Daniel E. Arias
La saga de la Argentina nuclear – XVIII
Alemania y Argentina acordaron medidas para impulsar emprendimientos locales
ACUERDO ENTRE ARGENTINA Y ALEMANIA PARA EL DESARROLLO DEL ECOSISTEMA EMPRENDEDOR
— Ministerio de Economía de la Nación (@Economia_Ar) January 29, 2023
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El Ministerio de Economía suscribió una Carta de Intención Conjunta con el Ministerio Federal de Economía y Protección del Clima Alemán. pic.twitter.com/9pOnTOO755
La CNEA y el MinCyT avanzaran con proyectos con Corea, India y Francia
La presidenta de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) Adriana Serquis y el ministro de Ciencia, Tecnología e Innovación de la Nación Daniel Filmus se reunirán en los tres países con autoridades de organismos vinculados al uso pacífico de la energía nuclear. El objetivo del viaje es estrechar lazos de colaboración y establecer alianzas estratégicas.
La presidenta de la CNEA Adriana Serquis y el ministro de Ciencia, Tecnología e Innovación de la Nación Daniel Filmus, emprenden este lunes una misión oficial a la República de Corea, India y Francia. Durante más de diez días mantendrán reuniones con autoridades de los principales organismos vinculados al uso pacífico de la energía nuclear y recorrerán diferentes instalaciones nucleares y de investiogación. El objetivo es estrechar lazos de colaboración y establecer alianzas en áreas estratégicas.
En Corea, país con el que la CNEA firmó un memorándum de entendimiento para colaborar en materia de medicina nuclear, visitarán el Instituto Coreano de Ciencias Médicas y Radiológicas (KIRAMS por sus siglas en inglés), ubicado en Seúl y especializado en las aplicaciones médicas de la radiación. En el marco de un contrato de innovación tecnológica celebrado entre la CNEA y el KIRAMS, Corea le compró a la Argentina un acelerador de protones de alta corriente para tratamiento del cáncer por Captura Neutrónica en Boro, que fue montado por expertos argentinos. Ahora se proyecta continuar colaborando con asistencia técnica.
Durante esta etapa de la gira los funcionarios también irán al Instituto Coreano de Energía de Fusión, que realiza investigaciones en fusión nuclear. Además, recorrerán el Instituto de Investigación de Energía Atómica (KAERI, por sus siglas en inglés), con el que se han mantenido intercambios a nivel técnico relacionados al desarrollo de reactores modulares pequeños (SMR) en ambos países. El KAERI diseñó el SMART, mientras la Argentina avanza con el CAREM.
Adicionalmente se mantendrán intercambios entre la Agencia de Cooperación Internacional de Corea (KOIK), el KAERI y la CNEA vinculados al desarrollo de producción de radioisótopos por ciclotrón (blancos de irradiación, separación radioquímica y aplicaciones de radio farmacia, marcación y caracterización in vitro e in vivo). Este plan se encuentra enmarcado en el Project Concept Paper (PCP) del “Coordinated Project for Clinical Translation of Theragnostic Radiopharmaceuticals in Argentina” (Proyecto Coordinado de Traducción Clínica de Radiofármacos Teragnósticos), presentado por nuestro país en el año 2021.
La delegación también visitará el Instituto de Investigación Aeroespacial de Corea (Korea Aerospace Research Institute), conocido como KARI. Y habrá encuentros con autoridades del National Research Council of Science and Technology y de Women in Nuclear Korea.
Como parte de la agenda, Serquis y Filmus serán recibidos por Lee Jong-ho, el ministro de Ciencia y TICs de la República de Corea. El tema central del encuentro será el diseño de acciones para implementar el memorándum de entendimiento sobre cooperación en el ámbito de la Tecnología de la Información y la Comunicación firmado en julio de 2022 entre ambos países.
Mientras tanto, está prevista una reunión con el vicepresidente ejecutivo senior de Pohang Iron and Steel Company (POSCO), Byeong-Og Yoo. Esta empresa es una de las principales productoras de acero del mundo y está instalando una planta de extracción de litio en el Salar del Hombre Muerto, en Salta. Entre esa provincia y las de Catamarca y Jujuy reúnen el 20% de los yacimientos de litio del mundo.
La misión oficial continuará en la India, donde en Nueva Delhi habrá encuentros con el canciller Subrahmanyam Jaishankar y los ministros de Ferrocarriles, Comunicaciones, Electrónica y Tecnologías de la Información, Ashwini Vaishnaw, y de Ciencia, Tecnología y Ciencias de la Tierra, Jitendra Singh.
En Mumbai, la comitiva argentina se reunirá con el secretario del Departamento de Energía Atómica y presidente de la Comisión de Energía Atómica, Kamlesh Nilkanth Vyas. También con autoridades del Board of Radiation & Isotope Technology (BRIT), que le adquirió a INVAP una planta llave en mano para la producción de Molibdeno-99, un insumo esencial que se utiliza con fines diagnósticos en medicina nuclear. La puesta en marcha de esta planta se llevó a cabo mediante una asistencia técnica por parte de expertos de la CNEA durante 2022. Esta instalación se encuentra en el Bhabha Atomic Research Center (BARC), que también será visitado por los funcionarios.
La misión oficial culminará en Francia, donde Adriana Serquis y Daniel Filmus mantendrán una audiencia con la ministra de Enseñanza Superior e Investigación de Francia, Sylvie Retailleau. Además, se encontrarán con autoridades del Centre National de la Recherche Scientifique y del Comisariado de Energía Atómica y Energías Alternativas (French Alternative Energies and Atomic Energy Commission-CEA). Este último es el principal organismo público de investigación científica en la materia en Francia, y la contraparte histórica con la que ha desarrollado colaboración la CNEA en diversas áreas.
Ambos funcionarios también visitarán el Centro para Nanociencia y Nanotecnología C2N, donde mantendrán intercambios para explorar áreas de colaboración conjunta.
Los drones en la guerra moderna: el caso de los Shahed iraníes en la guerra de Ucrania
Un camión Himars lanzando sus misiles.
Si hay que atribuir el actual derrumbe del frente Norte de Jarkov a un arma, ésa ha sido el Himars, pero usado en otro lado muy al Sur, en Kherson. Estos camioncitos permitieron que Ucrania pasara bruscamente del combate estático de trincheras, al estilo de la Primera Guerra Mundial, a la actual “blitzkrieg” que se vio este verano en el frente Noreste. Muy móviles, usados “en red” con observación desde drones, desde aviones AWACS, desde satélites y por informantes terrestres, los Himars vienen destruyendo el lado más flaco del Ejército Ruso: su logística de retaguardia.
A fuerza de potencia continental y atada mentalmente más a defenderse que a atacar, la logística rusa siempre dependió de la red ferroviaria nacional. Por algo Ucrania hace tiempo que dinamitó toda conexión por riel con Rusia: son vías de igual trocha (152 mm.) y de una misma red, reconstruida por la URSS luego de expulsar a Alemania, y cuando no era siquiera imaginable la secesión ucraniana de 1991. Pero desde la punta de riel actual hasta llegar al frente, Rusia necesita de camiones y no tiene la cantidad necesaria.
La llanura ucraniana en general no ofrece más obstáculos militarmente significativos que sus ríos, que son escénicos, caudalosos, anchos y profundos. Casi hechos a medida de esta situación, los Himars cruzan 80 km. a velocidad supersónica y pegan con una precisión de 2 metros.
Primero los Himars eliminaron los puentes de acero y hormigón que cruzan el Dnieper y el Siviersky-Donetsk, y luego de que a los rusos se les hizo imposible repararlos, los Himars siguieron destruyendo los puentes de pontones improvisados como plan B. Tienen esa precisión.
De este modo, los ucranianos dejaron la primera línea rusa de fuego del Sur, la que defiende Kherson, aislada de su retaguardia, sin reaprovisionamientos y peor aún, sin vía de escape en caso de cercamiento. Ver este video de la CNN.
Rusia, cortísima de recursos humanos por primera vez en su historia militar, durante todo agosto mandó sus tropas de élite a impedir el asedio de Kherson, una llave posible de acceso a la península de Crimea. Pero al hacerlo tuvo que desguarnecer Járkov y dejar el frente de esa provincia en manos de reclutas escasamente entrenados. Lo dicho: no le sobran hombres ni camiones.
En cambio, ese amague en el Sur a Kiev le salió redondo: atacó en el Norte con tropas voluntarias (las Brigadas Territoriales, algo así como nuestra Gendamería) y en una semana y media reconquistó 6000 km2 de terruño.
Pero ahora Rusia está sugiriendo, sin declaración alguna al respecto, que si empezaron con los Triple Siete, los próximos blancos van a ser esos Himars que tan buen resultado venían dando a Ucrania.
Asunto complicado, porque –por cuestiones de entrenamiento- estos sistemas misilísticos no son armas de tubo. Los comandan expertos con uniforme muy ucraniano, pero acento texano o de Missouri, y no quieras ver sus nombres y cómo le pegan a las hamburguesas. Cosas de la globalización.
Los obuses Triple Siete han sido los primeros blancos de los Shahed. Ahora seguirán los Himars.
Lo curioso es que Rusia, con su tradición ya centenaria en construcción aeronáutica y mucha trayectoria en aviación robótica, haya tenido que comprar este dron a Irán, tecnológicamente un recién llegado. ¿No es ridículo, un país con semejante cultura militar, probada en tantas guerras, capaz de liquidar a adversarios tan “high tech” como los alemanes? ¿Y de yapa ganar sus batallas con despliegues masivos de armas casi demasiado racionalistas, más bien sacrificables, y siempre de menor costo?
Como dijo alguna vez el “padrecito” Iosip Stalin: “Hay algo cualitativo en la cantidad”. Es lo que se le ocurrió al Pepe mientras, pipa en mano, miraba una interminable marea de tanques T-34, espléndidamente diseñados, pésimamente construidos, sin siquiera pintar, pero sobre todo, sencillos, irrompibles y baratos. Desfilaban ante el Kremlin antes de ir a estrellarse, sin parada previa, contra las avanzadas alemanas en Yásnaia Poliana, a apenas 15 kilómetros de Moscú. Los resultados de esa batalla del 31 de Septiembre de 1941, y de todas las que siguieron hasta la toma de Berlín, le dieron razón al Pepe.
Pero hoy lo cuantitativo evade a Rusia. Los ivanes son tan capaces de “high tech” como los países fundacionales de la OTAN. Pero en la secesión que fragmentó a la URSS en 1991 se perdieron la mitad de sus 290 millones de habitantes, un total de 15 repúblicas y dos tercios del PBI de 1990. Lo que no les da a los rusos es el sobolyi para llevar su tecnología más finolis a un frente de guerra, incluso de cercanías, en suficiente cantidad como para hacer diferencia.
Es fama que el mejor caza multirrol de estos tiempos es el Sukhoi 57. Se trata de un avión de combate de 5ta generación “stealth”. Probablemente sea superior en aviónica, armamento y maniobra a los F-22 o F-35 estadounidenses, esas maravillas tan caras. Y seguro que es de precio considerablemente menor. Pero desde 2002 Rusia no logra construir los Su-57 necesarios para armar siquiera 2 regimientos aéreos. Y desde ya, la vez que los Su-57 pintaron en Ucrania –sobre Kiev, por ejemplo- fue más bien “para la foto”.
Que una tecnopotencia tan wow como Rusia deba comprarle el Shahed-136 a Irán no cierra. Salvo que se tenga en cuenta que a veces la tradición militar previa pesa en contra, y que los recién llegados tienen a su favor la ventaja de haber empezado desde cero. No por nada, mal que pese esto en algunas capitales, la panoplia más diversificada y peligrosa de drones en el mundo hoy la tienen Turquía, Irán e Israel, y los dos primeros países son unos recién caídos de la palmera en trayectoria aeronáutica.
Ahí hay un mensaje para la Argentina, que en 2016 tuvo la extrema deferencia (hacia Washington) de interrumpir el programa SARA, Sistema Aeronáutico Robótico Argentino de INVAP y FAdeA.
Hay otra cosa en esta compra rusa de drones persas: que la denominación de origen del sistema quizás sea un mensaje más poderoso que los más o menos 40 kg. de explosivo que lleva cada Shahed a bordo. Si Ucrania tiene los 30 países de la OTAN –incluida Turquía- como back-up en armamento, Rusia dice que, bueno, tampoco es que esté tan sola en este mundo.
Los destinatarios de ese mensaje tal vez no sean tanto la OTAN o Ucrania como China y la India, que por ahora vienen dejando a Rusia en la estacada, a ver cómo se las arregla, si se las arregla. Al parecer, se las arregla.
Y parece que seguirá arreglándoselas. Si la ofensiva relampagueante en la provincia de Jarkov puso a Rusia contra las cuerdas, ahora ésta movió las cuerdas: el ring crece sobre el ringside. Rusia sumó como co-beligerante a otro país más, en una guerra que, al menos del lado de la OTAN, ya involucra a demasiados partícipes indirectos y en demasiadas partes del mundo, y que está costando demasiado -y de modo global- en vidas, infraestructura, inflación y desempleo.
Si Rusia hace una compra masiva o se pone a fabricar este dron bajo licencia, no sólo la retaguardia ucraniana sino todo el país y su infraestructura eléctrica, de agua y de transportes se vuelven muy vulnerables, y todo a muy bajo costo para Moscú.
“Que nos den algo como esto”, reclamó el citado artillero ucraniano Kulagin a nada menos que el Wall Street Journal: no es que el coronel no tiene quién le escriba.
En realidad, a Ucrania le vienen sobrando drones de todo tipo y origen: desde el comienzo de la guerra, ha usado con notorio éxito el TB2 Bayraktar turco, que no es un arma kamikaze sino un dron de observación a hélice, propulsado con un motor pistonero Rotax 912 de 100 HP. Es el mismo que usan nuestros banales pilotos de ultraliviano en los fines de semana. Pero ese Rotax cuesta N veces más que el motorcito de dos tiempos del Shahed.
Los Bayraktar, arma estrella de los 5 primeros meses de esta guerra, pueden portar misiles antitanque TOW y otras municiones bajo las alas. Ya se perdió la cuenta de tanques rusos que hicieron pomada, y queda para la fama el papel de al menos un Bayraktar como apuntador de artillería o como distractor en el hundimiento del crucero misilístico Moskva con misiles crucero Neptuno, el 14 de Abril de este año.
Un dron turco Bayraktar TB2, arma que desde febrero de 2022 viene desequilibrando la guerra de Ucrania en contra de Rusia.
Drones que observan, provocan o distraen, drones que hacen naufragar un monstruo naval tripulado de 10.000 toneladas, ¿no da la impresión de que los humanos empezamos a ser tecnología bélica obsoleta?
Esta guerra está cambiando la guerra.
No es por contradecir al coronel Kulagin, pero Ucrania ya ligó drones ajenos para tener y repartir. Los EEUU le dieron al menos 1000 “Switchblade” (traducción, navaja automática), “loitering munitions”, avioncitos robóticos kamikaze que viajan en mochila, se lanzan con aire comprimido, vuelan con un motorcito eléctrico inaudible y vienen demoliendo búnkeres, trincheras y depósitos de municiones rusos.
Switchblades los hay de dos modelos: el antipersonal y el antiequipamiento, capaz –con suerte- de tronar un blindado liviano. El primero tiene una carga explosiva equivalente a la de un lanzagranadas de 40 mm., sólo que explota direccionalmente, agrupando la perdigonada hacia adelante. El último, en cambio, tiene una carga hueca (que perfora blindaje), un alcance máximo lineal máximo de 40 km, con 40 más de sobrevuelo de rastreo, y una autonomía temporal de 40 minutos.
Ideal para todo pelotón sin apoyo aéreo garantizado. Pero lo que mata de todo lo fabricado en “la tierra de los libres y el hogar de los bravos” es el precio, entre libre y bravo: ¿qué tal U$ 59.000 cada Switchblade antiequipamiento?
Switchblade liviano lanzado con aire comprimido, antes de encender su motorcito eléctrico y con las dos alas a medio desplegar.
No por nada los ucranianos prefieren drones comerciales, de los que te comprás en Easy, pero “tuneados” con minas Claymore u otros armamentos. Como sea, los drones, ya sean de los que vuelven a casa y aterrizan, como los Bayraktar, o los kamikaze como los Switchblade, no son armas mágicas.
O tal vez sí lo son, pero en el sentido de las Wunderwaffen nazis: probablemente se necesita una cantidad enorme y empleada desde el principio mismo para cambiar la ecuación geopolítica de una guerra. En Afghanistán los EEUU desplegaron al menos 4000 Switchblades desde 2018. Resultados, a la vista.
La llegada a esta guerra del Shahed-136, con su autonomía mucho mayor y su desconcertante precisión, podría mandar al olvido el concepto tradicional de artillería. Ésta ha durado mucho tiempo como un arma que consta básicamente de cañones y de misiles, y de observadores adelantados con radios portátiles y baja expectativa de jubilación.
El citado coronel Kulagin dice que Kiev no tenía idea del arribo de los Shahed, hasta que uno cayo casi intacto en Kupyansk. Tenía limados los caracteres en farsi y los números en la chapita que atestigua origen e identidad, y estaba repintado para parecer un Geran-2 de fabricación rusa.
Pasando la película para atrás, Kulagin infiere que el primer uso exitoso del dron persa sucedió en agosto, en el frente Norte, contra un cañón “Triple Siete”, y que los rusos estaban recién empezando a testear el sistema cuando se les derrumbó el ejército en Jarkov.
Sobre la precisión del poco bienvenido Shahed, Kulagin dice que puede alcanzar un mortero autopropulsado M777 justo en el punto de la torreta donde se almacenan las bolsas de tela de pólvora propelente. El objetivo de esa maldad sería desatar explosiones secundarias.
Kulagin exagera o algún traductor metió la pata: el M777 es un cañón transportable, sin ningún componente específicamente vehicular, salvo las ruedas. Su arrastre o su vuelo son pasivos. Puede tener un armón a mano para guardar el propelente, pero de torreta, olvídate cariño.
Tal vez la respuesta la tenga una aseveración de otro artillero ucraniano, el capitán Volodymyr Danchenko, que vio cómo un presunto Shahed obliteraba un obús autopropulsado estadounidense de 155 mm. Ese sistema es una bestia de 25 toneladas con orugas, blindaje y torreta, muy distinta de un cañón M777. Parece un tanque en propiedad horizontal, demasiado alto de torreta, y hormonalmente hipertrofiado en cuanto al cañón, al estilo de nuestro TAMSE Palmaria criollo. En ese caso, Danchenko vio los segundos finales de un viejo «howitzer» autopropulsado estadounidense M-109. Y lo que vio no le gustó: declaró una voladura totalmente distinta a la de un tiro de artillería. “Nunca vi nada parecido”, resume el tipo en el New York Times.
Kulagin da su propia visión de la llegada del dron persa: “Es un problema muy serio. Si no nos dan contramedidas, van a destruir nuestra artillería”. La intención, al menos, está.
Los ganadores absolutos de esta movida son los iraníes. Al Organismo Internacional de Energía Atómica, dirigido por nuestro compatriota Rafael Grossi, que debe negociar con Teherán el desmantelamiento del programa de enriquecimiento de uranio de los persas, se le acaba de complicar la diplomacia.
Y es que Irán acaba de ampliar brutalmente el campo de negociación: ya no hay que disuadir a los persas de armas atómicas, ahora también hay que convencerlos de que no anden exportando armas robóticas y metiéndose en guerras de europeos rubios. Es decir, de que no se vuelvan una potencia. ¿Obedecerán los iraníes?
“Good luck with that”, como decimos los de Racing antes de un partido. Lo que se acaba de abrir es un campo de discusiones diplomáticas que excede el ámbito del OIEA.
El mundo militar se vuelve muy robótico, y el diplomático, muy multipolar.
Daniel E. Arias
PS del 30 de enero de 2023: En Ucrania el frente se estabilizó en trincheras, como en la Primera Guerra Mundial, y ninguno de los bandos contendientes parece capaz de desestabilizar este equilibro. La guerra se ha vuelto de desgaste y probablemente termine en negociación cuando ambas partes estén exhaustas y ambas puedan inventar que ganaron. Pero lo cierto es que lo que está desapareciendo en Ucrania, debido a la lluvia de drones Shahed-136, es la infraestructura eléctrica, y tendrá un precio de reconstrucción infernal, si alguna vez se reconstruye. Como mensaje al resto del mundo sobre su carácter de hueso duro de roer, el de Rusia es convincente. La paz que se firme será más un armisticio y probablemente no dure mucho, pero no parece que los países de la OTAN contiguos a la frontera rusa tengan ganas de repetir el destino de Ucrania durante los próximos años, aunque EEUU y el Reino Unido les prometan el oro y el moro. Hasta 2022, la sorpresa para los países que solemos autodenominarnos «Occidente» era que la suerte de una guerra ya no dependiera demasiado de la aviación tripulada sino de robots aéreos, y sobre todo los de precio más bajo. La segunda sorpresa era que Turquía se hubiera vuelto el proveedor más exitoso del mercado mundial en drones de precio y tamaño intermedio, como el Bayraktar, y dejara atrás a las tres potencias dominantes de este rubro: los EEUU, Israel y China. Pero la tercera sorpresa es que Irán se haya añadido de un modo tan notable a ese trío de fabricantes, y en una guerra capaz de cambiar las reglas de juego ya no de una región, sino del mundo. Lo que nos lleva de cabeza a la siguiente pregunta. En 2016, el gobierno de Mauricio Macri truncó el incipiente programa SARA, Sistema Argentino de Aviación Robótica, siguiendo instrucciones de los EEUU: matemos a los niños en su cuna, no sea que crezcan y se nos vuelvan incontrolables. El gobierno del presidente Alberto Fernández no habilitó a INVAP, origen del SARA, a retomar el trabajo, aunque es el único modo en que un país sin plata pero con buenos tecnólogos puede reconstruir su sistema aeronáutico de defensa con desarrollos propios y sin pedirle permiso a nadie. Por el contrario, en diciembre de 2022, el Ministro de Defensa, Jorge Taiana, un exdiplomático de credenciales impecables y en su nuevo rol, un patriota, decidió -muy para nuestra sorpresa- comprar drones israelíes HERO-120 y HERO-30, «municiones merodeadoras», clasificación en la que cae el descripto Shahed-136. Lectores, AgendAR no está diciendo en absoluto que haya que comprarle ni un tornillo a los iraníes. Pero tampoco a los israelíes. Tampoco a los turcos o a los chinos. A nadie, para ser claros. Es obvio que con este tipo de armas sencillas, baratas y de terrible efectividad podemos solos y sin ayuda, y de paso que blindamos al país, desarrollamos nuestra industria y creamos empleo calificado. El FONDEF se creó para eso. ¿Qué estamos haciendo?La saga de la Argentina nuclear – XVII
Cuando le vendimos tecnología nuclear argentina a Alemania Federal
Cuando un científico y un militar hacen equipo… Arriba, el físico Bob Oppenheimer y el general de brigada ingeniero Leslie Groves en el cráter de Trinity, la primera bomba A de la historia. Única foto que he visto en que se sonríen el uno al otro. Al centro, el metalurgista “Jorjón” Sábato y abajo el contralmirante Pedro Iraolagoitía, interesados en NO hacer una bomba.
En 1958, 6 años antes que la República Federal Alemana inaugurara su primer reactor nuclear, la CNEA puso crítico el RA-1 en el Centro Atómico Constituyentes, de diseño y fabricación nacional, incluido el núcleo (aunque no el uranio enriquecido al 90% del mismo).
Era una copia fiel del Argonaut del Argonne National Laboratory de Chicago, al cual, con el beneplácito de Eisenhower, nuestros reactoristas habían tenido acceso pleno, pero del cual sólo se llevaron (pagando), los planos. En la construcción de esa miniatura de fisión controlada Jorjón Sabato metió a fabricantes metalmecánicos, electromecánicos y electrónicos argentinos. La AEC (Atomic Energy Commission) de los EEUU no decía ni «mu»: confiaban -no sin algunas razones- en que no podríamos vencer la fabricación del núcleo.
En la lucha de prestigios atómicos ya desatada en el Cono Sur, Brasil nos había ganado por un año en integrar otro Argonaut. Pero el de ellos había sido comprado “llave en mano” y sin cambiarle ni un tornillo, propiamente bajado en cajones como un meccano, como se regocijaba en criticar “la mafia del Jorjón”. A todo esto Alemania, país militarmente ocupado por los EEUU, todavía no se atrevía a pintar en el escenario nuclear.
Nuestro Argonaut era comparativamente “Nac & Pop”: había sido hecho por un total de 67 empresas argentinas a las que Sábato se empeñaba en comprometer en el Programa Nuclear, habilitándolas –a través de una institución que menciono después- a un nivel de calidad en materiales y tolerancias al que jamás habrían accedido por su cuenta. Subrayo esto: lo único importado del nuestro era el uranio 235 enriquecido al 93%, suministrado por los EEUU.
Pero incluso la aleación uranio-aluminio y la fabricación por extrusión de las placas del núcleo las había resuelto el grupo de combustibles de la CNEA. Y hubo que probar, haciendo cálculos neutrónicos con lápiz y papel, muchas posibles variantes de geometría en el posicionamiento de esas placas hasta dar con las que tal vez permitirían una reacción nuclear autosostenida y controlada.
Al final le ganamos a Brasil por cuatro días en iniciar la primera criticidad. Durante semanas, «los muchachos» (entre los cuales estaba la Dra. Velia Hoffman, una nuclear de las de meterle mano a los fierros) sonreían hasta dormidos. Una ampliación de esta historia, rematada con un videito excelente de la CNEA, aquí.
En esta obra preliminar, Sabato buscó agrupar un “pool” de PyMES y grandes contratistas para llevarlos a “calificación nuclear”, capaces de fungir de proveedores: el SATI, o Servicio de Asistencia Técnica a la Industria. Lo fundó en 1961 con la Asociación de Industriales Metalúrgicos, el Departamento de Metalurgia de la CNEA y un planteo de reclutamiento astuto.
La idea era primero resolver con investigación y desarrollo CNEA los problemas concretos que trajeran los industriales, muy al modo de las asesorías del recién creado Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI), aunque con “hard” y “soft” más potentes. Y es que la metalurgia de la CNEA incorporaba la física cuántica y herramientas de cálculo sofisticadas: podían explicar y predecir el comportamiento físico-químico de aleaciones experimentales en condiciones extremas antes de producirlas. Esto apuntaba más arriba que el nivel de ingeniería corriente en la industria criolla de los ’50, todavía copiona y sustitutiva, y por ello dependiente de importar materiales especiales toda vez que trataba de levantar la puntería en calidad de producto.
En su impulso por reformar a la que él había diagnosticado como «burguesía chanta», la intención del Mudo Sabato era evangelizante: Como dice Hurtado, el resolverle problemas concretos a las metalúrgicas “haría posible difundir nuevos métodos de producción, el uso de nuevos metales, materias primas, máquinas e instrumentos, desarrollar mejores métodos de control de calidad, adecuarse a las características propias del mercado local…” y “…preparar a la industria del país para la profunda transformación tecnológica que se producirá en los próximos años”. En buen criollo, eso era formar industriales capaces de hacer tecnología avanzada que fuera apartando al país de su vocación de vendedor de naturaleza cruda.
Para entender hasta qué punto teníamos un revolucionario: Sábato quería sustituir exportaciones, no importaciones.
Como “proof of concept” preliminar, al año de funcionar el RA-1, tocó el timbre Alemania Occidental. Quería el “know-how” de cómo hacer elementos combustibles de aleación aluminio-uranio. La CNEA disimuló la sorpresa, tragó saliva y se lo vendió.
Quién iba a pronosticar que sólo 9 años más tarde los alemanes nos tocarían el timbre para vendernos una central de potencia, la hoy llamada Atucha 1. Y de yapa, una no testada, un perfecto prototipo.
Que no es lo mismo que un prototipo perfecto. No existen.
Correción de 2023: Atucha 1 nos dio trabajo con demasiadas salidas de servicio, hasta que a partir de 1988, en ocasión de una rotura grandota de internos de reactor, mandamos a los alemanes a paseo (pedían U$ 200 millones), le metimos mano en serio nosotros, la reparamos impecablemente por U$ 17 millones y desde entonces la hemos venido mejorando y optimizando de pe a pa.
Hoy es muy buena. Todavía se cree que admite mejoras. Es sensacionalmente robusta (mérito de Siemens): con sucesivas actualizaciones, optimizaciones y relicenciamientos, podría durar más de un siglo en operaciones, como una central hidroeléctrica. ¿Quién les cuenta los años a ésas?
Si alguna vez Siemens -que abjuró de la tecnología nuclear en 1990 y disolvió sus recursos humanos- vuelve a diseñar centrales nucleares, no tendremos problema en volver a transferirles un poco de tecnología. El timbre ya lo conocen desde 1959.
Hay mate y bizochitos.
Daniel E. Arias
Tecnología desarrollada por el CONICET es incorporada en una nueva línea de yogur de la empresa Danone
Efectos beneficiosos para la salud
La bacteria láctica, Lactobacillus rhamnosus, está identificada como CRL1505 por su pertenencia a la colección de cultivos del CERELA. El proceso de su identificación y estudios para comprobar su capacidad probiótica estuvo a cargo de la investigadora del Consejo María Pía Taranto como responsable técnica del proyecto acompañada por un grupo de investigadores/as y profesionales técnicos del CONICET en el CERELA: Graciela Font, Susana Álvarez, Susana Salva, Julio Villena, Martha Nuñez, Verónica Molina, María José Fornaguera, Lourdes Cruz Pintos y Mariano Obregozo.
“Estudios científicos y tecnológicos que comenzaron hace más de 20 años, han demostrado que esta cepa es capaz de estimular el sistema inmunológico, aumentando la respuesta inmune local y sistémica, optimizando así las defensas naturales. De esta manera, el organismo se encuentra en mejores condiciones inmunológicas para prevenir o afrontar infecciones respiratorias e intestinales generadas tanto por virus como por bacterias”, afirmó Taranto.
En el proceso de desarrollo de la tecnología, la cepa CRL1505 transitó diferentes fases de investigación necesarias para obtener este estatus siguiendo los requisitos de los entes regulatorios pertinentes tanto nacionales como internacionales. Estas fases incluyeron exhaustivos ensayos in vitro y estudios preclínicos y clínicos que demostraron la seguridad y eficacia del producto.
Este convenio público-privado con Danone consiste en el licenciamiento de la cepa CRL1505 para ser incorporada en su línea de yogures y así poder ofrecer productos con propiedades funcionales como alimentos probióticos.
“La incorporación de la cepa CRL1505 a la línea de productos de una empresa de la envergadura de Danone que apuesta a la ciencia y tecnología nacional, permitirá poner a disposición de toda la sociedad alimentos con valor agregado con efecto benéfico en salud comprobado científicamente”, señaló Taranto. Y agregó: “Ver convertirse los resultados de años de investigación básica y aplicada en un producto con beneficio para la salud de las personas nos genera una enorme satisfacción y orgullo; nos ratifica el camino que elegimos al hacer ciencia en nuestro país y poder contribuir a la soberanía científica argentina con investigación de calidad y alta competitividad”.
La científica del Consejo también destacó “que todo este camino se logró de manera colectiva, con el trabajo de todo un grupo de científicos y científicas, y con el apoyo y acompañamiento de nuestras instituciones de pertenencia, CERELA y CONICET, y de los estados provinciales y municipales que apoyaron y valoraron el proyecto, así como las entidades privadas que confiaron y adoptaron este desarrollo científico”.
Se agiliza un trámite que al repetirse,es una tortura inútil .
Comentario de AgendAR
Mucha gente que ha tenido que tramitar el Certificado Unico de Discapacidad (CUD) año tras año, para si o sus familiares piensa, que la gente de la Comisión de Discapacidad es «inútil», por ser suaves.
Es que la actual legislación hace que el CUD tenga un año de vigencia y luego obliga a las personas con las patologías contempladas para recibirlo a volver a tramitarlo.
Esta idea que tenía su lógica cuando se intentaba evitar estafas al estado, (que alguien ya recuperado de su discapacidad siga recibiendo beneficios indebidos) es un completo despropósico en la gran mayoría de las afecciones. Una buena parte de las personas que lo piden tienen discapacidades causadas por patologías neurológicas que no tienen cura y que difícilmente reviertan la discapacidad. Un ejemplo usual es la Esclerosis Múltiple. Y con esta muchas otras que, pese a su irreversibilidad obliga a los pacientes a repetir su «examen» de discapacidad cada año. Pero el Estado igualmente obliga a esas familias a volver a tramitarlo cada 365 días. Y no es un trámite menor. Require informes, formularios, estudios, notas, etc..
Argentina le comprará a Brasil 156 unidades Iveco Guaraní 6×6 para Defensa


La saga de la Argentina nuclear – XVI
Épocas fáciles de idealizar: ¿por qué la plácida sonrisa del Tío Sam?
En 1957 Dwight Eisenhower crea simultáneamente el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) y la política “Átomos para la Paz”.
Para entender la plácida sonrisa con que el Departamento de Estado veía nuestro despliegue nuclear entre 1950 y 1967 no alcanza con su benevolencia hacia “La Libertadora” del almirante Isaac Rojas, ese Nelson criollo tan afecto a cañonear puertos y bombardear plazas. Tampoco alcanza con la relativa simpatía simpatía que tuvo después el Tío Sam por “la Revolución Argentina” del general Juan C. Onganía, como llamó el susodicho a su golpe de estado.
Nuevamente, hurtaré de Hurtado. Detrás de la sonrisa de los EEUU había una política sagaz y consistente, pero hoy impensable y olvidada.
“…El programa Átomos para la Paz, promovido por el presidente norteamericano Eisenhower desde fines de 1953, fue decisivo. Programa polivalente, concebido como instrumento de lo que Eisenhower llamó “guerra psicológica”, Átomos para la Paz se propuso, entre otros objetivos, que la industria norteamericana fuera la primera en establecer vínculos comerciales con los estadios iniciales de los programas nucleares de los países en desarrollo. Como explica Medhurst (1997: 588), “una vez establecida, la tecnología norteamericana sería difícil, sino imposible, de sustituir”.
Añadido de 2023: Como podrá observar, oh lector, con nosotros a Ike Eisenhower no le salió bien el tiro con nosotros. A la Tierra de los Libres y Hogar de los Valientes, según su himno, sólo le hemos comprado uranio enriquecido hasta que nos hicieron boicot en 1981 por venderle dos reactores a Perú, es decir entrometernos comercialmente en lo que ellos llaman «su patio trasero».
Nuestras instalaciones nucleares importantes son alemanas, canadienses o suizas, pero hoy podrían decirse mayormente argentinas. Es que a esta altura del partido las hemos reparado, rediseñado y mejorado tanto que su ingeniería se ha nacionalizado mucho, pero nos falta escala industrial como para poder fabricar todos sus componentes aquí a precio internacional cuando se deteriora alguno. Casos concretos: los gigantescos generadores de vapor originales de la central cordobesa de Embalse los reemplazaron entre IMPSA y CONUAR. Pero cuando se dañó una bomba del circuito primario de Atucha II, hubo que adquirir otra nueva en Alemania.
Y pese a todo esto, desde 1981 somos exportadores nucleares, el más exitoso del mundo en pequeños reactores multipropósito. En 2006 entregamos a Australia el OPAL, de Sydney, considerada la mejor planta de radioisótopos en el planeta. Estamos diseñando algo mucho más potente para Holanda en Petten, y terminando el RA-10 de Ezeiza, que le sacará el título de «mejor del mundo» al OPAL tal vez una década o dos. Y eso nos coloca en una posición envidiable pero peligrosa. ¿Por qué? Ante todo, por envidiable, justamente.
Nadie se hace riquísimo exportando reactores multipropósito, por lo mismo que tampoco fabricando báculos papales: es un mercado de nicho y con poca renovación. Ser «primus inter pares» en él es peligroso porque da demasiado prestigio sin garantizar una cantidad equivalente de poder económico y diplomático.
Explico más. En contraste con la Argentina: ¿cuánto hace que EEUU no exporta una central de potencia? Más o menos desde 1981. ¿Y cuándo no hemos hecho puré a los oferentes estadounidenses en una licitación de reactores? La única en que nos ganaron fue en Tailandia, allá por los ’90, en una licitación con caballo del comisario. Últimamente, cuando hay alguna compulsa honesta, los autodenominados americanos ya no aparecen. ¿Qué tal? «La vida te da sorpresas», como dice Rubén Blades.
Sin embargo, nuestro éxito en lo nuclear será precario hasta tanto construyamos un único modelo de central de potencia argentina. Desarrollarla «en flota» para el mercado eléctrico interno puede ser la única manera de darle pie a las industrias argentinas metalmecánicas, electromecánicas, electrónicas e informáticas proveedoras de componentes para vivir del Programa Nuclear, en lugar de recibir pedidos ocasionales y poco repetibles. Es lo que siempre quiso tratar de lograr Jorge Sabato. Por ahora, no sucedió. ¿Puede suceder?
Sigue Hurtado, ahora citando a “Jorjón” Sábato: “La Argentina se integró al programa Átomos para la Paz y el 29 de julio de 1955 firmó un acuerdo de cooperación con los Estados Unidos -idéntico al firmado por otros 25 países entre 1955 y 1961- el cual sostenía que este país suministraría el uranio enriquecido para los futuros reactores de investigación argentinos. El objetivo del programa nuclear argentino durante estos años era la instalación de reactores de investigación y el acceso a toda la ayuda técnica y financiera extranjera que fuera posible.”.
El artículo completo de Hurtado se encuentra en Revista iberoamericana de ciencia tecnología y sociedad, versión On-line ISSN 1850-0013, vol.7 no.21 Ciudad Autónoma de Buenos Aires jul./dic. 2013. Vale la pena.
La política de Eisenhower hacia los «emergentes nucleares» se terminó en 1974. EEUU hizo lo diplomáticamente imposible por hacer quebrar a la Atomic Energy Commission of Canada Ltd., (AECL), proveedora de 49 centrales CANDU (como Embalse) en 7 países, porque independizaba a sus clientes de tener que comprar uranio enriquecido a EEUU o a la UE. AECL efectivamente fue a quiebra en 2011. Los programas nucleares independientes del Tercer Mundo, la clientela típica de AECL, han perdido su independencia: importan todo, no desarrollan nada propio.
Si hemos necesitado a Rafael Grossi en el OIEA es porque, por las causas expuestas, hoy la situación para países como la Argentina hoy es MUY distinta y más peligrosa. Entre otras cosas, porque -a diferencia de en los ’50 y ’60, casi no quedan países con pretensiones de independencia tecnológica, como la Argentina.
Mañana lo explico más.
Daniel E. Arias
Especiales de AgendAR: «La saga de la Argentina nuclear»
La saga de la Argentina nuclear – XXI y XXII
La saga de la Argentina nuclear – XXIII y XXIV
La saga de la Argentina nuclear – XXV La saga de la Argentina nuclear – XXVI La saga de la Argentina nuclear – XXVII La saga de la Argentina nuclear – XXIX La saga de la Argentina nuclear – XXXLa saga de la Argentina nuclear – XXXI
La saga de la Argentina nuclear – XXXII
La saga de la Argentina nuclear – XXXIII La saga de la Argentina nuclear – XXXIV La saga de la Argentina nuclear – XXXV La saga de la Argentina nuclear – XXXVI La saga de la Argentina nuclear – XXXVII La saga de la Argentina nuclear – XXXVIII La saga de la Argentina nuclear – XXXIX La saga de la Argentina nuclear – XL La saga de la Argentina nuclear – XLI La saga de la Argentina nuclear – XLII La saga de la Argentina nuclear – XLIII La saga de la Argentina nuclear – XLIVLa saga de la Argentina nuclear – XLV
La saga de la Argentina nuclear – XLVI La saga de la Argentina nuclear – XLVII La saga de la Argentina nuclear – XLVIII La saga de la Argentina nuclear – XLIXHidrovía: sin definiciones sobre la nueva licitación, se demoran los estudios de impacto ambiental
Avanza la construcción del Centro Argentino de Protonterapia, primero en América Latina



La saga de la Argentina nuclear – XV
Un cartero con vuelo pilotando una vaca sagrada
Para vigilar pero fundamentalmente para proteger de sus propios seguidores a todos esos físicos impredecibles y tomar muchos más, los que hiciera falta, Perón puso la DNEA bajo dirección de su edecán, el aviador naval y luego contralmirante Pedro Iraolagoitía, por alguna causa incomprensible apodado “El Vasco”. Como capitán, éste había liderado una hazaña no menor: el primer vuelo argentino a la Antártida, llevando correspondencia a la Base Isla Decepción. Como quien dice, El Vasco traía buenas cartas. Todavía hoy es peligroso andar peludeando por el estrecho de Drake con dos frágiles hidroaviones Catalina hechos de madera y tela. Es cierto que la posibilidad de chocar contra otras aeronaves se mide en números negativos. Con tan linda foja, El Vasco era un peronista subido muy alto en el tótem de la Armada, y los peronchos en la Marina, en términos estadísticos, eran y son más raros que los pelirrojos en la China de Mao. A este hombre Perón le dio un presupuesto rumboso, instrucciones expresas de “dejar trabajar a los muchachos”, y añadió que tomara los que hicieran falta y se fijara sólo en su currícula académica o industrial y no en sus prontuarios políticos de la Federal. Y añadió otro de sus famosos: “Métale, nomás”. En suma, dentro del ámbito nuclear (no así del académico) Perón hizo lo mismo que una década antes su colega yanqui Franklin Roosevelt con el general Leslie Groves, ideológicamente un cazador de brujas. Grooves se tomó la orden tan a pecho que el Proyecto Manhattan lo terminó dirigiendo un simpatizante del Partido Comunista (Robert Oppenheimer) que además de ser un físico de primera línea, tenía un talento infrecuente de organización de equipos internacionales de colegas brillantes, para los cuales no existen las órdenes verticales, la autoridad es inherentemente ridícula porque todo debe ser discutido, y hay diez modos de hacer una tarea donde los mortales comunes ven uno solo. Un militar y un físico, especialmente un físico atómico, son especies distintas, aunque a veces increíblemente convivan en un solo cráneo, lo cual sucede pero es raro. Groves y «Oppy» lograron no matarse o anularse entre sí un tiempo razonable: el de terminar la misión del Proyecto. La posibilidad de éxito técnico generaba suficiente compresión como para vencer la repulsión electrostática entre aquellos dos. Spoiler: terminada la tarea, Groves contribuyó no poco a arruinarle la carrera y la vida a Oppenheimer. Por causas similares aunque con misión diferente, las cosas aquí no avanzaron rápido. Avanzaron MUY rápido. La DNEA y la posterior CNEA fueron un experimento de formación de recursos humanos y de convivencia política entre expertos que duró un tiempo, se rompió desde afuera y nunca más se repitió. En su propia historia atómica argentina, «Una épica de la paz», el embajador Max Gregorio Cernadas cuenta –aunque no lo vio, por nonato entonces- que las luces seguían prendidas en la sede central de la DNEA hasta la medianoche. Y que no era infrecuente que un científico apurado, a las corridas entre laboratorios, se lo llevara puesto en un pasillo a Iraolagoitía, que sonreía, canchero: “Los muchachos están trabajando”. Entre otros futuros próceres, Iraolagoitía reclutó al metalurgista (hoy lo llamaríamos “científico en materiales”) Jorge “Jorjón” Sabato, radical ergo “contra”, si los hubo. Pero Jorjón era mucho más su propio personaje que un hombre de su partido, o de cualquier partido. Sabato se llevaba mal con burros, con mediocres, con solemnes y con mandones. Inteligentísimo, brutalmente frontal e irreverente, Sabato se dio el lujo de presentarse en la entrevista inicial en campera, asunto de lesa majestad en los encorbatados ’50, y doblemente ante un marino. Pero la buena química entre ambos fue casi instantánea, y no sólo porque Sabato fuera químico. Años más tarde, ya lleno de prestigio por su rol en la instalación del RA-1 (ver aquí), Sabato fue el fundador de una ideología de “lo hacemos aquí” y “soberanía tecnológica” que a 43 años de su muerte sigue excediendo el cerebro del empresario, político y/o militar criollo medio de todo color. Lo llamaban Jorjón, y también «El Mudo» porque te llevaba arrastrado con su verborrea, pero en general sólo decía cosas agudas, necesarias, mordaces y en un estilo canyengue. Donde los demás veían sólo verticales u horizontales, el veía también oblicuas y curvas. Aquel tipo, inventor además del epigrama “tenemos una burguesía chanta”, siempre nos quedó grande. A lo largo de los años, Sabato fue deslumbrando ya no Iraolagoitía sino al país con ideas y luego hechos, y en la mala hora del ’55, “El Vasco” se lo dejó de herencia a su camarada de armas, el contralmirante Enrique Quihillalt, (otro vasco, pero del lado francés del Pirineo). Quihillalt (pronunciado “Quiyát”) era un gorila de ley. Pero subrayo lo segundo: «de ley». Tomó en forma indolora el pilotaje de una institución que ya tenía 250 profesionales (desde físicos puros a ingenieros de ramas muy diversas), y 300 técnicos, y con un mix ideológico que excedía el espectro. Y los dejó seguir trabajando, eso, en medio de un golpe que fue una guerra civil en formato “mini”, con suficientes muertos y heridos, entre obreros, colimbas y civiles, como para que nadie quisiera contarlos, por muchos y por pobres. Y la CNEA, fuera de cambiar su nombre de “Dirección” a “Comisión”, como si nada, siguió en su condición de vaca imperturbable o sagrada que la Armada y en alguna medida también el Ejército trataban de proteger fundamentalmente de sí mismos, y en la cual las luces seguían prendidas a deshoras porque “los muchachos”, algunos puteando contra “La Libertadora” y otros encantados con ella, seguían trabajando juntos sin degollarse, por algún bien común mayor. Profesionalismo o patriotismo extremos. Groves y Oppenheimer, aunque sin bombas ni proyecto alguno de hacer bombas. Inimaginable. Pero sucedió. Y duró mucho. ¡Y qué resultados! En Septiembre de 1955, en casi coincidencia con aquel sangriento mega-cuartelazo que desmontó a Perón, la CNEA participó en la Primera Conferencia de Usos Pacíficos de la Energía Atómica, en Ginebra, Suiza. Allí, Diego Hurtado dixit, aportó 37 trabajos, entre los cuales destacaba el del grupo de radioquímica, anunciando el descubrimiento de 13 radioisótopos nuevos, a los que ya estaba tratando de buscarle utilización médica e industrial (y así se hizo). Detrás de tanto fulgor nuclear criollo estaba el Dr. Walter Seelman-Eggebert, robado por la CNEA a la Universidad de Tucumán, y un ejemplo mucho mejor que Richter del “head-hunting” criollo en la Alemania vencida. De aquella conferencia de 1955 surgió el actual OIEA, cuyo actual director es el argentino Rafael Grossi. Y la primera aparición pública en ese foro mundial de la Argentina, aquel país del trigo y el bife de chorizo, fue el equivalente de entrar a una fiesta de gala en alpargatas… pero del brazo de Marylin Monroe. 13 radioisótopos nuevos… Los muchachos habían estado trabajando. La Argentina nuclear ha vivido haciendo ese tipo de cosas. Pero desde 1983, casi siempre nos quedó grande.Daniel E. Arias
“El Universo no es como lo imaginamos, es mucho más hermoso”
En 1995 recibió la titánica tarea de construir y poner en órbita el observatorio espacial que revolucionaría la astronomía del siglo XXI. El lanzamiento del James Webb Space Telescope (JWST) se concretó en 2021 y al año siguiente se revelaron las imágenes más detalladas hasta ahora del universo conocido. Para John C. Mather, científico principal de este proyecto, las ansias de saber qué hay más allá de lo que podemos ver y qué es lo que no podemos ver, es fundamental como combustible al motor del conocimiento. “La astronomía se mueve a la velocidad de la imaginación”, dice el astrónomo.
Como si fuera poco, en 2006 ganó el Premio Nobel de Física, al demostrar que varios tipos de partículas y radiación viajan a través del espacio ultraterrestre, incluida la radiación cósmica. En entrevista con Qué Pasa, John Mather cuenta sobre sus principales logros, su presentación en la última versión de Congreso Futuro, así también sobre qué tareas quedan pendiente para la astronomía del mañana.
-¿Ha estado aquí en Chile antes? ¿Cuánto de este país contribuye al estudio universal?
Sí, he estado de visita hace mucho tiempo. Llevamos a nuestro equipo del James Webb Space Telescope (JWST) a la montaña donde tienen los del VLT (Very Large Telescope). Queríamos apreciar cómo era construir algo tan grande.
Chile es un centro importante para la astronomía en el terreno. Por lo hermoso de sus sitios de observación en la zona de Atacama y en otras zonas del norte de Chile. Así que es bien reconocido como el lugar para los jóvenes y viejos astrónomos, donde se puede ver con mayor detalle el cielo.

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-¿Cómo ha sido este camino desde que surgió la idea de construir un telescopio como el JWST hasta el primer paquete de información que nos dio desde el borde del universo observable?
Empecé a trabajar en ello en 1995.Todas las cosas que ahora estamos observando con el telescopio fueron imaginadas en ese entonces. Así trabajé con ingenieros y otros científicos para decidir exactamente qué hacer y cómo construirlo. Y luego, después de que se lanzó para asegurarse de que funcionaba muy bien y estamos tan emocionados de que todo lo que imaginamos se haga realidad.

-¿Qué tan importante es el JWST para la ciencia, para los investigadores o incluso para la humanidad?
Bueno, para la ciencia es pionera de una nueva herramienta. Observamos cosas que nunca pudimos ver antes, y nos hemos sorprendido científicamente, porque el universo no es como lo imaginamos exactamente y nos hemos sorprendido visualmente porque el universo es mucho más hermoso.
-¿La información dada recientemente por el JWST fue el logro más importante de la NASA en este siglo hasta ahora?
Creo que lo más importante es que demostramos que podíamos construir un observatorio increíblemente difícil y hacer que funcionara maravillosamente. Eso significa que el camino hacia el futuro de observatorios aún más poderosos está abierto. Podemos diseñar, podemos imaginar y construir las cosas más increíblemente complejas y difíciles, y funcionarán si somos capaces de hacer todos los programas de prueba que deberíamos en el terreno.

-Y después de estas increíbles imágenes del Telescopio Espacial James Webb, ¿Qué es lo siguiente que explorará este observatorio?
Bueno, el observatorio en sí tiene un programa completo. Es observar cosas diferentes todos los días. Son dos o tres docenas de objetos diferentes cada día, organizados por un proceso de propuestas internacionales. Si eres astrónomo en cualquier parte del mundo, puedes enviarnos tu idea. Después de esto, hay varios observatorios que vienen, como el Observatorio Euclides que será lanzado por Europa para examinar la materia oscura y la energía oscura, para ver lo que no podamos ver. También tenemos un observatorio en línea llamado el Telescopio Vera C. Rubin. Eso está en el suelo, pero examinará todo el cielo cada tres noches y lo dirá. Y eso es en Chile.

-¿Cuál será el próximo proyecto de la Nasa para expandir lo que conocemos del universo?
El próximo gran proyecto de la NASA se llama telescopio Nancy Grace Roman, y se levantará alrededor de 2027 para mirar nuevamente la materia oscura y la energía oscura, o al menos para recopilar evidencia de ellos, ya que no pueden verse. Y también para estudiar una gran fracción del cielo. Buscará cosas que sean extrañas, diferentes e interesantes.

-Sobre tu presentación en Congreso del Futuro ¿Qué mensaje te gustaría dejar a quienes presenciaron tu charla?
Que la gente vea que nuestros logros son eventos y que nuestras oportunidades están abiertas. Que si podemos hacer esto, entonces podemos descubrir muchas más cosas y podemos construir muchos más tipos de equipos para ir aún más lejos con nuestra imaginación. Los astrónomos viajan a la velocidad de la imaginación. Depende de los jóvenes de hoy llevar a cabo este proyecto en el futuro.
El Gobierno Nacional lanzó la primer Mesa de Trabajo de la Agencia Nacional de Cannabis
NA-SA: Avanza el fideicomiso para revitalizar Atucha I
Por la operación se recibieron ofertas por más de 30 millones de dólares.“Esta inversión productiva nos llena de entusiasmo, ya que nos permite avanzar en el desarrollo de proyectos de energía nuclear estratégicos para el país que tienen un impacto positivo en el crecimiento industrial nacional y en el aporte del país a la lucha contra el cambio climático”, expresó José Luis Antúnez, presidente de Nucleoeléctrica Argentina. La ejecución de estos proyectos permitirá mantener la participación nuclear en la matriz energética argentina y asegurará la generación de energía limpia y confiable para un millón de personas por 20 años. Asimismo, las obras de prolongación de la vida útil de Atucha I impulsarán el empleo a través de la generación de 2000 puestos de trabajo necesarios para llevar a cabo las tareas previstas entre 2024 y 2026. Ambas actividades también brindarán oportunidades para el desarrollo de proveedores nacionales calificados e incrementarán las capacidades tecnológicas e industriales del país con la potencialidad de ser exportables en un futuro cercano. Estos proyectos contribuirán a alcanzar el objetivo ambiental de descarbonización de la atmósfera, dado que las centrales nucleares permiten generar grandes cantidades de energía de manera continua y sin emisiones de gases de efecto invernadero. Por esta razón, el aporte de la energía nuclear resulta clave tanto en la lucha contra el cambio climático como en el camino hacia la transición energética.
- Nucleoeléctrica Argentina
La saga de la Argentina nuclear – XIV
Un pasado nada difícil de idealiza
Hasta aquel año, la cultura de la CNEA fue el único intento criollo de construir el equivalente de un National Laboratory al estilo de los de EEUU, nutrido por una red de raíces en las universidades, y generador-sustentador de un frondoso follaje de empresas de tecnología. Y hasta 1995, esa red de componentes del Programa Nuclear Argentino terminaría creando no sólo una tecnología. También una ideología sobre cómo articular universidades, empresas y estado, la de Jorge Sabato. Sigue vigente. También generó una diplomacia nuclear argentina independientista. De la que Rafael Grossi es un representante y defensor tardío. Volviendo a la metida de pata de Perón con Richter, y el modo en que arregló las cosas, el reflexivo físico Mario Mariscotti, que de peroncho no tiene un pelo, admite que otros políticos de menor talla habrían enterrado aquel muerto y cambiado de tema. Perón enterró en cambio el “affaire Richter” y fundó sin ruido la DNEA, que fue primero “Dirección” que “Comisión”, aunque Mariscotti describe que en sus principios era una comisión “stricto sensu”: sus integrantes iniciales cabían en un par de sofás. Y con esos pocos impredecibles pero imprescindibles, habría que empezar de nuevo, despacito y desde abajo. No fue así: desde abajo, es cierto. De “despacito”, nada.Daniel E. Arias
Afirmaciones oficiales a próposito de los 2 años de aprobación de la Ley IVE
Reversión de una mala situación
Un ejemplo significativo de este rotundo cambio de política se verifica en la provincia de Buenos Aires. Según recordó Carlota Ramírez, a cargo de la Dirección de Salud Sexual y Reproductiva en el Ministerio de Salud de PBA, “es la provincia que tiene el 40% de la población del país”. Según la funcionaria, cuando asumieron hace ya casi tres años, la temática prácticamente no existía en el organigrama, en cuanto a falta de insumos, recursos, y “peso” en la estructura administrativa. Tampoco el protocolo estaba alineado al de Nación. Eso se fue revirtiendo y sumaron centros de salud integrales y capacitación para atender y acompañar en estas temáticas. “Hoy tenemos una Red de Acceso al Aborto con 539 establecimientos distribuidos en 132 de los 135 municipios de PBA. En diciembre de 2019 sólo el 38% de los municipios tenía efectores que garantizaran el acceso. Hoy el 98% de los distritos tiene, al menos, un centro especializado en la temática y solo quedan tres municipios en PBA sin establecimientos asistenciales que la garanticen (San Miguel, Capitán Sarmiento y Lezama).EL 90% DE LAS INTERVENCIONES SE HACE ANTES DE LAS 12 SEMANASEse tipo de cambios no fueron los únicos. Ramirez recordó que desarrollaron un sistema de registro epidemiológico estadístico ya que “ni siquiera se sabía cuántos casos debíamos atender por año o cuánto misoprostol (la droga básica usada para esta intervención) debíamos adquirir y así poder satisfacer la demanda”. Además, en una apuesta por el desarrollo farmacéutico nacional, firmaron convenios de compra con un laboratorio público santafesino, que produce esta molécula en forma local. En cuanto al número, las estadísticas de PBA indican que desde marzo de 2020 se registraron 72.192 situaciones de aborto, de los cuales el 95% se corresponden con abortos intencionales (ILE/IVE).
Una nueva droga para facilitar la IVE
Hace pocos meses, la Organización Mundial de la Salud (OMS) actualizó sus recomendaciones sobre las mejores políticas de salud en esta temática. Y si bien Argentina está alineada, las autoridades de Salud de Nación y la provincia de Buenos Aires están diseñando algunas actualizaciones. Según Valeria Isla, “en los próximos meses planeamos facilitar el acceso a la nueva droga recomendada para la IVE (mifepristona), tanto en el sistema público como privado. Y queremos sumar más profesionales capacitados a los equipos interdisciplinarios que atienden y acompañan estas situaciones, dando la mejor consejería posible. Capacitaremos médicos de diversas especialidades y también nuevos profesionales como las obstétricas y enfermeras”. Otro punto que tienen en carpeta las autoridades es llevar esta temática hacia los centros de atención primaria y también lograr mejorar la atención y controles médicos postaborto en un contexto propiciado por la OMS para dejar definitivamente atrás la criminalización que, durante décadas, predominó en este campo.Enrique Garabetyan
Argentina y Brasil acuerdan cooperar en la Antártida
En Agendar siempre hemos sostenido que la Antártida debe ser la frontera para las capacidades científicas, tecnológicas y de desarrollo de la Argentina, es bueno que lo hagamos en cooperación con nuestro aliado estratégico Brasil, creemos que eso asegurara a la América del Sur un presencia mas firme en el continente blanco.
Asimismo, la Argentina y Brasil, Partes Consultivas del Tratado Antártico, coordinan posiciones en todos los foros antárticos a fin de fortalecer al Sistema del Tratado Antártico, resguardando a esta región del mundo como una reserva natural consagrada a la paz y a la ciencia.
Así, por medio de este acuerdo, la Argentina puede estrechar aún más la cooperación antártica con un socio estratégico y continuar ampliando los vínculos científicos y logísticos con las otras Partes del Tratado Antártico.
La saga de la Argentina nuclear – XIII
Más soles de bolsillo, pero letales
En 1949 todavía no existía ese sol artificial y fugaz, la bomba H de Teller-Ulam de dos etapas, que usa una bomba atómica como espoleta para generar rayos X y comprimir isótopos de hidrógeno. Pero se sabía que los yanquis iban a por ella. El primero de tales soles artificiales existió durante unos nanosegundos a las 11:30 de la mañana del 16 de noviembre de 1952 en el plasma de Ivy King, la primera H, probada por EEUU en el atolón de Eniwetok. Ivy King, y las “H” que siguieron luego, confirmaron que a diferencia de la fisión, la energía de la fusión no tiene límite teórico. La Atomic Energy Commission, entidad más ligada a programas de armas que de energía, entendió también que no se puede chapucear con la cantidad y el tipo de ingredientes de la etapa de fusión: en 1954 «Castle Bravo», la primera bomba H compacta de la historia, terminó generando un 250% más del rendimiento termomecánico y radiante planificados. Peor aún, ignoro si por torpeza o ganosa de estudiar los efectos sobre población humana de la contaminación por «fallout» (precipitación radioactiva aerotransportada a sotavento), la AEC detonó su maquinita infernal no en el aire sino en el suelo del paradisíaco -hasta entonces- atolón coralino de Bikini. Dentro del hongo atómico, mientras éste crecía como una tromba ígnea, superaba la tropopausa y se incrustaba 20 km. en la estratósfera, la polvareda de coral volatilizado se contaminó con el plasma de plutonio y de elementos de fisión de la primera etapa de la bomba H, su detonador. Éste era una bomba de fisión MUY potente. Los átomos ionizados del carbonato de calcio que forma todo suelo coralino, bien salpimentados de radioisótopos emisores alfa, beta y gamma, se enfriaron en la estratósfera y fueron precipitando a sotavento de Bikini. Lo hicieron con un patrón similar al de la ceniza volcánica luego de una erupción explosiva pliniana: lo grueso, arena y arenilla, cae más cerca, lo verdaderamente fino termina cayendo días después a centenares de kilómetros de distancia. Pero a diferencia de la ceniza volcánica, ésta era muy radioactiva. De modo que se jodieron los habitantes de los atolones Alinginae, Rongelap y Rongelik, situados a sotavento. La tripulación de un pesquero japonés, el «Dragón Afortunado 5» empezó un día en altamar raro, con un aparente sol que salía por el Oeste, parpadeaba dos veces y luego se apagaba. Era el fogonazo de plasma que luego generaría el hongo atómico, el cual obviamente no vieron. Estaban lejísimos de Bikini, oculta bajo el horizonte por la curvatura terrestre. Trascartón, horas después y esa misma tarde del 1ro de Marzo de 1954, se ligó encima del barco una camionada de fallout del fino. Afortunado «ma non troppo». Bikini había sido desalojada (el Ejército de los EEUU sabe persuadir con dólares, promesas, argumentos y eventuales culatazos). Pero el resto de la cadena de atolones de las Islas Marshall a sotavento de Bikini, no. Y de la suerte de aquellos habitantes se sabe bastante poco, porque el Pentágono la puso bajo secreto, para no advertir a los soviéticos que tenían algo más fuerte que la mera bomba atómica de fisión. Pero esa suerte (mala) se la puede inferir del destino de los marineros del «Dragón Afortunado» cuando, 13 días más tarde de su involuntario baño de precipitación radioactiva pulverulenta, lograron arrastrar su barco hasta Yaizu Port, Shizuoka , su rada habitual en Japón. Traían todos la cara ennegrecida y una panoplia completa de grados de enfermedad aguda de radiación, desde quemaduras de piel a pérdida de cabello y de epitelios intestinales que los tenía deshidratándose en continuas diarreas. Estos cuadros y sus complicaciones infecciosas u oncológicas posteriores los terminaron matando uno por uno, el primero a pocos meses del accidente, el resto de enfermedades medulares y tumores sólidos a edades de entre 40 y 60 años en que los hombres japoneses, gente longeva si la hay, sencillamente no se muere. De los 23 hubo uno, Oishi Matashichi, que logró llegar a los 82 años y morirse de cualquier otra cosa. No sin escribir antes un libro, «El día que el sol salió por el Oeste», lleno de historias personales y de documentos desclasificados del Pentágono. Los EEUU le echaron la culpa a los marineros. Lewis Strauss, el presidente de la AEC, no respondió jamás las cartas en que los médicos a cargo de los irradiados le suplicaban que les transmitieran algún abordaje terapéutico. Strauss responsabilizó al capitán del Dragón Afortunado por navegar dentro del área de exclusión decretada por la CEA (no lo hizo, estaba al menos 20 km. afuera, al Este de su límite exterior). Luego añadió que el hombre era un agente soviético, deseoso de generar un accidente que humillara a los EEUU. El primer ministro japonés, Katsuo Okazaki, perfecto funcionario colonial de país ocupado por los EEUU, se negó a exigirle a EEUU indemnizaciones para las familias, e incluso darle tratamiento médico decente a los marineros afectados. Los suministró por decisión propia la Facultad de Medicina de la Universidad de Tokyo, que fue la que publicó (vengativamente quizás) la lista de radionucleídos que habían encontrado en la ceniza: estroncio-90, cesio-137, selenio -141… y uranio-237. Es una ensalada rara. Los tres primeros nucleídos son productos de fisión, coherentes con una bomba A común, cosas que los japoneses en Hiroshima y Nagasaki probaron en cuero propio. Pero el uranio-237 no existe en la naturaleza y tampoco en la ringla habitual de spuzzas radioactivas de una bomba A. Ahí había algo nuevo. El espionaje militar soviético debe haber leído ese informe, escrito por médicos, con interés. Tanto impresionó Castle Bravo a los soviéticos que, ya buenos conocedores de la tecnología de la bomba H, se anotaron en la carrera de potencias crecientes, algo militarmente inútil. Como con casi cualquier artefacto explosivo, la fuerza bruta no determina demasiado el daño: puntería mata potencia. Y en este carrera de fuerza bruta ganaron indiscutiblemente los soviéticos con la Tsar Bomba (“el emperador de las bombas”), detonada en 1961 por la URSS en Novaya Zemlya. Fue limitada deliberadamente a la mitad de su potencia de diseño: había que darle una chance a la tripulación del bombardero que la soltó de no volatilizarse en un patriótico plasma de carbono mientras escapaba. Incluso así limitada, la Tsar de todos modos liberó 2941 veces más energía que la bomba atómica de Hiroshima. Como solía repetir el camarada Pepe Stalin, entre nubes de humo de pipa, en la cantidad hay algo cualitativo. Dicho por un genocida, tiene fuerza. De todos modos hay que admitir -ahí se adivina una decisión de Nikita Khrushov, el nuevo líder soviético antistalinista- que la Tsar Bomba fue una detonación clásica, aérea. Un «airburst» trata de maximizar los efectos termomecánicos estrictamente locales: aplastar edificación -que en la desolada Novaya Zemlya no la había- e incendiarla. Una detonación en tierra es más malvada, porque trata de causar fallout radioactivo a sotavento.
Ir “de movida” en 1947 por la fusión, y además controlada, como proponía Richter, era empezar la batalla por la victoria misma. Concepto que a Perón, militar al fin, le gustó.
Si Richter no hubiera muerto en 1991, probablemente argüiría (no sin alguna razón) que las bombas H compactas de hoy fusionan algo que tiene litio. En realidad, es deuteruro de litio-6, un isótopo liviano del litio (no se consigue en farmacias). Cierto, Herr Doktor Ronald, pero son bombas, no reactores. Y además el deuteruro de litio-6 es sólo un fugaz precursor para generar deuterio y tritio. La bomba A usada como espoleta de un artefacto bélico de tipo H fisiona el litio 6 en elementos más livianos, justamente los ingredientes fundamentales de una buena bomba H: deuterio y tritio, para comprimirlos y fusionarlos a continuación con un feroz flash compresivo o “inercial” de rayos X.
El universo no fusiona litio, don Ronald, y los hombres tampoco.
El Herr Doktor no gastó chirolas, como le había prometido a Perón. Tampoco fortunas incalculables, como sigue repitiendo con estupidez la leyenda antiperonista. A valores de hoy, el austríaco loco “se patinó” U$ 300 millones, en parte debido a que hacía y deshacía la obra civil de su reactor como quien va y vuelve en la vorágine de sus pensamientos. Los compositores que en lugar de una partitura o un piano necesitan de una filarmónica full-time para poder escribir y corregir su sinfonía, salen caros. Y máxime si a los músicos les rompe los violines, cellos y contrabajos a patadas toda vez que se enoja porque la música “no cierra”.
Tras mucha e incomprensible construcción, demolición y reconstrucción de su reactor, el austríaco hizo que el 24 de marzo de 1951 el gobierno de Perón provocara pánico en la región, en EEUU y el Reino Unido, cuando anunció que “en la Isla Huemul se habían llevado a cabo reacciones termonucleares bajo condiciones de control en escala técnica”.
¡Epa! La Argentina tenía la fisión, “de yapa” con el litio, “y de yapa de la yapa”, controlada en una gran caja de hormigón en una isla de un lago andino remoto. ¿Podría generar energía eléctrica? Faltaban las líneas de alta tensión, los gendarmes en la guardia de entrada, foto en la tapa de Billiken y escolares de blanco guardapolvo visitando el sitio.
Entre 1951 y 1952, los alarmados físicos nucleares de todo el planeta se tragaron, por disciplina, sus ansias de desmentir a Richter con lápiz y papel, desde la pura teoría, aunque podían hacerlo «de taquito». En cambio, trataron de repetir su procedimiento de laboratorio, descripto por el Herr Doktor con la vaguedad y omisiones típicas de quien guarda un secreto comercial patentable.
Y en imitar a Richter los grandes físicos nucleares del mundo tal vez hayan gastado mucha más plata que el propio Richter, pero no hubo caso. De fusión de litio, nada. Lo admitieron con «schadenfreude», alegría malvada, pero también con alguna desilusión: siempre hay más gloria para el segundo en confirmar un hallazgo fundamental que para el primero en desmentirlo. Dar fe de bondad otorga una fama menor pero indudable: es como ser el segundo hombre en pisar la Luna (y aquí, un saludito a don Buzz Aldrin, que sigue vivo).
Hubo otra causa más para la desilusión: de haber existido alguna verdad científica básica en el asunto, habría mucha más plata y cerebros para volverla tecnología concreta en los EEUU y la URSS que en nuestras pampas trigueras. Si no la vendíamos se la afanaban. Nos ha sucedido algunas veces con otras tecnologías más legítimas.
El miedo “del Club Nuclear” (de 4 miembros, todavía no pintaba China) viró al escepticismo y a las risas vengativas. Las chicanas de la prensa externa hicieron vacilar a Perón, quien tardó lo suyo en asumir que no estaba ante una conspiración mundial antiargentina, y que tal vez el Genio de Huemul estuviera macaneando. No es fácil llegar a ver esas diferencias a bordo de un gobierno que ganó en las urnas por alud, y que está tratando de evitar ese destino de los líderes sudacas desobedientes a los EEUU: golpe militar organizado por la CIA.
El Dr. Mario Mariscotti, físico nuclear, exgerente de Investigación y Desarrollo de la CNEA y sin duda el más agudo y documentado historiador de estos hechos, observa con acidez que Perón habría tardado menos de haber metido antes “en el loop” a la Asociación Física Argentina, para auditar al Mago de la Isla. En ese cenáculo revistaban tipos respetados internacionalmente: Enrique Gaviola, Mario Báncora o José Balseiro… pero eran todos radicales o directamente “contras”, gorilas de los de subirse a los árboles. Gaviola, acaso por lo genial, parece haber sido socialmente casi intratable, por lo ríspido. No obstante, Perón persuadió a Báncora y trajo a Balseiro desde el RU a hacer una auditoría técnica del asunto.
Tras unos meses, Balseiro entregó su informe: un error de lectura de la instrumentación, punto. En Huemul nunca había tenido lugar la fusión del litio. Remate textual: “El Dr. Richter ha demostrado un desconocimiento sorprendente sobre el tema”. El general tragó saliva y se convenció de que sólo podría tener un programa sólido si aceptaba que lo integraran tipos en algunos casos echados de sus cátedras universitarias por su propio gobierno. Eso debe haber sido duro, pero sentó principios de tolerancia política que se mantuvieron décadas.
En la CNEA original y hasta 1976 ser liberal, facho, radicha, peroncho, comunacho, prochino, trosko, apartidario, apolítico o «ni fu ni fa» no determinaba tu vida. Lo que no podías era ser un burro.
Balseiro oyó la oferta de Perón y suspiró, pensando en su tranquilo laboratorio en la Universidad de Manchester. Donde no ganaba lo suficiente como para mantener a su familia, porque Inglaterra estaba en plena pobreza de posguerra, mientras que en la Argentina, segundo país acreedor del RU después de los EEUU, aún se tiraba manteca al techo. En fin, que Balseiro se quedó aquí para poder reunirse con su esposa e hijos, pero en el fondo, “pro patria”.
Y aquí sigue: su tumba está sobriamente escondida tras una cortina de arbustos en la academia nuclear que fundó en 1955 y que hoy lleva su nombre, el Instituto Balseiro, en el Centro Atómico Bariloche, la mejor universidad tecnológica del país. Estatal, gratuita y pública, además. Por si no quedó claro.
El resto de la AFA (hablo de físicos, no de fútbol) también se integró al plan B de Perón, la actual CNEA, y desde su inesperada posición de fuerza, impuso condiciones, libertades académicas, presupuestos, planes a largo plazo y sueldos relativamente altos. Eso estableció pactos que durararían contra viento y marea hasta 1983.
En la Noche de los Bastones largos de 1966, la Guardia de Infantería de la Federal, mandada por el General Juan C. Onganía, le rompió la cabeza a bastonazos a la crema de los matemáticos, físicos y químicos que hacían docencia en la Facultad de Ciencias Exactas. Doctores con pergaminos internacionales, se habían plegado a la toma de la misma para defender su autonomía legal y evitar los nombramientos a dedo, en lugar de por concurso. No es fue bien. Pero Onganía ni soñó con entrar a repartir palos y despidos en la CNEA. En parte, porque ahí mandaba más la Marina que el Ejército, y a la Marina le interesaba no la bomba, sino la propulsión naval nuclear.
Con la llegada del capitán Pedro Iraolagoytía a la presidencia de CNEA, empezó lo que Mariscotti llama “la época académica” del Programa Nuclear Argentino. Y fue brillante.
Pero de aburrida, nada. This is Argentina, ladies and gentlemen.
Daniel E. Arias

