulación. Hubo quejas y cajoneo. Hoy el Sevmorput ruso es el único carguero nuclear del planeta, pero por buenas razones: como conteinera mercante polar, gasta mucha potencia en romper hielo. Sólo en los mares polares este tipo de propulsión logra cerrar las cuentas.

Cuando tuvo su bautismo de mar, sólo 2 años tras la catástrofe de Chernobyl, lo que le cerraban al Sevmorpout eran los puertos, incluso los soviéticos, porque hasta los camaradas estibadores temían que su reactor NKL-40 tuviera algún parecido técnico con el RBMK que se acababa de hacer puré radioactivo en Ucrania. Para felicidad de Atomflot, el dueño actual, de la nave, la planta es un PWR de lo más convencional, con bastante “back-up” en sistemas de seguridad.

El extraño nombre de esa nave es un apócope de  Северный Морской Путь. Significa “la ruta del Norte” en buen cirílico, como Ud. habrá deducido. No es que haya muchas otras para navegar en la Santa Madrecita Rusia, país continental como pocos…

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Las rutas del Sevmorput en 2016: 9 meses por año de hielo y más hielo, incluso en verano.

Con su proa acucharada de rompehielos y sus casi 40.000 HP (muchos burros para un mercante no tanto mayor que un Panamax), el Sevmorput logra avanzar a 2 nudos por hielo de 1 metro de grosor: caminando a la par sobre hielo liso, Ud. lo sobrepasaría apurando el paso: el hielo no es para impacientes. Y hablamos de la endeble banquisa Ártica, un chiste al lado de su cada vez más robusta contraparte Antártica.

¿A qué va tanta introducción? A que hoy decir “naval y nuclear” es cosa no de marineros sino de submarinistas. La US Navy se enamoró de la simplicidad y buen desempeño del reactor alemán del Otto Hahn, porque era de circulación natural, integrado (con los generadores de vapor encapsulados en el recipiente de presión) y muy silencioso. Lo tomó como base del S5G, cuyo modelo de ensayo se construyó y testeó en los Idaho National Labs. Entre 1969 y 1999, una copia plenamente navalizada de esa planta fungió de unidad motriz del submarino SSN Narwhal, una bestia considerable de 5300 toneladas de desplazamiento, demasiado grande para una nave “de caza” (es decir, un submarino “killer-hunter”, o cazasubmarinos). El Narwhal era un experimento.

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La centralita nuclear integrada del Otto Hahn, tan compacta que podía viajar armada en un camión, y silenciosa por su circulación convectiva. La marina yanqui la copió al hartazgo.

Su andar, más furtivo que el del resto de las naves de ese oficio sigiloso, le permitía hacer cosas raras: fue tal vez el primer submarino hacker de la historia. Pinchaba cables  intercontinentales de telecomunicaciones mediante el uso de robots teleguiados (ROVs), para pispear sin deschavarse las charlitas de enemigos y aliados. También escrutaba las fuentes marinas de sonido a grandes distancias, arrastrando un largo tren de sonares pasivos detrás de sí. Eso le daba a la US Navy un primer mapa de amenazas soviéticas marinas a escala de todo un océano en tiempo casi real.

Además de eso, el Narwhal brillaba en su métier más aburrido, “caminarle la nuca” a submarinos soviéticos y rusos sin que estos se avivaran, tratando en lo posible de no chocarlos (ha ocurrido). Su historial de servicio es una suma de vaguedades, ergo: sigue secreto. Su motor nuclear S5G tenía una potencia térmica de 90 MW que movían una turbina acoplada directamente al árbol de la hélice, sin engranajes reductores ruidosos. Así, podía pasar sumergido bajo la Flota Soviética del Báltico sin que a ningún almirante se le derramara siquiera el vodka, y a 22 nudos, que no es chiste para un sub: nuestros TR-1700, realmente rápidos para su propulsión diésel-eléctrica, dan sólo 25. Pero para un escape o un flanqueo, el Narwhal se cree que tiraba 40 nudos o por ahí (la US Navy lo niega, pero sin énfasis). Para ello, el reactor debía pasar a refrigeración mixta, asistida por bombas, y entonces no mezquinar potencia ni ruido aunque el enemigo “le largara los perros”: las bombas son la principal fuente sónica de cualquier submarino nuclear.

Aunque el Narwhal fue un prototipo que no se repitió, su éxito se mide por el hecho de que el reactor S8G, planta motriz de los 18 enormes submarinos misilísticos yanquis clase Ohio es, se dice, un S5G “on steroids”: tira 220 MW térmicos, y sólo en raras ocasiones tiene que hacer uso de refrigeración asistida por bombeo.

Daniel E. Arias

La próxima SUV de Volkswagen tendrá el 60% de piezas locales

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La empresa Volkswagen confirmó que a fines de 2020 se comenzará a fabricar el llamado Proyecto Tarek, una inversión de 650 millones de dólares para producir una SUV del Segmento C (compacto) en su planta de Pacheco en Argentina.

El anuncio fue realizado por Thomas Owsianski, CEO de VW Group Argentina, quien comentó que el nombre comercial del nuevo modelo aún no fue definido (en China ya se vende como Tharu, ver fotos). Sin embargo, confirmó que será un producto con alto contenido de piezas locales. Arrancará con un 40% de integración en 2020 y el objetivo es llegar al 60% en 2023.

En caso de alcanzar ese objetivo, igualará a la Toyota Hilux, el único vehículo nacional con 60% de piezas localizadas. Esto demandará un esfuerzo de VW en el desarrollo de productores de autopartes en la región.

El Proyecto Tarek es una SUV que llevará el conocido motor 1.4 TSi (turbonaftero de 150 cv y 250 Nm) y se combinará con caja automática Tiptronic. En una primera etapa, sólo habrá versiones con tracción delantera.

La radicación de esta plataforma en Pacheco permitirá que se pueda producir otro modelo en el futuro, sobre la misma base. Uno de los proyectos favoritos del presidente de VW Latinoamérica, el argentino Pablo Di Si, es la pick-up Tarok, un utilitario liviano y con carrocería autoportante, para competir en el mismo segmento de la Fiat Toro.


40% de las empresas argentinas encaran algún tipo de transformación digital

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Más de dos tercios de las empresas argentinas están activas en alguna etapa de transformación tecnológica y digital. Y casi la mitad, el 40%, tiene proyectos en proceso, según un reportaje de iProfesional a Rubén Belluomo, gerente comercial para el Cono Sur en Infor, uno de los mayores fabricantes globales de software empresarial en la nube, que tiene 17.300 empleados y más de 68.000 clientes en más de 170 países. Belluomo explica en la siguiente entrevista cómo afecta el atraso tecnológico en las empresas argentinas:

¿Cómo se encuentran las empresas argentinas, el Estado en sus diferentes niveles y los profesionales en relación a la adquisición y adopción de hardware, software e infraestructura de redes respecto al resto de América latina?

-Todas las empresas tanto del estado como privadas ya cuentan con software para su gestión, tanto en Argentina como en el resto de América Latina. Lo que vemos en nuestro país es que las empresas tardan más que en el resto de la región en hacer las actualizaciones a las nuevas versiones con nueva tecnología para la transformación digital.

Por otro lado, la transformación digital está actualmente en la agenda de todas las empresas. Es prioridad en los planes estratégicos y foco de todo tipo de empresas. Es algo de tanto impacto que la (consultora) International Data Corporation (IDC) indica que los gastos en tecnología y servicios que permitan la transformación digital en las empresas será de 1,.97 trillones de dólares en 2022 en el mundo.

¿Cuáles son los segmentos (hardware, software y redes) de mayor atraso? ¿Y cuáles son sus causas?

-Desde nuestro lado podemos solo hablar del software, y en ese aspecto el atraso tecnológico no es tan grande, depende de cada empresa. Las causas son en general tanto económicas como culturales y tienen que ver con el miedo al cambio. La mayoría sabe que necesita actualizarse, investiga y averigua la inversión necesaria, pero muchas veces demora en la decisión.

¿Cuáles son los segmentos de mercado (corporaciones, Estado, pymes, profesionales) más afectados por este atraso?

– Calculamos que más de dos tercios de las empresas están activas en alguna etapa de transformación tecnológica y digital. Casi la mitad, el 40%, cuenta con proyectos formales en proceso. No veo que haya un sector que esté más afectado que otros.

¿Cuáles son los impactos de este atraso en las empresas, el Estado y los profesionales?

-Los impactos son enormes. No actualizar su software llevará a las empresas a obtener una menor rentabilidad y productividad, y una menor competitividad interna y de exportación.

Hoy con el uso de la movilidad, la nube, la digitalización, la inteligencia artificial y el internet de las cosas las empresas ven enormes mejoras en la calidad del producto, del trabajo y la rentabilidad.

¿Cómo se puede recuperar este atraso? ¿Qué medidas se deberían adoptar?

-Para no quedar atrasadas las empresas deben invertir en tecnología. La digitalización llegó para quedarse. A medida que las estrategias digitales continúan evolucionando, algunas empresas se demoran más que otras para ingresar en el circuito.

La innovación se multiplica exponencialmente y algunos expertos predicen que cada vez será mayor la diferencia entre los innovadores y las empresas que se resistan a innovar. Aquellos que están indecisos, temerosos del riesgo o restringidos por falta de capital disponible, son los que más rezagados quedarán en este cambio.

Quieren regular en C.A.B.A. los alojamientos temporarios gestionados desde apps

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Hay un boom inmobiliario en la ciudad de Buenos Aires en el rubro de alquileres por plazos cortos gestionados a través de apps: en 2019, con 3 millones de visitantes, generará 3 mil millones de dólares. Buscan regularlo.

Destacando la necesidad de «crear un modelo de gestión para los alojamientos temporarios» en la ciudad de Buenos Aires, el oficialismo presentó un proyecto que apunta a regular esos alquileres turísticos muy frecuentes en la Capital, cobrados habitualmente en dólares.

Los números del alquiler temporario son impactantes: en 2019 habría movido 3 mil millones de dólares, con 3 millones de visitantes. La iniciativa de regulación lleva la firma del diputado Gonzalo Straface (Vamos Juntos), y establece la creación del “Registro de Propiedades de Alquileres Temporarios Turísticos de la Ciudad”, marco en el que deberán inscribirse las unidades de alojamiento que reciban a turistas en la ciudad, con el Ente de Turismo porteño como autoridad de aplicación.

“Se entiende por alquiler temporario turístico al servicio de alojamiento en unidades con destino habitacional, en su totalidad o una parte de éstas, por un período mínimo de una pernoctación y de hasta tres meses”, señala el proyecto de Straface.

«El turismo constituye una de las actividades económicas más importantes a nivel global y crece a un ritmo del doble que la economía mundial, es una actividad es reconocida por las Naciones Unidas como una herramienta estratégica para la generación de empleos, ingresos y el desarrollo sostenible de las ciudades, y como un factor clave para la mejora de la calidad de vida de sus habitantes. Este fenómeno no es ajeno a nuestra Ciudad de Buenos Aires, en donde el turismo internacional viene creciendo en forma ininterrumpida hace 3 años.

El lugar destinado al alquiler tendrá que exhibir en su entrada una copia del certificado de inscripción al Registro y contar con un seguro de responsabilidad civil por daños contra terceros. Entre las obligaciones para los denominados “anfitriones”, puntualiza la iniciativa que estará la obligación de “informar al consorcio de copropietarios” de que la unidad va a ser ocupada por turistas. También, deberán “constatar la identidad y registrar información de cada huésped alojado, así como el período de alojamiento” y notificar “al Ente de Turismo de la Ciudad el cese de su ofrecimiento como propiedad de alquiler temporario”, en el caso que así ocurriera.

La autoridad de aplicación será el Ente de Turismo de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, estará prohibido el alquiler a niñas, niños o adolescentes menores de edad que no estén acompañados o autorizados fehacientemente por sus padres, tutores o responsables legales.

Bolivia: dudas sobre los hospitales nucleares que construye INVAP

La empresa de investigación aplicada está ejecutando un contrato para la construcción de tres centros de medicina nuclear y tratamiento de radioterapia. Hay técnicos argentinos en La Paz y especialistas bolivianos que se forman en Bariloche. Temores por la violencia.

Con Evo Morales fuera de la presidencia de Bolivia, el futuro de uno de los tres grandes contratos internacionales en materia nuclear que tiene Invap entró en una etapa de enorme incertidumbre. Es tal la falta de certezas que nadie quiere hablar: ni los directivos de la empresa estatal rionegrina ni los médicos y técnicos bolivianos que desde hace meses se están formando en el Centro de Radioterapia de Bariloche.

En Bariloche hay diez especialistas de las áreas de oncología, radioterapia, física médica y bio-imagenología que se están formando en Intecnus, la fundación que creó la Comisión Nacional de Energía Atómica para operar el Centro de Radioterapia ubicado en Río Negro. Y en Bolivia hay entre 8 y 10 empleados de Invap, entre técnicos, ingenieros y físicos. “Había dos mujeres, pero las hicimos volver por precaución”, dijo un vocero de la empresa.

El centro de radioterapia de La Paz tiene un nivel de avance del 40% y el de Santa Cruz de la Sierra, de un 70%. Los datos aportados desde Bolivia fueron cotejados con una fuente de Invap en Bariloche, que también pidió que su nombre no se publicara.

El contrato de los centros de medicina nuclear en Bolivia es por 150 millones de dólares. El flujo de pagos fue hasta ahora constante y nadie en Invap se anima a arriesgar cómo continuará la ejecución del pacto comercial.

  • US$ 150.000.000 es el monto del contrato que une a la Agencia Boliviana de Energía Nuclear con Invap para la construcción de centros de radioterapia.
  • $ 7.500.000.000 facturó Invap en su último ejercicio, iniciado en julio de 2018 y finalizado en junio de 2019, según el balance aprobado hace un mes.

Para la empresa el ingreso de dólares es vital para sostener la estructura de 1.400 empleados, la mayoría de los cuales trabaja en Bariloche. Aunque deben liquidar esas divisas y transformarlas en un término perentorio en pesos, los contratos en dólares fueron un plus para la empresa en estos años. Además de Bolivia, la empresa tiene contratos con Brasil y con Holanda.

En primer plano Vicente Campenni, CEO de Invap. Detrás, el entonces presidente Evo Morales.

Las obras en territorio boliviano avanzaron hasta ahora a buen ritmo. El contrato con Invap es por la provisión “llave en mano” de los centros de medicina nuclear. El diseño y la dirección están a cargo de la empresa con sede en Bariloche, pero la construcción es con empresas locales.

Para el gobierno de Evo Morales, se trataba de obras prioritarias. Por eso –explicaron en Invap– nunca hubo interrupciones en el flujo de los fondos. “Las empresas que contratamos en Bolivia son dos y ambas trabajan muy bien, cumplen con los plazos, son serios y tienen alta calidad”, dijo el portavoz de Invap.

Argentina en el mar (y en la Antártida – Pampa Azul 2.0) – VI

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Esta serie de notas se planteó con una idea muy básica: recordarnos que Argentina es un país oceánico. Lo es desde antes que la ONU reconociese nuestra soberanía sobre territorios bajo el mar iguales al 35% de toda nuestra superficie continental. Lo es desde que la geografía y la historia nos ubicaron en el sur de la masa continental – Sudamérica – situada en un hemisferio en el que la mayor parte es océano. Nuestro comercio se hace en una inmensa proporción por vía marina.

A pesar de eso -o como síntoma de nuestros problemas- hubo muy pocos intentos de asumir ese desafío. Civiles, recuerdo dos: la Flota Mercante del Estado, el proyecto Pampa Azul… Por supuesto, están nuestros astilleros, asfixiados en los ’90 y ahora también. Pensamos que, para retomar los viejos esfuerzos, es necesario plantear también nuevos desafíos. Aquí lo estamos haciendo.

El cauto silencio de los lectores en relación a mis propuestas de construir barcos nucleares indican que una parte de ellos se pregunta qué me fumé. Hoy el asunto les parece “Fantasy & Science Fiction”.  Están con el peso moral de una gestión de gobierno que comenzó con ajuste en ciencia y tecnología más endeudamiento y culminó con ajuste en todo, y de yapa un endeudamiento sin final, y una devastación del tejido social argentino como no la veíamos desde 2001. Comparto algo del escepticismo con que muchos leerán esta nota.

En tiempos de perder libertades, derechos e industrias, los argentinos nos ovillamos como perros apaleados. Perdemos esa capacidad de “¿Y por qué no?” que algunas veces nos hizo renacer de las cenizas. Pero uno, amig@s, es lo que uno hace con lo que hicieron de uno, y lo mismo vale para los países. De los laberintos se sale por arriba.

Veo su sonrisa escéptica. Yo hablo de ponerle átomos a un programa del gobierno de CFK (Pampa Azul) que todavía existe, bajo la precaria protección de un Ministerio de Ciencia y Tecnología, que se fue degradando en medios y autoridad al nivel de una Secretaría. Aprovecho para agradecer al presidente del CONICET, el tecnólogo en química Miguel Laborde, su esfuerzo callado por mantener vivo este proyecto bien nacido. Y bien pensado, porque pone parte del futuro del país en el conocimiento, el dominio y la explotación racional del Mar Argentino.

Entre tanto, el gobierno le prendió fuego, incansable, a todas esas ramas del árbol industrial argentino “que nos separan del mundo” con su terquedad en existir, algunas tan diferentes entre sí como la del calzado, la metalmecánica, la láctea, la textil, la ferroviaria y la electrónica. Pero la preferencia del macrismo por exterminar rápido y bien los brotes nucleares, espaciales, radarísticos, biotecnológicos, de armamento y aeronáuticos resurgidos como de un derrumbe a partir desde 2004 es clarísima. Son gravosos para ciertas embajadas. Y son proyectos que se mueren fácil, como toda incursión en alta tecnología de cualquier de mediano desarrollo, cuando no tienen demanda, sostén o licenciamiento estatal.

Entre tanto, la rampa de deuda externa que garantiza que no la vuelvan a tener ya la pagan chicos sin escuela, adultos sin empleo, discapacitados sin pensiones y jubilados sin medicamentos. Lo de hoy hará sangrar a millones de argentinos que aún no nacieron, y a sus hijos. Pero nacerán y algo habremos de dejarles, además de deudas y dudas.

Yo elijo dejar un programa de largo alcance. Formular un plan y atenerse a él es resueltamente ajeno al pensamiento y la práctica del político argentino promedio. Se entiende: no se forman buenos coreógrafos en un teatro en llamas.

Este programa en particular, el de construir un barco polar y también un rompehielos, ambos con propulsión nuclear, puede ser parte de cualquier plan mayor de reindustrialización y complejización (perdón por la palabreja) de la economía, y de reconstrucción del estado. Son asuntos inseparables, pero eso lo dejo a otros que entiendan más. Me atengo a la parte que más me interesa: rehabilitación naval y nuclear, haciendo sinergia.

¿Es un aporte mío? No mucho. Logro imaginarlo –perdón por robarle la frase, don Newton- porque pude pararme, aunque tambaleando, sobre los hombros de algunos gigantes. Hablo del almirante Segundo Storni y su olvidada lucha por una industria naval propia, del entrañable Jorjón Sabato, que nos explicó el orgullo de tener un programa nuclear independiente para alimentar de ideas a otras de nuestras industrias, de los hermanos Carlos y Oscar Varsavsky, que en los ’70 le dieron alas a nuestra fulgurante y breve despegue en electrónica y computación, del contralmirante Carlos Castro Madero y sus obras nucleares, de Franco Varotto, que inventó INVAP y después también la CONAE, de quienes me volvieron el periodista nuclear que soy hoy: Mario Mariscotti, Becho Murmis, Renato Radicella, Roberto Cirimello, Cacho Otheguy, Carlos Aráoz y sigue la lista. ¿Es viable el plan? No sin intentarlo. ¿Nos dejarán? No, pero ¿volveremos a dejar que no nos dejen? Amig@s, en la cancha, como siempre, se verán los pingos.

De modo que aclaro nuevamente:

Estoy planificando para la reconstrucción, con otro gobierno. Ni El Proceso, el menemismo, el delarruismo y el macrismo lograron matar a la Argentina, ni ésta morirá con nosotros.

Tenemos 1,87 millones de km2 de territorios nuevos –casi todos abisales- de los cuales sólo gozaremos de soberanía indisputada en 370.000 km2. El resto, a discutir, y la pulseada principal será con el Reino Unido.

Por un efecto paradójico del calentamiento global, la banquisa antártica está en expansión, al contrario de lo que sucede con los hielos árticos, cada vez menos extensos. El el violento Océano Antártico, las tormentas se han vuelto más frecuentes y peores, y la navegación local cada vez más peligrosa. Más tarde abundaré en dudas sobre este desconcierto.

Es indudable que en esta crisis hay una oportunidad: podemos ser el primer país del mundo en construir dos barcos diseñados específicamente para bancarse a año completo ese escenario antártico empeorado. Podemos vender sus servicios oceanográficos, pero también los de asistencia y rescate a terceros países. Con los “fierros” adecuados, en ese infierno ululante hay plata a hacer y soberanía a ganar.

Tengamos presente algo: la presencia argentina en la Antártida tiene uno de sus comienzos en 1903, cuando los integrantes de la primera expedición sueca a ese continente quedaron divididos en tres grupos sin comunicaciones, con muy escasas herramientas y limitadísimas provisiones.

El 8 de noviembre de ese 1903, la tripulación de la corbeta Uruguay, al mando del Teniente de Navío Julián Irízar, venciendo peligrosas dificultades, se puso en contacto con miembros de la Expedición Nordenskjöld al sur de la isla Seymour (actualmente isla Vicecomodoro Marambio), en la pingüinera que se encuentra a ocho kilómetros de donde está ahora la Base Marambio, rescatando en una hazaña sin precedentes a todos los expedicionarios. No es mal antecedente.

Hablo de soberanía práctica. Las cosas que averigüemos sobre nuestros fondos serán los anchos de espadas, de bastos, y los sietes de oros y espadas en una mesa de truco peligrosa pero inevitable. Sin una idea científica detallada de qué hay ahí en las llanuras abisales y un rearme de la Armada con naves propias, no con chatarra descartada por otros, no podemos ni sentarnos a negociar titularidades, sea con Su Graciosa Majestad o con Magoya. Sin ese valor agregado de la investigación y de la ocupación permanente del Mar Argentino y sus nuevos anexos abisales, nuestra autoridad ahí es puro verso. Eso lo dijo Vicente Palermo, periodista del Club Político, al toque de que CONVEMAR nos diera esos papeles. Pero creo que Palermo habla de su país y subestima el mío.

Sí, claro, me dice Ud. Venirle con fierros propios a la Armada. Para ridiculizarme, me tira una cita de un tal Arias, autor que me suena familiar:

Una revisión somera del catálogo Histarmar de buques de la Armada entre 1900 y 2013 arroja un total acumulado de 318 naves de todo tipo, de las cuales 56 fueron construidas en la Argentina. Si dejamos fuera las ensambladas aquí bajo licencia extranjera, quedan 47 naves realmente Nac & Pop, con apenas 12 de combate. Pero si estrechamos la búsqueda a barcos exclusivamente de guerra de diseño y construcción local, la lista se abrevia a 10, y chicos: 8 rastreadores y 2 patrulleros, muchos impuestos por un tal presidente Perón. 10 barcos sobre 318.  Sí, el 3,78% del catálogo”.

En suma, Ud. me echa en cara que mi plan no sólo contraría la cultura política e industrial, sino incluso la naval que padecemos. Y añade, en plan de guapo, que es más fácil encontrar ratas en una caja fuerte que keynesianos en los partidos, en la UIA o en la Armada.

¿Está seguro de eso? ¿Iraolagoitía, Quihillalt y Castro Madero no eran altos oficiales navales, o sólo me parecieron? ¿Y acaso leyó “Nuestros intereses marítimos”, del Alte. Segundo Storni? Buena mía, no lo leyó.

Ud. me contesta, tajante, que la Armada a Storni tampoco lo leyó. Se limitó a hacerle grandes homenajes fúnebres para enterrar mejor sus ideas, de las que se olvidó hace mucho. Y luego me acorrala otra vez con mis propias palabras: los almirantes que en 1988 impidieron darle nueva motorización diésel-eléctrica y 30 años más de vida útil al portaaviones ARA 25 de Mayo, según la propuesta del Ing. Ernesto Marta, de Astilleros Río Santiago, también eran navales.

Y luego de pensar un segundo, añade con maldad que esos tipos lograron mucho más que el desguace posterior de nuestro portaaviones. Lograron el desguace de los Astilleros Río Santiago (ARS) y de TANDANOR, de paso y cañazo. Su Graciosa habrá aplaudido… ése era el blanco principal. Los astilleros, más que el portaviones.

Para mayor claridad, ARS llegó a construir las 4 mayores naves sudamericanas: los petroleros Ingeniero Huergo, Ingeniero Silveyra, José Fuchs y Presidente Illia, de doble casco y 60.000 toneladas, entre 1979 y 1983, pedidos por YPF. Desmontar los ARS y TANDANOR, la Fábrica Militar de Aviones (hoy FAdeA), y la CNEA e INVAP deben haber sido artículos principales en algún Tratado de Versailles secreto que la Argentina habrá firmado, supongo, entre 1982 y 1983, acaso para poder rendirse en Malvinas sin bancarse horas después una guerra mucho peor con Chile. Acuerdos cuya expresión de superficie fueron los Tratados de Madrid, propiciados por el entonces canciller y luego ministro de economía, Domingo Cavallo, y que equivalen -todavía hoy- a la cesión unilateral de 1.639.000 km2 de Mar Argentino ante una potencia «con la que no tenemos hipótesis alguna de conflicto».

Qué chanchadas impublicables, qué pactos secretos de autumutilación de nuestra industria naval, aeronáutica, nuclear, espacial y de defensa acompañaron esas firmas, el que viva lo sabrá, si queda algún papel escrito de todo ello. Pero es evidente que la Argentina sigue cumpliendo y sobrecumpliendo. El macrismo abortó la fabricación nacional de drones del Programa SARA (Sistema Robótico Aéreo Argentino), transformó la Fábrica Argentina de Aviones en un taller de chapa y pintura para competidoras de Aerolíneas (entre ellas la «low cost presidencial», Flybondi), y en su empeño de borrar todo trazo residual del gigante fabril que fue Fabricaciones Militares, cerró hasta FANAZUL, la proveedora local de explosivos de toda la industria minera. Lo que yo quiero es romper ese tratado, pero sin alharaca.

ARS nunca recuperó su salud pre-menemista, en parte por cambios de la tecnología de construcción naval, en parte porque el eje geográfico de la misma se desplazó al Lejano Oriente, y fundamentalmente por la desaparición del concepto de que el estado puede y debe comprarle al estado.

En los ’60 y ’70, traccionados por los pedidos de ELMA (Empresa Líneas Marítimas Argentinas), YPF, la CNEA y Ferrocarriles Argentinos, más algunos de la siempre renuente Marina, estos enormes talleres daban trabajo directo a 8000 personas, ranqueaban como los mayores del subcontinente, hacían graneleros, “bulk carriers”, containeras e incluso tanqueros de doble casco de 60.000 toneladas, y ganando plata. Había que ver a los ARS en sus épocas de gloria. ¿Entiende por qué en 1988 el portaaviones 25 de Mayo fue un blanco de oportunidad? Lo importante no era tanto destruir la nave, sino la capacidad argentina de rehacerla a nuevo en casa. No fuera que luego algún presidente/a Nac & Pop se tentara con empezar a construir también una flota de superficie propia.

Aunque en su resucitamiento kirchnerista ARS llegó a fabricar 4 graneleros de 27.000 toneladas para Wilhelm Finance Inc., de Alemania, su mayor comprador (Venezuela) empezó a fundirse cuando ya se le había entregado el “Juana Azurduy” y se daban los toques finales al “Eva Perón”. Éste quedó sin entregar.

El «Eva Perón» era el segundo de una orden de 4 petroleros de 47.000 toneladas para PDVSA, pero Chávez se estaba fundiendo, o lo estaban fundiendo, o ambas cosas. Son situaciones que vaya a saber por qué jamás le pasan a los emires y jeques petroleros que se llevan bien con los EEUU. Pero en esta segunda vuelta, y en esta ocasión sólo como blanco de oportunidad, a ARS lo jodieron de nuevo. Su Graciosa y mucha otra gente tienen un interés bastante obvio en que no volvamos a tener una industria naval, pero no son el problema. El problema son sus mandaderos locales.

En este segundo y más modesto pico de ocupación, ARS llegó a tener 2700 ingenieros, técnicos y operarios muy especializados.

Había 23 barcos más pedidos por contrato que aseguraban teóricamente 12 años de trabajo continuos, pero la deuda venezolana dejó a ARS sin nafta y a muchos kilómetros de la siguiente estación de servicio. Al rescate pero sin mayor resto financiero en el mundo posterior a la crisis de 2008, CFK ordenó construir en ARS 5 patrulleras oceánicas multipropósito para la Armada, de las cuales una llego a ponerse en quilla. Los planes navales de CFK –completar 2 submarinos Thyssen TR-1700, modernizar los 2 destructores y las 3 fragatas Meko- siempre avanzaron muy despacio, salvo el de la reconstrucción del rompehielos Irízar en TANDANOR. Pero luego llegó El Que Te Dije y se acabó todo.

Mi plan es juntar lo nuclear con la construcción naval. A no olvidar que ya hubo dos intentos de trabajo conjunto. Es debido a Castro Madero que hoy tenemos en construcción en Lima, provincia de Buenos Aires, el prototipo de una central nuclear argenta para vender al mundo, el CAREM, ahora de la Comisión Nacional de Energía Atómica.

Es un proyecto tan tecnológicamente sensato, tan testeado y vuelto a testear en modelos físicos, y con un potencial de mercado tan disruptivo que ni siquiera el Mejor Ministro de Energía de la Shell lo quiso parar. Le dejó el privilegio al Secretario de Energía, Gustavo Lopetegui. La obra -que debió terminarse en 2017- está detenida (nuevamente) desde la semana pasada. En el presupuesto nacional de 2019 figura con el siguiente monto atribuido: cero. Hay 500 suspendidos. Han venido gentes de muchos colores y países a ver esa centralita, porque es el único SMR (Small Nuclear Reactor) de diseño compacto en construcción en un mundo donde los SMR son el futuro, y hay 50 proyectos diferentes. Alguien está haciendo lo imposible porque el nuestro no se construya, no se muestre, no se venda.

CAREM

Avance de obra civil del CAREM en 2014, sin todavía ningún componente nuclear instalado. En aquel año debería haber estado en retoques finales antes de irlo poniendo crítico. 

Pero no puede haber una vidriera más impactante para esa planta terrestre que la naval: ponerla en un par de barcos que dejen al mundo con la boca abierta. Probablemente eso implique retrotraer el CAREM de su ingeniería actual, de central absolutamente terrestre, a la del reactor naval alemán Otto Hahn, del cual ha sido una laboriosa evolución. Probablemente la refrigeración puramente convectiva no sea posible en una central marina. Pero es un paso atrevido, sensato, y a considerar. Al proyecto llámenlo Pampa Azul 2.0, si quieren.

Daniel E. Arias

Eduardo Dvorkin: En defensa de la sustitución de importaciones

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Nos parece útil reproducir esta reflexión de Eduardo Dvorkin, Ingeniero Electromecánico de la UBA y Ph.D. en Mechanical Engineering del MIT. Porque la sustitución de importaciones, que era un objetivo «natural» para muchas naciones varias décadas atrás, a partir de los 1970 ha sido demonizada con un rigor que David Ricardo habría considerado excesivo.

Dvorkin aporta una nueva mirada al asunto.

¿Qué es la innovación productiva?
En ciencia el concepto de innovación es absoluto: es hacer lo que nadie hizo antes superando lo hecho anteriormente, eso y sólo eso es innovación, hacer algo diferente y superador. Si un científico intentase publicar en un journal científico de prestigio algo que alguien ya hizo antes, va a recibir un rechazo de parte de los editores. Hay tecnologías que tienen el mismo criterio sobre la innovación que la ciencia, son las que llamamos “tecnologías de punta”.

En la época en la que los EE.UU. y la U.R.S.S. volcaron sus esfuerzos nacionales en la competencia por poner el primer hombre en la Luna, ambos países intentaban hacer algo que el otro no hubiese hecho antes. Cada paso adelante en esa competencia constituía una innovación en sentido absoluto, en el sentido de la innovación científica. La industria armamentista durante la Guerra Fría fue un ejemplo similar y hoy en día las empresas líderes de producción de computadoras, teléfonos celulares y productos bio-tecnológicos compiten entre sí lanzando al mercado productos que constituyen innovaciones absolutas.

En las tecnologías de evolución más pausada (menos “nerviosas”) (ej. siderurgia, maquinarias de construcción, gas y petróleo, etc.) el concepto de innovación es distinto. Existe un proceso de innovación local, mediante el cual una empresa que no fabricaba un determinado producto o no prestaba un determinado servicio empieza a hacerlo; lo que constituye una innovación en el medio productivo de referencia independientemente de que en el mundo o en el mismo país hubiese otras empresas que ya produjesen el producto o prestasen el servicio en cuestión. Branscomb [1] define: “Innovación es el proceso que lleva a la creación e introducción en el mercado de un producto nuevo o de un servicio nuevo para la empresa”. En [2] hemos discutido procesos de innovación local en la siderurgia argentina.

El Estado y la innovación productiva
El neoliberalismo periférico [3] se ha adueñado de la palabra innovación precisamente para bloquear en nuestro país los procesos de innovación productiva autónomos. Han asociado la palabra innovación a los famosos emprendedores de garaje que, supuestamente aislados del Estado, introducen en el mercado un novísimo producto o proceso que rápidamente los convierte en ricos y famosos. Este es un relato falaz, fabricado para ocultar que el Estado es el gran emprendedor en cualquier sociedad, ya sea en una sociedad de alta industrialización (EE.UU., Alemania, Corea, China, Israel, Japón) o en una sociedad subdesarrollada industrialmente como la nuestra.

Con referencia al rol innovador del Estado en los países de alta industrialización no volveremos a comentar acá todos los ejemplos ya discutidos en artículos previos [3] [4] pero citaremos, para el lector interesado, algunas referencias de consulta: [5] [6] [7] [8] [9].

Las poderosas empresas innovadoras de Silicon Valley y los imponentes edificios que alojan las empresas bio-innovadoras en los alrededores del MIT (Cambridge, MA); emblemáticas del capitalismo más desarrollado, mal que le pese a nuestros neoliberales-periféricos, son más exponentes de la tracción estatal sobre el desarrollo tecnológico que del emprendedorismo privado.

Hay una paradoja interesante: en los casos de Estados Unidos y Alemania, es bastante evidente que el fuerte rol del Estado sobre el desarrollo tecnológico se basa en argumentos pragmáticos más que en argumentos ideológicos; lograr el liderazgo mundial en tecnología es parte de los objetivos nacionales de esos países, incluso al precio de contradecir flagrantemente la ideología neoliberal hegemónica [9].

En nuestro país hoy los procesos de innovación local, que resulta urgente retomar, son los procesos de sustitución de importaciones, que permitirán localizar en el país cadenas productivas creando miles de empleos y, en tiempos acotados, tornar positivo el balance comercial sin que una crisis de subconsumo sea la causa.

La eficiencia estatal
Para cumplir su rol central el Estado necesita tener incorporadas la aptitud y la actitud necesarias. Cuando nos referimos a la aptitud estamos requiriendo un Estado con los conocimientos necesarios y la capacidad científico-tecnológica necesaria para asegurar el cumplimiento de su rol. Un Estado con científicos y tecnólogos de alto nivel que sea un punto de atracción para los nuevos profesionales que, año a año, se gradúan en nuestras universidades nacionales.

En cuanto a la actitud requerimos un Estado fuertemente ejecutivo, cuyos organismos ante un problema lo estudien, planteen soluciones adecuadas y las ejecuten en tiempos compatibles con las necesidades sociales y productivas.

Es decir que, en síntesis, estamos requiriendo un Estado eficiente.

La supuestamente inevitable ineficiencia estatal es un tema que recibe los mayores ataques de los sectores defensores del proyecto neoliberal periférico, empeñados en apartar al Estado del ámbito productivo en todo lo que no sea realizar inversiones para aumentar la renta de los sectores más privilegiados, o sea, el uso de fondos públicos para garantizar ganancias privadas. Este es el único rol que estos sectores le exigen cumplir al Estado en el proceso de desarrollo productivo. ¿Qué es más conveniente para los sectores neoliberales que convencer a la sociedad de que el Estado es necesariamente ineficiente y que por lo tanto las empresas multinacionales deberían ser las encargadas de motorizar el desarrollo argentino?

Por otro lado, cuando se plantea la necesidad de volver más eficiente el desempeño del Estado, en los medios progresistas surge siempre una incomodidad. Por mucho tiempo nuestra sociedad fue acostumbrada a que el concepto de eficiencia fuera el impuesto por la lógica del mercado. Esto no es necesariamente así. Por ejemplo, en los ferrocarriles argentinos la lógica de la eficiencia según el mercado debiera pasar por asegurar las utilidades de las empresas ferroviarias en períodos de tiempo acotados, compatibles con las urgencias de los accionistas. La eficiencia desde el punto de vista de una empresa estatal debe pasar por desarrollar un servicio que cubra las necesidades de desarrollo local de las diversas regiones del país y que evolucione hasta formar un cluster de empresas del estado, pymes e instituciones del sistema nacional de ciencia y tecnología, para convertir dicho cluster en proveedor calificado de material ferroviario y de su mantenimiento.

En el desarrollo de productos de alta tecnología (radares, satélites y generadores eólicos) la eficiencia según la lógica del mercado debiera pasar por la comparación de precios y tiempos optando por la solución de menor costo y de más rápida disponibilidad: normalmente la solución importada. La eficiencia según la lógica del interés nacional debe pasar, en cambio por una solución que garantice el uso de conocimientos del sistema nacional de ciencia y tecnología, el desarrollo de cadenas productivas de pymes, la posibilidad de exportar, el menor impacto posible en la balanza de pagos, entre otros objetivos.

Normalmente las grandes corporaciones económicas tratan primero de desacreditar para después poder fácilmente desbaratar los desarrollos tecnológicos nacionales, sobre todo cuando los conduce el Estado. Para desacreditar utilizan supuestas mediciones de “eficiencia” basadas en métricas no pertinentes: por ejemplo, afirman que los satélites nacionales no son de última generación o son más caros que sus equivalentes importados, ocultando el hecho de que, precisamente, los países que hoy producen los satélites más avanzados han protegido por años su industria satelital. Es el eterno retorno a la política de exportar lana e importar casimires.

Pero, no se trata solamente de ejemplificar la necesaria y posible eficiencia de las empresas productivas estatales con ejemplos paradigmáticos como el de INVAP. Para modificar la estructura productiva del país generando nuevos puestos de trabajo, incluyendo y distribuyendo la riqueza generada, el Estado en su conjunto debe aumentar su eficacia y su eficiencia. Esta es la gran tarea que deberá acometerse durante el próximo gobierno nacional y popular y es una tarea que nos incluye a todes: trabajadores, gobiernos nacionales, provinciales y municipales, gremios estatales, las universidades nacionales, y al sistema nacional de ciencia y tecnología.

Así como no es aplicable la lógica de las empresas privadas para evaluar la eficiencia de las empresas públicas, tampoco son aceptables proyectos u obras que se extiendan por tiempos ilimitados gastando recursos incontrolables sin dar satisfacción a los requerimientos sociales que originaron esos proyectos u obras.

[1]L. M. Branscomb, Empowering echnology – Implementing a U.S. Strategy, Cambridge, MA: The MIT Press, 1993.
[2]E. Dvorkin, «C&T para construir una nación,» 29 Julio 2018. [En línea]. www.elcohetealaluna.com/ciencia-tecnica-para-construir-una-nacion/.
[3]E. Dvorkin, ¿Qué Ciencia Quiere el País? Los estilos tecnológicos y los proyectos nacionales, Buenos Aires: Colihue, 2017.
[4]E. Dvorkin, «Dar impulso a una relación virtuosa,» La Nación, 10 septiembre 2019.
[5]M. Mazzucato, The entepreneurial state, Demos (www.demos.co.uk), 2011.
[6]M. Mazzucato y G. Semieniuk, «Public financing of innovation: new questions,» Oxford Review of Economic Policy, vol. 33, nº 1, 2017.
[7]The Break Through Institute, «Where good technologies come from: case studies in American innovation,» 10 December 2010. [En línea]. thebreakthrough.org/archive/american_innovation.
[8]German Federal Ministry of Economic Affairs and Energy, «National Industrial Strategy 2030 – Strategic guidelines for a German and European Industrial policy,» Berlin, 2019.
[9]R. Wade, «The paradox of US industrial policy: the developmental state in disguise,» de Transforming Economies. Making industrial policy work for growth, jobs and development, Geneva, International Labour Office, 2014, pp. 379-400.

Volvieron a reunirse los BRICS ¿Qué hay de nuevo?

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Este año la reunión fue en Brasilia. Participaron los presidentes de China, Xi Jinping; Rusia, Vladímir Putin; Sudáfrica, Cyril Ramaphosa, India, Narendra Modi; y, claro, Brasil, Jair Bolsonaro, el anfitrión.

Se llegó a un documento final que, naturalmente, gira sobre la puja fundamental de este fin de década: el conflicto entre China y EE.UU. en torno al proteccionismo. En el texto se plantea la defensa de las instancias multilaterales de negociación.

“Es esencial que todos los miembros de la Organización Mundial de Comercio (OMC) eviten medidas unilaterales y proteccionistas», afirma esa declaración final del bloque. «Las tensiones comerciales y la incertidumbre política afectaron la confianza, el comercio, las inversiones y el crecimiento. En este contexto, recordamos la importancia de los mercados abiertos, de un ambiente de negocios y comercio justo, imparcial y no discriminatorio«.

Es interesante, por lo menos. como Jair Bolsonaro, que aspira a ser el mejor alumno de Donald Trump, firma un documento que cuestiona el mensaje fundamental de su ídolo. Es un documento más, por supuesto, pero ayuda a ver la ingenuidad de los que creen que los intereses comerciales y las pujas de poder tienen que ver con las ideologías.

Y la de aquellos que, desde un enfoque distinto, imaginan un enfrentamiento fundamental entre «globalizadores» y «nacionalistas». Lamentablemente, los intereses de las distintas naciones no son los mismos en todos los casos.

Ayer el embajador Jorge Argüello comentó en Twitter sobre la reunión. Nos parece oportuno reproducir sus conceptos:

CUMBRE BRICS
Brasilia, escenario de la XI Cumbre de Líderes del BRICS, el conjunto de economías emergentes (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) que cumple así más de una década de reuniones intergubernamentales formales.

¿Cómo llega el grupo a Brasilia 2019? Más de una década después de su creación, la algarabía que despertó el BRICS en sus momentos iniciales se ha moderado considerablemente. Desempleo, desigualdad, guerra comercial, cambio climático y terrorismo son preocupaciones comunes.

En un mundo de grises, no está claro ni que los centros económicos del Atlántico Norte estén en declive total, ni que los mercados emergentes tengan un destino inexorablemente glorioso.

En Brasilia el grupo deberá demostrar su capacidad de coordinación para enfrentar los grandes problemas compartidos y consensuar acciones que beneficien a todos sus miembros. El lema de la reunión de este año es “crecimiento económico para un futuro innovador”.

Como el país anfitrión, este año Brasil propuso como ejes la cooperación en ciencia, tecnología e innovación; la economía digital; la lucha contra el crimen transnacional organizado; y la interacción entre el Nuevo Banco de Desarrollo y el Consejo Empresario del BRICS.

Naftas: anuncian nuevos aumentos en diciembre

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Desde el 1° de diciembre regirá un nuevo aumento en los tributos que pagan los combustibles, lo que se reflejará en el precio de los mismos, que escalarán, al menos, otro 5% por ciento.

El incremento será del 21% en el impuesto de transferencia a los combustibles y el impuesto al Carbono, que se actualizan en forma trimestral.

El tributo se actualiza por inflación pasada. El Poder Ejecutivo lo vino ajustando por debajo de la inflación entre mayo y octubre, para no generar aumento en el costo de vida. Pero en noviembre lo actualizó y dejó establecida las escalas futuras.

Según la resolución oficial, en diciembre escalarán los tributos. Por cada litro de nafta, las refinadoras deberán pagar $ 12 de impuestos. Y por cada litro de gasoil, serán $ 7,60.

En las compañías consideran que no tienen margen para hacerse cargo de ese aumento de combustibles, que impacta en más de 4% en los precios. Como el cambio se aplicará desde el 1° de diciembre, desde esa fecha las compañías estiman que harán una remarcación, como sucedió hoy.

En las empresas consideran que el litro de nafta debe valer cerca de US$ 1, por lo que creen que $ 63 sería un importe que guarda relación con el mercado. Para llegar a ese precio, creen que deberían recomponer un 10% más de acá a fin de año.

Las petroleras empezaron a aplicar este jueves un incremento cercano al 5 % en el precio de las naftas. El aumento rige desde la medianoche y fue aplicado por las tres mayores empresas del mercado: YPF, Axion y Raizen, que comercializa la marca Shell.

Con la suba, la nafta súper pasó la barrera de los $ 50 el litro en la Ciudad de Buenos Aires, que es donde se encuentran los precios más baratos. En los surtidores de YPF, se vende a $ 50,19, mientras que la premium subió a 57,94. Por su parte, el gasoil ahora vale $ 46,99, mientras que el diesel premium cuesta $ 54,99. En el interior, en tanto, la súper ya está $ 55 o $ 56.

Por su parte, ​la nafta súper de Axion pasó a valer $ 50,29 y la premium $ 58,34. El diesel común se despacha a $ 48,28 y el premium a $ 55,85.

Shell aumentó la súper a $ 50,64, la premium, a $ 58,56; el gasoil, a $ 49,34 y el diesel premium, a $ 55,98.

En general, los precios de Buenos Aires son los más baratos del país, con la excepción de la Patagonia. Por marcas, YPF suele ser la más económica, mientras que Axion se ubica bastante cerca. Shell, que comercializa Raizen, suele estar un peldaño más arriba.

Las compañías vienen diciendo que tienen un retraso en torno al 20% con respecto a los «precios de mercado». Ese importe se determina en relación a la «paridad de exportación», es decir el importe que reciben las petroleras si exportan el barril de crudo, menos las retenciones, que está en torno a los US$ 52.

Como el combustible es un insumo fundamental del transporte, que a su vez forma parte de los costos de todos los productos, el pase a precios es inevitable. Otro salto para la inflación.

La nueva, gigantesca «fintech»: Google

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Los gigantes tecnológicos van por todo. El último gran anuncio que salió de la meca tecnológica de Silicon Valley es que Google ofrecerá la posibilidad de tener una cuenta corriente con la compañía. De ese modo, se acercará más a la actividad de los bancos.

Según el Wall Street Journal, Google presentará esta posibilidad para sus usuarios desde 2020. Será una alianza con Citigroup y una cooperativa de ahorro de la Universidad de Stanford. El proyecto financiero se llamará Cache.

En un artículo titulado El siguiente paso de Google para dominar al consumidor: la banca, el diario estadounidense explica que, si bien las cuentas corrientes son un commodity y un producto que es difícil de cambiar, contienen «un tesoro de información» que incluye cuánto gana una persona, dónde compra y cuáles son sus gastos.

Caesar Sengupta, gerente general de Pagos de Google, dijo en diálogo con el Wall Street Journal que la empresa buscará alianzas profundas con los bancos y el sistema financiero para lograr un camino sostenible en su inmersión en las finanzas. Además, señaló que la firma podría incluir programas de lealtad (como el canje de puntos), pero que no venderá la información financiera privada de los usuarios.

«Las empresas de este tipo ven a los servicios financieros como una manera de acercarse a los usuarios y capturar datos valiosos», dice el artículo.

Google no es el único gigante tecnológico que se mete en las finanzas. Apple lanzó su tarjeta de crédito y Facebook, su propia criptomoneda (Libra). Amazon también está en conversaciones para habilitar cuentas corrientes. En la Argentina, Mercado Libre ofrece herramientas financieras a través de Mercado Pago.

«Las ambiciones de estas empresas podrían poner en jaque a las firmas financieras tradicionales, que temen perder su primacía y sus clientes. Además, estas empresas podrían reaccionar en Washington, donde los reguladores están investigando si las tecnológicas tienen demasiada influencia», se lee en el texto.

Google ya tiene una billetera digital llamada Google Pay, que tendrá 100 millones de usuarios globalmente en 2020. Samsung, Apple y Facebook también tienen sus opciones.

Argentina en el mar (y en la Antártida) – V

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Daniel Arias, frecuente e imprescindible columnista de AgendAR, también ha volcado su pasión argentina en otros lugaresEntre ellos, mi blog personal. Allí escribió, a lo largo de muchos meses, una historia del Programa Nuclear Argentino, que alguna vez tomará forma de libro. Pero en el medio, se metió con otros temas insoslayables. Uno era, a fines de 2017, el de los nuevos territorios submarinos que nuestro país había ganado.

(Una tosecita modesta: La pelea por estos territorios la sigo desde mayo 2009, cuando publiqué en un portal anterior, la presentación argentina ante las Naciones Unidas. Pero fui demasiado modesto en cuanto a lo que podríamos conseguir. Y conseguimos).

Este tema lo tratamos en AgendAR, claro, en mayo del año pasado. Pero en estos siete capítulos que publicaremos a partir de hoy, Daniel nos cuenta la historia en un tono más informal y agrega detalles políticamente incorrectos. Y, lo más importante: en la tradición de este portal, propone proyectos para un destino argentino en el mar.

Se publican en este portal del domingo 10 al sábado 16 de noviembre de 2019.

En este capítulo y en el anterior, Daniel desarrolla los argumentos para plantearnos un desafío para ingenieros navales argentinos: el diseño y construcción de un rompehielos con propulsión nuclear.

El sentido de un barco oceanográfico nuclear

Para rotar a la gente y alimentarla estarán los helicópteros del barco polar que planteo, también los del Irízar, que más de una vez tendrá que sacarlo de apuros, y eventualmente, los 4 grandes y viejos remolcadores para hielo delgado Neftegaz comprados en 2015 a Rusia, como soporte logístico de Pampa Azul. Costaron menos de U$ 10 millones los cuatro y fueron construidos a fines de los ’80, de modo que no pongo las manos en la parrilla por su estado técnico.

Bautizados con nombres malvineros (ARA San Carlos, Puerto Argentino, Bahía Agradable e Islas Malvinas), estas unidades sustituyen en una emergencia a los 3 moribundos avisos yanquis de la Armada, sobrevivientes de la 2da Guerra. Los Neftegaz son remolcadores (“avisos”, en jerga naval criolla). Como cualquier remolcador, con timonera alta y casco redondo, el Neftegaz baila como una boya en mares violentos, pero estos tienen 40 años menos que los yanquis y motores de 7200 HP (al menos, nominales). Sirvieron con soviética disciplina para remolcar o cargar descomunales equipos petroleros, y hoy al menos una Marina (la acerí), usa sus grandes cubiertas de popa como helipuertos de ocasión. No tendrán hangares, pero para apontar un “helo” son mejores que el mar.

¿Por qué tanta logística? ¿Por qué habría que hacer oceanografía al menos 320 días por año y con más de 80 científicos a bordo? Para atacar el único lado flaco del Attenbourough: este logra cortar sólo 1 metro de hielo, y sus campañas de temporada fría estarán limitadas a 60 días. Pese a su gran autonomía de diseño (22.000 km. en aguas abiertas), andando por banquisa antártica esta nave gastará sus existencias de gasoil marino a lo pavote. El otro límite es el agua potable, como en casi cualquier barco de propulsión térmica.

La propulsión atómica la necesitamos por varios motivos: muchos más HP en hélices para cargar con un casco de estructura más fuerte, que pueda cortar hasta 2 metros de hielo navegando en travesía continua a 3 o 4 nudos, sin tener que ejecutar el “ramming” (embestida) y el embicaje (treparse al hielo) típicos del rengo, discontinuo avance de un rompehielos. Ahora Ud. finalmente entendió ese casco con absurda forma de cuchara de los rompehielos: sirve para montarse a puro motor sobre el hielo, tobogán resbaladizo si los hay, y luego aplastarlo.

Esa sádica cresta que corre por la panza del barco sirve para concentrar el considerable peso del alto, casi absurdo castillo de proa sobre una superficie ínfima, de modo que la presión se dispare y en combo con la gravedad, hagan el trabajo sucio, crrack. Si un barco polar corta hielo en horizontal, como un cuchillo, el Irízar y toda su laya lo hacen en vertical, como una prensa hidráulica.

No se vaya a pensar que un barco polar se desliza como un cisne. Su proa, sus amuras y todo el cinturón de chapas que rodea su línea de flotación están muy reforzados, y el entramado de costillas y largueros que lo soportan es muy cerrado. Pero incluso con un casco doble, las vibraciones y el estrépito continuo causado por la fricción de bloques de hielo roto del tamaño de camioncitos puede ser insoportable. En algunos sectores del barco, es como estar en un galpón sobre el que se rascan dinosaurios del tipo espinoso.

Hay pegadas de diseño del Attenbourough que vienen de los barcos de exploración petrolera y deberemos copiar: la “moon-pool”, un túnel de una sección circular de unos 7 metros que atraviesa en vertical todas las cubiertas del barco y da acceso directo al mar, coincidiendo con el centro de masa de la nave en rolido, cabeceo y alabeo. El moon-pool podrá ser un escándalo de ingeniería y de hidrodinámica. De yapa, limita los espacios para otros fines, como si a bordo sobrara.

Pero si hay que subir y bajar cargas pesadas hasta y desde fondos profundos (y los “drones”, los ROVs y los equipos de perforación de fondo son objetos masivos), la maniobra hecha desde el moon-pool no desequilibra el barco. Sí lo hacen las habituales grúas que tienen que manejar tales objetos sobresaliendo en extraplomo por sobre los laterales del buque. Con la mar exasperada por una galerna de 70 nudos, un “moon-pool” hace la diferencia entre trabajar y no hacerlo.

grúa

Otro detalle de ingeniería a imitar del RRS David Attenborough: la grúa de popa en carrusel.

En un barco polar la timonera no debe ser una Trump Tower: estaría de más el calado aéreo descomunal del Irízar, que lo hace intencionalmente tan pesado de proa. Por el contrario, puede adoptarse un castillo más petiso, oblicuo y aerodinámico, como el del Attenbourough. Y todo el mundo a bordo más feliz y productivo. Y es que el viento antártico no se lleva bien con los barcos altos, ni éstos con la ciencia: los oceanógrafos, como cualquier humano, como incluso los marinos más curtidos de estómago, dejan de funcionar y caen en un sopor inerme cuando pierden demasiado sodio y potasio debido a esas vomitaderas persistentes, que te queman el esófago de jugo gástrico –lo único que queda en el estómago- y se ríen de la dramamina. Varios días en ese estado son una agonía difícil de entender para quien no los pasó.

Y hablando de deshidratación, la propulsión nuclear permite capear otro límite: el del agua potable a bordo. Hay tanta potencia eléctrica disponible que puede energizar una pequeña unidad desalinizadora a bordo, una plantita de ósmosis inversa como las de los submarinos nucleares.

Tanta electricidad permite vencer otros límites. Un barco oceanográfico moderno tiene varios tipos de sonares y de dispositivos acústicos “de diagnóstico por imagen”. Los que Ud. ya conoce son las ecosondas multihaz, que permiten “iluminar” grandes superficies de fondo a miles de metros de profundidad, y mapear no sólo su relieve sino la densidad de sus materiales. En síntesis, hacen lo mismo que las ecografías médicas o los sistemas de ecolocalización de delfines, orcas y cachalotes.

Pero a bordo de un oceanográfico “comme il faut” hay sonares menos potentes y de mayor frecuencia, algo parecidos a los que usa la ecocardiografía Doppler: detectan cambios de velocidad, densidad o salinidad de líquidos. Cuando hay varios sistemas de corrientes submarinas montados verticalmente como tuberías independientes dentro de la columna de agua, estos sensores indican sus profundidades, direcciones, velocidades y caudales. Hay otros sonares especializados en localizar plancton, y otros para cardúmenes de peces, y discriminan tan bien  la biomasa que el ojo experto del biólogo marino hasta se puede colegir la especie.

Y por último, con un gasto colosal de potencia, están los equipos “de sísmica”, que generan unos pulsos de frecuencia muy baja pero enorme intensidad. Estas penetran kilómetros enteros dentro de los sedimentos de fondo y revelan si tienen las estructuras típicas de las formaciones generadoras o acumuladoras de hidrocarburos.

sonar

Las rarezas de la transmisión y refracción de sonido en el mar: el “canal SOFAR”, bajo el cual salvó su vida la tripulación del submarino ARA San Luis cuando la de Malvinas.

Y me anticipo a su duda de curtido sonarista: sí, tiene razón, algunos de estos sistemas de ecosonda, ya sea por frecuencia o intensidad, logran “ver” debajo del “canal SOFAR”. Para los ajenos al gremio de Popeye, este “canal” es una zona relativamente superficial del mar, que en los trópicos está a 1200 metros de profundidad, en las latitudes medias a unos 600 y en las muy polares, casi en la superficie.

En cualquier latitud, el límite inferior del canal SOFAR es una zona de transición térmica rápida, donde el agua está entre 3º y 2º C de temperatura, y así sigue sin variaciones hasta el fondo. Esa termoclina, o límite térmico, actúa como un espejo sónico. El “canal” se llama así porque logra que un pulso de sonido generado cerca de la superficie rebote contra el mismo, vuelva a la superficie, vuelva a rebotar allí como en un segundo espejo, hacia abajo, y se aleje horizontalmente en sucesivos rebotes oblicuos, casi sin pérdida de energía, y a distancias sorprendentes. Gracias al canal SOFAR, el rugido subsónico de una ballena azul puede ser oído por otro cetáceo de su especie de una punta a la otra del Oceáno Pacífico.

Sí, exactamente como lo está pensando, algunas ballenas tienen su propia internet. Será porque viven absortas y chateando que las hemos podido cazarlas casi hasta la extinción, y esa extinción ya era patente en el caso de los cachalotes con las tecnologías precarias del capitán Achab y sus colegas del puerto de Nantuckett.

Pero esto del canal SOFAR le complicó la vida a los sonaristas ingleses durante el pifostio de Malvinas: buscando el submarino ARA San Luis, que les había soltado tres torpedazos sin efecto alguno, no lograron detectarlo jamás, acurrucado como estaba contra los fondos bastante bajos que rodean las islas demasiado famosas. En las latitudes malvineras, el espejo sónico de la SOFAR está apenas unas decenas de metros más arriba. En consecuencia, los destructores, fragatas y helicópteros de Su Graciosa reventaron a bombazos el Atlántico Sur cada vez que creían detectar el eco de algo grande, y al cuete.

Ahí Ud. entiende por qué, por si las moscas, los Brits se vinieron a la guerra con los barcos llenos de cargas de profundidad nucleares “polenteadas” con hidrógeno (“boosted charges”), las famosas WE.177 de 277 kg, de 0,5 kilotones. El Ministry of Defence (MoD) todavía dice que se las trajeron en el apuro, sin intención de usarlas, porque no hubo tiempo para bajarlas a tierra. En realidad no las tuvieron que usar porque los malditos torpedos filoguiados Telefunken del San Luis alemanes fallaron todos (todo fallaba en el San Luis, computadoras de tiro, motores, todo, todo salvo los cojones del capitán Fernando Azcueta y su tripulación). Mal momento para ser ballena en las islas demasiado famosas, aquel invierno de 1982. La que no quedó sorda, se volvió paté de cetáceo.

Y ahora Ud. empieza a entender por qué me interesa tanto tener al menos un rompehielos y un barco oceanográfico nucleares. Con la parafernalia acústica que se traen, amén de los ROVs, estas naves pueden pispear perfectamente bajo el canal SOFAR. Y si perciben algo fuera de lugar, pueden determinar su densidad, ubicación y velocidad, y si estos sugieren más submarino hostil que cetáceo neutral, ambas naves polares, pese a ser un tanto lerdas, tienen veloces helicópteros para anillarlo de cargas de profundidad comunes. No señor, Torpex o cualquier alto explosivo con una velocidad de expansión de gases de 8000 metros/segundo. Nada nuclear, no somos tan malos, y a diferencia de los Brits, que se vinieron a reconquistar las Malvinas con armas nucleares de apurados nomás, estamos cumpliendo a rajatablas con ese par de tratados que nos encajó el Calos E’Nesario Menem, el de Tlatelolco y el de No Proliferación. Somos buenos chicos, lo que no significa que debamos asumirnos como enteramente pelotudos.

Por supuesto, los barcos polares son mucho más seguros que esos frágiles cruceros llenos de turistas que uno ve hoy en la Antártida. Nunca tales naves merecieron tanto sus nombres: uno los ve y se hace cruces. Pero además de llevar oceanógrafos “nerds” y turistas “cool”, cobrándoles un ojo de la cara a los segundos, un barco polar puede llevar y traer gentes de otras profesiones. Peludos infantes de marina, por ejemplo. Porque a veces no sólo alcanza con saber un punto más que el diablo.

Y ahora dígame que la ciencia y el mar no son fascinantes.

Daniel E. Arias

Hoy: Salón del Emprendedor de la provincia de Buenos Aires

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Para hoy la Confederación Económica de la Provincia de Buenos Aires (CEPBA) organiza el Salón del Emprendedor, el evento más importante en su tipo en la provincia de Buenos Aires.

Su objetivo central es que emprendedores y microempresarios encuentren en un solo lugar diferentes herramientas que le permitan fortalecer sus emprendimientos.

CEPBA es una organización gremial de empresas que nuclea las Cámaras de Comercio e Industria del Sector PyME de la Provincia de Buenos Aires. Agrupa 264 Cámaras de Comercio e Industria bonaerenses, representando así, en forma directa o indirecta unas 70.000 empresas pequeñas y medianas, más emprendimientos familiares, de toda la provincia.

Su presidente, el Dr. Guillermo Siro, explica que CEPBA tiene entre sus planteos fundacionales, promover el desarrollo de nuevas empresas que sean el motor productivo de una región y sobre todo del País. Para ello diseña, desarrolla y ejecuta programas de fomento al emprendedorismo y apoyo a la creación de micro empresas.

Guillermo Siro, Presidente de CEPBA

El Salón del Emprendedor se realizará este jueves 14 de noviembre a partir de las 9 horas, en la sede de la Facultad Regional La Plata de la Universidad Tecnológica Nacional (Av. 60 esq. 124), y se transmitirá en vivo por streaming desde las 8:45.

Vacaciones 2020: aumentos de 45% en alquileres en la costa y las sierras

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El fin de semana largo de octubre -por el «Día de la Diversidad Cultural»- se suele tomar como la «señal de largada» para los alquileres de verano. Sin embargo, la incertidumbre política y económica hicieron que este año muchos postergaran la decisión de qué harán en sus vacaciones.

Pasaron las elecciones presidenciales, arrancó noviembre y ahora sí, se puso en marcha la cuenta regresiva para la temporada 2020. En los últimos días, muchos turistas empezaron a planificar, consultar y hasta cerrar reservas.

¿Con qué escenario se están encontrando? Un informe privado muestra las primeras tendencias de precios: alquilar un departamento para 4 personas costará en promedio $ 3.800 por noche, por lo que el gasto por una semana de alojamiento rondará los $ 26.600.

El dato surge de un relevamiento realizado por el sitio «Alquiler Argentina» sobre los valores publicados en el portal. De allí se desprende que el aumento en comparación con el año pasado oscila en un 45%. La suba está por debajo de la inflación interanual, pero es un 50% mayor que la sugerida por el Colegio de Martilleros y Corredores Públicos de Mar del Plata.

De acuerdo al informe, los precios promedio por noche para un alquiler con comodidades para 4 personas son de $ 4.100 en Mar del Plata y Las Grutas, $ 4.900 en Monte Hermoso, $ 5.000 en Villa Gesell y $ 5.200 en Mar de las Pampas. El precio más bajo del informe se registró en Entre Ríos: $ 3.100 por noche en promedio para vacacionar en Colón.

¿Hay margen para negociar estos valores? “Los dueños de alojamientos temporarios nos comentan que están implementando distintas estrategias para concretar reservas, incluso nos están pidiendo asesoramiento constante sobre marketing y ventas para poder mantener su negocio”, asegura Judith Gomez Pereyra, coordinadora de Marketing de la web de alojamientos. “Estas acciones van desde la posibilidad de congelar la tarifa hasta determinada fecha, ofrecer más cuotas fijas o con el interés que asigne la tarjeta de crédito y hasta un descuento sobre el total si el pago es de contado.”

Otro informe difundido la semana pasada por el portal Zonaprop, en base a una encuesta, encontró que el 84% de los turistas argentinos se siente afectado por el contexto inflacionario y que casi el 60% elegirá vacacionar dentro del país. Eso sí: sólo uno de cada tres turistas ya tiene planificadas sus vacaciones. El resto está empezando a evaluar opciones y tiene previsto tomar una decisión en las próximas semanas y algunos -el 24%- prefieren elegir sobre la marcha.

A mediados de septiembre, el Colegio de Martilleros y Corredores Públicos de Mar del Plata habían sugerido aplicar un aumento del 30% sobre los valores de los alquileres de la temporada anterior. Y habían dado como referencia los siguientes valores: desde $ 17.550 por una monoambiente (2/3 personas), desde 22.750 para un dos ambientes (3/4 personas), desde $ 27.300 para un tres ambientes (5/6 personas) y desde $ 32.500 para un chalet de 3 ambientes.

Encuesta entre egresados de la Universidad Austral: el 42% considera que en 2020 la situación estará peor

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El 80% de los egresados de la Escuela de Negocios de la Universidad Austral considera la situación del país en los próximos 12 meses estará igual o peor y mayoritariamente esperan una inflación de 30 a 50% anual. Estas conclusiones surgen de una encuesta difundida este miércoles por IAE Business School que fuera realizada con motivo del encuentro anual que congregó a más de 600 egresados de esa casa de estudios.

El 42% de estimó que el país estará peor en el próximo año, mientras que el 37% considera que la situación será igual y el 20% cree que estará mejor en los próximos doce meses.

Además de la percepción de un año difícil por delante, “se ve muy necesaria la reforma tributaria”, sostuvo Eduardo Fracchia, director del Área de Economía del IAE. Al respecto, consultados sobre cuál es la reforma clave que debería impulsar el gobierno de Alberto Fernández, el 59% considera que se trata de la reforma tributaria, frente a un 33% que cree debería ser la reforma laboral y un 8% señaló la reforma previsional.

Sin embargo, el 87% de los encuestados afirmó que una reforma laboral es necesaria para bajar la informalidad laboral y aumentar el empleo, frente a un 10% que consideró que no es necesaria.

En tal sentido, un importante directivo de la construcción comentaba que las mayores preocupaciones se centran en cómo se asistirá a los sectores medios, ya que se da por descontado que el próximo gobierno tenderá a asistir a los más necesitados.

Inflación
El 57% de los consultados espera que la inflación sea menor que la del corriente año, ubicándose entre el 30 y el 50%. Pero 31% apuesta a un rango superior, del 50 al 70%.

“Existe mucho temor entre las empresas por la posibilidad de un control de precios, me enteré que una firma líder de consumo masivo acaba de aumentar toda su línea 25% por las dudas”, acotaba un asesor financiero.

Uno de los datos que destaca la encuesta es que el 76% de los empresarios encuestados considera que la clase empresarial argentina no está a la altura del desafío competitivo y de liderazgo social que el país necesita. Esta especie de “autocrítica” explicaría de alguna manera las dificultades que tienen vastas empresas para ser competitivas.

La conclusión a la que podemos llegar en AgendAR es que el sector de los ejecutivos con formación teórica más sofisticada en las empresas privadas, mantiene los mismos prejuicios tradicionales -más allá de su validez o no- comunes entre el empresariado argentino.

Bolivia: los 14 años de gestión de Evo Morales

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La crisis política boliviana contrasta con su economía, ya que en los casi 14 años del gobierno de Evo Morales el país creció y los indicadores sociales mejoraron.

Dentro de la economía de Bolivia, la industria extractiva juega un rol fundamental. Cuando Morales asumió la presidencia, en 2006, comenzó un proceso de nacionalización a través de la expropiación de compañías que se encontraban en manos extranjeras, como la industria de los hidrocarburos. Pese a las tensiones iniciales, la nueva gestión logró luego convivir con el sector privado.

En la actualidad los sectores de gas y minerales representan el 80% de las exportaciones, el 20% de los ingresos fiscales y el 10% del PBI. Con ese control sobre los recursos, el gobierno boliviano pudo crear subsidios y aumentar los gastos sociales.

Si bien a partir de 2015 los precios internacionales de las commodities comenzaron a bajar, el crecimiento económico de Bolivia continuó, pero a menor ritmo. Incluso las perspectivas económicas para este fin de año superan a los principales países de la región.

Los índices del Instituto Nacional de Estadísticas de Bolivia (INE), las publicaciones del Banco Mundial (BM) y las proyecciones económicas del Fondo Monetario Internacional ( FMI) permiten trazar el escenario que deja Morales.

PBI
«Cuando ves los últimos cinco años, Bolivia debe haber sido uno de los pocos países de la región que creció», aseguró Hernán Letcher, director del Centro de Economía Política Argentina (Cepa).

No solo eso, desde 2004 que la economía boliviana crece por encima del 3%. De 2004 a 2014 la tasa anual promedio de crecimiento fue de 4,9% y el pico más alto fue en 2013, cuando alcanzó el 6,8%.

El PBI boliviano avanzó en 2018 un 4,2% y, de acuerdo con las perspectivas económicas, Bolivia registrará para fin de este año un crecimiento del PBI del 3,9%. Si se tiene en cuenta las expectativas de crecimiento de los principales países de la región, Bolivia lidera el ranking y se ubica por encima de países como Colombia, Brasil, Perú y Uruguay.

Pobreza, esperanza de vida y desempleo
La pobreza extrema se redujo en más de la mitad entre 2005, cuando era de 38,2%, y 2018, cuando llegó a los 15,2%. A su vez, la pobreza moderada también cayó de 60,6% en 2005 a 34,6% en 2018.

La esperanza de vida de los bolivianos pasó de ser 56 años en 1990 a 62 en sólo 10 años. En 2010 la expectativa era de 68 años, y en 2017 alcanzó los casi 71 años.

En relación con la brecha social, entre 2004 y 2014 el coeficiente de Gini -mide la desigualdad- bajó de 0,60 a 0,47. Aunque la reducción de la pobreza y la desigualdad continuó cayendo desde 2014, lo hizo a un ritmo menor. El coeficiente se mantiene cercano al 0,47 desde 2011.

Bolivia tiene las expectativas más positivas de la región con respecto al desempleo. Se estima que cerrará 2019 en torno al 4%. Si se toma en cuenta la proyección estimada para otros países del continente americano, siempre según los números del FMI, Bolivia sólo se ubica por debajo de México (3,4) y Estados Unidos (3,7).

Inflación
En 2005 la inflación de Bolivia era de 5,3% y, si bien en 2006 bajó a 4,2%, en 2008 tuvo un pico de 14%. A partir de ahí, tuvo altibajos, y en 2018 alcanzó un mínimo de 2,2%. En comparación con otros países de la región, Bolivia mantuvo una cierta estabilidad en los precios.

Reservas internacionales y desbalances económicos
En relación con la deuda pública (que incluye la tomada con el sector público financiero), entre 2014 y 2019 aumentó de 38% a 53% del PBI, mientras que los depósitos del sector público en el Banco Central se redujeron de 24% al 13%.

En 2018 la deuda externa acumulada alcanzó los US$13.280 millones. Es un número muy menor a los más de US$300.000 millones de la Argentina (cuya economía también es mucho más grande).

Por otro lado, las reservas internacionales de Bolivia disminuyeron de US$15.100 millones (46% del PIB) en 2014 a cerca de US$8000 millones (20% del PBI) a mediados de 2019, según el Banco Mundial.